Abr 4 2006
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Ambiente

Argentina: Papeleras en Misiones – UNA PROVINCIA ES COTO PRIVADO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

¿Qué es lo que está pasando en el río Paraná?. Cuando fuimos a ver qué es lo que realmente está saliendo de esas papeleras, nos sorprendimos muchas veces, porque es espuma, líquidos negros, olores nauseabundos, todo lo que hoy prácticamente se está sabiendo gracias a esta gran manifestación que está haciendo Gualeguaychú.

Acá hay muchas cuestiones que son graves en Misiones, y una de ellas es la complicidad de los distintos gobiernos democráticos, que se han ido sucediendo, que de alguna manera, han sido muy contemplativos en las cuestiones legales con las papeleras, con las tres papeleras que tenemos aquí en la provincia.

Una de ellas pertenece al Grupo Arauco y es la más grande, la que más cantidad de madera procesa. La complicidad de los distintos gobiernos haciendo silencio en muchas cuestiones referidas puntualmente a la contaminación ambiental, ha hecho que no salga en los medios y esta preocupación no sea tan generalizada en la provincia.

Mucha gente depende de la papelera, pueblos enteros. Es gente que trabaja yvive de las papeleras, y tienen miedo a hacer las denuncias.

Lo interesante que está sucediendo en Misiones es que a partir de lo que sucede en Gualeguaychú, los misioneros en gran parte comienzan a darse cuenta de que el cáncer lo tenemos acá, en nuestro río Paraná y en nuestra sociedad. Eso es sin duda un motor importante para que algunas radios chicas, algunos medios chicos de la provincia lo estén tomando, y están logrando que parte de la sociedad que son afectados directamente se animen a salir al aire y a contar sus problemas, por qué se sienten afectados, hacer denuncias de cáncer de piel, gente que tiene problemas respiratorios, gente que ha denunciado problemas de sangre.

Por otro lado organizaciones ecologistas, que no somos muchas acá lamentablemente, tratamos de aprovechar la cuestión de que la gente se empezó a animar y empezamos a motorizar una campaña contra las papeleras, pero más que nada el freno al desmonte que llevan esas grandes papeleras en la provincia de Misiones, con programas destructivos de 3.000 a 5.000 hectáreas anuales, donde se hace la tala rasa de la selva misionera.

Lugares donde jamás ha entrado un ser humano hoy son talados para beneficiar justamente a las papeleras. ¿En qué consiste esto? Se hace sobre el total desmonte, en muchos de los casos se hace la quema, se hacen escolleras de diez, quince metros de altura, se ponen cubiertas con combustible en el medio y se provoca la quema.

Se está quemando selva que se acumula en determinados lugares, y después el suelo queda desprovisto de selva, limpio y después viene todo el proceso que hacen las empresas con herbicidas, curación del suelo y todo ese cóctel de químicos va a parar a los arroyos, los que pueden seguir circulando, porque muchos de los arroyos han sido taponados justamente por ese arrastre de tierra y
masa boscosa y todo eso va a parar al Paraná.

Las papeleras en si tienen un foco de contaminación que son los efluentes que producen por la producción de papel y van a parar al Paraná, el mal olor es otro que por supuesto también tiene sus efectos, y por otro lado es lo que genera la empresa como consecuencia para lograr esa producción que es el desmonte masivo, la muerte definitiva de una cantidad de especies que ni siquiera conocemos acá en la provincia, y la transformación paisajística y de biodiversidad que hacen plantando después pinos. Aquí se ve más el tema de los pinos que los eucaliptos como es el caso del Uruguay.

Los misioneros hemos vivido la mayoría dándole la espalda al monte, como el ciudadano que vive en las localidades costeras vive dándole la espalda al río Paraná. Tenemos tanto río, tanta agua, monte, que nos hemos acostumbrado a que el monte esté, y de alguna manera no se ha valorizado al monte como ese bien natural del que sacamos la leña para calentarnos en invierno, para cocinar, y para nuestros cajones. Todo nos puede dar el monte, hasta frutas.

El monte hoy está en gran parte en manos de empresas privadas. Entre el ocho y el diez por ciento de la provincia es propiedad de Arauco. Mucha tierra para una sola empresa, de la cual el vecino común no puede aprovechar nada porque está metiéndose en una propiedad privada.

Lo rescatable es el valor que tiene el pueblo entrerriano y el contagio que está provocando en distintas partes del país en la reacción popular, que la gente salga a reclamar sabiendo que tiene su derecho. Ojalá sirva, y que no quede en el olvido de la gente lo que está pasando en la provincia de Misiones, en Capitán Bermúdez y otras papeleras que están instaladas en el país.

Creemos que la sociedad, y va a ser una porción grande, ya no espera nada del Estado, va a ser una función grande e importante de las organizaciones sociales. Es hora de reaccionar, el río se está contaminando, el río está siendo agredido brutalmente y todo esto tiene un límite.

Es clave hoy en la provincia de Misiones decir alto a la producción de materia prima, y que los muchachos trabajen en la medida que tengan y nada más, porque si no la provincia de Misiones desaparece en sus distintos tonos de verde y vamos a estar bajo un manto verde militar homogéneo, que no sirve absolutamente para nada para la población y sí va a enriquecer –como pasa con todas las multinacionales– a dos o tres grupos económicos. Nada más.

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* Coordinador del Grupo Ecologista Cuña Pirú, miembro de la Federación Amigos de la Tierra Argentina.

Addenda

A mediados de 2005 el Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales recogía inormación de algunos periódicos de la povincia argentina de Misiones sobre un grupo económico propietario de una empresa forestal acusada en esa provincia de no respetar las leyes ambientales, que enfrentaba graves acusaciones por provocar un desastre ambiental en Chile

Se trataba de Empresas Arauco, de Anacleto Angelini, propietario de Alto Paraná S.A. y acusado por la asociación Guayubira, de Uruguay, de causar fuertes dolores de cabeza, alergias y enfermedades respiratorias en el pueblo misionero de Puerto Esperanza, ubicado a unos pocos kilómetros de la planta de celulosa.

En 1999 Alto Paraná S. A. (APSA), propiedad del grupo de Anacleto Angelini, fue denunciada de hacer desmontes a pesar de la prohibición del Ministerio de Ecología en Misiones, infringiendo las leyes ambientales 854 y 3426, y de presentar a ese organismo público estudios de suelo y de impacto ambiental cargados de irregularidades.

Las denuncias fueron ratificadas por el entonces ministro de Ecología Luis Rey y desencadenaron la renuncia del gerente forestal Maximiliano Cofré.
Dos años después, en 2001, los hechos se reiteraron con fuerza; el ministro de la cartera ecológica Miguel Angel Alterach ordenó suspender los trabajos de APSA por haber desmontado más de lo permitido e ignorado la faja de bosques protectores impuesta por ley; la situación fue corroborada por profesionales de la Facultad de Ciencias Forestales de Eldorado.

Tal es el Grupo Arauco a que se refiere Bregagnolo en el artículo precedente.

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