Oct 10 2006
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Opinión

Bolivia. – PELIGRO DE GOLPE Y RIESGO DE LAS PROFECÍAS

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Fuentes confiables del alto gobierno boliviano, que pidieron el anonimato, revelaron que el primer intento de golpe de Estado contra Evo Morales está planeado para este miércoles, 11 de octubre. El uso de francotiradores en la matanza de Huanuni, que causaron siete muertos, indica la participación de los golpistas en los disturbios mineros. Militares chilenos estarían involucrados en la conspiración.

1. Buscando Generales matones

Hace algunas semanas, oficiales de la policía boliviana se acercaron a generales de las Fuerzas Armadas de Bolivia (FAB), investigando su disposición para dar un golpe de Estado conjunto. Tal como sucedió en el caso chileno con el general constitucionalista René Schneider, y en Venezuela con el general Raúl Baduel, también en Bolivia uno de los militares claves para el éxito de la asonada, se negó a participar e informó al presidente. Ahora siguen los preparativos sin él. Y siguen los anuncios en la radio que elogian al “ejército patriótico que mató al Che Guevara y la subversión”.

Los militares nunca dan un golpe de Estado en el aire, me dijo hace siete años el amigo general Alberto Mueller Rojas, hoy día, miembro del Estado Mayor Presidencial de Hugo Chávez. Es esta lógica que se observa desarrollar actualmente en Bolivia. Todo un bloque conspirativo compuesto por diferentes fuerzas sociales y estatales trabaja aceleradamente para acabar con el presidente Evo Morales.

2. La conspiración institucional

Los prefectos (gobernadores) de los estados energéticos y separatistas Beni, Pando, Santa Cruz de la Sierra y Tarija promueven la conformación de los llamados comités civiles, que son las cabezas de lanza de la subversión política visible. Tanto los prefectos como los comités cívicos han entrado en franca rebelión contra el gobierno constitucional de Evo Morales, al declarar que “no acatarán la Constitución Política del Estado emergente de la Asamblea Constituyente, en caso de que esta no sea aprobada en todos sus artículos por los dos tercios de votos?”de los constituyentes. Advierten avanzar en las autonomías departamentales, si no se cumple esa condición suya.

Cuentan, por supuesto, con el apoyo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación –tan reaccionaria y corrupta como sus demás homólogos burgueses en el mundo– que le proporciona a la insubordinación la apología del delito.

Ante la reciente declaración de la Asamblea Constituyente de considerarse “originaria, plenipotenciaria y funcional”, es decir, no restringida en su construcción del nuevo Estado por la normatividad existente, los magistrados sostienen la posición de los prefectos facciosos. Dictaminan que según el derecho constitucional el poder de la Asamblea Constituyente no es originario-fundacional sino derivado-reformador y, por lo tanto, subordinado a la legislación vigente que exige los dos tercios de los votos.

3. La conspiración social

Los comités civiles cuentan con el financiamiento de sectores empresariales y la colaboración de altos oficiales de la policía; por ejemplo, coroneles. Sus actos son inflados y promulgados por los medios de comunicación privada, muchas veces con los patrones de la propaganda fascista que se usan en Venezuela contra el gobierno de Hugo Chávez. Algunos de los más importantes medios están en manos de magnates capitalistas con fuertes inversiones agrícolas en las provincias separatistas y que temen la reforma agrícola del gobierno.

En lo social, las asociaciones de padres de familia –por lo general reaccionarias y controladas por la Iglesia en América Latina– en alianza con sectores del magisterio y los colegios y universidades privadas promueven paros, bloqueos y manifestaciones contra el gobierno. Sectores energéticos tratan de generar escasez de diesel y gasolina, a fin de producir malestar entre la población.

4. El modelo de Chile

Al igual que en Chile, los transportistas tienen la función de quebrar la economía y la paz pública con un paro nacional, convocado para el miércoles de la próxima semana, con la intención de hacer confluir todos los sectores anti-gubernamentales en un gran frente desestabilizador.

Refiriéndose explícitamente al paro subversivo de los transportistas chilenos contra Salvador Allende (1972), financiado por la CIA estadounidense, Evo Morales calificó hace tres días al paro boliviano como un paro ideológico: “Es la lucha del poder”, dijo el líder popular y dejó claro lo que está en juego: “o los grupos gamonales (elite, H.D.) , o los movimientos populares”.

Tiene toda la razón Evo, como revelan los documentos del Church Committee (1976) y las recientes memorias del líder militar de la organización fascista chilena Patria y Libertad, Roberto Thieme, sobre su colaboración subversiva con la marina de guerra y los transportistas chilenos en la destrucción del gobierno de la Unidad Popular.

5. El costo político de Huanuni

Aprovechando el enfrentamiento armado entre cooperativistas y asalariados mineros en Huanuni, Departamento de Potosí, que ha dejado alrededor de quince muertos y más de cien heridos, la Central Obrera Boliviana (COB) y la Central Obrera Regional (COR) de El Alto, se desplazan peligrosamente hacia este frente desestabilizador y antagónico al gobierno, mientras la Federación Nacional de Cooperativistas Mineros (Fencomin) rompió su alianza política con el Movimiento al Socialismo (MAS), el partido de gobierno.

El conflicto de Huanuni es de origen económico. Se produjo por el intento de unos cuatro mil cooperativistas mineros de la Fencomin, clientela del Ministro de Minería Walter Villarroel, de quedarse con la explotación de la más rica mina de estaño de Bolivia, Posokoni, expulsando de manera violenta a unos mil mineros asalariados de la empresa estatal COMIBOL.

La Fencomin es una organización pequeñoburguesa depredadora que bajo los débiles gobiernos de Carlos Mesa y Rodríguez Veltzé se convirtió en un poder económico y político expansionista y antiético. Ya en mayo y junio del 2004, tomó las minas de Caracoles y Colquiri, desalojando por la fuerza a los mineros estatales y sus familias.

El gobierno de Evo fue sorprendido por la violencia en Hunani. Y ante la disyuntiva de matar a mineros con las fuerzas armadas, por una parte, o de ser acusado de negligencia y ausencia del Estado, por otra, pasaron alrededor de 30 horas de respuesta energética, que se convirtieron en una bonanza propagandística y política para la derecha. Esta aprovechó al máximo su hegemonía en los medios de comunicación y, muy semejante a la manipulación mediática durante los días del coup d´etat en Venezuela (2002), ha golpeado incesantemente al gobierno.

6. La Falange internacional

En Bolivia se sigue minuciosamente el manual de la subversión estadounidense. La máquina facciosa es lubricada con dinero, patrones propagandísticos y programación política-paramilitar por el imperialismo estadounidense que después del 11 de septiembre de 2001 puso a Evo Morales en la lista negra que usan las fuerzas de seguridad de Estados Unidos para rastrear a “terroristas”.

Los cómplices de la Unión Europea y las transnacionales energéticas complementan la falange subversiva. “BP-Tony”, primer ministro británico y agente político de la British Petroleum, ha instigado a las empresas energéticas del Reino Unido que no inviertan en el gas de Bolivia.

Lo que Tony Blair hace en lo oscurito de Downing Street 10, la transnacional brasileña-internacional, Petrobrás, lo hace con obscena transparencia. Administrada, de hecho, por los banqueros de Wall Street y la City en Londres, ha desplegado una actitud depredadora y neocolonial frente a Bolivia y los demás países latinoamericanos, que hace palidecer el comportamiento de algunas otras transnacionales occidentales. A semejanza de la Repsol, y antes PdVSA, es esencialmente una fachada para la penetración de la petrocracia y el capital financiero anglo-estadounidense, con una despiadada política neocolonial, que requiere urgentemente la organización de un boicot de todos sus productos en toda América Latina, para quebrar su parasitaria tecnocracia chovinista-imperial y, también, para fortalecer a Lula.

La desaparición forzada de Jorge Julio López en Argentina evidencia de nuevo una ominosa verdad, que la opinión pública latinoamericana no quiere escuchar y, mucho menos, reconocer: que el poder de las oligarquías criollas sigue intacto en toda Suramérica. Y que, como escribí en un artículo anterior, no ha sido tocado ni será tocado seriamente por los gobiernos desarrollistas de la región.

Parte esencial de este poder son los militares y las redes continentales del terrorismo de Estado de Washington, que en muchos casos son las de la Operación Condor. El reciente intento de asesinato del Presidente Chávez en el Zulia, en el cual el sicario logró escapar a Colombia, al igual que la participación de militares chilenos en reuniones de los conspiradores bolivianos, evidencia este escenario.

Chile tiene, por supuesto, un vital interés en mantener el suministro del gas boliviano a precios bajos, interés contra el cual atenta, como en el caso de Petrobrás y Repsol, la política de Evo de recuperar las condiciones de comercialización de los hidrocarburos nacionales.

7. Abortar el golpe de Estado

Todos quieren remover al indio Evo que perturba los negocios, al igual que al negro Chávez en Venezuela. Para Chávez, después del golpe militar fracasado, el medio de “remoción” seleccionado es el veneno o el accidente. En Bolivia, los gamonales y sus padrinos imperiales coinciden en que un golpe militar podría ser el medio adecuado. Solo que un golpe militar, como dice el amigo Mueller Rojas, no se puede dar en el vacío. Lo que vemos en Bolivia es el intento de la derecha mundial, de llenar este vacío.

Pero, el golpe militar es como el asalto bancario: solo tiene exito si conserva el momento de la sorpresa. Este momento lo han perdido los subversivos bolivianos. Es un deber ético divulgar su proyecto golpista de la manera más amplia posible, para abortarlo.

Hoy, más que nunca, la Revolución boliviana necesita nuestra solidaridad mundial.

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* Periodista especializado en asuntos geopolíticos.
En el periódico digital Rebelión (www.rebelion.org).

Addenda
POR LA RAZÓN O EL MIEDO

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Tal vez mera coincidencia –aunque, según se dice, las coincidencias no existen– sea la “bombástica” información que difundieron el lunes nueve de octubre con fruición espcialmente los medios audiovisuales chilenos: Bolivia artillaba sus fronteras con apoyo logístico y militar venezolano.

La Moneda, a decir verdad, descartó tajante la histeria que algunos quisieron desatar. Evidentemente es una campaña más anti venezolana que en contra de Bolivia, pero tampoco conviene descartar que fuere, y lo podrá demostrar el pasar de los días, simplemente el inicio “duro”una campaña anti Bachelet.

Que esa información coincida en el tiempo con lo aseverado por Heinz Dieterich es, naturalmente, una casualidad.

Wilson Tapia*

No pasa un día sin que algún horror nos amenace. El miedo se ha transformado en el gran aliado de la razón del poder. Al parecer la presidenta Michelle Bachelet ha resultado más molesta de lo que se esperaba. Barrunto que su condición de mujer no está ajena a tal realidad. Hay que tratar de hacerla entrar en cintura. Y en eso están quienes desean unificar poder político y económico. Lo que significa que la derecha recupere el gobierno que perdió al término de la dictadura del general Pinochet. La estrategia tiene a los medios de comunicación como imbatible carro de guerra.

Ahora resulta que Bolivia se ha transformado en un enemigo temible. Y como detrás de esta amenaza estaría el presidente venezolano Hugo Chávez, el peligro es inminente. El próximo martes (hoy), los ministros de Relaciones Exteriores, Alejandro Foxley, y de Defensa, Vivian Blanlot, tendrán que ir a la Cámara de Diputados. Deberán explicar el alcance de un acuerdo venezolano boliviano. Gracias a tal convenio, la nación vecina podrá construir puestos militares en las fronteras de los cinco países que la circundan: Brasil, Perú, Argentina, Paraguay y Chile. Será un último esfuerzo por evitar que la señora Bachelet se incline por Venezuela como el nuevo integrante latinoamericano no permanente al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Hasta ahora, sólo Paraguay ha mostrado inquietud. Incluso, algunos medios de ultraderecha guaraníes han llegado afirmar que “Bolivia se prepara para atacar al Paraguay”. Curiosamente, en fecha reciente ese país aceptó la instalación de una base militar norteamericana en su territorio. La explicación fue que se trataba de frenar el contrabando. Por simple coincidencia, la presencia de los soldados estadounidense en suelo paraguayo se produjo justo después de que Evo Morales ganó la Presidencia en Bolivia.

En otra coincidencia afortunada, El Mercurio incluye, como titular principal de su edición del domingo 8 de octubre, “La alianza Chávez-Evo que complica voto de Chile en la ONU”. En su nota da a conocer el contenido del acuerdo de cooperación militar entre Venezuela y Bolivia.

En un extenso análisis, el diario cita opiniones de expertos en seguridad chilenos que muestran su preocupación por el convenio. No entrega la identidad de los entrevistados. Una estratagema muy utilizada por los medios cuando quieren ocultar su fuente o, lisa y llanamente, carecen de ella. El documento que publica El Mercurio no ha sido desmentido. Si es auténtico, se trataría de un golpe periodístico de proporciones, ya que ni siquiera medios de La Paz habían conseguido conocerlo. La duda es cómo se obtuvo.

Está claro que un escrito de tal naturaleza difícilmente caería en manos de reporteros extranjeros. Y, que se sepa, los aparatos de inteligencia chilenos no tienen tal expedición, ni sería reporteril su misión si la tuvieran. En cambio, para la Central Inteligence Agency (CIA) ese es trabajo rutinario. Que el diario chileno se beneficie de tal aporte resulta coherente y nada novedoso. La indefinición de Chile entre Guatemala o Venezuela para el puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU no es indiferente a Washington.

Hoy (lunes 9) El Mercurio recoge la siembra de su nota de ayer. Trae variadas opiniones contrarias al apoyo a Venezuela por su “intromisión” en Bolivia. Y, entre ellas, la del ex comandante en jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre.

Frente a este punto, es necesario resaltar el papel que está jugando este diario en el relanzamiento de una hasta ahora alicaída oposición derechista. Luego de que Sebastián Piñera perdiera la presidencial ante Michelle Bachelet, la ciudadanía fue tajante. Las encuestas eran inmisericordes. Mostraban un apoyo muy bajo para la Alianza por Chile. Y dentro de ésta, las distancias entre Renovación Nacional (RN) y la Unión Demócrata Independiente (UDI) eran cada vez mayores y altisonantes.

Eso empezó a decrecer con la llegada de Cristián Zegers Ariztía a la dirección mercurial. Hoy, la agenda noticiosa la sigue imponiendo El Mercurio, pero ahora se nota una intencionalidad política mucho más definida. Un claro ejemplo de ello es el caso del voto para el Consejo de Seguridad de la ONU. La sincronicidad entre las acciones parlamentarias y la arremetida del diario, no es casual. Y obedece a una estrategia diseñada desde el periódico, donde la mano de Zegers se nota brillante.

Hasta antes del cambio de director El Mercurio orientaba sus análisis de contenido político al incremento de la violencia, a un supuesto aumento de la corrupción y a errores gubernamentales variados. Pero era mezquino en la creación de información. No marcaba caminos –a excepción de la seguridad ciudadana– que los políticos derechistas siguieran. Ahora eso a cambiado.

A siete meses de haber asumido el gobierno, la presidenta Bachelet enfrenta fuego cruzado. De la derecha, que quiere acentuar los beneficios con que hoy cuenta, a través de rebaja de impuestos y flexibilidad laboral, mientras espera recuperar el poder político. De miembros de su propia coalición, que desean probar hasta donde pueden llegar en sus exigencias imponiendo sus puntos de vista y, por esa vía, hacerse de la conducción de la coalición gubernamental.

En el trasfondo de todo está la posibilidad de generar nuevas alianzas. De allí que el “caso Venezuela” haya servido para lanzar cantos de sirenas derechistas hacia los barcos democratacristianos. En medio de este coqueteo, Gútenberg Martínez ha tenido un papel descollante. El presidente de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA) y esposo de la presidenta de la DC chilena, Senadora Soledad Alvear, sostiene que si Chile vota por Venezuela se deberá “hablar de un antes y un después”. Una alusión apenas velada a la posibilidad de un fin abrupto de la Concertación de Partidos por la Democracia. Tal aseveración la hizo a un periódico de la cadena El Mercurio.

En este caso, el miedo nuevamente está apoyando a la razón de lo políticamente correcto. Mientras tanto, se escuchan voces que aseguran que el actual gobierno ha sido sobrepasado por las protestas sociales. La oposición afirma que por falta de carácter de la presidenta. La verdad puede ser distinta. En democracia, los procesos sociales también tienen su tiempo y finalmente éste se cumple. Pero nadie debería equivocarse creyendo que la administración Bachelet es de corte socialista a la vieja usanza. Lejos de ello. La presidenta está administrando un modelo neoliberal y lo sabe.

Por el momento estamos en plena etapa del miedo. Cuando se acabe el capítulo de Chávez y la ONU, volverá la violencia y la seguridad ciudadana, el desborde de las tensiones sociales. Y vendrán otros temas. Lo concreto es que hoy resulta atendible la idea de cambiar el lema del escudo nacional. Ese: “Por la razón o la fuerza”, ahora debería ser “Por la razón o el miedo”.

Lo que sigue igual es quienes se benefician de la fuerza y del miedo.

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* Periodista. Artículo en el periódico digital Por la libre (www.porlalibre.or).

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