Ene 17 2015
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OpiniónPolítica

Argentina: El fiscal Nisman y un inédito pedido de indagatoria

Suele escucharse que “en enero no pasa nada”. Lo ocurrido esta semana en Argentina parece desmentirlo. Aquí, no lejos de la política mundial, el Fiscal Nisman pide una inédita indagatoria de la Presidenta Cristina Fernández por “encubrimiento” en la Causa Amia.
El fiscal Alberto Nisman, a cargo de las investigaciones por el atentado a la Amia producido en 1994 y que dejara un saldo de 85 muertos, solicitó la citación a indagatoria de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, del canciller Héctor Timerman y otros ciudadanos argentinos, acusándolos de encubrimiento de dicho atentado. La respuesta oficial del gobierno a la acusación fiscal estuvo a cargo del Canciller Timerman quien sostuvo que “en vez de investigar a los sospechosos, se dedicó clandestinamente a investigar a la Presidenta”.
Hasta aquí algunos datos de una situación inédita que seguramente producirá mucho ruido político aunque tenga escasos o nulos efectos jurídicos.
Quedan muchos interrogantes sobre las razones, el modo y la oportunidad de esta acusación. Para intentar una aproximación a una explicación, lo más objetiva posible, hay que tener en cuenta diversas cuestiones vinculadas a: la evolución de la política internacional junto a la posición, cada vez más agresiva, de algunos intereses mundiales respecto al gobierno argentino; la guerra interna de nuestros servicios de inteligencia, luego de los recientes cambios en los mismos, y la situación propia del país ante unas próximas elecciones.
En materia internacional, las evaluaciones sobre el atentado y la marcha de París dejan en claro de qué modo los países e intereses del mundo desarrollado pretenden descargar sus crisis, sus responsabilidades y esconder sus dificultades detrás de una estrategia del miedo. Su discurso es: ¡El problema viene de afuera, de los violentos que atacan! En ese marco el llamado terrorismo internacional ocupa un lugar central. Asociar a la Presidenta Argentina, cuyo discurso y recientes acuerdos internacionales son molestos, a ese fenómeno es absolutamente funcional a esa política de los países, conocidos como “centrales”. El cambio de posición del gobierno argentino respecto al Estado de Irán y la investigación en marcha ayudan a esta denuncia. El gobierno argentino -hasta el 2011- tuvo una clara y rotunda posición, reiterada 7 veces en igual número de Asambleas Generales de las Naciones Unidas. Ella fue que los iraníes acusados sean extraditados y se sometan a la justicia argentina. A partir de ese año comenzó a virar esa política y las relaciones con Irán fueron mejorando. Si bien esa posición motivó críticas de la oposición, no tuvo mayores contradicciones con los EEUU. La posición argentina estaba en línea con la de los norteamericanos  que buscaban algún acuerdo con Irán para dejar en Irak un gobierno que le garantice una retirada no traumática de la mayor parte de sus fuerzas invasoras. Irán podía cooperar con esa situación dado que el Presidente de Irak sería un  chiita, al igual que ellos.
La consolidación de los acuerdos de Argentina con Venezuela, China y Rusia fue distanciando a nuestro país de la estrategia norteamericana. En el marco de la actual situación internacional esta acusación llevada adelante por este fiscal, que suele consultar a las embajadas de Estados Unidos e Israel, tiene una lógica que la vincula con estos nuevos acuerdos estratégicos.
Otras razones se pueden encontrar en el hecho que nuestra Secretaría de Inteligencia (SI) tuvo recientemente un cambio de mandos. Más allá de lo institucional, lo más importante fue el desplazamiento de Antonio Horacio Stiles, conocido como Jaime Stiusso, con 42 años de servicio y auténtico referente de la mayoría de nuestros espías. Es sabida la estrecha relación de Stiusso con la CIA norteamericana y el Mossad israelí. Colocar sobre la superficie, en un “adecuado marco político”, un acotado informe de variadas informaciones, ilegalmente recogidas, no es una cuestión desdeñable.ar cris y timerman

La relación Stiusso y Nisman fue más que estrecha. Esa buena relación y la óptima vinculación de ambos con el gobierno facilitó (en el 2006) la designación Sandra Arroyo Salgado, ex esposa de Nisman, como Jueza Federal en San Isidro. Para esa misma época Nisman solicitaba la extradición de los iraníes acusados por el atentado. El propio Nisman había sido designado en su cargo por Néstor Kirchner, éste y su esposa Cristina daban por ciertos y fueron convalidando los informes que éste les presentaba. Como nada en la vida es eterno, las variaciones en nuestros relacionamientos internacionales acabaron con esa amistad y algunos efectos van apareciendo.
A la hora de calibrar las razones de este exabrupto judicial tampoco se puede olvidar que estamos recorriendo el último año de un largo  gobierno kirchnerista. El “pecho frío” de los opositores obliga a los reales factores de poder extremar los recursos para la campaña electoral que va tomando vuelo. Esta acusación tampoco debe separarse de esa perspectiva. Ello explica que antiguos cuestionadores del Fiscal Nisman, ahora usan sus “acusaciones”. Jorge Lanata, por ejemplo, publicó en la revista Perfil de noviembre de 2006 que “en las 113.600 fojas del expediente usado por Nisman para acusar no hay nada”.
Según la acusación del Fiscal Nisman los objetivos prácticos del “encubrimiento” serían: Uno, poner fin a las “circulares rojas” dictadas por INTERPOL que impide a los iraníes acusados salir de su país. Las “circulares rojas” siguen vigentes y Argentina nunca pidió su levantamiento. Dos, canjear estas impunidades por comercio. Es cierto el comercio argentino con Irán creció, pero ello viene ocurriendo desde antes del 2011 y del Memorándum de Entendimiento entre ambos países.

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