Oct 24 2010
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Política

Argentina: el tiro por la culata

Guillermo Almeyra
Retrocedamos hasta los años 90. El gobierno neoliberal y agente del capital financiero internacional del peronista de derecha Carlos Menem, quien decía que "tenía relaciones carnales" con Estados Unidos, entre las muchas decenas de empresas que privatizó, entregó y desmanteló estuvieron los ferrocarriles, echando a 70 mil obreros.

Lo hizo con el apoyo servil del secretario del gremio ferroviario, José Pedraza, quien, ni lerdo ni perezoso, inventó empresas y cooperativas que contratan obreros del riel por una paga mucho menor que la que reciben los de planta que trabajan en lo que queda de los ferrocarriles. Ese negocio le rinde millones y, para protegerlo, el gánster-sindicalista tiene sus bandas de matones. En esto Pedraza no es el único. Los matones de la Unión Tranviarios Automotor, por ejemplo, intentaron disolver a golpes las asambleas de los trabajadores del metro, que terminaron por formar su propio sindicato democrático. Y los del gremio de la alimentación trataron en vano de impedir mediante la violencia que triunfara en la fábrica Kraft una dirección sindical democrática.

El tesorero de los camioneros fue misteriosamente asesinado a cuchilladas y los grupos de choque de los charros de la Unión Obrera de la Construcción y de Camioneros pelearon a balazos su ubicación junto a los restos de Perón cuando éstos fueron trasladados. Es que los matones de la burocracia gremial son, en efecto, un rasgo tan típico del peronismo como el bombo y el himno del partido del cual el camionero Hugo Moyano es vicepresidente. Este dirigente-empresario es hoy kirchnerista, mientras la burocracia de la Confederación General del Trabajo (CGT) es el puntal "obrero" del gobierno, como antes lo fue de Menem (como el propio Néstor Kirchner, que en su momento fue menemista y neoliberal y aprobó entusiastamente la privatización del petróleo).

Vayamos ahora a los hechos actuales: Una de esas empresas fantasma que rinde servicios a los propietarios del Ferrocarril Roca (una de las líneas privatizadas) despidió a 175 obreros. La lucha sindical hasta reincorporó ahora a 26. Los restantes, apoyados por estudiantes y movimientos sociales, hicieron una manifestación y después intentaron cortar una vía de tren. Decenas de matones los agredieron entonces a palazos y pedradas y, por último, a tiros, matando a un joven estudiante militante de la izquierda e hiriendo gravemente a otras tres personas mientras la policía dejaba pasar tranquilamente a los asesinos, sin detenerlos.

Por su parte, los charros de la Unión Ferroviaria justificaron inmediatamente en un comunicado la cobarde agresión a mano armada, pero la presidenta de la República, el ministro del Interior, el gobierno, Néstor Kirchner, los charros peronistas de la CGT y los medios de comunicación kirchneristas (como el canal televisivo oficial y Página 12) calificaron de inmediato este asesinato de crimen mafioso.

Hay que agregar que la noche anterior al tiroteo contra los manifestantes se habían reunido Padraza y el ex presidente Duhalde, peronista de derecha, sin que se sepa de qué hablaron…

De inmediato, la Central de los Trabajadores Argentinos (CTA), que tiene en su seno grandes sectores kirchneristas, decretó un paro nacional solidario y de repudio, y el jueves estudiantes y obreros paralizaron Buenos Aires y sus suburbios, con paros en los aeropuertos, cortes de vías ferroviarias, paros de transportes, huelgas estudiantiles y obreras, cierre de calles y de la ruta Panamericana por obreros de la alimentación. En el metro, los trabajadores dejaron libres los molinetes y cerraron las boleterías para que los usuarios viajaran gratis y hubo paros en los hospitales, así como ocupaciones de facultades y escuelas.

Por la tarde, una gran manifestación solidaria de los gremios democráticos y las tendencias combativas en los sindicatos burocratizados recorrió el centro porteño y llenó la Plaza de Mayo para pedir que se castigue a los culpables y a la policía cómplice, la reinstalación de los despedidos y la incorporación a la planta ferroviaria de los precarios "tercerizados", cosa que acaba de resolver el Ministerio del Trabajo.

Por supuesto, la derecha trata de aprovechar este crimen y, en bloque, lo condena, pero tratando de acusar al gobierno (al cual apoya Pedraza) y los diarios Clarín, La Nación y Ámbito Financiero, y las radios o emisoras reaccionarias de tv aparecen como paladines de la democracia y del sindicalismo (aunque apoyaron la dictadura), pero mienten al hablar de "guerra sindical" cuando realmente se trata de una lucha contra la superexplotación y por la democracia sindical. Por su parte, la ultraizquierda, sin medir ni la relación de fuerzas ni lo que es inmediatamente posible, intenta echar leña al fuego sin darse cuenta de cómo la derecha trata de utilizarla.

En efecto, esa derecha busca arrebatar a los Kirchner –que no reprimieron los conflictos sociales– el prestigio que habían obtenido defendiendo los derechos humanos y enjuiciando a los dictadores genocidas, y pretende responsabilizar a la presidenta por el asesinato del estudiante. Intenta además debilitarles el difuso apoyo obrero de que disponen, aprovechando que para el gobierno los sindicatos son sólo las direcciones de los mismos, o sea, los ladrones, corruptos y asesinos que usurpan las organizaciones de los trabajadores.

Por sobre el cadáver de Ferreyra se libra hoy una lucha intercapitalista y electoral. Por supuesto, la movilización obrera y estudiantil que se produjo a escala nacional va en otra dirección, pero aún no encuentra cauce político. Por eso, muy probablemente sus efectos se limitarán, en lo inmediato, al enjuiciamiento de Pedraza y de algunos policías y ciertas concesiones políticas y sociales. Pero estamos sólo en el comienzo de un proceso, y a la derecha podría salirle el tiro por la culata.
 

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