Nov 5 2014
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Política

23 notas sobre la contraofensiva de las derechas y las opciones de las izquierdas

En estos a√Īos me he interesado en el tema de los gobiernos progresistas surgidos en nuestra regi√≥n desde inicios del siglo XXI. Al comienzo, comentando las realidades que propiciaron su aparici√≥n, sus aportaciones y l√≠mites, y el campo de oportunidades que han abierto, as√≠ como las diferencias entre procesos progresistas y revolucionarios, intentando bosquejarle cierto marco te√≥rico al asunto.

Luego, observando la muy previsible contraofensiva de las derechas, sus recursos y modos de operar y, en consecuencia, las acciones que las organizaciones y partidos de izquierda, y los gobiernos progresistas, debieran asumir para vencer esa contraofensiva y emprender la siguiente etapa del desarrollo regional. En este caso, más en busca de respuestas políticas que de generalizaciones teóricas.

Como en estos d√≠as hay acontecimientos que inciden en el tema y pueden modificarlo, hoy me limitar√© a resumir ciertas premisas que ya se√Īal√© antes y a situar algunas consideraciones adicionales:

Usualmente, las presentaciones sobre la oleada de gobiernos progresistas surgidos desde comienzos del siglo XXI empiezan por la primera elecci√≥n de Hugo Ch√°vez (1998). Sin embargo, pocas recuerdan que hac√≠a unos a√Īos el establishment pol√≠tico mexicano le hab√≠a escamoteado una significativa victoria del movimiento encabezado por Cuauht√©moc C√°rdenas.

Enseguida de la victoria chavista empez√≥ una secuela de triunfos: el de la Concertaci√≥n chilena (2000) y los liderados por Lula da Silva (2002 y 2006), N√©stor Kirchner (2003), Tabar√© V√°squez (2004), Mart√≠n Torrijos (2004), Manuel Zelaya (2005), Evo Morales (2006, 2009 y 2014), Daniel Ortega (2006), Michelle Bachelet (2006 y 2014), Rafael Correa (2006, 2009 y 2013), √Ālvaro Colom (2007), Cristina Fern√°ndez (2007 y 2011), Fernando Lugo (2008), Mauricio Funes (2009), Pepe Mujica (2010), Dilma Rousseff (2011 y 2014), Nicol√°s Maduro (2013), Salvador S√°nchez Cer√©n (2014) y Luis Guillermo Sol√≠s (2014).

A ellos deben a√Īadirse las importantes demostraciones electorales abanderadas, tambi√©n en el 2006, por Carlos Gaviria, Andr√©s Manuel L√≥pez Obrador y Ollanta Humala1.

M√°s que discernir sus respectivos perfiles pol√≠ticos, aqu√≠ interesa observar que esa oleada ‚ÄĎ‚ÄĎreelecciones incluidas‚ÄĎ‚ÄĎ, se extendi√≥ por todo el decenio y fue muy notoria en 2006. Antes de ese a√Īo, lo que suced√≠a pudo parecer una excepci√≥n venezolana, que poco despu√©s tuvo una r√©plica m√°s dilatada en el Cono Sur. Pero las victorias de Evo Morales y Rafael Correa evidenciaron que este brote andino ya implicaba la aparici√≥n de un fen√≥meno continental. No extra√Īa as√≠ que, aunque la punta del iceberg asom√≥ en 1988 y se confirm√≥ en 1998, fue a partir de 2006 que la literatura period√≠stica y acad√©mica lo asumi√≥ como tal, aunque todav√≠a apelando m√°s a reminiscencias ideol√≥gicas de la √©poca anterior que inquiriendo en la originalidad del nuevo proceso.2

Ese fen√≥meno emergi√≥ a trav√©s de dis√≠miles procesos nacionales, que en pocos a√Īos sumaron un conjunto relativamente heterog√©neo. Pero esto no niega sino que confirma la vigencia de un factor com√ļn: el agotamiento de los modelos conservadores constituidos por las derechas locales y los grupos financieros internacionales que, tras la imposici√≥n de las pr√©dicas y pr√°cticas neoliberales, r√°pidamente agravaron la crisis social y sus efectos pol√≠ticos. Pese a la intensa implantaci√≥n de los mitos neoliberales, el malestar e inconformidad exacerbados por ese drama sobrepasaron los sistemas pol√≠ticos y electorales que, pa√≠s por pa√≠s, antes hab√≠an bastado para controlar la situaci√≥n.

Esa ola de gobiernos progresistas pronto significó que millones de latinoamericanos pudieron comer tres veces al día, mejorar sus condiciones de vida, obtener ciudadanía, y todo lo demás que sabemos.

A la vez, esa heterogeneidad dej√≥ atr√°s la √©poca en la que las conductas latinoamericanas eran uniformadas por la hegemon√≠a estadunidense, las pol√≠ticas neoliberales se implantaban sin alternativa y sus portavoces pod√≠an reelegirse. Cada una de las naciones involucradas recuper√≥ importantes cuotas de autodeterminaci√≥n, soberan√≠a y recursos ‚ÄĎ‚ÄĎaunque no todos los que la dominaci√≥n neoliberal les hab√≠a arrebatado‚ÄĎ‚ÄĎ. Entre sus realizaciones estuvo la de darle notable impulso a la integraci√≥n latinoamericana, ya no solo como un bien en s√≠ misma sino como una de las condiciones para potenciar el papel de Latinoam√©rica en el mundo, asegurar la defensa de la democracia y de las conquistas pol√≠ticas y sociales conseguidas, y sustentar colectivamente su mantenimiento.

Eso le inyectó a esta integración un sentido emancipador y solidario, no estrechamente comercial.3

La agenda inconclusa
arg los kirchner1
Con todo, estos √©xitos progresistas no bastaron para superar el conjunto de distorsiones econ√≥micas, sociopol√≠ticas y culturales que en los a√Īos 80 y 90 la ofensiva neoconservadora impregn√≥ en el tejido de nuestras sociedades. Debe recordarse que, a inicios de aquel per√≠odo, la crisis de la deuda quebr√≥ la inspiraci√≥n latinoamericanista de algunos gobiernos. Luego, tras la implosi√≥n del ‚Äúsocialismo real‚ÄĚ, el cambio de la estrategia internacional china y la retracci√≥n de las teor√≠as revolucionarias latinoamericanas de los a√Īos 60 y 70, un desconcierto temporal redujo la capacidad de las izquierdas para resistir a esa ofensiva. La hegemon√≠a neoliberal da√Ī√≥ la cultura pol√≠tica y organizativa de importantes segmentos populares, que sufrieron degradaciones y deserciones.4

Al superar ese período, los éxitos progresistas alcanzados en esos primeros lustros del siglo XXI se desarrollaron en dos campos que vale distinguir:

a) en el Cono Sur, donde los pactos para desmantelar las dictaduras de seguridad nacional permitieron aglutinar grandes partidos o coaliciones pol√≠ticas como el PT, el Frente Amplio, el PJ kirchnerista y la Concertaci√≥n chilena. Aun dentro del subsiguiente r√©gimen pol√≠tico de democracia restringida, eso a la postre permiti√≥ elegir gobiernos comprometidos con promesas progresistas ‚ÄĎ‚ÄĎcon las limitaciones que ello implica‚ÄĎ‚ÄĎ;

b) en la región andina (especialmente en Venezuela, Bolivia y Ecuador), donde los partidos y sistemas políticos establecidos padecían avanzado agotamiento y descrédito, facilitando que las protestas sociales los desbordaran con grandes movilizaciones populares (y étnicas). Esto pronto permitió darle ratificación electoral a iniciativas más audaces, y lograr importantes reformas al marco constitucional de los respectivos Estados.
Rafael Correa, Nicolas Maduro, Evo Morales
De todo ello se desprende que los √©xitos progresistas alcanzados durante la primera d√©cada del siglo XXI no resultaron de nuevos desarrollos y propuestas pol√≠tico‚ÄĎideol√≥gicas, ni de la formaci√≥n de una nueva cultura pol√≠tica de las mayor√≠as sociales y electorales que los hicieron factibles. M√°s bien fueron expresiones sociales y electorales espont√°neas de su inconformidad con la situaci√≥n existente, de su repudio moral y su castigo pol√≠tico al r√©gimen existente, a su corrupci√≥n, su insensibilidad social y su incapacidad para defender los intereses nacionales. Por consiguiente, fueron expresiones emocionales y sujetas a los vaivenes de las coyunturas electorales, como los mismos votantes a√ļn lo reflejan en las elecciones intermedias y locales.

Esto es, la aparici√≥n de ese fen√≥meno expres√≥ tanto la demanda como el l√≠mite pol√≠tico de lo que esas mayor√≠as sociales deseaban y eran capaces de acoger, elegir y sostener. El referente conocido ‚ÄĎ‚ÄĎo recordado‚ÄĎ‚ÄĎ de un proyecto m√°s radical era el de las izquierdas latinoamericanas de los a√Īos 60 y 70. En uno y otro de esos dos campos hubo grandes contingentes dispuestos a impulsar y sostener hasta determinado punto un proceso de cambios, pero no disponibles a√ļn para asumir los riesgos y rigores de un proyecto revolucionario cuyo contorno se desdibuj√≥ en los a√Īos 80.5

Se trataba de victorias electorales, no de revoluciones. Todavía faltaba el proyecto de masas apropiado a las posibilidades de la nueva situación. En este sentido, las discusiones sobre si estos gobiernos progresistas son o no revolucionarios fue ron más discursivas que provechosas. Esos gobiernos han sido lo que en los límites de sus propuestas electorales, y en los límites sociopolíticos, económicos y culturales ellos podían ser, al menos hasta que más adelante mejores alternativas cuenten con el apoyo de masas que las hagan factibles y sustentables.

En el terreno hist√≥rico m√°s que en la imaginaci√≥n ideol√≥gica, la coincidencia y la diferenciaci√≥n entre las opciones progresistas y revolucionarias fue visible al comienzo de la Revoluci√≥n cubana. En sus primeros dos a√Īos, sus realizaciones y discurso tuvieron no pocos parecidos con algunos de los actuales gobiernos progresistas. En la terminolog√≠a de aquellos a√Īos, a intentos como el cubano ‚ÄĎ‚ÄĎy poco antes a los de Guatemala y Bolivia‚ÄĎ‚ÄĎ se les llam√≥ revoluci√≥n democr√°tico‚ÄĎpopular o de liberaci√≥n nacional6, conceptos compartidos por las izquierdas de aquel entonces y que ahora no hay por qu√© soslayar sino reactualizar.

¬ŅQu√© le impide a estos gobiernos dar el salto que Cuba inici√≥ en los d√≠as de Playa Gir√≥n? Entre otras cosas, porque cuando en la Isla la guerra revolucionaria concluy√≥ el Ej√©rcito Rebelde hab√≠a remplazado al viejo ej√©rcito, la claque pol√≠tica tradicional hab√≠a sido desbanda, la derecha pol√≠tica, el Parlamento y la Corte Suprema se hab√≠an desintegrado por s√≠ mismas, el entusiasmo patri√≥tico y revolucionario martiano se hab√≠a tomado la cultura pol√≠tica dominante y los mayores medios de comunicaci√≥n se hundieron bajo el peso de sus complicidades con la oligarqu√≠a.

En el contexto de esa situaci√≥n revolucionaria, ante el pueblo indignado por los bombardeos que precedieron la invasi√≥n organizada por el gobierno norteamericano, Fidel Castro y sus compa√Īeros decidieron cruzar el Rubic√≥n. Y lo hicieron cuando las mayor√≠as populares ya estaban dispuestas a combatir por la opci√≥n socialista. Reclamar que los actuales gobiernos progresistas los imiten sin disponer de condiciones equivalentes que lo hagan factible m√°s parece un pretexto que una ingenuidad.

Para resumir, a finales del siglo XX e inicios del XXI el repudio colectivo a las consecuencias sociales de la dominación neoliberal desencadenó crecientes movilizaciones populares. No obstante, quedó inconclusa la misión estratégica de convertir esa inconformidad, y su enorme potencial político, en un nuevo conjunto de conocimientos y convicciones duraderos. Un conjunto no solo motivador, sino también eficaz para entender los mecanismos de ese estado de cosas y los medios requeridos para transformarlo a favor de los sectores sociales mayoritarios.

Sin embargo, por su carácter esta misión corresponde a las organizaciones, movimientos y partidos políticos expresivos de las reivindicaciones populares, con la colaboración de los intelectuales afines. Incluso después de ganar elecciones esa misión es indelegable, puesto que los gobiernos de izquierda tienen otras funciones que los comprometen a servir igualmente a los sectores sociales desafiliados o de otras preferencias políticas.7

Las derechas vuelven a la carga
Por el lado opuesto, a su vez, las derechas políticas, económicas y socioculturales vencidas en diversas elecciones a comienzos del siglo XXI, no por ello quedaron duraderamente derrotadas. Esos reveses no las privaron de su poder económico, de sus relaciones transnacionales ni del control de los grandes medios de comunicación. Por consiguiente, tras la perplejidad inicial, pasaron a prever y reorganizar sus propias opciones, de viejo o nuevo tipo, para recuperar su anterior poder político y gubernamental.

En la organización de sus intentos no falta el apoyo organizador, logístico y mediático de sucesivos gobiernos norteamericanos, en tanto que el progresismo latinoamericano tiene un sentido emancipador que erosiona la hegemonía regional y global estadunidense.

Esa contraofensiva dispone de cuantiosos recursos financieros y t√©cnicos que le permiten desplegarse en varios planos. Combina las viejas marruller√≠as pol√≠ticas de los partidos conservadores y democristianos con avanzados recursos empresariales como asesor√≠as for√°neas, investigaciones de mercado, t√©cnicas de publicidad y m√©todos gerenciales de formaci√≥n de cuadros, etc. Como igualmente combina viejos y nuevos modelos de partidos, liderazgos, cooptaciones y ret√≥ricas pol√≠ticas, y m√©todos de manipulaci√≥n electoral y formas m√°s brutales de desestabilizaci√≥n del orden p√ļblico y asalto al poder.col santos y capriles

Aquí tomaría demasiado tiempo volver a describir cada uno de esos aspectos, sobre los cuales ya hay variado material informativo8, así que me limitaré a apuntar los más relevantes.

Esta derecha reactualizada tambi√©n dispone da varios g√©neros de respaldos transnacionales, entre los cuales destacan las conferencias, seminarios y cursos auspiciados por fundaciones y universidades privadas, asociaciones internacionales de partidos pol√≠ticos y ONG‚Äôs de diferentes tipos, as√≠ como organismos gubernamentales como la AID. Entre sus actividades m√°s frecuentes proliferan los encuentros subsidiados por fundaciones vinculadas al PP espa√Īol y a la Heritage estadunidense, a los que concurren ex presidentes y personalidades de la reacci√≥n latinoamericana y espa√Īola del pelaje de Jos√© Mar√≠a Aznar, √Ālvaro Uribe, Luis Alberto Lacalle, Henrique Capriles y hasta Ricardo Martinelli. Asimismo abundan los cursos y entrenamientos proporcionados por universidades del √°rea de Miami en materias como el marketing pol√≠tico, dise√Īo e interpretaci√≥n de encuestas y manejo de pol√≠ticas y m√©todos de comunicaci√≥n.

En la articulaci√≥n de grupos y liderazgos, la definici√≥n de objetivos, la selecci√≥n de temas y la orientaci√≥n de conductas y acciones, desempe√Īa un papel especial el manejo de los medios de comunicaci√≥n. La relevancia de su papel, en no pocos casos hace que quienes fijan e implementan la pol√≠tica editorial asuman de hecho la direcci√≥n estrat√©gica de la ofensiva, dej√°ndole a los pol√≠ticos de oficio el papel de operadores de las l√≠neas de acci√≥n que ellos disponen. No es para menos: esos medios custodian, actualizan y manejan la hegemon√≠a ideol√≥gica, cultural y pol√≠tica del bloque socioecon√≥mico dominante. Justifican sus decisiones, conductas y desempe√Īos y, al propio tiempo, desacreditan y a√≠slan a las personas y propuestas de quienes se oponen a dicho bloque, y ningunean sus iniciativas.

Como piezas de la contraofensiva reaccionaria, esas instancias e instrumentos forman ‚Äúestados de opini√≥n‚ÄĚ que resultan tanto de promover las figuras, opiniones y proyectos que al bloque dominante le interesa encumbrar, como de tergiversar a quienes lo adversan o banalizar sus ideas, para justificar las ataques y marginaciones que se cometan contra ellos en el curso de las campa√Īas derechistas para descalificar a los sectores populares, y desestabilizar la situaci√≥n general, ya sea con vistas a objetivos electorales o para enmascarar los asaltos ‚Äúblandos‚ÄĚ o ‚Äúduros‚ÄĚ al poder gubernamental.

Lacalle Pou payasea y se muestra como bandera

Lacalle Pou payasea y se muestra como bandera

Un antecedente conocido fue el de la larga campa√Īa medi√°tica y desestabilizadora que precedi√≥ el golpe militar contra el gobierno de Salvador Allende. Dos m√°s recientes han sido la prolongada campa√Īa de ‚Äúguarimbas‚ÄĚ en Venezuela y las movilizaciones que precedieron al campeonato mundial de f√ļtbol en Brasil, entre otras.

Del 2006 a la fecha se ha apelado a muy diversas modalidades de asalto al poder, cada una de ellas preparada y avalada por los grandes medios locales e internacionales de comunicaci√≥n. La conspiraci√≥n para inculpar de asesinato al presidente √Ālvaro Colom, el golpe sui generis mediante el cual el ej√©rcito depuso y expatri√≥ a Manuel Zelaya y acto seguido entreg√≥ el gobierno al presidente del Congreso; la conversi√≥n de empresarios exitosos en candidatos presidenciales para derrotar a los socialdem√≥cratas en Panam√° y Chile; la intentona secesionista de la Media Luna para sacar del poder a Evo Morales; la matanza de campesinos urdida para justificar el golpe parlamentario contra Fernando Lugo; la insubordinaci√≥n policial dirigida a derrocar a Rafael Correa; y, √ļltimamente, las campa√Īas de desestabilizaci√≥n y descr√©dito emprendidas contra el gobierno de Cristina Fern√°ndez y los esc√°ndalos medi√°ticos fabricados para desprestigiar al de Dilma Rousseff, con vistas a erosionar sus posiciones en v√≠speras de nuevos retos electorales, etc.

Ello sin contar m√°s de medio siglo de conspiraciones, sabotajes, atentados y toda suerte de ataques materiales, econ√≥micos, diplom√°ticos y medi√°ticos contra la revoluci√≥n y el pueblo de Cuba, entre los cuales √ļltimamente han descollado el auspicio, entrenamiento, dotaci√≥n y soporte internacional para ‚Äúblogueros‚ÄĚ y otros tipos de medios y operadores de redes digitales.

Por otra parte, nada de ello ocurre por gesti√≥n meramente local. Cada una de esas acciones, desde su etapa preparatoria, ha dispuesto de un coro internacional que va m√°s all√° de los medios y agencias de prensa, y los alimenta. Esto incluye declaraciones de organismos de derechos humanos, de clubes de escritores y de directivos del FMI, de congresistas norteamericanos y √≥rganos de la Uni√≥n europea, etc. Es decir, las campa√Īas de la llamada ‚Äúnueva‚ÄĚ derecha no se circunscriben a la asociaci√≥n con sus cong√©neres latinoamericanos, espa√Īoles y estadunidenses; forman parte de una estructura global m√°s articulada y extensa.

Entre los mayores objetivos de esa estructura y de las derechas locales est√° el de degradar el sentido del proceso latinoamericano de integraci√≥n. El solo hecho de que en la gestaci√≥n de la llamada Alianza del Pac√≠fico hayan sobresalido personajes como Felipe Calder√≥n Hinojosa, √Ālvaro Uribe y Sebasti√°n Pi√Īera, y de que eso inmediatamente recibiera fuerte aliento norteamericano, es de por s√≠ un aviso elocuente. Por lo tanto, en la coyuntura que tenemos por delante, defender la proyecci√≥n emancipadora, solidaria y desarrollista del proceso de integraci√≥n deber√° ser uno de nuestros mayores empe√Īos, aunque las organizaciones latinoamericanas de izquierda a√ļn disten de haber convertido ese tema en una aspiraci√≥n de masas.

Pero esta historia contin√ļa

Esa es la naturaleza del adversario que los gobiernos progresistas y las izquierdas latinoamericanas tienen por delante. No será con el respaldo de grandes recursos financieros, empresariales ni mediáticos que lo podrán superar. Esto solo podrá lograrse renovando tanto ideas y propuestas, como formas de lenguaje y comunicación juvenil y popular.

Tanto m√°s cuando, tras las sucesivas reelecciones de los partidos y los l√≠deres progresistas, los a√Īos no dejan de acumularse y, a los ojos de los j√≥venes, nosotros mismos empezamos a formar parte del pasado. El tiempo reabre a los conservadores la oportunidad de presentarse como los portadores del ‚Äúcambio‚ÄĚ que anhelan los insatisfechos de hoy. A los doce a√Īos de gobiernos del PT, por ejemplo, las demoras de la reforma agraria o de la reorganizaci√≥n del transporte metropolitano no pueden achacarse a Collor de Mello o Fernando Enrique Cardoso, ni mucho menos a los militares.

Frente a la ‚Äúmagia‚ÄĚ de la publicidad y la manipulaci√≥n de la maquinaria medi√°tica burguesa, y de su capacidad para reciclar el reinado de la vieja cultura de su conveniencia, solo construir una contracultura o nueva cultura pol√≠tica popular puede darle a nuestros pueblos la solidez de convicciones indispensable para enfrentar cr√≠ticamente las ofertas de los grandes medios.

Esa contracultura es indispensable para contrarrestar y superar la hegemonía ideológica y política del bloque dominante. Precisamente porque eso no puede lograrse a corto plazo, debe ser la primera de nuestras dedicaciones, transversal a todos nuestros demás esfuerzos.

el salvador fmlnEl impacto de la contraofensiva de las derechas no es un asunto colateral. Hace cuatro a√Īos alg√ļn optimismo o autosatisfacci√≥n imprudente pod√≠an tomarla como un asunto manejable. Sin embargo, durante este √ļltimo per√≠odo la reelecci√≥n de los candidatos del PSUV, del FMLN y del PT fue m√°s dif√≠cil y re√Īida de lo previsto; Alianza Pa√≠s sufri√≥ reveses inesperados en Quito y otras ciudades, y los √©xitos contundentes solo volvieron a producirse en Bolivia y, en menor grado, Uruguay. En Brasil la victoria presidencial se acompa√Ī√≥ de importantes p√©rdidas parlamentarias; el fantasma de la derrota amenaz√≥ al destino de la integraci√≥n latinoamericana y caribe√Īa.

La izquierda progresista est√° a la defensiva y de eso ella debe extraer importantes lecciones y reajustes de m√©todos, estilos y objetivos. En esto la reacci√≥n reflexiva y pol√≠tica de Rafael Correa fue ejemplar, al convocar el encuentro latinoamericano de partidos, organizaciones y movimientos progresistas para debatir c√≥mo derrotar la estrategia de ‚Äúrestauraci√≥n conservadora‚ÄĚ de nuestra Am√©rica.9

M√°s all√° de aciertos y errores locales, y de mayores o menores din√°micas y alcances, ¬Ņpueden tres lustros de surgimiento y reproducci√≥n de gobiernos progresistas reducirse a eventos coyunturales, o expresan fen√≥menos estructurales de mayor significado? Desde luego, la elecci√≥n y reelecci√≥n de gobiernos progresistas, y parte de sus realizaciones, son reversibles. Pero es irresponsable sostener que su paso no deja huellas. Aun en el peor de los desenlaces, durante este per√≠odo ya hay acumulaciones que echaron ra√≠ces en la evoluci√≥n de las culturas pol√≠ticas de los pueblos latinoamericanos.

La movilizaci√≥n social y electoral de grandes masas, que puso en escena nuevos sujetos y objetivos pol√≠ticos, derrumb√≥ gobiernos o los hizo tambalear, expresa movimientos tel√ļricos del desarrollo latinoamericano: las clases se movieron, sus exigencias contin√ļan y las conciencias han pasado a hacer un nuevo balance de posibilidades. Nadie tiene por qu√© ser mejor que nosotros para aprender de sus errores y volver a la liza fortalecidos. Donde sea el caso, el rev√©s sufrido puede ser parte de una historia donde las fuerzas progresistas retornar√°n mejor dotadas. En Honduras, Libre es muy superior a la anterior ala democr√°tica del partido liberal; en Paraguay, el Frente Guas√ļ posterior al derrocamiento de Lugo tiene mejores propuestas y arraigo social que aquel que en el pasado eligi√≥ al obispo.

Si el progresismo es síntoma de un fenómeno estructural, las eventuales ganancias de la contraofensiva de la derecha deben asumirse como reveses aleccionadores, cuyo análisis autocrítico ayudará a realimentar la continuación de la ofensiva de izquierdas.

Por su naturaleza, las derechas son inevitablemente conservadoras, pues su misi√≥n es conservar o recuperar estructuras y privilegios del pasado, por mucho que ellas pretendan envolverse en los ropajes del ‚Äúcambio‚ÄĚ. Como a su vez las izquierdas leg√≠timas solo pueden ser innovadoras, una vez que expresan la fuerza creativa de quienes senos indignan frente a las causas de las injusticias y desigualdades del presente que queremos remplazar.

Esta verdad medular debe incidir sobre nuestras organizaciones y proyectos, sobre sus modos de abordar y sumar a nuestros pueblos, sobre sus lenguajes y modos de escuchar, renovar propuestas y persuadir. Solo así ellas podrán convocar, formar y ayudar a organizarse por sí mismos a los contingentes sociales necesarios para pasar del progresismo ahora posible a la necesaria transformación revolucionaria, y sostenerla.

Notas:
1. Pese a lo decepcionante que este √ļltimo personaje enseguida resultar√≠a, en aquel momento quienes votaron por √©l cre√≠an hacerlo por una opci√≥n progresista.

2. Es err√≥neo e in√ļtil juzgar el car√°cter de estos gobiernos seg√ļn el rasero de las pre misas y expectativas conceptuales caracter√≠sticas de los a√Īos 70.

3. Sentido que, por otra parte, contribuye a multilateralizar las relaciones internacionales y erosiona la hegemonía estadunidense. Si bien esto propicia la adquisición de nuevos socios pero, a la vez, define y moviliza la hostilidad norteamericana y sus capacidades conspirativas.

4. Las agrupaciones y personalidades más fieles al interés popular y nacional mantuvieron las denuncias y protestas contra las tragedias sociales, las corrupciones y las renuncias a la soberanía agudizadas por las políticas neoliberales pero, batiéndose a la defensiva, tuvieron escasa posibilidad de desarrollar propuestas alternas.

5. A escala masiva, de los a√Īos 70 quedaba la memoria de los costos y sacrificios que acompa√Īaron al esfuerzo revolucionario sin que sus esperanzas se cumplieran.

6. Por ejemplo, en 1960 Blas Roca, respetado dirigente del Partido Comunista cubano, caracteriz√≥ lo que suced√≠a en Cuba como un proceso caracter√≠stico de ‚Äúuna revoluci√≥n democr√°tico burguesa en los pa√≠ses coloniales, semicoloniales o dependientes, o sea, una revoluci√≥n agraria y antimperialista‚ÄĚ.¬† Ver 29 art√≠culos sobre la Revoluci√≥n Cubana, Publicaciones del Comit√© Municipal de la Habana del Partido Socialista Popular, 1960, p. 20.

7. La cr√≠tica de ciertas izquierdas se√Īalando que estos gobiernos no forman cuadros ni organizaciones revolucionarias es una forma de eludir la responsabilidad que les corresponde por incumplir esa misi√≥n. Desde siempre, la formaci√≥n de cuadros id√≥neos para implementar su proyecto ha sido una de las misiones medulares de los partidos, gobernantes o no.

8. En lo que me corresponde, hace pocos a√Īos elabor√© para el CIPI un material sobre la contraofensiva reaccionaria y la llamada ‚Äúnueva‚ÄĚ derecha, discutido en una de las pasadas Conferencias. Al respecto, ver ¬ŅQui√©n es la ‚Äúnueva‚ÄĚ derecha? en Agencia Latinoamericana de Informaci√≥n (Alai) del 14 de abril de 2010 o en Rebeli√≥n del 15 de abril de 2010.

9. Al respecto, ver su discurso inaugural del Encuentro internacional de partidos, movimientos, frentes y organizaciones de izquierda progresista ‚ÄúAm√©rica Latina unida y soberana frente a la restauraci√≥n conservadora‚ÄĚ, en Quito, el 29 de septiembre de 2014 [www.elap2014.com].

*Texto de la intervención realizada por el autor en la 12 Conferencia de Estudios Americanos, celebrada el 24 de octubre de 2014 en el Centro de Investigación de Política Internacional (CIPI), en La Habana.

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