Nov 17 2004
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Opinión

Arafat y Bush en la historia

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Una de las primeras tonterías que dijo Bush al comenzar su segundo período, es que él nunca se había visto cara a cara con Arafat porque nunca lo dejó venir a Washington. Esto lo dijo jactanciosamente mientras el líder palestino agonizaba en Francia.

Arafat, históricamente, es para los palestinos lo que George Washington es para EE.UU. o Simón Bolivar para varias naciones sudamericanas. Pero ya está claro que en su visión obtusa de la Historia y su estilo político maniqueo y prepotente, Bush no podía entender eso, aunque sí lo comprendieron otros presidentes de la superpotencia, como James Carter Y Bill Clinton. Y esa comprensión llevó al principio básico de la solución del problema del Oriente Medio en los términos de la fórmula del líder israeli Isaac Rabin de “territorio por paz”, que sigue vigente.

El mundo entero, comenzando por la prensa norteamericana, sabe que Bush se repite en decir tonterías o conceptos erráticos que han sido bautizados como Bushims(Bushadas).

Fuerzas de la represión israelí han matado a centenares de palestinos en estas décadas del liderato e Arafat, pero es obvio que la dirigencia del Estado judío prefería ver muerto o políticamente destruído al líder palestino. Yasser Arafat, quien poco a poco, en una lucha paciente y corajuda, estaba logrando la independencia para su pueblo, era el David palestino contra el Goliat israelí. Una lucha desigual, pero justa. Como fue justa la lucha de los judios del exodo post II Guerra Mundial contra el dominio británico de Palestina, para lograr que el mundo, por una resolución de Naciones Unidas, reconociera al estado de Israel en 1948. Fue una lucha en la cual actuaron organizaciones judias como Hagana y Stern, que recurrieron a métodos terroristas, tanto o más que los atribuidos a la OLP de Arafat.

Arafat no fue un líder muy comprendido en el mundo. En su difícil posición, no siempre optó por decisiones acertadas. Después de los acuerdos de Oslo de 1993, que definían la coexistencia territorial de dos estados, uno israelí y otro palestino, rechazó en Washington una oferta del Yehud Barak de los territorios de Gaza y la ribera oeste del río Jordan, el “West Bank”, que, en la práctica, es el actual territorio palestino. Y ésta era fórmula con el respaldo del presidente Clinton.

Y es que el jefe histórico de los palestinos, con su estilo tranquilo y dubitativo, ya había logrado bastante -burla, burlando- para su pueblo, al punto que, en toda la globalización, de Washigton a Moscú, de Londres a París y hasta el propio Knesset -parlamento iraelí- en Jerusalem, ya se considera la independencia de un estado palestino, con el cual una mayoría de la opinion pública de Israel, espera vivir lado a lado, como buenos vecinos, en paz y seguridad, tal como lo proponía el gran general y líder israeli Isaac Rabin y ha propiciado la paciente gestión medidora de la presidencia de Estados Unidos, desde hace varios años, cuando el presidente Jimmy Carter reunió al
 presidente Sadat de Egipto y al primer ministro Menájem Begin de Israel en Camp David.

En los últimos años, el progreso de la paz clintonina fue lento. Arafat, antes denunciado como un peligroso terrorista, pasó a ser frecuente visitante de la Casa Blanca, y se dio la mano con por lo menos cuatro jefes de gobierno de Israel -Rabin, Peres, Netanyahu y Barak-, justamente a instancia de Clinton. La paz que se logre, sera gracias a la paciencia de Clinton y la perseverancia de Arafat . Y el realismo de líderes israelies como Rabin y Barak. Solución a la cual se está sumando hasta Sharon. El miope histórico Bush (hijo) sigue la corriente del determinismo histórico. Al negarse a mirar cara a cara a Arafat, sólo quedó como figura marginal de la Historia. Fue otra bushada -o burrada- más.

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* Periodista. Especial de Paralelo 21 (www.radio.udg.mx).

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