Ene 8 2010
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Despacito por las piedras

Banco Central o soberanía

Tras adoptar una política de comunicación popular, detonando el oligopolio mediático, y reformar la política electoral, ampliando las posibilidades de democratización y participación popular, la presidenta argentina Cristina Fernández, acaba de detonar el neoliberalismo monetario del Banco Central, colocando las reservas cambiarias al servicio del fondo para el desarrollo interno y el pago de la deuda externa.
A su vez, la mandataria dejó en claro el principio de que la seguridad nacional no se apoya en los dólares acumulados que se desvalorizan día a día, sino en el mercado interno que genera ahorro interno y recaudación para el dinamismo económico nacional sustentable.¡Qué bueno sería que el efecto tango llegara a Brasil, donde el banco Central acumula 250 mil millones de dólares que solo perjudican al país!, cuando podrían estar siendo utilizados en la producción, el empleo, en el consumo y en las inversiones públicas.
Y estas posturas neoliberales cobraran su primer inmolado, el presidente del Banco Central argentino, quien resistió a que el dinero de los argentinos fuera utilizado en beneficio de los argentinos. Martín Redrado, se resistió (con buen apoyo de la oligarquía y los sectores más retardatarios del país) a la utilización de las reservas para formar un fondo financiero oficial destinado a pagar la deuda pública, en lugar del lanzamiento de recursos presupuestaros para ese fin, de modo que el dinero quedara disponible para las inversiones públicas de forma de dinamizar el consumo interno, la producción y la recaudación.
Los periodistas "independientes” y los a sueldo del grupo Clarín fogonean el discurso del juicio político a la Presidenta. Todos a coro reclaman “la autonomía del Banco Central”. Autonomía plasmada por el exministro de Economía Domingo Cavallo, quien redactó la actual Carta Orgánica del Banco Central, como pieza maestra del engranaje liberal que es la Ley de Entidades financieras, creada a tono con el Consenso de Washington en la década infame perpetrada (y presidida) por Carlos Saúl Menem.
La casta opositora no pierde oportunidad de ponerse frente a cuanta cámara y micrófono que apunte contra el gobierno.
La decisión de la Presidenta pone el punto final al principio de independencia o autonomía de los bancos centrales, impulsado dos décadas atrás por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, por imposición de los acreedores internacionales, como arma para garantizar autonomía frente a los gobiernos, que debieron subordinarse a las políticas fiscales y monetarias del neoliberalismo, para atender a las prioridades dictadas por los banqueros trasnacionales. Ya es hora de terminar con esa farsa de la autonomía de los bancos centrales, tan lejos de los gobiernos populares y tan cerquita de los intereses de los banqueros trasnacionales…

 

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