Sep 8 2018
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OpiniónPolítica

 

Informaciones internacionales de estos días dan cuenta que, en el puerto de Dalian, se recordó el 69° aniversario de la creación de la marina china. Se lo hizo botando al primer portaaviones totalmente fabricado en China, mientras siguen construyendo lo que será el primer portaaviones chino movido por energía nuclear.

De esta manera se puede visualizar cómo se prepara China para asegurarse su primacía en la disputa por la hegemonía mundial. Veamos algunos aspectos de cómo transcurrió esta historia desde los fines de la Segunda Guerra Mundial.

En 1949 se hizo público el Tratado de Washington que dio nacimiento a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), una alianza militar intergubernamental que, bajo el principio de una defensa mutua para el caso de un ataque exterior, estaba destinada a darle protección a Estados Unidos.

Esa potencia se había constituido como cabeza de los países occidentales. Eran los “aliados occidentales” -que habían resultado triunfadores en la Segunda Guerra Mundial. Se había transformado en centro del poder del mundo capitalista, desplazando en ese rol-al imperio británico. De la OTAN forman parte, además de EEUU, los países de la Unión Europea y Canadá.

Mientras, otros varios países, sin ser miembros plenos, están vinculados por acuerdos específicos. El 76% de los gastos mundiales destinados a armamentos son consumidos por los países de esa alianza militar. Sólo EEUU consume el 50% del total mundial del gasto militar.

Desde otro costado del mundo, visto desde un planisferio o también por razones ideológicas, había otra realidad. La comunista Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), de la cual Rusia era el integrante hegemónico, era otro de los triunfadores y el país de los ganadores que padeció las mayores bajas en esa guerra.

Poco después de terminadas las acciones bélicas, entre estos dos bloques se desató lo que se conoció como “Guerra Fría”, que tuvo al mundo en vilo ante los riesgos de una confrontación nuclear. En 1955 la URSS propuso y logró poner en pie el Pacto de Varsovia. Era la alianza militar de los países comunistas que se constituía como la contracara de la OTAN.

La política internacional y la suerte de la humanidad estaban -en esos años-determinados por la evolución de esos complejos enfrentamientos. La situación se definió a favor de los países occidentales y en 1991, fruto de la implosión de la URSS, desapareció el Pacto de Varsovia. Parecía que la hegemonía estadounidense y el capitalismo serían eternos, lo que llevó a que –al año siguiente- Francis Fukuyama dejara inscripta esa idea bajo el nombre de “El fin de la historia”.

Pero la historia parece no tener fin, es caprichosa, y recorre los caminos menos esperados. El capitalismo occidental vio como sucesivas crisis iban frenando su poderío y mermando su influencia.

Por el otro lado una vigorosa China comenzaba –adoptando la economía de mercado- a despuntar en el horizonte internacional. Todos querían buenas relaciones y establecer negocios, fascinados por ese mercado que tenía más de mil millones de consumidores.

Acaba de concluir una muestra de ello: los más de 50 jefes de gobierno de países africanos que acaban de ser recibidos por el presidente chino, en un cónclave realizado en China y clausurado hace algunas horas.

En 1996, a instancias de China y Rusia, nació el grupo conocido como los “Cinco de Shanghai”, del que formaron parte inicialmente China, Rusia, Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán. Sus acuerdos originales estaban centrados en el fortalecimiento del comercio y una mejor utilización de las vastas fronteras que los vinculaban.

A partir del 2001 se fue ampliando la nómina de sus integrantes, con la incorporación de Uzbekistán. Sus prácticas comunes incluyeron maniobras militares relacionadas con la defensa común. Esta asociación pasó a ser reconocida como la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) y en el 2016 se sumaron India y Pakistán. En este caso, son también varios los países que mantienen convenios específicos.

Estas son las dos principales manifestaciones de poder que hoy activan en nuestro planeta. Algunos datos comparativos permiten tener una idea más clara del poderío de esta confrontación entre la occidental OTAN y países del oriente asociados en la OCS.

En materia territorial los países integrantes de OTAN abarcan 23.475.45 quilómeros cuadradios; los de la OCS 34.358.911. Desde el punto de vista de la población, la del primer grupo es de 873 millones 660.495 de personas; mientras que la población del segundo es de tres mil 39 millones 936.256 habitantes.

Por último son de valor los datos sobre el Producto Bruto Interno de ambas alianzas. El de OTAN alcanza la suma de 40 mil 219.141 millones de dólares; en cambio la alianza OCS reúne la cifra de 36 mil 91.650 de millones de dólares.

Estos datos puestos en las manos de un estratega militar, es lo que llevó a que el Almirante Philip S. Davidson, Comandante de las fuerzas de EEUU en la región India-Pacífico, dijera: “No hay garantías de que Estados Unidos vaya a ganar en un conflicto futuro con China”. Lo dijo ante el Senado de su país en una audiencia realizada en marzo de este año.

*Analista político y dirigente social argentino, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

 

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