Ene 11 2008
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Sociedad

Autocensura, manipulación: – CUANDO LA PRENSA ES UN ASUNTO A TRATAR

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

EFECTOS SOCIALES DE LA AUTOCENSURA

Las graves restricciones que afectan al derecho a la libre información y expresión en Chile se originan, fundamentalmente, por la combinación de dos factores.

Uno de carácter estructural: la extrema concentración de la propiedad de los medios masivos de comunicación social en manos de sectores conservadores.

Y otro de tipo actitudinal: el desarrollo de una feroz autocensura.

Felipe Portales*

Una de las cosas más nocivas de la autocensura vigente en nuestro país es la falta de conciencia que tenemos de ella. No la percibimos porque nos hemos ido acostumbrando a su silenciosa presencia. O, peor aún, la justificamos como un fenómeno de naturaleza económica y social. Si determinados temas, noticias u opiniones no aparecen en los medios –nos decimos– es porque no le interesan a la gente y, por tanto, al medio no le conviene económicamente publicarlos o exhibirlos.

Así, los medios consuman su victoria política y cultural. No solo impiden que los temas, noticias u opiniones que afecten al modelo neoliberal vigente, sean percibidos y analizados; sino que, además, logran que el conjunto de la sociedad no se dé cuenta o justifique aquello.

La autocensura se constituye, de este modo, en uno de los factores políticos cruciales para la preservación del modelo económico y social. De partida, los medios reiteran, implícita o explícitamente, que el nuestro es el único modelo posible en la actualidad y que es el que está vigente en todo el mundo globalizado. Poco importa que esto constituya una grotesca distorsión de la realidad. ¡Qué tiene que ver el modelo mercantil de salud, educación y previsión chileno; con los modelos públicos europeos o de muchos países latinoamericanos! ¡Qué tiene que ver el “plan laboral” chileno que restringe severamente los derechos a la sindicalización, negociación colectiva y huelga; con los de aquellos países! ¡Qué tiene que ver el Transantiago con los sistemas públicos de locomoción colectiva europeos que brindan una excelente calidad de vida a sus usuarios todos los días!

La virtualmente “orwelliana” reiteración de aquello hace que la generalidad de nuestra población (¡incluyendo los intelectuales!) se suma en una completa resignación y sumisión política. Más aún cuando la generalidad de los medios presenta todos los meses un conjunto de indicadores (casi todos macroeconómicos y provenientes de instituciones o medios de comunicación internacionales conservadores) que “demuestran” el notable éxito del modelo económico chileno, comparado con el resto del mundo y, particularmente, con los demás países latinoamericanos.

Para fortalecer el “pensamiento único” los medios de comunicación hegemónicos no solo omiten sistemáticamente determinados contenidos; sino que además se cuidan mucho que el material que presentan sea lo más anodino posible. Esto es, que desincentive una labor de análisis y síntesis del lector, auditor o telespectador. Para esto se presentan las noticias lo más fragmentadas posibles y sin contextualización histórica.

Se entrevista a los titulares de los poderes públicos o fácticos, sin indagar sobre sus eventuales contradicciones actuales o históricas. Hasta en la priorización y secuencia de los temas y noticias –particularmente en televisión– se da una uniformidad abrumadora.

Por otro lado, los escasísimos debates que se exhiben en radio y televisión se circunscriben –por lo general– a personeros políticos que están esencialmente de acuerdo en la mantención –con pequeños matices– del actual modelo económico neoliberal.

Pero, sin duda, donde la autocensura llega a un grado extremo es en el medio más relevante para la conformación de la opinión pública: la televisión. En este medio se excluyen los reportajes a fondo y los debates entre partidarios y opositores al modelo, sobre los diversos temas que más podrían ponerlo en cuestión: Desigualdad en la distribución del ingreso; duración efectiva de la jornada de trabajo; salarios y condiciones laborales de los trabajadores temporeros; decadencia de las PYMES a favor de las grandes empresas; desigualdad en los sistemas de salud, educación y previsión; etc.

En ella se excluyen también las voces de los dirigentes de los sectores populares: sindicatos, juntas de vecinos, centros de madres y juveniles, organizaciones indígenas, etc. Como asimismo, las opiniones de políticos, académicos e intelectuales que cuestionan el neoliberalismo vigente. De igual manera, los canales de televisión excluyen sistemáticamente de su programación la generalidad del cine chileno del exilio y los documentales con una mirada crítica de nuestra historia reciente.

Por otro lado, los canales alienan a los telespectadores con programas de farándula; “reality-shows”; teleseries sin contexto histórico y sin conflictos sociales o políticos; matinales llenos de frivolidades; exceso de programas futbolísticos; etc. Todo esto se ve reforzado por un bombardeo publicitario donde lo que menos importa es informar realmente al consumidor; ya que está destinado e exacerbar el materialismo y el consumismo, disminuyendo todavía más cualquier noción de crítica y solidaridad social.

Como una suerte de compensación espiritual, los canales acogen la promoción de instituciones de beneficencia, lo que culmina anualmente con la Teletón.

La idea es contribuir a la formación de personas con cero espíritu crítico y plenamente adaptadas al sistema social vigente; y que canalicen sus energías exclusivamente a favor de sus intereses individuales; conservando, sí, alguna disposición caritativa por los menos favorecidos, que haga un poco más llevadera esta virtual ley de la selva en que se ha convertido la sociedad chilena.

* Sociólogo.
El texto corresponde al editorial publicado el cinco de enero de 2008 en www.libertaddeexpresion.uchile.cl.

EL WÁSHINGTON POST: PRESTIGIO AL SERVICIO DE LA CASA BLANCA

Los medios de prensa, ya no son como eran. Han soportado transformaciones lentas pero profundas a causa de la globalización y, cosa peor, el grueso de los ciudadanos no pudo darse cuenta de esto cambios y sigue pensando en una prensa amiga y sin segundas finalidades.

Todos diarios y noticieros de radio y televisión son engañosos al difundir las noticias cuando éstas puedan afectar sus intereses y los de los que son socios, en otros rubros, que no es el periodístico.

Luigi Lovecchio*

Se incluyen en esta lista los medios más grandes y afirmados como Clarín, La Nación, Perfil, Ámbito –de Argentina– y El Mercurio, La segunda, la Tercera –y cuanto más de Chile–, y O Estado de Sao Paulo, Jornal da Tarde, O globo –de Brasil–, y New York Times, Time, Washington Post –de EUU– (y así se podría continuar hasta al infinito). Aunque hay excepciones, las que confirman la regla.

Pero la norma general ahora es asociar los medios de prensa a intereses unitarios, en rubro diferente del periodismo para que hagan parte de un sistema global, acumulando ganancias inesperadas y actuar con una política adecuada de mercado para preservar las utilidades del grupo. Para eso se planifica el contenido de las notas periodísticas con el objeto de que evidencien una realidad pensada de antemano para luego imponerla a los lectores / espectadores.

Es un grupo de empresas, compacto en los fines, que ha creado el imperio de una maquinaria eficiente, organizada, que funciona con la perfección de un reloj suizo y llega puntual a cuestionar y hasta intrometerse con sutilezas en la política de los gobiernos “menores” para debilitarlos y luego aprovecharlos en propio beneficio.

En una de esas mega asociaciones se encuentra el gran “círculo” de empresas de Gannett Company Inc., que agrupa a los periódicos de mayor circulación de Estados Unidos y abarca estaciones de televisión. Tiene los diarios nacionales USA ToDay, USA Weekend, USA ToDay Sports Weekly, USA ToDay Information Network, el semanario NewsWeek y, entre otras conexiones en rubros muy diversificados, uno de los diario más influyentes que cuida, como fiel perro guardián, los intereses del gobierno de EEUU.

Estamos hablando del The Washington Post, (WP) un medio que formó su prestigio de prensa “seria” a la sombra de los gobiernos norteamericanos de los cuales es megáfono aumentado de sus voluntades políticas y representa el pensamiento mas íntimo de la Casa Blanca y de quien la comanda a pleno: la poderosa e invisible Reserva Federal de EEUU.

Al hablarle al pueblo de Estados Unidos, este diario, demuestra tener pocos conocimientos sobre América Latina y especialmente sobre Argentina; escribió un editorial salvaje dirigido a los presidentes Cristina Fernández de Kirchner de Argentina y a Hugo Chávez de Venezuela. Su osadía no se detuvo frente a ninguna barrera de pudor o de ética, revelando así las verdaderas intenciones de quien manda en sus contenidos: la política del gobierno de EEUU.

Se pregunta The Washington Post en su edición del 26/12/07 si “Hugo Chávez compró con la valija de 800 mil dólares la lealtad de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner”. Y, en otros tramos continúa: “Es bien sabido desde hace tiempo que las relaciones cercanas entre Venezuela y la Argentina no son el resultado de una mera afinidad ideológica: con el presidente Hugo Chávez Venezuela ha adquirido alrededor de US$ 4.000 millones de bonos argentinos y ayudado así a un gobierno cuyo papel es ampliamente rechazado en los mercados internacionales”.

Un verdadero periodismo de bajo vuelo del “prestigioso” diario WP que, por ser prestigioso, engaña a sus lectores publicando confusión y ficciones con noticias tendenciosas de bajos recursos.

Mentira americana

Con un desconocimiento total del asunto Antonini Wilson y su valija con dólares, el editorial no se detuvo en pensar que 800 mil dólares es muy poco dinero para comprar un presidente. No sería irónico afirmar que los dólares están cada día más devaluados y ese dinero (que a estos niveles de negocios sería una burda propina) lo podría haber traído Chávez en su avión personal un día antes sin interferencia policial a causa de la inmunidad diplomática que goza todo avión presidencial. El editorial se puede leer más abajo y es un hermoso fuego de artificio que llena los ojos de banalidades.

Para expresarse de esta forma y por ser portavoz del gobierno norteamericano este editorial dice con mucha claridad que el dedo de “fuck off” que le hizo Cristina De Kirchner al gobierno de Bush, surtió su efecto en el ámbito del gobierno de EEUU. El episodio de la valija, lejos de distanciar los gobiernos de Argentina y Venezuela, los unió mucho más.

Un error de evaluación del Wáshington Post que creía en que al disparar su misil llamado “Antonini Wilson” la República Argentina en pleno se hubiese alineado de manera automática con Wáshington ya que se podría haber escabullido por la única puerta posible que dejó abierta el secretario de estado Thomas Shannon: o sea que todo el caso era “apenas un caso policial” por lo cual las relaciones “sólidas” entre ambos países no quedaban afectadas.

Según los planes de Wáshington la Argentina debía haber creído en una falsedad, ser solidario de una ficción más de la Casa Blanca acostumbrada a las farsas en todas las latitudes, como las más recientes que armó en Iraq y Afganistán. Pero la reacción argentina ha sido inmediata, contundente y contraria a las previsiones de EEUU.

Esta actitud inesperada ha hecho repensar toda la estrategia norteamericana. Para comenzar hizo quitar la noticia del viajero Wilson con sus dólares de las portadas de los diarios de todo el mundo. De un día para el otro, de las primeras páginas de los medios argentinos donde estaba cómodamente instalado el tema, con cuatro o cinco primeras páginas de espacio interno, pasó de inmediato a tener una página impar a partir de la novena o 14ª página de esos mismos diarios.

Para un observador que sabe leer las entrelineas esta actitud de la prensa local, toda ella al servicio de Wáshington, puede significar una sola cosa, que dieron a Argentina un momento de impasse, para ver si el caso perdía emotividad y diera lugar a un pensamiento más cercano al de la Casa Blanca abiertamente en contra de Chávez. Se recorrieron caminos de ambos lados. Sin embargo del lado argentino no se abandonó el pragmatismo de favorecer una política regional. Y Wáshington sigue disparando sus municiones a través de la prensa argentina y la mundial.

No le queda otra cosa que hacer por ahora: Mostrar sus dientes de papel glasé y alertar a los perros guardianes de la prensa local de cada país para que ladren a más no poder –y luego esperar a que el tiempo cubra de bálsamo las heridas provocadas en Argentina y que la misma vuelva como una hija pródiga al seno de una relación “normalizada”.

Por otro lado, la Casa Blanca debe estar blanca de espuma en los dientes de tanta rabia por la fuerte reacción de la presidente de Argentina, porque también hace fracasar, o le quita contundencia en parte, al plan que con tanto esmero prepararon en contra de Chávez. Ahora el eje de los perros guardianes (los diarios locales e internacionales) movió su foco desde Argentina sobre Chávez y su Venezuela socialista para sacar de este modo un mayor rédito del operativo de la valija.

Para eso no seria difícil teorizar que el mismo Antonini sea asesinado para poder dar mayor credibilidad a las mentiras de Wáshington. Ha sido muy fuerte lo de Antonini Wilson en traicionar a sus amigos y socios de andanadas, como lo eran en el tráfico de armas, un rubro que no acepta bromas pesadas, pero el peligro de vida no llegará desde este lado.

La vida de Antonini está administrada con cuidado por la necesidad de Wáshington de crear un clima social de suspicacias con su muerte (que se puede atribuir a “suicidio” sospechoso o a agentes de Chávez) y evitar también que sea extraditado a la Argentina. Y eso podría suceder, salvo giro imprevisto de los acontecimientos. Y, una vez más, Wáshington intentaría salirse con la suya, para emprender el largo camino de instalar en Venezuela un gobierno títere como los tantos que tiene en América latina y alrededor del planeta.

Coincidencia

El editorial del Washington Postl apareció en la versión electrónica de La Nación de Buenos Aires del día 27/12/07, aunque no coincide totalmente con los comentados por Clarín y Perfil.

* Periodista, director de www.losbuenosvecinos.com.ar.

En Los buenos vecinos se encuentra más información y una serie de enlaces y referencias que avalan y complementan lo que se ha transcrito.

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