Nov 15 2007
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Opinión

A la chilena. – SIÚTICOS Y CHAQUETEROS

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Esto de que Juan Carlos I se haya enojado y tratara de callar al presidente Hugo Chávez es casi tragedia nacional. Y los motivos son variados. Primero, se trata de un rey. Y que un rey se haya enojado, precisamente en nuestro país, es casi insoportable para la cáfila conservadora que domina la prensa nacional.

Como hay que sacar dividendos políticos, se busca un culpable, que no es Chávez, ni los españoles con sus empresas corsarias, ni el irascible monarca. No, es la presidenta Bachelet. No mostró liderazgo, dicen. Y El Mercurio llega a preguntarse: “¿Qué habría hecho Lagos?”. Don Ricardo, seguramente, se habría enojado más que Juan Carlos y eso habría sido una batahola.

Lo concreto es que las reuniones entre personajes con poder, que piensan distinto, siempre tienen estos roces. Pero en esta oportunidad le están sacando todo el partido posible.

Ya se anuncian nuevas encuestas en que seguramente, afirman, la presidenta bajará en la aprobación popular por no haber calmado cariñosamente al rey y reprendido al bruto de Chávez. La afirmación la hace nada menos que Roberto Méndez, director de Adimark. Esta empresa de encuestas es presentada por la prensa chilena como el referente último respecto a sondeos. Y, por añadidura, Méndez es una especie de oráculo.

Una de las características de los siúticos es la desvergüenza. Y en este caso se cumple a cabalidad. Roberto Méndez es asesor de Sebastián Piñera, candidato presidencial de la derecha. Por lo tanto, personaje con intereses profundamente comprometidos como para realizar sondeos que puedan tener algún grado de confiabilidad. Pero aquí eso no importa. Como la prensa está mayoritariamente en manos de los grupos económicos, Méndez es el epítome de la objetividad.

Así las cosas, la presidenta Michelle Bachelet pagará los platos rotos. Su falta de liderazgo, su poco manejo, su escasa autoridad….o sea deberíamos sentirnos avergonzados de tenerla en La Moneda. Una actitud mezquina, chaquetera y alevosa.

Si el rey no puede contenerse y cae en lo mismo que los siúticos chilenos critican en Chávez, Bachelet debería haber tomado palco. Ella dirigía una reunión de jefes de Estado, no era la tía de un parvulario. Creo que fue demasiado generosa al salir a convencer al monarca iracundo para que volviera a la sala. Tendría que haberlo dejado irse.

Si los españoles necesitan de la vetusta y onerosa presencia de un rey para entenderse, allá ellos. Pero nosotros aventamos el yugo hace ya casi doscientos años. Y a Pinochet no se le ocurrió, como a Franco, transformar a Chile en una monarquía. Digamos, en aras de la historia, que aquí no existía casa real a la que recurrir, mientras que el fascista ibérico –y espero que en este caso no se enoje Rodríguez Zapatero– contaba con los Borbones.

No hay que olvidar cómo llegó Juan Carlos al regio sitio que hoy ocupa. Y para que los españoles dejen de estigmatizar a Chávez por la rabieta real, hay que recordar que el rey no es ningún santo. En 1956, cuando tenía 18 años, mató a su hermano Alfonso de un certero tiro en la cabeza. Eran años de franquismo y la investigación no afectó la línea sucesoria. El veredicto fue muerte accidental en un juego de niños.

Otra de las tonteras que han salido a relucir a propósito de la “cumbre”, es que los latinoamericanos estamos definitivamente debajo de la historia. Especialistas citados por la prensa señalan que lo ocurrido demuestra lo lejos que estamos de la modernidad. Del mundo globalizado, virtual y volátil en que vivimos. O sea, lo que ocurrió aquí no habría pasado en Europa o en naciones desarrolladas, sostienen. Falso. Las contradicciones entre los intereses económicos enrevesados con la política, dan estos resultados en cualquier parte del planeta.

El fondo de la disputa de la que fuimos testigos privilegiados tiene el componente social. Una gran masa de personas que vive en la pobreza, mientras unos cuantos disfrutan de riqueza excesiva. Y si esto da lugar para enfrentamientos verbales más o menos subidos de tono, es sólo una anécdota.

La verdadera tragedia la viven millones que no asisten a las “cumbres” y que no tienen que comer cada día. Pero eso no lo ven los siúticos y chaqueteros. Para ellos, esa gente no existe o si existe debe estar lejos de sus barrios. Tras la línea del apartheid que divide nuestras ciudades, o detenidos aunque sea por sospecha o por intención.

La conclusión más aterradora que han sacado estos analistas, es que la presidenta Bachelet perdió la oportunidad. La oportunidad de qué, no se sabe. Tal vez de transformarse en una estadista enseñando buenos modales a tipos que actuaron como actuaron no por maleducados, sino porque los intereses que defienden les imponen hacer lo que hicieron.

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Periodista.

wtapiav@vtr.net.

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