Ene 12 2017
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Ciencia y Tecnología

Argentina: Donde chocan la ciencia y el sinsentido

El gobierno del presidente Mauricio Macri en Argentina cumpli√≥ su primer a√Īo el mes pasado, pero hay poco que celebrar para los cient√≠ficos. El malestar que se vivi√≥ en el pa√≠s lleg√≥ a las tapa de diarios de todo el mundo cuando miles de investigadores, estudiantes de posgrado y posdoctorados ocuparon el Ministerio de Ciencia durante cinco d√≠as.

Esa protesta termin√≥ con concesiones paliativas de las autoridades ‚Äďla oferta de 500 becas de posdoctorado a aquellos a los que se deber√≠a haber garantizado posiciones de investigador junior‚Äď pero los problemas son mucho m√°s profundos.

Macri es el hijo de un poderoso industrial y antiguo socio del presidente electo de Estados Unidos Donald Trump en el desarrollo de negocios inmobiliarios. Los Panam√° papers, una enorme cantidad de archivos fiscales filtrados en abril pasado, mostraron que √©l (y su padre y sus hermanos) eran propietarios de varias sociedades offshore. El presidente est√° aplicando sin rodeos un plan contra-keynesiano de apertura de la econom√≠a, reducci√≥n del rol del estado, aumento de la deuda externa y creaci√≥n de desempleo para reducir el costo de los salarios. Y ‚Äďa pesar de que en su campa√Īa prometi√≥ aumentar la inversi√≥n‚Äď la ley de presupuesto nacional impulsada por Macri y aprobada por el Congreso para 2017 recort√≥ en un 30 por ciento los fondos para la ciencia y la tecnolog√≠a.

Kornblihtt en su laboratorio

Estos brutales ajustes se hicieron para revertir una d√©cada de s√≥lida inversi√≥n y progreso en la ciencia argentina. Bajo los anteriores gobiernos, m√°s de 1300 j√≥venes investigadores regresaron al pa√≠s y fueron puestos en √≥rbita dos sat√©lites de comunicaci√≥n hechos en el pa√≠s. Durante esos gobiernos tambi√©n se cre√≥ el Ministerio de Ciencia, Tecnolog√≠a e Innovaci√≥n Productiva y se construyeron 150.000 metros cuadrados destinados a institutos de investigaci√≥n, para albergar el creciente n√ļmero de investigadores, estudiantes de postgrado, posdoctorados y t√©cnicos que trabajan para el Consejo Nacional de Investigaciones Cient√≠ficas y Tecnol√≥gicas (Conicet), la instituci√≥n que funciona como nave insignia del √°rea.

La muestra m√°s evidente del enfoque adoptado por el actual gobierno se vio en el intento de reducir el n√ļmero de puestos para j√≥venes investigadores financiados por el Conicet; fue esto lo que desat√≥ la toma del Ministerio y solo ha sido parcialmente resuelto.

Al mismo tiempo, fueron suspendidos los programas de desarrollo de satélites comunicacionales, y la inflación y la devaluación de la moneda redujeron el poder adquisitivo de los salarios y los subsidios para la investigación.

Los científicos en Argentina temen que se vuelva a repetir la fuga de cerebros ya sufrida por el país tanto en tiempos de gobierno militar como de crisis económica. En este momento, los colegas informan que jóvenes científicos argentinos que trabajan en Europa y Estados Unidos están repensando la posibilidad de volver al país.

Los argumentos utilizados por ministros y funcionarios para justificar los recortes presupuestarios son falsos y falaces. La pobreza generalizada en la Argentina, se nos dice ahora, hace injusto y poco ético dedicar la misma cantidad de dinero que anteriormente a la ciencia. (¡Como si la pobreza no existiera antes!) A diferencia de otros países, Argentina debe su pobreza estructural no a la limitación de sus recursos naturales o humanos sino a una perversa y desigual distribución de la riqueza y a un sistema impositivo regresivo. Parece injusto castigar a los científicos por tal sistema, en especial cuando el presidente Macri eliminó los impuestos de exportación para la agricultura y la minería, tal vez las dos ramas de la economía más rentables del país.

Pero es a√ļn peor. Los funcionarios hicieron una serie de declaraciones provocativas que amenazan los valores sociales aceptados de la ciencia, la investigaci√≥n y las iniciativas acad√©micas. Entre ellas se incluyen: ‚ÄúLos investigadores deber√≠an ser evaluados por el n√ļmero de puestos de trabajo que generan y no por el n√ļmero de ‚Äėpapers‚Äô que publican‚ÄĚ; ‚ÄúCada doctor debe ser alentado a crear su propia empresa‚ÄĚ; y ‚Äúlos cient√≠ficos del Conicet son meros ‚Äėpublicadores de papers‚Äô que no devuelven a la sociedad aplicaciones √ļtiles‚ÄĚ. En otras declaraciones se asegur√≥ que ‚ÄúLos j√≥venes cient√≠ficos deben irse al extranjero‚ÄĚ, sin ofrecer al mismo tiempo un programa gubernamental que respalde el perfeccionamiento en el extranjero de los posdoctorandos.

Con estas afirmaciones, el Gobierno intenta explotar los conflictos entre la ciencia básica y la ciencia aplicada, con el objetivo de sembrar en la sociedad la desconfianza hacia los científicos y su trabajo, y para atacar a las Ciencias sociales. Esta confusión entre la generación del conocimiento y la generación de la tecnología no es inocente, sino que está destinada a generar falsas concepciones sobre el papel de la ciencia en la sociedad.Resultado de imagen para cientificos protestan argentina

Los cient√≠ficos argentinos est√°n orgullosos del desarrollo alcanzado: una potente red de universidades p√ļblicas gratuitas; dos premios Nobel en ciencia que hicieron sus descubrimientos en Argentina; y siete miembros extranjeros de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos. Llamar a estos cient√≠ficos ‚Äúpublicadores de papers‚ÄĚ es ofensivo, como si los ‚Äúpapers‚ÄĚ cient√≠ficos fueran el objetivo final de la investigaci√≥n en lugar del medio a trav√©s del cual se hacen p√ļblicas las conclusiones relevantes.

Para completar este panorama de sinsentidos, el jefe de Gabinete de Ministros, Marcos Pe√Īa, atac√≥ uno de los fundamentos de la ciencia diciendo que ‚Äúel pensamiento cr√≠tico ha hecho demasiado da√Īo a nuestro pa√≠s‚ÄĚ. Y continu√≥: ‚ÄúAlguna gente en Argentina piensa que ser cr√≠tico es ser inteligente. Nuestro Gobierno piensa que ser inteligente es ser entusiasta y optimista‚ÄĚ.

Esto puede parecer un absurdo, pero encaja perfectamente con el concepto New Age de la ‚Äúrevoluci√≥n de la alegr√≠a‚ÄĚ proclamada por Macri como un lubricante para los conflictos sociales. Nuestros colegas de todo el mundo deber√≠an saber que, en esta nueva Argentina, la ciencia y la tecnolog√≠a puede volverse prescindibles. Seguro habr√° m√°s protestas. No vamos entregar el pasado y el futuro de la ciencia sin dar batalla.

* Biólogo molecular, doctor en Ciencias Químicas y licenciado en Ciencias Biológicas,  investigador superior del Conicet y docente universitario en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. Autor de trabajos publicados en las principales revistas internacionales. Miembro de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos.

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