Abr 16 2006
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Cultura

Al otro lado del best seller: – HAY QUE MERECER EL DERECHO A DAR

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Este hijo de diplomático –que ha ejercido el periodismo y la escritura en algunos de los rincones más recónditos del globo– ha hecho del movimiento perpetuo su vocación y su forma de vida. Desde que convirtiera su luna de miel en una vuelta al mundo, el viaje ha sido el motor de muchos de sus libros y proyectos. De todos los países y paisajes la India es quien ha retenido más tiempo el sentimiento del escritor.

Seducido por la talla moral de la Madre Teresa y comprometido en multitud de proyectos de ayuda –que van desde los afectados por la catástrofe de Bofal hasta los sin techo en Calcuta– Lapierre ha dedicado buena parte de su producción literaria a difundir las especiales condiciones de vida que se sufren en el subcontinente.

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Recién llegado a Gasteiz desde Egipto, presenta estos días su último libro Érase una vez la URSS, relato de sus correrías a lo largo de trece mil kilómetros por el antiguo imperio soviético al volante de un Simca. A juzgar por la vehemencia y el entusiasmo con el que explica sus proyectos pasados y futuros, Lapierre sigue siendo el afortunado depositario del secreto que convierte a los simples testigos en narradores célebres: la capacidad para ver el mundo cada mañana con los ojos del primer día.

“Érase una vez la URSS”, su último libro publicado, recoge las experiencias de un viaje de juventud. ¿Siente añoranza del pasado?

–Tengo suficientes proyectos en mente y realizándose como para estar ocupado. Este es un libro que retrata el descubrimiento cándido de cuatro occidentales de la URSS de 1956, cerrada y enigmática.

Con un fotógrafo, Jean-Pierre Pedrazzini (abajo izq) y nuestras respectivas esposas, recorrimos trece mil kilómetros por las maltrechas carreteras y caminos soviéticos. Aquel viaje fue una fiesta sorprendente, una aventura que tuvo un epílogo trágico: Pedrazzini fue alcanzado, una vez concluido el viaje y cuando se encontraba en Hungría, por las balas soviéticas que aplastaron las protestas populares en contra de la ocupación soviética.

Los soldados de la misma nación que nos acogió con gran hospitalidad acabaron con la vida de mi compañero. Para mí fue un golpe tremendo.

Este libro está dedicado a su persona y también a la de mi compañero Larry Collins y a Slava Petujov, nuestro guía en aquellos días felices descubriendo la Unión Soviética.

Con Larry Collins publicó Esta noche la libertad, el libro que iniciaría una larga serie de obras dedicadas a la India. ¿Qué ha cambiado en su vida cotidiana desde su particular descubrimiento de la India y de las condiciones de vida de los más desfavorecidos que allí viven?

–Ahora valoro más algunas cosas y otras, que antes me exasperaban, me preocupan muy poco. Es decir, después de ver y palpar las condiciones de miseria en las que se desenvuelve la vida de tanta gente, a mi regreso a París no pierdo los nervios por no encontrar dónde estacionar por ejemplo. Al contrario que antes, en que, en cierta forma lo tenía supeditado a otras emociones, ahora valoro como muy importante el contacto humano.

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En ocasiones sus proyectos de ayuda reciben críticas que argumentan que la solución a la pobreza no puede llegar de la mano de la beneficencia sino de una transformación estructural que permita ayudar no sólo a unos pocos sino a la totalidad de necesitados. ¿Qué opinión le merecen estos juicios?

Soy consciente de que la ayuda que puedo recabar es sólo una gota de alivio en un océano inmenso de necesidades. A pesar de todo esa mínima aportación es muy real y tangible y soy testigo de cómo ha ayudado a resolver situaciones humanas muy concretas y de qué forma ha recuperado de las garras de la muerte y el olvido a seres humanos concretos con nombres y apellidos. Eso es para mí lo importante.

Como hombre solo, yo no puedo aspirar a resolver problemas estructurales de alcance mundial pero sí tengo en mi mano la resolución de tragedias cotidianas que no por darse en pequeña escala son menos tragedias. También he podido constatar que este tipo de ataques a proyectos concretos surgen, en ocasiones, de la mano de quien no hace absolutamente nada para cambiar las cosas.

La prensa económica comenta constantemente los milagros económicos indio y chino y califica a estos países de potencias económicas en ciernes. ¿Cómo se conjuga este espectacular crecimiento y la persistencia de la miseria cotidiana en los pueblos y ciudades de Asia?

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–El crecimiento económico por sí solo no significa nada si el común de la gente no tiene agua potable para beber o comida digna encima de una mesa. Independientemente de las tendencias económicas y de las cifras aportadas por las grandes corporaciones industriales, el crecimiento de un país ha de medirse en la dignidad humana de la que pueden disfrutar sus habitantes. Hay unas condiciones mínimas que no pueden ser obviadas.

El despegue económico trae aparejados también nuevos problemas en forma de burocracia, de corrupción en la gestión, de un espectacular aumento de la contaminación etc. De otro lado, el crecimiento económico es cierto que aporta oportunidades al precio de cambiar de forma irremediable las tradicionales relaciones de la gente entre ellas y con el entorno que las rodea.

En nuestros proyectos de la India, por ejemplo, enseñamos a los niños dos herramientas básicas para salir de la miseria en el país, la informática y el inglés. Estos conocimientos, para los más jóvenes del subcontinente, son ahora casi tan necesarios como el poder disfrutar de un pozo de agua potable en su aldea.

Usted es autor, junto a su sobrino Javier Moro, de Era medianoche en Bofal, un libro que denuncia las consecuencias de un escape químico en esa ciudad india, que provocó miles de muertos y cuyas consecuencias siguen pagándose a día de hoy. ¿Sirvió su libro para mitigar los terribles efectos del escape?

fotoCon el libro (izq.)se consiguieron algunos logros importantes aunque evidentemente no pudimos atender a todos los afectados ya que la magnitud de la desgracia es, incluso a día de hoy, difícilmente calculable.

El escape de gas venenoso en la Union Carbide ocasionó miles de muertos esa misma noche. Otros miles enfermaron de forma crónica y siguen sin ser atendidos convenientemente. El primer resultado palpable fue contribuir a la difusión de la verdad, narrar lo que realmente pasó aquella noche y explicar qué causas contribuyeron a que aquello sucediera. Si por la empresa hubiera sido el accidente se hubiera resuelto con unas indemnizaciones mínimas y echando tierra sobre el asunto.

Dar a conocer la desgracia contribuye, en primer lugar a que las empresas revisen sus sistemas de seguridad, lo que, posiblemente, evita otras tragedias futuras. El caso de la Union Carbide y su accidente de Bofal es aún más dramático. Las víctimas no están recibiendo tratamiento médico eficaz; para ahorrar costes se tratan síntomas pero no la enfermedad en sí misma.

La fábrica ha contaminado la capa freática y los pozos de los alrededores están todos envenenados. Cada vez que esa gente bebe se condena. La empresa sigue sin asumir responsabilidades; es más, se niegan a dar datos sobre los metales y otros elementos concretos que han envenenado el agua para no tener que asumir responsabilidades penales.

Bofal es un caso muy complejo pero real. Muchas fábricas del Tercer Mundo están rodeadas de una auténtica ciudad hecha de latas y plásticos y que es el hogar de sus trabajadores. Todo responde a un mundo ideado para servir a las necesidades del gran capital. Los campesinos abandonan sus campos seducidos por una idea engañosa de la ciudad.

En ocasiones son desalojados sin más, como consecuencia del desarrollo de gigantescas infraestructuras. Privados del amparo de su medio natural se concentran en barriadas miseria al lado mismo de las fábricas propiciando que cualquier accidente se convierta en una tragedia humana**.

–Ayudar está de moda, no hay multinacional que no gaste fortunas en anunciar a bombo y platillo los beneficios de sus proyectos de colaboración en el Tercer Mundo.

–La ayuda y el dinero por sí solas no bastan. Es necesario involucrase en los proyectos, dotarlos de un sentido humano. Hay una frase que resume bien esta idea: Hay que merecer el derecho a dar. Donar dinero por sí solo es fácil, no tiene especial mérito.

fotoDe la Madre Teresa (der.) aprendí muchas cosas, pero creo que la principal es la de situar la dimensión humana por encima de todo. Para ayudar a los demás con efectividad no hace falta embarcarse en aparatosos proyectos ni acudir a la India o a otros destinos más o menos exóticos. Todos tenemos gente a nuestro lado que sufre escasez, quizás no de bienes materiales pero sí de atención, cariño o, al menos, de un trato digno.

La Madre Teresa afirmaba sentir piedad de las condiciones en las que se desenvolvía la vida de muchos occidentales, acompañados únicamente por su soledad. Preguntaba si era cierto el hecho de que muchos ancianos morían solos en sus casas sin que nadie se enterase y al recibir una respuesta afirmativa se compadecía de la forma de vida imperante en las sociedades más avanzadas del planeta.

En las manos de todos está comenzar un cambio a mejor en nuestras relaciones, no importa lo pequeño o insignificante que pueda parecernos en un principio. Las consecuencias positivas de este cambio pueden ser incalculables.

–¿Qué futuro espera a las regiones y países más deprimidos del mundo?

El futuro del Tercer Mundo y de todas las zonas depauperadas pasa por la inversión en educación y en proyectos sanitarios a largo plazo. El papel de la mujer es también fundamental a la hora de ayudar a los más desfavorecidos a salir de la trampa del subdesarrollo.

Es un hecho comprobado que la mujer es capaz de invertir el dinero de las ayudas concedidas de una forma más provechosa para su familia, lo que al final redunda en un mayor beneficio para toda la comunidad. La India es un claro ejemplo de lo dicho, en la educación y en las mujeres está el futuro y el desarrollo sostenible de este país.

–Durante años publicó sus libros en compañía del escritor inglés, ya fallecido, Larry Collins. También ha escrito en colaboración con su sobrino Javier Moro. ¿Escribir a dúo es una experiencia más gratificante que hacerlo en solitario?

–Es una experiencia diferente. Es cierto, aunque pueda sonar a tópico, que cuatro ojos ven más que dos. Buena parte de los libros que he escrito requieren grandes dosis de investigación por lo que puede ser de gran utilidad repartirse el campo y complementarlo con una visión diferente a la propia.

–Acaba de presentar un libro sobre un viaje ocurrido hace décadas, ¿tiene en mente algún otro libro?

–Ciertamente. De un modo u otro nunca he dejado de escribir a lo largo de mi vida.

–¿Podría adelantarnos algo?

He prometido volver a Vitoria*** en un par de años. Para entonces ya estaré en disposición de hablar con detenimiento del libro que preparo y que, por ahora, sólo es un esbozo.

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* Periodista español.

** Sobre algunos grandes desastres provocados en el planeta por la contaminación, puede leerse en Piel de Leopardo La contaminación, el enemigo invencible
www.pieldeleopardo.com/modules.php?name=News&file=article&sid=1400.
De manera específica sobre el desastre provocado por la Uniion Carbide en Bofal, India, puede leerse en Piel de Leopardo El holcausto olvidado
www.pieldeleopardo.com/modules.php?name=News&file=article&sid=650.

*** Capital de Euzkadi, ciudad donde tuvo lugar la conversación.

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