Jun 21 2009
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Sociedad

Amazonia: ¿qué reclaman los indígenas del Perú amazónico?

Ernesto Carmona*

Los muertos –que no entierran a sus muertos como a muchos gustaría, y que otros, vivos, quisieran considerar nunca existentes– abandonaron la primera plana cuando el último calor dejó sus cuerpos masacrados, pero las razones de sus muertes nunca, en realidad, fueron debidamente discutidas. En el magro silencio temporal del duelo, más allá del a veces grotesco anecdotario superficial, conviene precisar el alcance de sus batallas. Y por qué éstas envuelven a buena parte de América del Sur, sin considerar fronteras nacionales. Es lo que hace Ernesto Carmona en este artículo.

El trasfondo de la legítima reclamación de los indígenas del Perú radica en que sus vidas están en peligro desde que el gobierno de Alan García decretó entregar concesiones en extensos territorios de la Amazonía a la voracidad de numerosas transnacionales mineras, petroleras y gasíferas.  Pero esta olea de concesiones en la selva virgen amenaza, además, a toda la Amazonia occidental –en Colombia, Ecuador, Perú. Brasil e incluso Bolivia–, según estudios científicos ocultados por la gran prensa internacional.

Los indígenas amazónicos del Perú, a quienes la corresponsal peruana de CNN –Maria Elena Belaúnde– suele llamar "revoltosos", sólo desean salvar a sus tierras nativas –junto con la biodiversidad de la selva y del bosque autóctono– de una inminente destrucción ante una inminente búsqueda y explotación de hidrocarburos, según una investigación de noticias censuradas del académico estadounidense Rob Hunter, sometida a la consideración del Proyecto Censurado de la Universidad Sonoma State de California versión 2009/2010.

Desde hace un año se conocen los estudios investigados por Hunter, a partir de su divulgación en 2008 en publicaciones como el diario The Guardian, de Londres, el sitio Common Dreams, el periódico sobre medio ambiente PLoS One y otros medios independientes distintos a la gran prensa mundial. Hoy está en peligro toda la Amazonía occidental, que alberga a la mayor biodiversidad y selva tropical y la única que todavía permanece intacta en el planeta, que pronto puede llegar a convertirse en un territorio cubierto de tuberías y plataformas petroleras.

Una investigación publicada por PLoS One (1) sacó a la luz que por lo menos 35 corporaciones transnacionales de petróleo y gas operan más de 180 "bloques", o áreas zonificadas para exploración y desarrollo insertas en el corazón de selva occidental de esos cinco países suramericanos, abarcando un territorio de más de 688.000 km2, tan extenso como el estado de Texas.

La tragedia humana se debe a que la Amazonía occidental también constituye el hogar de numerosos grupos étnicos, incluyendo a algunos de los últimos pueblos indígenas que prefieren vivir en aislamiento voluntario, sin ningún contacto con el mundo cruel del capitalismo salvaje y depredador. El territorio contiene una diversidad cultural y biológica tan extraordinaria que los científicos ambientales lo denominan “el pulmón del planeta”, pero por desgracia contiene grandes reservas de petróleo y gas.

Negocio es negocio

Los elevados precios de los hidrocarburos y su demanda global cada vez mayor estimulan niveles sin precedentes de nuevas exploraciones para la futura extracción de petróleo y gas, amenazando con la devastación ambiental y cultural. Por ejemplo, de los 64 bloques que cubren el 72% de la Amazonía del Perú –creados todos a partir de 2004–, por lo menos 16 fueron aprobados por el gobierno de Alan García en 2008. Y hasta 58 de estos 64 bloques corresponden a tierras cuyos dueños legítimos son los pueblos indígenas, mientras otras 17 áreas propuestas para su exploración abarcan incluso reservas declaradas explícitamente por ley como el hábitat natural y legítimo de grupos indígenas en aislamiento voluntario.

La supuesta "instigación del comunismo internacional", o de los gobiernos “enemigos” de Venezuela y Bolivia, que "denuncia" el presidente Alan García no es más que la resistencia política indígena a la depredación de las transnacionales. El peligro de perderlo todo ha conducido cada vez más a las etnias a una eficaz organización para hacer valer sus derechos en los ámbitos nacional e internacional. “Esta expansión de las exploraciones se desarrolla en detrimento de nuestra gente y de la Madre Tierra”, advirtió José Antúnez, líder del pueblo Ashaninka de Perú. (2)

Por más de tres años, investigadores de instituciones sin fines de lucro de EEUU, como "Save America’s Forests" (Salvemos la Selva Americana) y "Land Is Life" (Tierra es Vida), junto con científicos de la Universidad de Duke, han elaborado un mapa de las actividades corporativas en busca de gas e petróleo a través de la Amazonía occidental. El resultado ha sido una evaluación alarmante de las amenazas que se ciernen sobre la biodiversidad y la población indígena de la región. El trazado muestra en detalle los proyectos de extracción de petróleo y gas de 35 compañías transnacionales en las áreas del Amazonas más propicias para la vida de diferentes especies de mamíferos, pájaros y anfibios.

Los investigadores confeccionaron su mapa utilizando información oficial, suministradas por los propios gobiernos, respecto a las tierras que durante los últimos cuatro años se han arrendado o concesionado para que las transnacionales energéticas busquen petróleo y gas amazónicos en Brasil, Perú, Ecuador, Bolivia y Colombia. Los mapas muestran que las regiones elegidas para los proyectos de petróleo y gas en Perú y Ecuador ya abarcan a más de dos tercios de su Amazonía.

Preparando un gran agujero

“Hemos estado siguiendo los desarrollos de petróleo y gas en el Amazonas desde 2004 y el cuadro está cambiando ante nuestros ojos”, dijo Matt Finer, de Salvemos la Selva Americana, un grupo conservacionista de EEUU. “Cuando ustedes observen dónde están localizados los bloques de petróleo y gas, verán que se ubican perfectamente encima de las áreas de mayor biodiversidad, casi como si lo hubiera exigido así su diseño, y ésta no es un zona cualquiera, o una más entre la mayoría, sino precisamente el área de mayor biodiversidad de la tierra”. (2)

En algunas zonas ya se han descubierto reservas de petróleo y gas, pero en otras zonas, las corporaciones necesitarán eliminar antes el bosque para verificar la certeza de sus especulaciones y luego, iniciar prospecciones que incluyen perforaciones de explosión sísmica como medio de prueba. Típicamente, las compañías dedican siete años a explorar una región antes de decidir si entrarán de lleno a explotar la producción.

“La mayor preocupación realmente surge cuando la exploración de la zona resulta acertada, porque entonces comienza la fase de desarrollo, con grandes movimientos de tierra, construcción de caminos, perforaciones e instalación de redes de tuberías”, dijo Finer. El artículo del periódico PLoS One, Finer y otros científicos de la Universidad de Duke, Carolina del Norte, y voceros de Tierra es Vida, un grupo medio ambiental de Massachussets, llamaron a los gobiernos suramericanos a que repiensen cómo explotarán sus reservas energéticas en el Amazonas.

Los autores exigen, entretanto, que las sometan a una consideración seria de las autoridades de cada país la evaluación del impacto ambiental y de las consecuencias para el medio ambiente de sus proyectos, a menudo decididos de manera individual, por cada transnacional, en vez de colectivamente. “No están observando el cuadro completo de lo que sucederá, ni tampoco verifican si, al mismo tiempo, existen cerca otros proyectos similares por ejecutarse”, dijeron.

“Cada compañía podría estar creyendo individualmente que está actuando de manera relativamente responsable y custodiará bajo su control sus propias redes de carreteras, y así sucesivamente, pero ¿qué sucede cuando existen otros 15 proyectos alrededor?”, preguntó Finer. “De pronto, cuando se observe el cuadro completo, saltará a la vista una extensa red de caminos”, añadió, al parecer estimando posible que las transnacionales competidoras entre sí mismas pudieran hacer acuerdos conjuntos de explotación.

Los gobiernos deben actuar

La construcción de extensas redes de carreteras hará previamente inaccesible la selva, con el riesgo de la tala de árboles y la caza ilegal, argumentaron vehementemente los autores de los estudios. Los investigadores urgieron a las compañías a adoptar una moratoria en la construcción de nueva carreteras y en su lugar, utilizar helicópteros para desplazar personal y maquinaria hasta los sitios de exploración, como ya lo han hecho en algunas locaciones. También llamaron a los gobiernos a adoptar una visión de conjunto sobre las consecuencias de nuevos proyectos lesivos para el medio ambiente, evaluándolos más bien como grupo de países que individualmente.

La investigación del equipo científico encontró que muchos proyectos de exploración y extracción se encuentran en tierras que son el hogar ancestral de etnias indígenas que no han sido consultadas, ni se las pedido ninguna opinión acerca de continuar, o interrumpir, tales proyectos. Por lo menos así ha ocurrido en 58 de las 64 regiones asignadas en Perú, donde numerosas comunidades viven en aislamiento voluntario, incluyendo 17 áreas en que se está infringiendo su actual estatus legal de reserva destinada exclusivamente al hábitat de grupos indígenas.

“La manera en que se está llevando a cabo el desarrollo del Amazonas occidental es una violación gruesa de los derechos de los pueblos indígenas de la región”, dijo Brain Keane, de la organización Tierra es Vida. “Los tratados internacionales de derechos humanos interamericanos que han ratificado mediante leyes los países involucrados, reconocen el derecho de los pueblos indígenas a sus tierras y prohíben explícitamente que –sin su consentimiento previo– se otorguen concesiones de recursos naturales en los territorios en que estos pueblos viven en libertad”, añadió.

Los informes plantean que la comunidad internacional debería compensar a los pueblos indígenas del Amazonas si desea que abandonen su selva virgen. Ecuador ha dicho que no permitirá desarrollar sus grandes reservas de petróleo todavía intactas si no recibe una regalía o compensación antes de fin de año, refiriéndose a 2008, una postura que los demás países todavía no toman en cuenta. Pero Ecuador es el primer país del mundo que incorporó a su nueva Constitución los derechos de la tierra, de los recursos naturales y de la biodiversidad.

Notas

1) “Oil and Gas Projects in the Western Amazon: Threats to Wilderness, Biodiversity, and Indigenous Peoples” Matt Finer et al, PLoS One, 8/2008. aquí.

2) Artículo de Ian Sample en The Guardian, del Reino Unido, publicado el 13 de agosto de 2008.

Ver también

– Oil And Gas Projects In Western Amazon Threaten Biodiversity And Indigenous Peoples, ScienceDaily, 8/14/08. aquí.

– Amazon Rainforest Threatened By New Wave of Oil and Gas Exploration, Ian Sample, The Guardian/UK, 8/13/08. aquí.


* Periodista.

Despacho de
www.argenpress.info.
 

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