Oct 11 2009
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Opinión

Barack Obama: Nobel de la Paz

Álvaro Cuadra.*

El Nobel concedido al presidente de los Estados Unidos de América se presta a discusiones; para comprender el por qué tanto como para descifrar los contenido de la decisión. El autor propone una óptica mesurada. Dice:
Los grandes líderes políticos se presentan ante la historia con una doble dimensión.

Por una parte, está el cúmulo de logros y realizaciones de las que han sido protagonistas directos o indirectos. Sin embargo, al mismo tiempo, son los portadores de cierta “aura” de dignidad por la que se les reconoce. Más allá de las contingencias, estos líderes han aportado a la humanidad una visión distinta, un nuevo horizonte histórico. Tal ha sido el caso, por ejemplo, Mandela o de Mijail Gorbachov y su Perestroika.

El presidente de los Estados Unidos de América ha sido distinguido con el Premio Nobel de la Paz, precisamente, por ser el portador de un nuevo horizonte para el siglo XXI. Sólo una visión miope y mezquina puede negar el profundo cambio que ha significado el arribo de este primer afroamericano a la Casa Blanca. Sin ninguna exageración, podría decirse que Barack Obama ha restituido la dignidad moral a la primera magistratura de su país. El galardón que se le ha otorgado reconoce, con justicia, un cambio que venía reclamando no sólo su pueblo sino el mundo entero.

Se puede alegar que a nueve meses de su gobierno, todavía no se advierten resultados concretos y tangibles de sus esfuerzos por la paz mundial. Es cierto, el gobierno de Obama se enfrenta a una derecha conservadora más que hostil dentro de las fronteras, asimismo, ha encontrado tropiezos a nivel internacional. Nada de ello, empero, puede opacar el hecho de que estamos muy lejos de aquellos gobiernos genocidas cuyas figuras eran serios candidatos a comparecer ante tribunales internacionales por delitos de lesa humanidad.

Las figuras históricas no suelen ser juzgadas con ecuanimidad por quienes comparten las miserias cotidianas de su gestión: Así ocurrió con Gorbachov.. Solo una mirada amplia y distante puede ponderar adecuadamente el papel que cumplen determinados líderes en la historia. Por ello, no es extraño que a Barack Obama se le reconozca su estatura fuera de su país, mientras  sus índices de popularidad internos decaen.

El Premio Nobel otorgado a Barack Obama es, sin duda, la expresión de una esperanza mundial que le plantea al actual presidente de los Estados Unidos un enorme desafío y una oportunidad: orientar el poderío de su nación hacia la paz. La tarea no es fácil en un país cuyos intereses están comprometidos por doquier, en medio de una crisis económica  planetaria.

Finalmente, el galardón con que ha sido distinguido el presidente Obama es también un voto de confianza frente a la arremetida de sus detractores de derecha. En el mundo entero, incluidos la mayoría de los estadounidenses y muchos latinoamericanos, esperan mucho más de sus esfuerzos para construir un mañana más justo y próspero. Barack Obama, en su calidad de presidente de los Estados Unidos de América es uno de los depositarios principales de una responsabilidad frente a su pueblo y ante la humanidad para construir un mundo de paz. Una responsabilidad que, en rigor, compartimos todos.

* Doctor en Semiología, Universidad de La Sorbona.

 

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