Dic 13 2014
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Economía

Argentina: desendeudar-reendeudar, formas de la deuda eternaa d

El tema de la deuda no es de ahora, viene de lejos, prácticamente desde que nació la Patria. Ha sido, a lo largo de muchos tramos de nuestra historia, el instrumento básico para garantizar nuestra sujeción a los intereses imperiales. El mentor del primer endeudamiento, por 1 millón de libras esterlinas, fue el primer presidente Bernardino Rivadavia.

Fue concretado entre 1818 y 1824, fue cancelado varias décadas después pagando aproximadamente 8 veces el capital recibido.
Reiteradas crisis fueron manifestaciones del progresivo crecimiento de nuestra deuda externa.
Con el primer gobierno de Perón cambiaron las cosas. La deuda no solo llegó a cero sino que fuimos acreedores de Inglaterra. Esa política cambió un tiempo antes de su derrocamiento en 1955. El gobierno contrajo un empréstito con el Eximbank, encargado de financiar exportaciones norteamericanas a otros países. También estaba negociando un acuerdo petrolero con la Standart Oil California, predecesora de la actual Chevron.
El gobierno de la llamada Revolución Libertadora –en 1955- tomó un préstamos de varios países, como –a su vencimiento- no los pudo abonar se constituyó el Club de París para asegurar su pago. Luego se tomaron nuevos créditos, todo lo cual se está pagando en estos tiempos. Como una parte de la política de “desendeudamiento”.
El salto vino después, eso fue con el Golpe de Estado de 1976. Ello se dio con los “petrodólares” y liberado el dólar -en 1972- del compromiso de tener una garantía en oro. A partir de esa facultad de “fabricar moneda”, a los Estados Unidos le convenía el endeudamiento de los países que forman su “área de influencia”. Allí iban los “papeles verdes” emitidos por el Tesoro de los Estados Unidos. Aprovechando el carácter entreguista de varios gobiernos, entre ellos el de la dictadura militar argentina, hubo créditos fáciles para los estados y las empresas estatales. Buena parte de la crisis de nuestras empresas estatales -en los ‘80 y ’90- tuvo que ver con esos endeudamientos.  Entre 1976 y 1983 (7 años de dictadura) la deuda creció alrededor de un 500%. Durante los 6 años de Raúl Alfonsín se incrementó en un 44%; en los 10 años del menemismo aumentó el 123%; en los 2 años de la Alianza sumó otro 9%, hasta que en el 2002 vino el famoso “default” de Adolfo Rodríguez Saa. El mismo consistía en dejar de pagar hasta que se investigue la legalidad y legitimidad de lo reclamado.
Allí, en el 2002, empezó a tejerse la madeja de la que aún hoy no podemos salir.
En 1982 el patriota Alejandro Olmos promovió una investigación sobre la deuda externa contraída durante la dictadura instaurada en 1976. Ello derivó en el fallo del Juez Jorge Ballesteros (año 2000) quien advirtió la existencia de “por lo menos 477 irregularidades” lo que le permitió calificarla de “agraviante” al interés nacional, remitiendo la investigación al Parlamento para que actuara según lo dicta la Constitución.
Producido ese punto de inflexión –en 2002- en lugar de avanzar en la investigación decidimos arreglar y pagar: Así nacieron los canjes 2005/10. Se inició la publicitada “política de desendeudamiento”. En función de esos acuerdos pagamos más de 190 mil millones de dólares. Lo que -según dichos de la Presidenta- nos transformó en “pagadores seriales”.arg basta buitres

Ello fue por aquellos “Canjes” que abarcaron el 93% del total de la deuda. Quedó sin arreglar un  7%.  Una parte menor de esos acreedores son los “fondos buitres” que ahora nos tienen a mal traer, a partir de un fallo de la justicia neoyorkina que cortó las expectativas del gobierno argentino de volver a los mercados financieros mundiales. Argentina necesitaba dólares dado que los ingresos comerciales se estaban reduciendo, por el cambio en la situación mundial y la baja de nuestros productos primarios. Ello unido a un creciente déficit de Caja destinado a mantener los actuales niveles de consumo. Medida digna de aplauso, pero ello fue intentado sin afectar los intereses y beneficios de los grandes grupos concentrados de la economía, que siguieron creciendo y presionaban sobre la misma para aumentar sus beneficios.
Para “amigarse” con el mundo financiero pagamos fallos del CIADI, organismo del Banco Mundial, por 677 millones de dólares. Arreglamos la indemnización con REPSOL, asumiendo pagar unos 6 mil millones, que con sus intereses podría tener un costo final de alrededor de 10 mil millones. Solucionamos las viejas deudas con el Club de París comprometiendo el pago de cerca de otros 10 mil millones en 5 años.
Los fallos de Griesa y la justicia norteamericana, siguiendo la lógica del capitalismo financiero, dieron por tierra con los sueños del rápido arribo de dólares frescos. Argentina se vio en apuros. Esa falta de recursos, dificultando las importaciones, es -entre otras razones- la causa de la actual recesión.
En el último año de gobierno, la actual administración procura mantener algunas banderas básicas tales como evitar que la desocupación se agrave y se reduzca el consumo. Para ello necesita de recursos que no tiene.
Además en enero habrán desaparecido los argumentos para obviar el pago de la sentencia del Juez Griesa.
Para todos esos fines y asegurarse un final, sin grandes complicaciones, el gobierno está procurando blindarse financieramente. Además de mantener el consumo, está asegurando a diferentes sectores productivo que contarán con los dólares necesarios para mantener la producción.
A esos fines se orienta el conjunto de las últimas medidas, muchas de las cuales son distintas formas de re-endeudamiento. Ellas, junto al acuerdo con China, del cual ya ingresaron 2314 millones de dólares, le dan al gobierno la posibilidad de negociar en mejores condiciones con los fondos buitres y confiar en un final de ciclo sin los grandes sobresaltos que imagina la oposición.
Es claro que estos nuevos endeudamientos, particularmente las emisiones de bonos, se están haciendo al precio de “patear para adelante” los problemas de fondo de nuestro endeudamiento y de una “deuda eterna” que, hasta ahora, permanece inmune ante investigaciones que no se hacen.
En el altar de la especulación financiera se sacrifican –como un trágico rito que no para de repetirse- muchos derechos de nuestro pueblo.

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