Dic 5 2009
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Política

Bolivia: El gran reto del MAS, avanzar en el proceso de nacionalización

Fernando Molina Cortés*

Doctor en Ciencias Políticas, Luis Tapia participó en el reciente encuentro Memorias en Transición en Madrid. Ha sido uno de los teóricos que participaron en la elaboración de la nueva Constitución boliviana, analiza cuáles son los retos del futuro gobierno de Evo Morales. Las investigaciones de Luis Tapia giran en torno a la creación de un orden político multisocietal, que pretende establecer una ciudadanía igualitaria en condiciones de diversidad cultural.

Para Tapia se trataría de “seleccionar aquellas instituciones, principios y formas de vida política que históricamente han producido igualdad en el seno de cada cultura y eliminar aquellas que han producido desigualdad”. Un auténtico reto en la nueva Bolivia que pretende construirse en base al respeto por los numerosos pueblos originarios que la habitan.

¿Qué retos tiene el partido de Evo Morales (MAS) ante una más que posible nueva legislatura?
– El gran reto del MAS será avanzar en el proceso de nacionalización de los recursos naturales, lograr emplear ese excedente recuperado en inversión pública que permita no sólo desarrollar la misma industria de los recursos naturales, sino que también garantice una adecuada diversificación de la economía hacia otras áreas. En este proceso el Gobierno ha sido muy lento, y además ha estado entorpecido también por un importante caso de corrupción.

-¿Crees que habrá alguna profundización en los mecanismos de participación ciudadana?
-El MAS es el más interesado en que se mantenga un sistema de democracia representativa porque eso es lo que le da poder. Así puede continuar siendo el mediador entre una diversidad de organizaciones campesinas, indígenas y de otros trabajadores, con el Estado. Por eso creo que no hay visos de que el Gobierno se preocupe mucho de ampliar la democracia a otros espacios. La tendencia va a ser la de consolidar un sistema de partidos, que al menos hoy en día están mucho más sintonizados con el resto de la sociedad, entre otras cosas porque una parte de ellos van a resultar de alianzas con sectores populares que tienen una dinámica paralela de democracia directa.

-¿Puede haber de nuevo movilizaciones sociales si el Gobierno no responde a las demandas?
– Si no se obtienen resultados al respecto, es probable, porque si bien el MAS tiene esta red de alianzas con las organizaciones, la fuerza organizada para movilizar no está en el MAS sino en las propias organizaciones, que siguen siendo autónomas.

¿Crees que la Constitución plasma todos los deseos de cambio en este período de transición?
– La nueva Constitución no plasma todo. De hecho, la reorganización del país que demandaron muchos grupos sociales, como por ejemplo la Coordinadora del Agua, no está incluida en el nuevo texto, entre otras cosas porque el texto final es resultado de un duro proceso de negociación. La reforma agraria es una de esas propuestas sustantivas que han quedado fuera. Mientras los terratenientes puedan mantener sus latifundios, conservarán las condiciones básicas para mantener su poder.

Por eso creo que por un tiempo va a haber una Bolivia dividida entre ciertos territorios gobernados por un bloque social representado por el MAS y su red de alianzas, y otros territorios gobernados por el viejo bloque de gobernantes de origen terrateniente y empresarial. En lo que sí se ha avanzado con esta Constitución es en el reconocimiento de la diversidad cultural.

Otro avance logrado es que indígenas, campesinos y otros trabajadores están en el Gobierno. Algunas organizaciones ven que ésta es una fase de implementación de una nueva Constitución y con eso están satisfechas. Otras piensan que es una fase previa para avanzar hacia otras reformas. Gran parte piensa que a pesar de que el texto no incluía lo que demandaban los movimientos, era necesario aprobarla, pues las presiones de la oposición bloqueaban todo, y aprobar un nuevo texto era pasar a una nueva situación legal de legitimidad a partir de la cual se podían hacer más avances. Hay que entenderla también dentro de ese contexto.

-¿Se han logrado con la nueva Constitución avances respecto a la profundización en una democracia participativa y asamblearia?
-Lamentablemente, la versión de Estado plurinacional mencionada en el artículo 2 de la Constitución no ha desarrollado específicamente formas asamblearias, sino que se mantiene la división de poderes anterior y sigue privilegiando la vía de partidos para la representación política. Sin embargo, hay una larga experiencia en Bolivia de hacer política fuera del sistema de partidos. Allá donde ha habido estructura comunitaria, la gente siempre ha decidido colectivamente y lo va a seguir haciendo. Yo diría que hasta hoy eso sigue pesando, es decir, los partidos están ahí para legalizar lo que se ha decidido fuera. Antes lo decidían las corporaciones empresariales, ahora tienen más peso las organizaciones populares.

El autogobierno siempre ha existido incluso en tiempos de la colonia, con la diferencia de que antes eran desconocidos y ahora tienen rango constitucional. Aunque lo cierto es que es el MAS el que verá si las propuestas son viables o no, y muchas de las que se materializan lo hacen en forma de versiones menos radicales que las propuestas originales ya que, por un lado, puede que tengan que ser negociadas con la oposición o incluso porque la visión del MAS del proceso de cambio es más moderada.

¿Son las autonomías indígenas reconocidas en la nueva Constitución una forma de reconocer ese territorio de autogobierno?
– En principio, la idea de plurinacionalidad no hablaba de las autonomías como base del Estado. Ha sido la demanda de la oligarquía lo que al final ha hecho que el Estado plurinacional esté basado en las autonomías. A raíz de la crisis del Estado anterior, consecuencia de las luchas contra la privatización de los servicios públicos llevadas a cabo por organizaciones de origen popular, la estrategia de los grupos oligárquicos de poder regional fue demandar las autonomías departamentales. El objetivo era boicotear la nacionalización de los recursos naturales e impedir la creación de una Asamblea Constituyente.

La lucha política ha sido tan intensa que, finalmente, se ha aprobado una nueva Constitución que, a pesar de que define al Estado boliviano como plurinacional, lo hace sobre una cancha que ha sido rayada por la oligarquía, ya que para las organizaciones indígenas la división en autonomías no formaba parte de su proyecto político. Fue para hacer frente a la autonomía departamental cuando se propuso autonomía indígena para así contrarrestar la demanda de la oligarquía. La reflexión fue: si ellos están reclamando autonomía departamental, tendrán que aceptar también la autonomía indígena. Al final se han reconocido ambas.

– ¿Y qué grado de aceptación ha tenido el Estado plurinacional en los pueblos originarios?
– Parece que la misma idea de la autonomía indígena tiene varias interpretaciones. Algunos pueblos indígenas ven la autonomía sólo como un paso intermedio para recuperar sus territorios. Pero a la vez esto va a generar conflictos entre los mismos pueblos indígenas a la hora de delimitar sus territorios. Creo que la reforma actual está en una fase de reconocimiento de la diversidad de naciones, de culturas. Quedan pendientes pues otras fases para completar ese Estado plurinacional. Donde más se ha avanzado es en el poder judicial, pues sí se ha concretado la jurisdicción de la justicia comunitaria.

¿Qué base tiene el discurso empleado por las oligarquías del oriente, según el cual los pueblos del oriente configuran la Nación Camba? ¿Existen los camba como pueblo o nacionalidad?
-Es un invento. Las oligarquías regionales siempre han intentado crear una identidad regional fuerte para intentar disputar cuotas de poder al Gobierno central. La idea de Nación Camba es una nueva forma de politizar esta identidad para contraponerse a la nación quechua y aymara. Hasta hace bien poco el término camba se empleaba para nombrar de modo peyorativo al indio de las tierras bajas de las regiones orientales. Ahora las mismas élites regionales lo emplean para articular la base social que precisan. Pero no existe una homogeneidad ni cultural ni étnica bajo ese nombre.

-¿Y crees que les está funcionando la estrategia?
-: Durante mucho tiempo esas oligarquías han pretendido ser las representantes de la región oriental, y tenían éxito pues no había fuertes organizaciones que les disputen esa representatividad. Pero el año pasado, cuando las oligarquías lanzaron una ofensiva contra el Gobierno central, atacando sus instituciones y las sedes de los sindicatos campesinos, la reacción en el país fue fuerte.

Se dieron cuenta entonces de que ahora sólo controlan las ciudades capitales del oriente, porque en el campo hay una extensa red de organizaciones campesinas e indígenas con capacidad para mover solidariamente a la gente. Es, pues, una oligarquía cercada por el mundo indígena y campesino, su poder se localiza sólo en las grandes ciudades de la región oriental. Y esto antes no lo habían sentido.

El Estado plurinacional
– La idea del Estado plurinacional no es nueva. Ha venido siendo elaborada desde hace tiempo de manera colectiva y es convergencia de un proceso que comienza en la crítica que en los años ‘70 hicieron los kataristas, intelectuales de origen aymara, a la idea de homogeneizar todo el país, surgida del nacionalismo del periodo revolucionario de los ‘50.

Esta crítica iría madurando a finales de los ‘80 gracias a la mayor organización de los pueblos de las tierras bajas (guaranís, chiuriguanos…) que habitan desde la Amazonía hasta el sur de Bolivia, los cuales empiezan a reivindicar la multinacionalidad y la multiculturalidad del país, más allá de los ya reconocidos aymaras y quechuas. Una de las claves es que con él no sólo se reclama reconocimiento de identidad cultural, de la lengua y de la memoria, sino también un reconocimiento del territorio como espacio de autogobierno.

* Periódico Diagonal, España
 

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