Ene 21 2010
1643 lecturas

Cultura

Antes del terremoto: datos de Haití

Surysur

En 1492 Colón pisó tierra en la isla y describió lo que ahí veía como “el Paraíso”. El lugar era suficientemente fértil como para producir todo tipo de frutas, todo tipo de siembras. Antes de su llegada, la isla estaba habitada por las etnias arawak, caribes y taínos; su población estimada entonces era de unos 300.000 habitantes que en pocos decenios desaparecieron casi enteramente. En 1540 no quedaba un solo individuo originario de la isla, todos habían muerto por las enfermedades y por las matanzas desatadas por sus opresores.

Primero los españoles, y luego los franceses: desembarcaban en África, sacaban a la fuerza a sus pueblos y los traían a América; así poblaron la isla. De cada 10 habitantes, 8 eran esclavos; uno era mulato, es decir, hijo de una negra violada por algún colono, y el único que quedaba, era el colono, y éste dominaba al resto de la población.  

Habitada también por franceses y otros europeos atraídos por el azúcar, los imperios coloniales de Europa comenzaron a disputarse la isla. En 1697 España cedió a Francia la parte occidental, por el Tratado de Ryswick.

En los siglos XVII y XVIII Haití era la colonia más rica de América entera –incluyendo a México y Perú, ricas en minerales–. Una razón era su gran riqueza agrícola, la otra razón fue que Haití era esencialmente una colonia explotadora de esclavos. Los propietarios de las plantaciones de Francia en Haití se hicieron extremadamente ricos literalmente a costa del trabajo de sus esclavos a los que explotaban hasta la muerte. A mediados del XVIII Haití contaba con una población de 300.000 esclavos y apenas 12.000 personas libres, blancos y mulatos principalmente.

En agosto de 1791, los esclavos de Haití iniciaron una rebelión violenta la que finalmente condujo a la plena independencia de la nación en 1804. Napoleón sostuvo durante varios años la más cruenta y cruel invasión para volver a reducir a Haití a la esclavitud, imponiendo torturas ejemplarizantes a los prisioneros de guerra.

Toussaint L’Ouverture, lideró la revolución desde el comienzo y por doce años, pero en 1803 fue apresado y murió deportado en Francia el mismo año.

La revolución no había terminado y luego de una serie de campañas heroicas, negros y mulatos unidos obligaron a las tropas francesas a capitular; la independencia se proclamó el 28 de noviembre de 1803 y Haití se convirtió así en el primer Estado independiente de América Latina. Por primera vez en la historia universal, los esclavos emprendían una Revolución, y ganaban y declaraban la independencia… ¡por primera vez en la historia! Esto lo hizo el pueblo haitiano y todavía hoy paga por su atrevimiento.

Los franceses son bien responsables de la situación de Haití. La acumulación económica y el posterior desarrollo industrial y social de la sociedad francesa de los siglos XVI-XVIII se montó, al igual que el de la Europa colonialista, sobre la explotación de las factorías esclavistas del Caribe y del resto de América, de la explotación de recursos naturales, de la extracción de impuestos y del comercio de esclavos.

Encima de eso los franceses impusieron una ridícula y escandalosa indemnización de 93 millones de francos a su ex colonia por la pérdida de esclavos y propiedades, para lo que Haití tuvo que contratar inmensos préstamos en Europa, que pagó en su mayoría con madera. Después de la independencia, especuladores y plantadores de la clase alta expulsaron a las clases campesinas de los pocos valles fértiles hacia las zonas rurales boscosas y escarpadas, cuyas estrechas parcelas cultivadas intensivamente con maíz, frijol y yuca se combinaron con una industria creciente de carbón vegetal y madera para combustible que exacerbó la deforestación y la pérdida de suelo.

La política de exclusión de las clases esclavistas de América Latina y del Sur de EEUU y el Caribe, interesadas en preservar la esclavitud negra (Cuba en 1885 y Brasil en 1888 fueron los últimos en abolir la esclavitud) dificultaron el desarrollo de la isla. Las nuevas repúblicas esclavistas de Angloamérica y Latinoamérica compartieron la política de exclusión, racismo y sabotaje contra Haití, para evitar que el mal ejemplo de los negros libres contagiara a sus esclavos.

Haití tuvo un periodo de relativa recuperación a finales del siglo XIX coincidiendo con la liquidación de la esclavitud en toda América. No obstante, desde su independencia en 1804, su historia quedará marcada por las constantes luchas entre grupos raciales, particularmente los negros y los mulatos.

En 1822, las tropas haitianas invadieron la parte oriental de la isla de La Española (República Dominicana), que recobraría su independencia en 1844. La gran inestabilidad política del país sirvió a Estados Unidos como pretexto para invadirlo en 1915. En 1918, los norteamericanos reprimieron sangrientamente una revuelta paisana (más de 15.000 muertos). La hostilidad de la población con respecto a los ocupantes creció, y condujo finalmente, en agosto de 1934, a la partida de los norteamericanos.

Hasta 1957 el ejército haitiano asumió la vida política del país y fue en este año que ese mismo ejército y Estados Unidos llevaron a la presidencia a François Duvalier. A través de Duvalier, el ejército, la burguesía comercial, la jerarquía eclesiástica y la burocracia estatal, ligados al Departamento de Estado norteamericano, controlaron la vida del país por más de 30 años.

El régimen Duvalier se apoyaba en una milicia paramilitar, los Voluntarios de la Seguridad Nacional (VSN), apodados los "tontons macoutes", que sembraron el terror en las filas de la oposición y lograron sofocar toda resistencia.

En 1964, Duvalier (conocido popularmente como Papá Doc) se declaró presidente vitalicio. A su muerte, en 1971, su hijo Jean-Claude Duvalier (Nene Doc) heredó la presidencia y su bestial dictadura siguió empobreciendo y devastando el país. Desgastado a nivel internacional por las permanentes denuncias de violaciones a los derechos humanos y, dentro de fronteras, por una activa oposición, el gobierno de Duvalier llamó a elecciones en 1984. La abstención alcanzó el 61% del electorado. La oposición creció y se organizó en partidos y sindicatos, mientras el régimen se convertía en una carga para Estados Unidos.

La represión aumentó y en 1985 se calculaban en 40.000 los asesinatos cometidos por el régimen de Nene Doc. En medio de una creciente ola de protestas y huelgas en todo el país, Duvalier huyó en un avión de la fuerza aérea norteamericana para recibir luego asilo transitorio de parte del gobierno de Francia.

La huida del dictador no detuvo la movilización del pueblo. Los linchamientos masivos a miembros de los paramilitares tonton-macoutes obligaron al Consejo Nacional de Gobierno a disolver este cuerpo represivo.

Desde 1986 el país se debate entre derrocamientos y gobiernos provisionales encontrando un leve respiro y esperanza en la elección como presidente del sacerdote Jean Bertrand Aristide a quien posteriormente la propia jerarquía eclesiástica le dio la espalda censurándolo por su postura frontal y revolucionaria. Tras una grave crisis interna en el año 2004, Haití fue ocupada por los "cascos azules" de la ONU. En el 2006, René Préval es elegido presidente.

 Haití es en la actualidad el país más pobre del continente americano, ocupa el puesto 108 en el índice de desarrollo humano: el 65% de la población vive por debajo de la línea de la pobreza y en cuanto a la esperanza de vida, ésta no supera los 50 años. Un número significativo de personas no tiene trabajo (cerca de un 80 por ciento), ni acceso a la salud (casi el 90 por ciento).

La vida en Haití parece detenida en el tiempo: los pobladores compran el agua por la calle a una suerte de aguadores, que con enormes recipientes sobre su cabeza ofrecen el vital líquido. Es común ver a la gente bañarse en la calle en aguas nauseabundas, y dormir a la intemperie en casas rudimentarias entre escombros y basura.

Las condiciones de vida y salud son de las más precarias del mundo. La pobreza es el denominador común de una población con índices sanitarios de terror. El 47 % de los haitianos sufre de desnutrición crónica y de los que sobreviven, un 60 % muere de VIH-SIDA

El arroz constituye 20% de la dieta en Haití, y ese porcentaje aumenta. En 1981 importó 16 000 toneladas. Hoy se introducen más de 350 000 al año. En el país se produce menos de un cuarto del que se consume.

La pobreza resulta extrema en gran parte de la población, tanto que sus ingresos no les alcanza para adquirir un poco de arroz u otros alimentos básicos, debíendo alimentarse para subsistir con una especie de galletas hechas de lodo (barro), manteca vegetal y sal, que es vendida a bajo precio, lo que acarrea secuelas de desnutrición y otros males físicos.

Desde el principio de la fatal conquista, el país ha ido perdiendo tanto tierra como sangre. Hoy queda menos de 4% de los bosques de Haití y en muchos lugares el suelo se ha erosionado hasta la capa rocosa. De 1991 a 2002, la producción alimenticia per cápita ha disminuido 30 por ciento.  La situación de Haití es la de un cuerpo sin sistema inmune en el que toda suerte de microbio oportunista hace estragos.

El territorio que hoy cubre Haití, dentro de 50 años será inhabitable, ¡no se podrá vivir en ese territorio! No habrá nada, ni agua, ni recursos forestales. Haití representa una dolorosa lección de lo que los científicos del suelo han predicado por años: “Cuando se pierde el suelo de una nación, también la nación se pierde”.

Hoy es noticia el terremoto pero ayer no era noticia que cada año mueren 26.000 niños de menos de cinco años de edad ¡y mueren de hambre, cada año! Es noticia el terremoto, dentro de una semana, cuando se acaben las historias morbosas, Haití dejará de ser noticia, y su pueblo volverá a pasar al olvido.

No hay certeza sobre lo que pasará con todos esos millones en dinero y todas esas toneladas de alimentos, lo que si es seguro es que toda esa caridad de la farándula deportiva, política y artística, este año será premiada con más jugosos contratos, más miles de votos y más superventas millonarias para seguir sosteniendo sus ostentosas vidas de fantasía.

Es terriblemente irónico y obsceno el hecho de que el costo de un solo día en la vida de alguno de estos personajes pueda equivaler al costo de toda una vida para un habitante común de la isla.

El mundo es, ha sido y seguirá siendo una porkeria.

 

X

Envíe a un amigo

Su nombre (requerido)

Su Email (requerido)

Amigo(requerido)

Mensaje

Añadir comentario