Jul 19 2007
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Opinión

Ajedrez de crimen. – ¿JAQUE MATE O CABALLO CAMPANTE?

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

La partida contra Fidel tiene una “apertura siciliana”: la agencia revela que buscó apoyo a través de un mafioso llamado Johnni Russeli. Luego, el movimiento de alfiles indica que un tal Richard Bisell contacta a Sheffield Edwards, en busca de un matador, hasta llegar a un tal Roselli, gánster que tenía razones financieras para eliminar a Castro y a quien se le iba a “dejar claro que el Gobierno de Estados Unidos no estaba, ni debería estar, al tanto de la operación”.

El movimiento a la casilla de enfrente indica que a Roselli no le interesó el dinero de la agencia, ni participar directamente en el asunto; pero sí, pone al descubierto y en posición de jaque, a un amigo suyo llamado Sam Gold, un alias de Momo Salvatore Giancana, quien a su vez, planteó “que matar a Castro con armas de fuego podría resultar un problema y sugirió suministrarle algún tipo de píldora en la comida o la bebida”.

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Luego aparece otro atacante en diagonal: un tal Juan Orta, encargado de suministrar media docena de pastillas letales a Castro; pero, para la agencia, Orta resultó ser un inútil y es sacado del tablero, puesto que, según el texto, Orta “se echó atrás y pidió que se le relevara. Propuso a otro candidato, que hizo varios intentos sin éxito”. Finalmente, el proyecto se suspendió debido al fracaso del episodio de la Bahía de Cochinos, en abril de 1961.

Otro segmento de la partida lo continúa revelando el propio Castro en un artículo del periódico Granma, en el que califica a la CIA como “máquina de matar”

(Ver edición del 10 de julio 2007 deGranma o en esta misma revista aquí).

El ajedrez de la muerte no solo es practicado en el submundo del espionaje al estilo James Bond; por ejemplo las instancias llamadas “Seguridad del Estado” y otras, han demostrado ser expertas en este juego. El periódico El País de España, publica un artículo de E. González titulado El suicidio del banquero asesinado: nunca se sabrá quién mató a Roberto Calvi, el banquero de Dios. Recicló dinero de la Mafia, financió las operaciones anticomunistas del Vaticano en Polonia y América Latina, se asoció con la logia masónica P2 y promocionó con grandes sumas el irresistible ascenso político del socialista Bettino Craxi. Sabía demasiado…

Continúa luego una trama espesa de mafia, religión, dinero poder y muerte, relacionada con la extinción de Calvi hace 25 años.

Las historias son innumerables. Sólo en el siglo pasado podemos recontar los siguientes magnicidios:

– 1912, asesinan a Eloy Alfaro en Ecuador;
– 1914, Sarajevo: el crimen que desató la guerra;
– 1918, Asesinato del zar Nicolas II y su familia;
– 1933, atentado contra el presidente Roosevelt;
– 1946, Juicios de Nuremberg;
– 1948, asesinato de Gandhi;
– 1962, muerte de John F. Kennedy;
– 1965, asesinato de Malcom X;
– 1967, muerte de Ernesto Guevara;
– 1968, asesinato de Martin Luther King;
– 1978, muerte del Papa Juan Pablo I;
– 1980, asesinato de Monseñor Óscar A. Romero;
– 1980, muerte de John Lenon;
– 1981, atentado contra Ronald Reagan;
– 1981, ataque a Juan Pablo II;
– 1981, acribillan a Anwar El-Sadat en Egipto;
– 1982, muerte del banquero Calvi;
– 1997, muerte de Lady Di en París;
– 2001, asesinan al presidente Kabila en El Congo;
– 2001, magnicidio múltiple en Nepal; por mencionar algunos.

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Más ejemplos: León Trostky, fundador del Ejército Rojo, uno de los más poderosos del mundo de entonces, cae abatido por una Dama y un Peón con un punzón en el cerebro, México 1940. También Rasputín, uno de los más duros de matar; recibe en el vino una dosis letal capaz de tumbar a un batallón, no muere; su verdugo el príncipe Yusupov le pega un tiro en el pecho, pero esto más bien enfurece a Rasputín y se engresca con su adversario que logra huir, Rasputin se “enroca” por una puerta secreta, pero el príncipe contraataca con refuerzos y el “Monje Loco” es abatido entre la nieve de un patio; Rusia 1916.

En otra partida reciente, totalmente “a la rusa”, el rey ataca directamente; caza a la Dama contraria y pone un mate singular: en noviembre de 2006 el ex agente de los servicios de espionaje rusos Alexander Litvinenko murió, supuestamente, envenenado con un componente radiactivo llamado “Polonio 210”. Litvinenko aseguró que creía haber sido envenenado el pasado día 1o de noviembre, tras una reunión secreta con dos contactos rusos, tras cenar en un restaurante japonés con Mario Scaramella, un experto en seguridad.

Según afirmó Scaramella se había reunido con Litvinenko para enseñarle algunos correos electrónicos en los que se identificaba a los asesinos de la periodista Anna Politkovskaya. (www.elpaís.com).

Uno puede preguntarse ¿qué media en esas esferas para ejecuciones tan perversas? Un tiro en la nuca hubiera sido menos cruel. En ese mundillo llaman “daños colaterales” a los daños a inocentes y, supuestamente el ex agente Litvinenko, una vez que ingirió el P-210 contaminó los lugares donde estuvo.

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Imagino si las píldoras que aplicarían a Fidel hubiesen sido radiotóxicas, y con la fortaleza física de Castro, este habría andado por la Habana como un mutante verdiazul despidiendo esa aura espesa, con su mítica barba alambrosa y fosforescente o con una brasa violeta en la punta de su habano echando humo verde radiactivo; pero, una vez más, El Caballo salió campante de ese jaque.

Las agencias –llámense ex KGB, CIA, o como se llamen– jugadoras con ese carácter “terminator” que le imprimen, han llevado a cabo tramas complejas y actos de sadismo insospechado; por lo tanto, al menos para mí, la gran noticia es que Fidel está vivo.

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* Escritor y poeta salvadoreño residente en Costa Rica.

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