Dic 31 2005
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Opinión

2006: EL OJO EN LA BRÚJULA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

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El mundo. Este será el primer año en la historia en que habrá más humanos viviendo en ciudades que en el campo. Nacerán 130 millones de personas mientras unas 57 millones de ellas fallecerán. Morirán más de un millón por malaria y otro por suicidarse, más de tres millones por SIDA y diez millones de hambre.

30.000 millones de gases contaminarán y calentarán nuestra atmósfera, más de 10.000 kms2 de hielo ártico se derretirán, el nivel del mar global subirá dos milímetros y más de 25,000 kms2 de selva amazónica serán destruidos. Unas 50,000 especies se extinguirán, algunas antes de ser descubiertas por la ciencia.

En relación a los 6,000 millones de humanos que somos, se producirán tantos nuevos automóviles como un décimo de nuestra especie, habrá tantos teléfonos celulares como un tercio de la humanidad y se venderán 4 rollos de papel higiénico y 50 envases de Coca Cola por cada persona que vive en este planeta. Un quinto de la humanidad se comunicará vía internet.

Unos 40 de los casi 200 estados miembros de la ONU estarán en guerra. Habrá más de 13 millones de refugiados y más de medio millón de soldados extranjeros interviniendo en distintas partes del globo (el 70% de ellos de EEUU). Un millón de millones de dólares será gastado en armas –casi la mitad por parte de EEUU que, de por sí, ya tiene tantas bombas nucleares, químicas y bacteriológicos que podrían exterminarnos varias veces–. Esto, pese a que con una mínima fracción de ello se podría erradicar el hambre y las peores plagas.

Kofi Annan dejará la secretaría general de la ONU tras diez años. La presidencia del Grupo de los 8 países más ricos será asumida por Rusia mientras que en la Unión Europea Reino Unido dejará la presidencia a Austria y ésta luego a Finlandia.

Mil millones espectarán la final de la copa mundial de fútbol de Alemania, la primera que se realizará en un país gobernado por una mujer. Otras dos mujeres aliadas o correligionarias a la canciller germana Merkel disputarán seriamente por primera vez la presidencia de Chile y Perú.
(Las cifras son del diario británico The Independent – 31/12/05).

Áreas de conflicto. Unas 24 naciones realizarán elecciones, casi la mitad de ellas en América. La masiva votación por Evo Morales en Bolivia alentará en la región el crecimiento de la izquierda y el nacionalismo indio.

El ALCA y el consenso de Wáshington sucumben. América Latina se va dividiendo en dos bloques geo-políticos: uno que busca Tratados de Libre Comercio con EEUU (donde están México, Centroamérica, en cierta medida Chile y Perú, mientras Ecuador y Colombia quieren firmar ello) y otro que retorna a políticas proteccionistas y propone un bloque económico y político latinoamericano (MERCOSUR, Venezuela, Bolivia y Cuba).

Si antes las presidenciales en el grueso de América Latina se polarizaban entre dos candidatos pro-inversión extranjera –como pasó con las recientes elecciones hondureñas–, la tendencia es hacia un antagonismo entre centro-derecha y centro-izquierda.

La popularidad de Bush tenderá a ser minada internamente. Esto, pese a que en el Medio Oriente podrá exhibir ciertos progresos: desarme de Libia, retiro sirio del Líbano, «democratización» de Iraq y eventual victoria de Sharon, que en Israel podría viabilizar una coalición que le permita seguir con sus planes de desconexión unilateral.

Sin embargo, Hamas apunta a sacar una buena votación en los comicios palestinos. Esto haría que junto al Hizbola libanés y a grupos iraquíes se consolide una tendencia regional hacia la legalización partidos armados que han puesto bombas humanas contra EEUU o Israel y que pueden eventualmente cogobernar partes de un país.

El camino que se buscará mostrar como ejemplo para dichos grupos es el que la antigua guerrilla del Africa Austral y Centroamérica han tenido. En el primer caso el CNA sudafricano, el MPLA angoleño y el FRELIMO mozambicano abandonaron previas recetas marxistas para administrar economías de «libre mercado». En el istmo mesoamericano los insurgentes del FSLN, FMLN, UPRG y zapatistas están en una oposición que ha trocado las armas por las urnas.

EEUU concibe que sus relaciones con la UE y Rusia podrán mejorar. No obstante, Corea del Norte e Irán se radicalizan y construyen armas nucleares pues han sacado como lección de Iraq que la mejor manera de evitar ser intervenidos es dotar de armas de destrucción masivas.

Elecciones claves. En América Latina elecciones claves se producirán en Chile, México y Brasil. Una derrota del oficialismo en Santiago y Brasilia sería viraje hacia la izquierdización suramericana. Si Piñera derrotase a Bachelet Chile se convertiría en el principal bastión de EEUU en el subcontinente. Si ganasen los socialistas es posible que éstos sufran la tremenda presión del ascenso de Morales y la izquierda extraparlamentaria y hasta que se fracturen con sus socios democristianos. Si gana la izquierda podría influir para que en Perú se incrementen las posibilidades para que Humala o un APRA izquierdizado disputen la segunda vuelta en Mayo.

El retroceso de la derecha sudamericana dejaría a Uribe como su mayor bastión aunque con la desventaja de que el Plan Colombia pierde fondos. Habrá más olas de protestas en América Latina aunque difícilmente hayan golpes, dado que EEUU prefiere mantener la estabilidad constitucional.

Una eventual caída del oficialismo diestro mexicano en manos del PRD fortalecería el eje MERCOSUR-Chávez-Castro. Para Wáshington existe el peligro que, tras haber ido «moderando» la región que más problemas le causa –Oriente Medio–, su antiguo patio trasero, que hasta hace 10 años le apoyaba, pudiese tornarse más contestatario.

ELECCIONES EN CHILE Y BOLIVIA
Y SU INCIDENCIA SOBRE EL PERU

Los tres países que pelearon hace 125 años en la Guerra del Pacífico ahora tienen elecciones presidenciales casi simultáneas. Al cierre del año se ha producido una inesperada victoria de Evo Morales en Bolivia con un 54% de los votos.

¿Cual es el significado de ello?

–Me parece que los efectos en la región y el Perú van a ser muchos. Quisiera empezar con lo que implica para Bolivia. Esta es la primera vez en esa república, desde que se instauró el sufragio universal hace 55 años, en que un candidato de oposición obtiene la mayoría electoral absoluta. En las presidenciales de 1956, 1960 y 1964 el MNR, que actuaba como una especie de partido único revolucionario institucional (tipo PRI de México), sacó altas votaciones.

Sin embargo, luego de las juntas militares, en todas las elecciones (1978, 1979, 1980, 1985, 1989, 1993, 1997 y 2002) el parlamento escogía a un presidente, que en las urnas pudo haber sacado pocos votos. Por ejemplo, los últimos dos presidentes civiles de los ochentas –Walter Guevara y Lidia Gueiler– obtuvieron insignificante respaldo electoral y se les permitió llegar a la presidencia debido a maquinaciones parlamentarias. En 1985 Paz Estenssoro fue ungido presidente pese a haber quedado segundo con menos de un cuarto de los votos. El siguiente mandatario fue Paz Zamora (1989-93) quien quedó tercero. Sánchez de Lozada (1993-97 y nuevamente en el 2003) y Banzer-Quiroga (1997-2002) salieron primeros en las elecciones aunque con menos de un tercio de los votos y fue una combinación parlamentaria la que les condujo a palacio.

Morales es el primer boliviano que supera el millón de votos. Obtuvo millón y medio. Al parecer controlaría también el parlamento. El índice de ausentismo y votos nulos y blancos ha sido, creo, el más bajo de la historia.

Le parece bueno o malo que Morales plantee revisar contratos con las petroleras y desechar el modelo económico que ha regido Suramérica desde los ochentas?

–El deber de un analista internacional es, a diferencia de un comentarista político, tratar de mantener cierta objetividad y distancia frente a los actores políticos. Para muchas personas la única manera que tiene nuestra región para progresar es abrir sus economías al capital y las importaciones extranjeras y efectivizando tratados de libre comercio. Sin embargo, hay otras corrientes, fuertes en los sindicatos, que postulan que ese modelo destruye la industria nacional y agrava la polarización social.

Cree que hay una tendencia en el continente hacia cambiar el modelo de libre mercado?

Desde los ochentas y particularmente con el triunfo de los EEUU en la guerra fría se había venido hablando del Consenso de Wáshington para indicar que en todas las Américas, salvo Cuba, había un acuerdo en pro de ir hacia democracias representativas y economías abiertas de libre mercado. Sin embargo, al filo de este milenio ello ha empezado a tener grietas. El principal productor de petróleo de nuestra región (Venezuela) tiene un modelo nacionalizante que se está consolidando internamente y que busca internacionalizarse. Argentina promueve cierto proteccionismo económico. Brasil, Chile y Uruguay han electo presidentes que se reclaman socialistas, aunque mantienen el mercado.
En Latinoamérica se pelean dos modelos: uno es de economías que favorecen a la inversión privada y los tratados de libre comercio con EEUU, el otro es un retorno a políticas proteccionistas pre-ochentas con mayor ingerencia estatal en la economía y en el reparto de la riqueza.

Veo a América Latina dividida en 3 zonas. La margen occidental (Mesoamérica) si bien está ubicada a la izquierda en los mapas, en términos políticos está más a la derecha y basada en tratados de libre comercio con EEUU, como los que tiene México y entablan República Dominicana, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Honduras. En cambio la margen oriental (la costa atlántica), que está geográficamente a la derecha, en la política vira hacia la izquierda. Venezuela, Brasil, Uruguay, Argentina y en cierta medida Paraguay han hecho hundir al ALCA (Acuerdo de Libre Comercio de las Américas) y plantean potenciar el Mercosur o un bloque sudamericano que emule a la Unión Europea y mantenga mayor independencia de EEUU para poder negociar con otros bloques como el europeo, China, la Liga Arabe, etc. En el centro geográfico y político pongo a los países andinos quienes buscan hacer o han hecho tratados de libre comercio con EEUU pero, al mismo tiempo, apoyan la formación de la Comunidad Sudamericana de Naciones.

En ese cuadro ¿cómo ve a las elecciones en Bolivia, Chile y Perú?

–Vayamos por partes. Creo que Evo Morales y Álvaro García pueden hacer el gobierno más izquierdista de la región. Si vemos el caso de la República Bolivariana nos encontramos con un militar ex golpista que tras muchos años habla de una nueva constitución y socialismo. En cambio, en la República de Bolivia tenemos electos como presidente a un sindicalista campesino indígena –algo que nunca ha sucedido en nuestro continente– y como vicepresidente al ex jefe del Ejército Guerrillero Túpac Katari, considerado por muchos como un ente terrorista. Ambos plantean desde el saque el ir hacia el socialismo, una nueva constituyente, nacionalizar el gas y hacer que los indígenas lleguen al poder.

¿Qué efecto puede tener eso sobre el Perú y la región?

En cuanto al nuevo gobierno boliviano me parece que ello va a influir mucho en Perú haciendo que un buen sector del electorado apoye propuestas tipo Evo a favor de legalizar el cultivo de la coca o nacionalizante. No es casual que Humala esté hasta de puntero en departamentos sureños cercanos a Bolivia. Lo interesante es que Ollanta, a diferencia de Evo, carece de fuertes raíces sociales en la región así como de sindicatos o partido propios. En cierta manera el nicho «indio antiimperialista» lo viene llenando él.

El giro hacia la izquierda de Bolivia ha estado favoreciendo al PS y PC chilenos –esto, aunque la Bachelet no gane, pues ambos han crecido, el primero a costa de los democristianos y el segundo es la fuerza central de un bloque que obtuvo un 8% en las parlamentarias de diciembre–. Ya hemos tenido victorias rojas en Uruguay y Venezuela. Es posible que en Chile gane Bachelet. En Argentina Kirchner se mueve hacia la centroizquierda. En Colombia crece una izquierda antiuribista, que hoy controla la alcaldía capitalina. En Nicaragua y México el FSLN y el PDR pueden dar sorpresas electorales.

¿O sea que usted cree que hay una tendencia hacia la victoria de la izquierda en toda Suramérica?

Pensar ello sería simplista. Como dije, me parece que en Latinoamérica hay una creciente polarización entre un centro-derecha que busca acentuar el modelo monetarista e ir hacia un libre mercado con EEUU y u- centro izquierda que reconoce que se deben dar incentivos al capital nacional y extranjero pero hablan de dar más soberanía nacional, concesiones sociales y derechos humanos, al mismo tiempo que postulan ir hacia un bloque regional.

Esta polarización es distinta a la de la guerra fría. Ahora no existe una potencia con una economía estatizada y planificada que esté tras la izquierda y tampoco los EEUU promueven golpes militares. Ambos polos aceptan la democracia representativa y plantean mantener un capitalismo de libre mercado. Repito uno con más apertura hacia los inversionistas y otro más preocupado en expandir el mercado interno y amenguar la brecha social.

Es un hecho que en las últimas elecciones en Uruguay y Bolivia ha ganado –y con más del 50%– el campo «zurdo». En Venezuela la derecha ha cometido muchos traspiés al haber intentado usar el golpismo y luego el boicot contra un gobierno constitucional. Sin embargo, no creo que la pierda en todas partes. Me parece que en Colombia Uribe tiene muchas posibilidades de ser reelecto. En este caso su fuerza radica en ofrecer seguridad contra la guerrilla y la violencia.

Brasil es clave. El descrédito de Lula puede ser capitalizado por los tucanes del Partido Social demócrata. Ojo: esos tucanes no son tan conservadores en temas económicos o sociales como los peruanos del PPC, quienes más bien se alinean con el socialcristianismo germano. Chile es un caso interesante donde intuía antes de la primera ronda que el liberal Piñera podría pasar a la ronda final para ser un rival más peligroso ante Bachelet y pienso, al igual que Aldo Mariátegui, que sí tienes chances de ganar.

¿Quién puede ganar en Chile y qué pasaría en uno u otro escenario?

–Un dato interesante es que estas elecciones en Chile marcan un giro histórico. Durante los primeros 15 años de la democracia post-militar las presidenciales quedaban polarizadas entre un candidato que votó por el No a Pinochet y su constitución y otro que simpatizó con la dictadura. Esto hizo que socialcristianos y socialdemócratas conviviesen en el poder durante una década y media, algo que no se ha visto nunca en Alemania, Venezuela, Perú o cualquier parte del mundo.

El ascenso de Piñera ha creado nuevos retos. Primero, ha hecho que la derecha chilena ya no esté liderada por gente que apoyó a Pinochet sino por un liberal en lo social y económico que se opuso a la junta. Segundo, ha hecho que Chile deje atrás al bipartidismo para ir a un sistema más de corte europeo donde hay cuatro o cinco grandes partidos. La emergencia de Piñera ha permitido que la izquierda crítica a la concertación con la Democracia Cristiana crezca y sea una cuarta fuerza, e igualmente puede terminar resquebrajando el pacto entre «progresistas» y democristianos.

Si se suman los votos de la Alianza por Chile, es decir de Piñera con los de Lavín, quien ahora está en el comando electoral piñerista, ésta tiene dos puntos de ventaja sobre la Concertación. La clave de Bachelet para ganar es ganar ese 5% que votó por la izquierda extraparlamentaria, aunque sin perder electores socialcristianos y también buscando captar sectores populares que optaron por Lavín y que pueden desconfiar de optar por uno de los hombres más ricos de Chile.

Un fenómeno nuevo que estamos viendo en Alemania, Francia y Reino Unido es que la socialdemocracia, al haber girado hacia un social-liberalismo y haberse distanciado de la prédica social que tuvo hasta la bipolaridad mundial, ha generado un vacío a su izquierda que viene siendo llenado por disidentes suyos y antiguos partidos que vienen del comunismo pro-Moscú o del trotskismo. En Francia más del 10% en las últimas presidenciales votó por trotskistas y la principal candidata de ellos (Arlette) llamó a votar nulo. En Reino Unido ha crecido Respeto de Galloway y el Partido Socialista escocés (ligado al trotskismo) quienes se niegan a votar por Blair. El crecimiento del Partido de Izquierda en Alemania impidió que Schroeder gane y obligó a que su partido socialdemócrata prefiera ir de segundo en la coalición con los democristianos.

En el caso chileno el crecimiento de la izquierda dura crea un gran problema para Bachelet. Ella urge de sus votos para ganar y no quiere que sigan la consigna de votar nulo en la segunda vuelta. Quiere captar votos comunistas ofreciendo reformar el sistema electoral para posibilitar que el PC pueda llegar a volver a tener parlamentarios. Sin embargo, teme que si se izquierdiza mucho puede perder sufragios de la clase media.

La gran ventaja de Piñera es que tiene parientes democristianos y ha logrado ganar a importantes figuras asociadas a dicho partido (como el hijo de Tomic). La Democracia Cristiana chilena, que era el mayor partido de dicha corriente en las Américas y el principal partido en Chile, se ha reducido. Ha quedado como sándwich entre los socialistas (que ahora dominan la Concertación) y Piñera.
Para Piñera es clave escindir a la Concertación haciendo que democristianos y socialdemócratas se partan. Si no lo logra ganando la segunda vuelta trabajará para que eso ocurra durante el gobierno de Bachelet y así él sea el nuevo recambio.

Creo que si Piñera gana la presidencia mapochina se produciría una importante recomposición en Suramérica. Santiago pasaría a ser el principal bastión de EEUU en la región y un modelo que podría servir de ejemplo para Perú, Ecuador, Brasil, Argentina y Venezuela.

¿En Perú que influencia podrían tener las elecciones chilenas?

De todos los vecinos de Perú creo que el que mayor incidencia tiene sobre éste es Chile. Esto por el gran peso de sus inversiones en Perú así como por que sus recetas económicas (como las AFPs) sirven como el ejemplo que han seguido los gobiernos peruanos desde 1990. No por casualidad Fujimori llegó a Chile. Correctamente evaluó que este país no suele extraditar personas acusadas de criminales, que podría estar más cerca de su patria y que podría ofrecerse a EEUU como la mejor carta para frenar al nacionalismo andino en Bolivia y Perú. Sin embargo, no calculó la reacción que podría tener en un Chile que cada vez más cerca judicialmente a Pinochet.

Una victoria de Bachelet podría dar fuerza a quienes quieren prolongar el arresto y la incomunicación al ex mandatario peruano. Un triunfo de Piñera, a quien Correo destapó como amigo de Fujimori, podría ser usado por los fujimoristas.

En el caso de Lourdes Flores ella podría sacar provecho de ambos escenarios: triunfo de Piñera o de Bachelet. La segunda representa una mujer presidenta liderando una coalición donde están sus correligionarios mapochinos. Sin embargo, la Alianza de Chile timoneada por el antipinochetista Piñera representa a una derecha más afín a Unidad Nacional.

Creo que para Lourdes fue un espaldarazo la victoria de la Merkel en Alemania. Al día siguiente que escribí ello en Correo «Lulú» hizo declaraciones sacando provecho de la elección germana y planteando que ella, al igual que en Berlín, podría acabar haciendo un compromiso con la socialdemocracia, esto es el APRA.

La derrota de Tuto y la aplastante victoria de Morales la pone en una situación difícil. Para ella no ha de ser fácil quedar aislada de Brasil, Bolivia, Chile y posiblemente Ecuador que tuviesen gobiernos que van del centro a la izquierda.
Lourdes ha crecido postulando una clara alternativa pro-libre mercado. Ello le permite tener muchos aplausos en CADE y en Lima, pero si quiere ganar necesita conquistar el voto étnica, social y regionalmente andino. Su discurso hoy está a la derecha de sus correligionarios socialcristianos en Chile y Alemania. En Venezuela ese discurso ha aislado y minimizado al COPEI. En Perú puede obtener resultados, pero creo que Flores, si quiere ganar y si quiere luego poder gobernar, necesita plantear la posibilidad de poder cogobernar, como en Berlín o Santiago, con el APRA, algo que nunca ha pasado pero que podría pasar.

La victoria de Bachelet podría favorecer al APRA. El PS de Chile y el PAP tienen una larga relación. Ambos usan la bandera roja con el mapa del continente en letras de oro. Socialistas y apristas se fueron separando con Allende, pues éste optó por hacer un frente popular con el poderoso Partido Comunista, mientras Haya de la Torre prefirió hacer alianzas con Prado y Odría. Sin embargo, en los ochentas se produce un re-acercamiento. Ambos son secciones de la Internacional Socialista y mantienen políticas social-liberales.

Los buenos resultados de Bachelet han animado a que dos candidatos que provienen de la izquierda peruana le emulen. Javier Diez Canseco ha rebautizado su partido (Vanguardia Revolucionaria, PUM y PDD) con el mismo nombre del Partido Socialista de Bachelet, y Susana Villarán, queriendo emular a Bachelet como candidata femenina, ha nombrado a su alianza con Simon como Concertación.

Cree que la elección de Álvaro García como un vicepresidente que fue «terrorista» tenga sus efectos en Perú y Colombia?

–Sí. Álvaro y Abimael cayeron el mismo año (1992). Sin embargo, el primero salió libre media década después y se recicló como comentarista demócrata. Abimael, en cambio, se ha mantenido en su anterior discurso.

Conocí al EGTK de cerca y me parece que es el movimiento subversivo que más similitudes tuvo con el maoísmo gonzalista. El EGTK atacaba a toda la izquierda (la acusaba de derechizquierda), volaba torres y proponía una guerra de guerrillas del campo a la ciudad. La diferencia era que los kataristas tenían un discurso indianista y comunitario, más cercano a los populistas rusos de inicios del siglo XX.

En cierta manera el EGTK tuvo la ventaja sobre el senderismo que su insurgencia fue rápidamente aplastada, antes que hubiese generado muchas muertes y enemigos. Era como si Guzmán hubiese caído en la época en que la muerte de Edith Lagos fue llorada por decenas de miles.

El EGTK no ha tenido tantas tradiciones ni anticuerpos. Esto ha permitido que García acabe como ideólogo de una izquierda que acepta la democracia, mientras que Felipe Quispe plantee una insurgencia étnica aymara. En el caso peruano, la guerra senderista ha producido entre 30 y 70 mil muertos y mucha, pero mucha pasión.

El hecho que antiguos guerrilleros lleguen a los gobiernos de Uruguay y Bolivia, como antes ha pasado en Colombia, y como puede pasar en Palestina e Iraq, es algo que ha animado a Polay y a Antauro a postularse, aunque sin mayores chances reales, a la presidencia.

¿Concibe que el ejemplo de Álvaro García podría servir para que líderes acusados de terrorismo lleguen constitucionalmente al parlamento o al poder?

Una característica que estamos viendo de la victoria norteamericana en la Guerra fría es que los antiguos movimientos subversivos anti-EEUU se van desafilando y acaban en buenos términos con Washington. Mandela, tras haber sido tipificado como el gran terrorista negro sudafricano, ahora es una vedette internacional que hasta promueve mercancías para su país y modelos de pacificación. La ex guerrillas marxistas del MPLA en Angola y FRELIMO en Mozambique ahora dirigen economías de mercado con sistemas multipartidistas que promueven inversiones multinacionales y buenas relaciones con la Casa Blanca. La OLP y el IRA también han terminado reconociendo a sus antiguos enemigos. Arafat reconoció al Estado de Israel y el IRA acepta una convivencia con Reino Unido (…).

Una excepción es el País Vasco. Allí el ETA sigue teniendo una fuerza legal aliada, aunque no hay diálogos de paz. El intento de proscribir al Batasuna conllevó a que los independistas vascos radicales se apoderen de una nueva sigla (la del Partido Comunista de las Tierras Vascas) para tener una fuerte presencia parlamentaria.

No todos los movimientos armados buscan ser absorbidos por el sistema democrático. Paradójicamente, los guerreros santos musulmanes, que la CIA apuntaló contra los soviéticos, ahora, tras el fin de la bipolaridad, se han tornado un gran enemigo suyo. Por el momento Al Qaeda no da visos de querer dialogar con sus ex aliados. A Bush le conviene mantener una polarización con Bin Laden en la cual los EEUU tienen pretextos para reamarse y penetrar militarmente en el Medio Oriente.

¿Y cómo ve el caso colombiano?

Creo que Uribe intentó seguir el camino de Fujimori: mano dura, más concesiones a la empresa privada y re-elección. Sin embargo, la guerrilla colombiana tiene más base social que el senderismo, el cual, a su vez, nunca quiso relacionarse con otros países (cuando las FARC y el ELN cultivan la diplomacia hacia Carcas y La Habana). Ahora Uribe se ve obligado a dialogar con el ELN y a plantear nuevas zonas de distensión. La guerrilla colombiana busca seguir el camino del zapatismo y de las antiguas guerrillas de El Salvador y Nicaragua para entrar al sistema, pero primero pide garantías para que no se repitan matanzas como las que sufrió la Unión Patriótica.

Siguiendo la pauta boliviana ¿SL, el MRTA o los etnocaceristas podrían legalizarse?

–Creo que los etnocaceristas y los tupacamaristas quieren ese camino. Yehude y Ollanta han podido ser sus vías, aunque ambos han marcado distancias. En el caso del senderismo la cuestión está en que toda la partidocracia y los medios les siguen tildando de narcoterroristas mientras que éstos no muestran giros. Evidentemente, Guzmán ya no habla de «guerra popular» hasta tomar el poder sino de combinar los residuos armados con su presión social para ir hacia un acuerdo de paz.

Si el senderismo buscase un canal electoral creo que podría tener en Ayacucho y otras zonas del país un importante bastión (así como lo tienen el Sinn Fein irlandés). No obstante, Guzmán, quien es muy personalista, podría temer el surgimiento de alguien que le haga sombra y, además, su maquinaria no está preparada para ir a las elecciones (salvo a boicotear). Por lo demás, ni la media ni los principales partidos tolerarían hoy una fuerza legal que sea allegada a Guzmán. En Perú se cree que la mejor manera de lidiar con un movimiento que lleva 25 años con las armas es aplastarlo y no de llevarlo a salir del camino de las armas para tomar el de las urnas. Esto, a su vez, ha ayudado mucho a las fuerzas pro-libre mercado, al igual que en España de Aznar y Colombia, a avanzar planteando ser los garantes del orden.

¿Cómo ve las elecciones peruanas dentro de ese contexto?

–Si uno se fija bien, las elecciones en Perú Chile y Bolivia en los noventas se disputaba entre candidatos que aceptaban el consenso de Wáshington y que desechaban la antigua división entre izquierdas y derechas. Hoy en ambos países hay una tendencia hacia volver al debate ideológico y a que se enfrenten izquierdistas que propongan reformar socialmente el modelo monetarista y a derechistas que busquen mantener y desarrollar éste.

Ollanta ha crecido llenando el nicho del nuevo antiimperialismo que va desde Chávez a Evo. Sin embargo, el carece de programa, estructura y movimiento social propios. Ha corrido muy rápido (no tanto como el maratonista que fue Fujimori en 1990) y ha generado muchos cargamontones en su contra. Ha roto con sus dos principales bases militantes (los etnocaceristas y los comunistas) quienes le acusan de traidor o posible nuevo Lucio Gutiérrez.

Creo que el APRA se ha izquierdizado para apropiársele de algunas de sus banderas y tratar de aparecer como un eje que no sea ni tan derechista como Flores ni tan extremo como Humala. Con su gran aparato y oratoria Alan podría ser una sorpresa. No sé quien pueda ganar las elecciones peruanas, donde muchas sorpresas y outsiders pueden darse. Sin embargo, creo que va a haber una mayor ideologización y que la emergencia de Evo y Humala obliga al APRA y al PPC a afilar más sus perfiles doctrinarios. Tengo la impresión de que, al igual que Bolivia y Chile, la decisión final se dará entre un campo pro-libre mercado y otro pro-nacionalista.
(De una entrevista con El Correo de Huancayo).

¿UN ALLENDE ALTOPERUANO?

Evo Morales es el primer presidente que tiene Bolivia desde inicios de los sesentas que gana con una mayoría absoluta y sin tener que ser nominado por el congreso. En esta década ningún otro candidato «zurdo» de oposición ha llegado a un gobierno suramericano con un 54% como el que él ha alcanzado. Morales representa un reto para toda la región.

Puede ser el retorno a políticas «anti-imperialistas» como las que su país o Chile tuvieron hace 35 años. Morales ha sacado casi un 200% que lo que obtuvo Allende cuando llegó al poder. Por su trayectoria y base social campesina y sindicalista huelguista el MAS podría ser más radical que la Unidad Popular mapochina. Sin embargo, ya no existe la Unión Soviética ni la bipolaridad mundial y Morales trata de emular a Lula.

Bolivia entra a un proceso de polarización social. Los sectores partidarios de la libre empresa dominan las tierras bajas ricas en gas. Estos usarán la presión de las prefecturas departamentales (donde tienen mayoría), del regionalismo oriental y tarijeño y de las clases medias e inversionistas para frenar medidas que ellos juzguen ahuyentan al capital privado.

Morales, a su vez, buscará ser desbordado por sectores más radicales que él: la ciudad de El Alto –la cuarta del país y adyacente, como Callao, a la capital–, la Central Obrera Boliviana y los trotskistas con gran peso en el magisterio, quienes le demandan que nacionalice el gas.

Evo no cuenta con respaldo militar ni con petrodólares. Puede apostar por sacar gente a las calles, aunque teme que eso podría escaparse de las manos y beneficiar a quienes quieren sobrepasarlo para ir hacia una revolución social o un contragolpe castrense.

Si modera su política, respeta los mercados y gobierna como Lula o Lagos podría culminar su mandato constitucional. Si sigue el camino de Allende (Chile 1970 73) o Siles Suazo (Bolivia 1982-85) podría acabar siendo depuesto legal o militarmente por la derecha, o provocar un estallido social. Su modelo, sin embargo, parece ser el de Chávez: lentas reformas nacionalistas que le permitan irse consolidando en palacio.

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* Analista internacional (www.bigio.org).

Correo electrónico: bigio2004@yahoo.com

Nota

No como analista, sino como padre, desliza Isaac Bigio: «En este año José Bigio dejará de estar raptado y volverá a sonreír junto a su padre y tres hermanos».
Que así sea.

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