Oct 15 2008
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Opinión

Bolivia: barro contra pico y pala

Andrés Sal.lari*

Tal como ha sucedido semana tras semana en los últimos meses (cuando no años), Bolivia vive momentos definitorios en el transcurso de los próximos días.
 
Miles de campesinos y simpatizantes del gobierno de Evo Morales, caminan sobre la principal arteria de ingreso a La Paz (la ruta que une Oruro con la ciudad sede del Poder Legislativo), con el no declarado objetivo de meter presión social y popular, para que un congreso contaminado por los resabios de las viejas clases dominantes, dé luz verde a la ley de convocatoria al referendum constitucional.
 
Se trata de un factor determinante para la refundación de Bolivia, ya que el referendum es necesario para aprobar la nueva Constitución Política del Estado.
 
Mientras la marea humana recorre casi 200 kilómetros a pie enmarcados por esa belleza impresionante que es el altiplano boliviano -una meseta semidesértica con una altura que oscila entre 3800 y 4400 msnm-, oficialistas y opositores se sientan a negociar en el Congreso de la República en La Paz.
 
La nueva Constitución Política del Estado es el principal punto pendiente en la agenda que el candidato Evo Morales se planteara en su plataforma de gobierno antes de ser elegido presidente a fines de 2005.
 
A poco de andar Hugo Chávez y sus seguidores pudieron dar vida a la República Bolivariana. Rafael Correa y quienes comparten su opción de cambio, sentaron las bases para una nación separada de los principios neoliberales al aprobar recientemente una nueva constitución con más del 60 por ciento del apoyo de los ecuatorianos.
 
El Movimiento al Socialismo y Evo Morales no pudieron hacer lo mismo en Bolivia, el proceso constituyente fue embarrado habilmente por la oposición en Sucre (2006-2007), el texto finalmente fue aprobado aunque sin la presencia de la oposición (noviembre 2007), lo que generó y generá suspicacias en cuanto a su legitimidad.
 
En 2008 pasaron muchas cosas, entre lo más destacado la ratificación del presidente con el 67 por ciento de los votos, un avance electoral impresionante e inedito en la historia del continente.
 
Las bases que lo votaron reclaman por la nueva constitución, el Congreso debe llamar a un referendum para aprobarla, pero en el Congreso no está representada fielmente esa sociedad en la que dos tercios avalan el proceso de cambio que se está llevando adelante.
Y la oposición en el Congreso es de derecha neoliberal, la que gobernó la Bolivia de la exclusión sistémica hasta hace poco menos de 3 años.
 
Ahora se deben negociar alteraciones al texto aprobado en noviembre del año pasado.
 
La oposición trae propuestas, condicionamientos, y lo más importante, varias toneladas de buen barro listos para solidificarse en torno a los cimientos de la vieja república para conseguir que nada cambie.
 
Ampliamos, las propuestas que tiene la oposición son los mismos tópicos neoliberales de siempre, los condicionamientos son ante todo en aquellos puntos donde se pueda generar un quiebre a sus estructuras, y el barro su poder ilegitimo pero legal en el Congreso.
 
Uno de los cuestionamientos principales es el tema de la reelección presidencial, que habilita a cualquier presidente a ser reelecto por un periodo.
 
Si los españoles quieren elegir a Rodríguez Zapatero de por vida, mandato tras mandato pueden hacerlo (no sería lo mismo en el caso de Bolivia, se esta promoviendo un solo periodo), si los estadounidenses quieren elegir (como lo hicieron) a Bush o a Clinton durante dos mandatos no hay problema, lo mismo Argentina, Brasil, Venezuela, el Reino Unido o la mayoría de los gobiernos del planeta.
 
Pero en Bolivia esta siendo un problema este aspecto, me da la impresión de que ocurre porque la derecha vé que gobierna un indio que no comulga con el neoliberalismo.
Otros aspectos que son rechazados por la oposición son la declaración de estado plurinacional, la elección por voto directo de las autoridades judiciales (que de paso han declarado insólitamente que harán campaña abierta por el No) y el bendito tema de la tierra con el que se levanta la bandera del ataque a la propiedad privada (el gobierno quiere que la ciudadanía decida si los latifundios improductivos a ser expropiados tienen que tener más de 5 mil hectáreas o más de 10 mil, la oposición intenta que todo siga como siempre).
 
El sacrosanto principio de la libertad de expresión también es presentado como un obstáculo por la oposición. Según el constituyente del opositor Podemos, José Antonio Aruquipa, la aprobación del artículo 108 -que emplaza a los periodistas a informar respetando principios de "veracidad y responsabilidad"- provocará una justificación constitucional a las agresiones contra periodistas y medios de comunicación.
 
Puro barro, para entender solo un poco cómo es que están operando los medios de comunicación hoy en día en Bolivia, a quien esté interesado/a le ofrezco las siguientes lecturas ( )
Es urgente comenzar a delinear un marco de regulación para que los medios de comunicación no puedan seguir desinformando y manipulando como se les dé la gana en la más absoluta impunidad. La libertad de expresión es otra cosa.
 
Como se ve, la oposición va por todo para que nada cambié, para ello cuenta -en los hechos- con el poder de veto que le otorgan sus escaños.
 
El presidente Evo Morales, encabezó en la localidad de Caracollo, la larga marcha de 190 kilómetros organizada por la Coordinadora Nacional por el Cambio (Conalcam), desde allí hizo un llamado a la oposición para que apruebe la ley de convocatoria al referendum constitucional antes de que la marcha llegue a La Paz (se espera que sea para el próximo lunes).
 
Morales sabe que para romper las estructuras moldeadas una y otra vez con ese barro oligárquico, son imprescindibles los picos y las palas que están en poder de los miles de campesinos que en estos momentos caminan hacia la paz.
 
Sin ellos no podrá derrumbar, remover ni construir los cimientos de la nueva Bolivia.
 
Ellos son, una vez más, los actores definitivos de cara al desenlace de esta parte de la historia de Bolivia.
 
*Periodista argentino. Trabaja en La Paz y El Alto.

 

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