Sep 30 2012
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Política

¿Bachelet “light”?

Más allá de los silencios de la ex mandataria Michelle Bachelet, hay muchos que ya comienzan a esbozar ideas en torno a un programa de su hipotético segundo gobierno. Si bien la cuestión de su candidatura no ha sido todavía formalizada, no es, en absoluto, descabellado que algunos sectores de la alicaída Concertación insistan en convertir su figura en candidata. | ÁLVARO CUADRA.*

 

De hecho, la actual campaña municipal en marcha está utilizando profusamente su rostro como “marca registrada” de apoyo a los aspirantes concertacionistas.

 

Todo programa de gobierno es, por definición, una declaración y una promesa ante el país sobre los grandes lineamientos y límites del futuro gobierno. Como es obvio, un programa de gobierno intenta “sintonizar” con aquellos asuntos y preocupaciones que los ciudadanos sienten como prioritarios. Si bien las encuestas en nuestro medio han desplazado los temas políticos por aquellos de la vida cotidiana como los más importantes, habría que considerar que las movilizaciones sociales de los últimos años, protagonizadas por jóvenes sujetos a la inscripción automática, podrían modificar dicha tendencia.

 

Las movilizaciones sociales están dando cuenta de una creciente “sensibilidad política”, en el mejor sentido, de algunos sectores de nuestra sociedad. Los reclamos que vienen de los estudiantes, profesores y apoderados, así como las demandas de trabajadores y de regiones no pueden ser soslayados.

 

Esta nueva sensibilidad que caracteriza el presente, encuentra su expresión política más amplia en la demanda de una Asamblea Constituyente como instancia para cambiar la actual constitución. Descartar por anticipado esta demanda ciudadana como mero delirio provocado por el opio, compromete seriamente el carácter democrático de cualquier programa de gobierno posible.

 

Para expresarlo sin ambages, la estrategia de salvaguardar la imagen Bachelet de toda contaminación con ideas de izquierda es, políticamente, muy torpe. Considerando el estado lamentable en que se encuentra la coalición que apoyaría tal candidatura, cerrarse ante los reclamos ciudadanos es la crónica de una muerte anunciada, antes, durante o después de su eventual gobierno.
Pretender una democracia sin el pueblo de Chile es una aberración política mayúscula.

 

En cualquier parte del mundo, luchar por una asamblea de ciudadanos es una justa demanda democrática por los derechos civiles y no una conspiración del comunismo. Mucho más, cuando el orden vigente solo expresa los intereses empresariales de la extrema derecha impuestos por una dictadura militar.

 

En el límite, levantar una candidatura de Bachelet “light”, a la medida de la actual institucionalidad, despolitiza todavía más a la oposición frente a una derecha disfrazada de oveja. La ecuación es previsible: una candidatura tal siempre pierde, aún en el caso feliz de un estrecho triunfo en las urnas, pues como promesa incumplida, solo anuncia un nuevo gobierno de derechas.
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* Semiólogo.
Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. Universidad de Artes y Ciencias (ARCIS), Chile.

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