Oct 11 2009
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Opinión

A los pies de la izquierda caviar

Teódulo López Meléndez.*

Si algo no me gusta es discutir sobre los premiados con el Nobel. Como escritor deberían interesarme más los concedidos a la literatura, pero hacerlo equivaldría a hablar de literatura europea, pues los últimos 15 han sido concedidos a ciudadanos de ese continente, incluido un chino que escribe en francés.

No me opongo a que se le entregue el galardón a autores desconocidos, pues hay que admitir que muchos desconocidos lo son por el desprecio de la industria cultural hacia todo lo que se salga de la rutina, del aburrimiento y supuestamente, de aquello que se vende.

Resulta innecesario hacer la lista de escritores sin méritos que lo han recibido, como contrapartida al principio justo de sacar desconocidos a la luz de la fama.

Menos me atrevo a discutir sobre los Nobel en el campo científico, aunque es claro que en este campo se entregan con no menos de una década de retardo sobre el hallazgo que lo produjo.  Pero en el punto donde la polémica es grande es en el campo de la paz. Lo es, entre otras razones, porque la vigencia misma de los Premios Nobel entra en discusión y comienza a recordarse como la Academia Sueca parece envuelta en una especie de izquierdismo caviar que condiciona todo lo que toca. Y porque el paso de los años va corroyendo todo, incluido los premios.

En pocas palabras, la academia sueca ha dado suficientes muestras de óxido político en su toma de decisiones.

Ahora tenemos a Barak Obama como Premio Nobel de la Paz. La discusión va a ser intensa. Admitamos a favor del presidente de los Estados Unidos sus discursos de apertura hacia el mundo islámico, sus esfuerzos por reducir el armamento nuclear, sus empujes a la reducción de la contaminación planetaria. Y algo más, la formulación conceptual de cese de una acción norteamericana como potencia unipolar. Esto es, el reconocimiento del fin de una época y el llamado a una acción colectiva para enfrentar los problemas del mundo.

Estos son los méritos, no pocos, pero la concesión de un premio a un jefe de estado norteamericano que apenas inicia su período es altamente riesgoso. Ahora mismo ese presidente tiene sobre su escritorio en la oficina oval de la Casa Blanca una solicitud de aumento de tropas en Afganistán, a la cual seguramente accederá, entre otras razones porque esa guerra contra los talibanes se está perdiendo y podría empantanarse como una especie de nuevo Viet-Nam y tiene pendiente el retiro de una guerra que no inició, la de Iraq.

Para Obama mismo el premio es un peso. No podrá dejarse condicionar por él a la hora de tomar decisiones, pero siempre estará rondándole la disyuntiva de merecerlo.

Una cosa es cierta. En cada decisión la Academia Sueca mide con precisión de esteta las consecuencias políticas de tal otorgamiento. En este caso hay que reconocerle que ha privilegiado el sentido de una posición conceptual por encima de los inmensos riesgos que implica las decisiones que el premiado deberá tomar en el futuro.

El caricaturista de El País de Madrid ha dado su opinión al respecto pintando la paloma de la paz de color negro y sosteniendo, como es debido, su ramito de oliva en el pico. En América Latina ya sabemos que ese ramito de entrega es delegativo a Brasil, el imperio emergente que deberá ocuparse de mantener el orden en este continente por delegación gringa, ya que quienes han entregado la concesión andan muy ocupados en otras regiones del planeta. ¿Un sub-premio Nobel de la paz para Lula el alcahueta estará entre los planes de la Casa Negra?

A juzgar por los idiotas comentarios que casi todos los días hacen voceros del Departamento de Estado sobre Venezuela uno diría que la señora Clinton ve a los halcones del pentágono, del senado y de la derecha republicana a los pies de la Academia Sueca.

* Escritor.

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