Feb 16 2010
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Despacito por las piedras

¡Ay, Colombia!

Peligroso editorial
El principal medio de prensa escrita en Colombia se llama El Tiempo. La familia Santos ha sido su propietaria histórica. Accionistas son el vicepresidente, Francisco Santos, así como el ex ministro de la Defensa y posible candidato a la presidencia, Manuel Santos. Se puede decir que El Tiempo es una de las “voces de dios”, o sea del gobierno.
El 26 de enero el editorial del periódico se tituló “Alianza Siniestra”. Hablaba, con preocupación, sobre de los acuerdos políticos y militares entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, y el Ejército de Liberación Nacional, ELN.
Tomando como verdad informes del gobierno colombiano, aseguraba que la reunión de las comandancias guerrilleras se había realizado en Venezuela, porque este país “se ha convertido en la sede de la retaguardia de los jefes guerrilleros de ambos grupos.”
También dijo: “Por todo el territorio bolivariano está desplegado personal cubano que podría hacer fácil contacto con una comandancia guerrillera como la del Coce [Comando Central del ELN], cuyos orígenes históricos, inspiración ideológica, estrategia diplomática y entrenamiento militar han estado íntimamente ligados al régimen de los Castro (…)”
Eso es un grave e irresponsable señalamiento. Ello pone a los miles de médicos y profesores que trabajan en Venezuela en la mira de los violentos opositores al proyecto político del presidente Chávez, y, en particular, de los paramilitares colombianos infiltrados en ese país.
Esta forma de hacer prensa hizo de El Tiempo otro general de la guerra.

Delatores y espías
A fines del 2002, el presidente colombiano decidió conformar una "red de un millón de colaboradores civiles" para la guerra contrainsurgente. Hasta la Comisión de Derechos Humanos de la ONU expresó su preocupación, pues así se vinculaba a la población civil en el conflicto. A Uribe Vélez no le bastaban sus miles de narco-paramilitares.
Así llegaron a la cárcel miles de inocentes. Otros fueron asesinados. Cobrar una recompensa y hasta celos de pareja fueron los causantes.
Paralelamente, Uribe Vélez ordenó que en el exterior se crearan redes de informantes, coordinadas desde las embajadas. Así muchos emigrantes fueron vinculados al “espionaje”. Se ha utilizado a los ilegales pues las embajadas, especialmente en Europa, han ofrecido colaborar en su regularización. Los más efectivos han sido los renegados de izquierda, buscando ser funcionarios.
A comienzos de este año el presidente ordenó “buscar” y “acabar” con los “terroristas” en el exterior. Ordenó que las embajadas fueran más efectivas con las redes de espionaje y delación.
Ya se sabe que algunos países europeos han advertido directamente al gobierno colombiano de que no intente agredir a exiliados políticos o residentes opuestos a sus políticas. Ni aunque parezca un “accidente”.
La realidad es que estos delatores y espías deben ser denunciados ante las autoridades de cada país, pues las leyes internacionales lo prohíben. A ellos hay que expulsarles y a la embajada amonestarla.

Hernando Calvo Ospina

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