Ago 5 2016
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Pol铆tica

Apuntes de un veterano fidelista

El 10 de marzo de 1952, de un portazo, se cerr贸 un cap铆tulo de la historia de Cuba. Fulgencio Batista -quien dos d茅cadas antes implant贸 una f茅rrea dictadura y liquid贸 al gobierno revolucionario de apenas cien d铆as surgido en 1933 a la ca铆da de Gerardo Machado- con un pu帽ado de sus antiguos colaboradores se hizo otra vez del poder. El nuevo golpe de Estado se llev贸 a cabo sin mayores tropiezos. Concluy贸 as铆 la breve experiencia cubana con la 鈥渄emocracia representativa鈥 la cual dur贸 s贸lo los dos periodos del Partido Revolucionario Cubano (Aut茅ntico), que hab铆a gobernado poco m谩s de siete a帽os.

El 鈥渁utenticismo鈥 se presentaba como heredero de la revoluci贸n del 33, en la que sus principales dirigentes hab铆an tenido una participaci贸n destacada, pero no avanz贸 m谩s all谩 del nacional-reformismo, cre贸 algunas instituciones necesarias y dio muestras de una pol铆tica exterior independiente en algunos temas importantes en la ONU y la OEA. Pero su obra de gobierno estuvo lastrada por la corrupci贸n que invadi贸 casi todas las ramas de la administraci贸n y su adhesi贸n al macartismo que propici贸 la divisi贸n del movimiento sindical y popular y el asesinato de algunos de sus principales l铆deres.cuba fidel 1980

La deshonestidad imperante provoc贸 la escisi贸n del autenticismo y el surgimiento del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) que levant贸 como principal bandera la consigna 鈥淰erg眉enza contra Dinero鈥. Entre sus fundadores estuvo un abogado reci茅n graduado llamado Fidel Castro Ruz.

Las elecciones generales, previstas para junio de 1952, enfrentaban, seg煤n todas las encuestas, a dos candidaturas: la 鈥渙rtodoxa鈥 encabezada por un respetable profesor universitario y la gubernamental, liderada por un 鈥渁ut茅ntico鈥 cuya honestidad no era cuestionada. Un tercer candidato, Batista, respaldado por grupos reaccionarios, aparec铆a en un lejano 煤ltimo lugar y nadie le conced铆a la m谩s m铆nima posibilidad de vencer en las urnas. Lo sab铆a en Cuba todo el mundo incluido Batista, quien por eso impidi贸 que el pueblo pudiera decidir.

El golpe de Estado y sus secuelas inmediatas hirieron profundamente a la sociedad cubana. Batista recibi贸 el apoyo inmediato de los grandes propietarios as铆 como de las fuerzas pol铆ticas conservadoras y la corrupta burocracia sindical. Los partidos pol铆ticos, tanto los agrupados alrededor del gobierno derrocado como sus oponentes, quedaron atrapados en la inacci贸n y la incoherencia. El autenticismo y la ortodoxia se dividieron en tendencias contradictorias y de ellos surgieron nuevos partidos, algunos dispuestos a colaborar o transigir con el nuevo r茅gimen. Ellos y todos los dem谩s partidos se enzarzaron en pol茅micas interminables incapaces de articular un camino frente a la tiran铆a.

cuna che fidelLa resistencia encontr贸 refugio en las universidades. De ellas surgieron las primeras manifestaciones y actos de protesta. Entre los estudiantes crec铆a la conciencia de la necesidad de actuar y de hacerlo de otro modo, empleando m茅todos diferentes a los de los pol铆ticos que hab铆an fracasado estrepitosamente. Se hablaba entonces de la lucha armada, pero nadie sab铆a c贸mo hacerla ni pose铆a los recursos para emprenderla. Hubo algunos intentos aislados mientras circulaban rumores acerca de planes dirigidos o vinculados al presidente depuesto el 10 de marzo.

Para quienes aun curs谩bamos la ense帽anza secundaria el asalto a los cuarteles militares de Santiago de Cuba (el Moncada) y Bayamo (Carlos Manuel de C茅spedes), el 26 de julio de 1953, fue una sorpresa absoluta. Nada sab铆amos de un acontecimiento que, sin embargo, marcar铆a para siempre nuestras vidas.

En las noticias brot贸 el nombre de alguien antes desconocido para nosotros: Fidel Castro.

Se ahond贸 la crisis pol铆tica. La tiran铆a se volvi贸 m谩s agresiva. Ilegaliz贸 al partido de los comunistas (PSP, Partido Socialista Popular) y clausur贸 sus publicaciones y aument贸 la represi贸n contra el movimiento estudiantil. Las acusaciones de Batista contra los comunistas buscaban las simpat铆as de Washington, pero nada ten铆an que ver con la realidad. El PSP no s贸lo fue ajeno a aquellos sucesos sino que conden贸 la acci贸n de los j贸venes revolucionarios como lo hicieron, casi sin excepci贸n, los dem谩s opositores a Batista.

Fidel-CastroNuevamente correspondi贸 al estudiantado reemplazar a los partidos incapaces de cumplir su funci贸n. La Federaci贸n Estudiantil Universitaria (FEU) se solidariz贸 con los asaltantes del Moncada y convoc贸 a una campa帽a por su liberaci贸n que pronto adquiri贸 dimensi贸n nacional y oblig贸 a la dictadura a amnistiarlos en 1955.

Ese mismo a帽o Fidel fund贸 el Movimiento 26 de Julio que, junto a los sobrevivientes de la acci贸n inicial cont贸, sobre todo, con j贸venes que en los barrios y en los centros de estudio se identificaron con aquel gesto heroico frente a las diatribas y las cr铆ticas de tirios y troyanos. Sus filas se nutr铆an con muchachos, no pocos adolescentes, que insurg铆an en medio de la frustraci贸n, la inercia y la divisi贸n, inspirados por una haza帽a que hab铆a estremecido a la tiran铆a pero tambi茅n a sus oponentes. Antonio L贸pez (脩ico) quien hab铆a dirigido el ataque al cuartel de Bayamo se encarg贸 de organizar las Brigadas Juveniles del M-26-7 hasta que march贸 a M茅xico para regresar con Fidel y morir combatiendo en la Sierra Maestra. Lo reemplaz贸 en La Habana Gerardo Abreu (Font谩n) un negro de origen muy humilde que no hab铆a concluido la ense帽anza primaria pero supo adquirir por s铆 mismo una amplia formaci贸n cultural y una sensibilidad po茅tica que causaba asombro entre los universitarios que tuvimos el privilegio de luchar bajo su jefatura. Tanto 脩ico como Font谩n, ambos procedentes de la Juventud Ortodoxa, conoc铆an el marxismo, compart铆an los ideales socialistas y eran profundamente antiimperialistas. Se empe帽aron en crear una organizaci贸n que incorporase masivamente a la nueva generaci贸n y lo lograron. A sus seguidores se les identificaba con una palabra: 鈥渇idelistas鈥.

La presencia de las Brigadas se hizo sentir r谩pidamente enviando su mensaje directamente al pueblo. Mientras la prensa y los pol铆ticos criticaban a Fidel y al Moncada, por todas partes, en cada rinc贸n de la capital, empleando recursos muy modestos, sus miembros pintaron una consigna breve pero que todos entend铆an -M-26-7- o un nombre que otros quer铆an silenciar: Fidel.

Frente al ambiente hostil que hac铆a imposible la lucha pol铆tica abierta, Fidel se march贸 a M茅xico con el fin de organizar el regreso para llevar a cabo la batalla que pondr铆a fin a la tiran铆a. Lo proclam贸 abiertamente asumiendo un compromiso hist贸rico 鈥撯渆n el 56 seremos libres o m谩rtires鈥- y afrontando nuevamente a los cultores de la inacci贸n y el des谩nimo. Y tambi茅n sus burlas: un peri贸dico gubernamental encabezaba su portada cada d铆a con la cifra que marcaba los d铆as transcurridos de 1956 sin que se hubiera cumplido la desafiante promesa.

Avanzaba noviembre y se intensificaba la propaganda contra los moncadistas. Las manifestaciones organizadas por la FEU y el reci茅n creado Directorio Revolucionario alcanzaron su cl铆max y provocaron el cierre de la universidad. El 煤ltimo d铆a del mes, como acci贸n de apoyo al desembarco, el M-26-7 llev贸 a cabo la insurrecci贸n en Santiago de Cuba. Dos d铆as despu茅s arribaron a las costas orientales Fidel y sus compa帽eros en el yate Granma, en lo que el Che describi贸 como un 鈥渘aufragio鈥. Dispersos y perseguidos por el ej茅rcito, un peque帽o grupo logr贸 finalmente reencontrarse en la Sierra Maestra. Una buena parte de los expedicionarios murieron combatiendo o fueron asesinados.

Entre ellos, seg煤n dieron cuenta las agencias noticiosas norteamericanas, su principal l铆der. La muerte de Fidel fue reportada en primera plana por todos los medios informativos. La angustia y la incertidumbre se mantuvo hasta que, pasado un tiempo que parec铆a interminable, poco a poco, por los canales clandestinos, se fue conociendo la verdad.

Los 煤ltimos dos a帽os de la dictadura fueron de cr铆menes y atropellos generalizados en las zonas urbanas, mientras el foco guerrillero inicial crec铆a hasta transformarse en el Ej茅rcito Rebelde.chile Fidel-Castro-Salvador-Allende

El 鈥渇idelismo鈥 alcanz贸 masividad. En la noche del 8 de noviembre de 1957 se produjeron en La Habana cien explosiones simult谩neamente, cada una en un barrio diferente y distante del otro. Eran artefactos m谩s bien artesanales que s贸lo produjeron ruido. No hubo heridos y nadie fue detenido por la polic铆a que se desplazaba fren茅tica de un lado a otro. Fue una demostraci贸n sonora de que el 26 estaba en todas partes y de la eficaz organizaci贸n de sus brigadas juveniles.

El asesinato de Font谩n, el 7 de febrero de 1958, desat贸 una huelga general estudiantil, que se extendi贸 hasta mayo, paraliz贸 todos los centros de ense帽anza, incluidos las universidades y academias privadas y provoc贸 la renuncia de dos ministros batistianos de Educaci贸n. Nunca antes se hab铆a producido en Cuba movimiento de tal amplitud y por tanto tiempo. Durante tres meses fracasaron todos los intentos, violentos o 鈥減ac铆ficos鈥, para ponerle fin. El paro estudiantil continu贸 incluso varias semanas despu茅s que el movimiento sufriese en La Habana su m谩s dolorosa y sangrienta derrota.

Pero el fracaso del intento de huelga general obrera, el 9 de abril, fue un golpe muy severo que diezm贸 a la militancia urbana, desbarat贸 casi por completo el aparato clandestino y permiti贸 a la dictadura movilizar miles de soldados para lanzar contra la Sierra Maestra lo que imaginaba ser铆a su ataque final. Otra vez todo depend铆a de Fidel y su liderazgo.

La ofensiva batistiana fracas贸 completamente. El Ej茅rcito Rebelde, consolidado en Oriente, envi贸 dos columnas, dirigidas por el Che y Camilo Cienfuegos, que atravesaron la mitad de la isla y vencieron en numerosos combates en su regi贸n central. Los rebeldes estaban pr贸ximos a liberar las ciudades de Santiago de Cuba y Santa Clara. El 煤ltimo d铆a de diciembre el dictador prepar贸 su fuga y en estrecha coordinaci贸n con el embajador norteamericano, dej贸 instalada en La Habana una Junta Militar que hubiera sido la continuidad de su r茅gimen. Para frustrar la maniobra, Fidel convoc贸 a la huelga general.

El primer d铆a del nuevo a帽o, desde muy temprano el pueblo se hizo due帽o de las calles en la capital. Las brigadas juveniles, desprovistas casi completamente de armas, ocuparon todas las estaciones de la polic铆a sin encontrar resistencia de una tropa desmoralizada y nerviosa. Hubo que enfrentar, sin embargo, los disparos de grupos paramilitares del batistato. La huelga continu贸 hasta el derrumbe total de la tiran铆a. El 8 de enero Fidel entr贸 triunfante en una ciudad que era ya, finalmente, 鈥渇idelista鈥.fidel-1

La Revoluci贸n triunfante deber铆a encarar obst谩culos m谩s poderosos y riesgos aun mayores durante m谩s de medio siglo. La agresi贸n pol铆tica, diplom谩tica y propagand铆stica, los ataques armados, la subversi贸n y los sabotajes y el bloqueo econ贸mico que aun contin煤a y es el genocidio m谩s prolongado de la historia. Y tambi茅n el derrumbe de la URSS y la desaparici贸n de aliados y socios comerciales y el aislamiento total de la isla. Ha sido un camino largo y tormentoso que el pueblo recorri贸 guiado por Fidel.

Cumple ahora noventa a帽os -el 13 de agosto- el hombre que debi贸 enfrentar m谩s de seiscientos planes de atentados contra su vida y cuya muerte ha sido anunciada en incontables ocasiones por la propaganda imperialista. Quiz谩 alg煤n d铆a sus enemigos deber谩n admitir que nunca lo podr谩n matar. Porque Fidel y su pueblo son uno y lo mismo. Y ese pueblo, en gran medida gracias a 茅l, es invencible.

* Ex presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular y ex ministro de Relaciones Exteriores de la Rep煤blica de Cuba. Publicado en 鈥淧unto Final鈥, edici贸n N潞 857, 5 de agosto 2016.

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