Jun 26 2010
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Opinión

Brasil se alista para el combate

Mark Weisbrot.*

Hace cuatro años, cuando el gobierno de Evo Morales renacionalizó su industria de hidrocarburos, los medios brasileños andaban buscando pelea. Después de todo Petrobrás, la compañía brasileña de petróleo y gas, tenía grandes intereses allí. Pero el presidente Lula da Silva estaba calmado. “No me he peleado con George W. Bush”, dijo a la prensa. “¿Por qué voy a pelear con Evo?” Dentro de cuatro meses, Brasil elegirá a un nuevo presidente.

 

El principal candidato de la oposición, José Serra, del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB), ha mostrado más interés en este tipo de pelea. El mes pasado declaró: “Entre 80 y 90 por ciento de la cocaína que hay (aquí) viene de Bolivia… ¿Creen ustedes que Bolivia puede exportar 90% de la cocaína que se consume en Brasil sin que el gobierno sea cómplice? Imposible. El gobierno boliviano es cómplice de esto”.

Él también ha atacado los esfuerzos de mediación de Brasil y sus relaciones con Irán, e indicó que debilitaría Mercosur, el bloque comercial regional sudamericano. Serra compite contra la candidata del Partido de los Trabajadores, Dilma Roussef, quien fue ministra de Energía y jefa de personal del presidente Lula, y que defiende con fuerza la política exterior del gobierno.

La derecha brasileña también ha sido hostil a Venezuela. Senadores derechistas han bloqueado su ingreso al Mercosur durante más de tres años y la derecha se ha unido a campañas de propaganda encabezadas por EE.UU. contra el presidente venezolano Hugo Chávez. De manera muy parecida a EE.UU. los principales medios de prensa han presentado una caricatura de Venezuela y del gobierno de Chávez, con alguna influencia en la opinión pública.

Hasta el momento Serra ha evitado atacar a Venezuela, quizás porque sabe que Chávez pudiera devolver el golpe y subrayar esos temas de política exterior mucho más de lo que él quisiera en la campaña. En elecciones durante los últimos años en Perú, México, El Salvador, Nicaragua y otros países, los candidatos derechistas –exitosamente en los dos primeros— realizaron su campaña literalmente contra Chávez, como si este fuera su oponente. Es improbable que el PSDB quiera que esto sea el centro de su campaña; no atraería a muchos electores brasileños.

Es más, el PSDB puede que esté caminando por una cuerda floja. Ha habido una enorme transformación en Latinoamérica, en especial en América del Sur, durante la última década. La región se ha hecho mucho más independiente de EE.UU. y se ha beneficiado claramente de este enorme cambio histórico. Aunque hay una parte poderosa de la élite política y mediática brasileña que se siente incómoda con estos cambios y preferiría que la situación volviera a una relación más estrecha con Washington, esto es riesgoso. El PSDB no quisiera ser percibido como contrario a esa transición histórica.

Incluso con respecto a Bolivia, la mayoría de los electores a los que está tratando de llegar el PSDB probablemente comprenderían que no tienen sentido atacar a Bolivia por el tráfico ilegal de drogas en Brasil. El gobierno de Evo Morales ha luchado contra el narcotráfico con más esfuerzo y menos corrupción que sus predecesores; existe una clara distinción para el gobierno de Morales entre la coca, que es un suave estimulante legal, parte de la cultura boliviana durante siglos, y la cocaína.  Pruebe a decir a los norteamericanos que renuncien al café.

Si Brasil quiere reducir el narcotráfico encontrará en Bolivia un socio dispuesto. Si el fracaso de Washington durante décadas en su llamada “guerra a las drogas” ha demostrado algo es que el narcotráfico es abrumadoramente un problema de demanda, y la erradicación de una fuente de materia prima provoca traslados geográficos en la producción.

No está claro si tendrán más éxito los ataques de Serra a los esfuerzos diplomáticos de Lula en el Medio Oriente. El acuerdo de intercambio de combustible nuclear que Brasil y Turquía negociaron con Irán el mes pasado fue un avance histórico de diplomacia internacional. Es también lo que Obama había pedido a Lula que tratara de lograr apenas tres semanas antes, aunque el gobierno brasileño tuvo que filtrar una carta de Obama para demostrarlo, cuando la secretaria de Estado Hillary Clinton reaccionó con hostilidad ante el acuerdo.

No obstante, el resultado final es que Brasil ayudó a preservar un espacio para un acuerdo negociado en momentos en que la administración Obama estaba cediendo a presiones de elementos derechistas en el Congreso, los cuales quieren que él abandone esta estrategia, escalando así la oportunidad de una confrontación militar. Y aunque algunos columnistas gatillo-alegre lloriquearon, la administración Obama finalmente tuvo que aceptar los esfuerzos de Brasil sin siquiera insinuar que las relaciones norteamericano-brasileñas se verían afectadas negativamente.

José Serra no es por naturaleza un político derechista; como ministro de Salud se enfrentó a poderosas compañías farmacéuticas extranjeras apoyadas por EE.UU. a fin de garantizar precios menores para medicamentos genéricos esenciales. ¿Entonces por qué él y su partido promueven tal política exterior derechista?

Probablemente la respuesta sea que la economía ha estado mejor durante los ocho años de Lula que durante los ocho años anteriores del PSDB, incluyendo su crecimiento. Con grandes incrementos en el salario mínimo, una expansión del programa de la “bolsa familiar” para los pobres y un crédito hipotecario para los compradores de casas con pocos recursos, no será tan fácil realizar una campaña acerca de temas económicos contra Dilma y el Partido de los Trabajadores.

Los republicanos en EE.UU. desde hace mucho trataron de atraer a los electores indecisos sobre la base de temas no económicos, incluyendo la pretensión de que su partido es algo más “firme” en política exterior. Fue la mejor estrategia que encontraron para la mayor parte de las últimas cuatro décadas, y por supuesto, cuando la recesión hizo que esos electores centraran su atención en los temas económicos en 2008, lo perdieron todo. Pero Brasil no es Estados Unidos.

Lula y su ministro de Relaciones Exteriores Celso Amorim han presentado muy bien su posición para evitar otra guerra horrible e innecesaria en el Medio Oriente; y a favor de los beneficios de la solidaridad, la independencia y la integración regional en Sudamérica. Este mensaje positivo es más probable que obtenga los votos en Brasil.

* Co-director del Centro para la Investigación Económica y Política con sede en Washington, D.C.
En http://progreso-semanal.com —que cita como fuente al periódico inglés The Guardian
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