Feb 2 2010
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Opinión

América del Sur: la democracia cristiana, una fuerza de derecha

Alberto Maldonado S.*

La gran prensa “sipiana” ( de la SIP) proclamó a los cuatro vientos que la derecha chilena “regresaba” al poder con el triunfo electoral del multimillonario pinochetista Sebastián Piñera. Y nosotros preguntamos: ¿es que la ultraderecha chilena estuvo algún momento fuera de Chile? Porque para regresar, hay que irse primero. Y la Concertación nunca fue en Chile una alternativa de izquierda.

A la distancia (entre Chile y Ecuador) uno siempre puede tener percepciones equivocadas ya que una cosa es vivir una situación; y otra, muy distinta, que le cuenten. Pero de toda la parafernalia que produjo en nuestra prensa sipiana el estrecho triunfo del multimillonario pinochetista, no he leído un solo artículo que diga o asegure o afirme que Chile, en los últimos 20 años de Concertación, haya estado ni siquiera en un centro izquierdismo.

Verdad es que a raíz de las derrotas plebiscitarias del feroz tirano y su equipo de asesinos, Chile regresó a una especie de limbo jurídico de manera que por lo menos dejaron de producirse las desapariciones forzadas, las liquidaciones políticas a mansalva, la impunidad más absoluta para los genocidas; y el medio millón de chilenos, que tuvo que escoger el exilio para salvar sus vidas y las de sus familias, pudo retornar a la patria, poco a poco, con cautela.

En 20 años de “democracia y libertad” como suelen proclamar los enemigos precisamente de la democracia y la libertad, Chile ha logrado retornar a una cierta normalidad, si aceptamos que es “normal” que un país tenga un sistema económico, político y social inequitativo, con un pequeño sector de gentes que “están muy bien” (el sector oligárquico burocrático) frente a un gran sector que acusa grandes carencias, desempleo (Chile en el 2009 acusó un 12 por ciento de desempleo) inseguridad social, bajísimos salarios y etcétera; esos índices que en nuestros países identifican al neoliberalismo salvaje.

Pero, lo que resulta cínico es que la gran prensa sipiana asegure que “la derecha retornaba al poder en reemplazo de una izquierda que supuestamente “ha sido derrotada” Como que los 20 años de Concertación hubiesen sido un continuismo de Salvador Allende, ese si un socialista de izquierda que prefirió inmolarse en La Moneda, antes que rendirse a los bestiales militares golpistas  Y nada más insensato que aquello.

Por la composición y las actitudes de poder, la Concertación, ideológicamente, podría ubicarse en una tímida social democracia cuando no en una calculadora democracia cristiana. Lo de social democracia, por la presencia de lo que había quedado del socialismo de Allende; pero temeroso y cauto socialismo, más interesado en no despertar a ese gorilismo salvaje que se tomó el poder durante 17 años y que asesinó y persiguió al que era y al que no era. Tan siquiera pudo lograr la anulación del decreto de la “obediencia debida”, mejor dicho, de la impunidad total de los represores. Por lo menos en Argentina, lograron romper ese inicuo cerco y llevar a los tribunales de justicia a algunos de los feroces represores gorilas, que fueron más bestiales que los chilenos, aunque un poco menos ladrones.

De los 20 años de gobierno de los partidos de la Concertación, socialistas y democristianos se dividieron el poder mitad, mitad. Excepto la señora Bachelet, que en el último período trató de hacer algo por lo menos populista (de ahí su alto grado de aceptación) los 16 años restantes fueron para Chile una confirmación del más crudo e inhumano neoliberalismo. Inclusive, para no alertar a la jauría de los leones que duerme a pierna suelta su banquete dictatorial en los cuarteles, tuvo que aceptar y someterse a la constitución que fue elaborada por los genocidas y hasta al mismísimo Pinochet como senador vitalicio. ¿Podría alguien, sin sonrojarse, afirmar que esas dos décadas fueron de un poder izquierdista?

En Argentina, la gorilocracia que se apoderó del poder político ha sido enjuiciada y está en situación de arresto domiciliario. Contra su capitán, el general “Flaco” Videla, a quien por poco no le elevan a los altares en vida asegurando que había salvado a la nación del comunismo y del terrorismo, desde Alemania, un juez de lo penal acaba de dictar orden de prisión por el asesinato de un súbdito alemán. Pero, ¿en Chile….?

Quizá valga la pena recordar que el único susto del general y su consorte lo pasaron en Londres pero en jaula de oro y eso también porque un juez español (el famoso Juez Garzón) pidió que lo detuvieran para una extradición a España a fin de que responda por crímenes y desapariciones en Chile. El susto duró cerca de un año, hasta que precisamente el Presidente Frei hijo (si mal no recuerdo) fue quien batalló a brazo partido por lograr que Pinochet sea reenviado a Chile. Y así fue.

Todo el mundo recuerda que el generalito llegó en silla de ruedas y en avión expresamente contratado por el ejército chileno a Santiago; y tan pronto como pisó suelo patrio, se levantó muy presto y ágil para abrazar a su sucesor en el mando del gorilismo de ese país. Solo entonces el mundo se enteró que aquello de que estaba gravemente enfermo fue una solemne farsa, montada para lograr su inmunidad.

De vuelta al motivo de este comentario, los ecuatorianos en cambio recordamos frescos los dos gobiernos que la democracia cristiana, bajo la denominación de democracia popular, ha tenido este sector político que, dicho sea de paso, nunca fue popular que digamos. Ninguno de los dos gobiernos estuvo cerca de una posición de avanzada, de signo izquierdista, ni siquiera social demócrata.

 Oswaldo Hurtado Larrea, el líder histórico de la democracia cristiana ecuatoriana, cierto es que pintaba y presumía de ciertas posiciones izquierdistas (el libro Dos Mundos Superpuestos lo escribió cuando presumía de un sociólogo objetivo y claro) pero fue porque tenía como su principal adversario a los social cristianos, con el Ing. León Febres Cordero a la cabeza. Y el ingeniero representaba en los años 70 y 80 una posición ultrista, muy cercana al fundamentalismo. Años después, el propio doctor Hurtado habría de presidir un congreso de la democracia popular que no solo se cambio de nombre (volvió a ser democracia cristiana) sino que en sus nuevos estatutos ratificaron su posición de neoconservadores (los nuevos conservadores)  a quienes los críticos y humoristas de siempre calificaron como “los conservadores reencauchados”

Pero ¿qué hizo el doctor Hurtado como gobierno de centro izquierda? Nada, absolutamente nada. Al contrario, a título de tradicionalista, quiso parar la historia y volver al pasado reciente. Y, como referente de a quién servía, el Dr. Hurtado, casi al finalizar su mandato (1981-1984) que lo heredó de Jaime Roldos, un joven político de tendencia social demócrata que murió en un hasta hoy día obscuro accidente aviatorio (mayo 24/1981) decretó lo que se conoce en el Ecuador como “sucretización” de la deuda externa privada.

El sucre (el signo monetario nacional) caía en picada frente al dólar y los empresarios locales (especialmente importadores) se veían cada vez en mayores dificultades para pagar sus créditos en dólares USA Al doctor Hurtado y su equipo de gobierno demócrata cristiano no les ocurrió mejor manera de “salvarles de la quiebra” que fijándoles un precio fijo, en sucres, por cada dólar que les vendía el Estado. De esta manera, mientras en el mercado de valores el dólar se cotizaba en 100, 150 sucres, los comerciantes tenían asegurado un dólar a 50 sucres (los valores anotados no son los registrados por el Banco Central) La “sucretización” perjudicó grandemente a todos los ecuatorianos ya que el “sucesor” (Febres Cordero) no solo que consolidó “el acierto” sino que les dio más plazo para que los “pobrecitos empresarios” puedan pagar sus deudas y beneficiarse de la medida.

Un segundo mandato constitucional de la democracia cristiana se produjo en 1998, cuando Jamil Mahuad, a quien le presentaba como un líder joven, culto y honesto, logró derrotar al multimillonario Álvaro Noboa, por escaso margen de votos (muchos hablaron, sin demostrarlo, que se había cometido un fraude electoral)  Para no alargar el cuento, Mahuad fue el Presidente de la quiebra bancaria de 1999 (que tantos males le ha arrojado al país, hasta hoy, primera década del 2010) y de la dolarización de la economía nacional (enero 9/2000) Mahuad fue echado del poder por una insurrección popular 15 días después; y desde esa fecha, vive en Estados Unidos, dictando clases y conferencias en Harvard.

¿Puede alguien sostener, sin sonrojarse, que esos dos episodios tuvieron por lo menos un brochazo de izquierdismo? De ninguna manera, como de ninguna manera puede decirse que la izquierda chilena estuvo durante los 20 años de mandato de la Concertación. Por ello –me hacía notar un amigo de esos que andan “fijándose en todo”- cuando los partidos de esa coalición escogieron como candidato al expresidente Frei lo hicieron a propósito: PARA PERDER ya que ese señor, con su rostro tan duro y de pocos amigos, “seguramente no entusiasma ni en casa” Y el mismo amigo, después de ver el video en el que aparecía Frei y su esposa felicitando al ganador y su cónyuge, dejó caer otro comentario que puede resultar muy perspicaz: “Pero si Frei parecía más contento de la derrota que Piñera del triunfo”.

Por lo tanto, el regocijo de la prensa sipiana continental por este apretado triunfo de la derecha frente a la derecha timorata, no puede adjudicarse a un “equívoco” ingenuo o fortuito. Lo que la prensa sipiana celebraba era que ¡al fin! desde Chile (el país “ejemplo” del neoliberalismo más “avanzado”) habría una voz “firme y consecuente” con los gobiernos retrógrados (Colombia, en primer lugar, Panamá, Perú, México; y ahora, Honduras, con el Lobo ese) que vienen tratando de soplar en contra de los vientos esos si democráticos y populares que luchan por imponer un nuevo sistema económico, político y social.

Sin ser adivinos, podemos anticipar que Piñera y sus pinochetistas estarán en primera línea tratando de contener que en Chile vuelva a circular el hombre y la mujer  libres y soberanos, que Allende quiso edificar.

* Periodista. Ex decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad Central, Quito, Ecuador.

 

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