Alejandro Tesa
En vez de los padres, padrastros, madrastras, tíos (divertidos si no fueran dramáticos los resultados de sus diligencias), padrinos presurosos con el castigo y tardos de oído –y todos los demás convidados al banquete (o que quieren ser parte de la mesa)–. Pero es razonable, los padres de las sociedades al fin y al cabo son símbolos, acaso recuerdos lejanos y desvaídos del ruido de los timbales de la violencia que las parió. Violencia, a veces, desatada contra lo mas puro de una sociedad: sus niños.