Sep 29 2010
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Política

Cambio en la calidad política de la situación venezolana

Néstor Francia.*

Se abre un debate en el campo revolucionario sobre ideas y tendencias, y responder primero a una pregunta: ¿la sensación popular es de triunfo? Para ese debate resulta interesante el aporte de la Vanguardia Obrera Socialista. Los medios periodísticos del Estado deben ponerse al servicio de ese intercambio para frenar los riesgos que implica la nueva realidad de la situación política, que bien pudiere sintetizarse en la siguiente disyuntiva: ¿Conciliación o radicalización democrática?

Ayer finalizamos nuestro informe de la siguiente forma: “No hay manera de que este análisis se acabe hoy. Pero descansemos hasta mañana”. Igualmente afirmamos, y sostenemos, que el dato principal de la lectura es la constatación de la victoria popular, aunque igualmente señalamos que “sería estúpido menospreciar que la oposición contrarrevolucionaria está vivita y coleando, y que no la hemos demolido. Obtuvo una cuota de diputados superior a sus propias expectativas, con una cantidad de votos que le permitió un empate técnico en términos absolutos, impidió que alcanzáramos la mayoría calificada y, sobre todo, demostró disponer de una base social que, aunque no se moviliza en las calles, sí constituye una votación sumamente dura, casi que inconmovible, lo cual nos plantea retos nada desdeñables”.

Es decir, no basta con cantar victoria ni se piense que el análisis se agota allí. El cambio de calidad de la situación política en Venezuela, a partir del 26-S, es evidente y negarse a ello nos llevaría a cometer nuevos y más graves errores que los que ya hemos cometido. Este cambio de calidad incluirá necesariamente el interesante debate que se ha iniciado en el campo revolucionario, en las redes, en las páginas revolucionarias, en diversos medios, y donde está tomando parte, de manera muy auspiciadora, la clase obrera organizada.

Hay que exigirle a la dirección del PSUV que este debate no solo sea garantizado, en el sentido de que se dé sin cortapisas y de manera libre, sino además que sea tomado en cuenta para el trazado de las políticas, y que no sea puesto de lado por algunos que se conforman con la “victoria incompleta” o que no tienen interés, por diversas razones, en que muchas cartas sean puestas sobre la mesa.

En cuanto a nosotros, en tanto comunicadores, hemos dicho más de una vez que tenemos un profundo compromiso con la revolución, con el socialismo, con el pueblo, con el comandante Chávez, mas también e invariablemente con la verdad. Como dice Alan Woods, refiriéndose a los resultados del 26-S: “Subestimar la fuerza del enemigo y exagerar la fuerza propia es un error muy peligroso tanto en la política como en la guerra. La Revolución no necesita ilusiones endulzadas sino la verdad”.

El análisis de lo que ocurrió el domingo es sumamente complejo y no puede ser despachado con frases hechas. Para empezar es cierto, parcialmente, lo que expresó el camarada dirigente obrero Stalin Borges cuando declaró que “la sensación popular no es de triunfo”. Ciertamente muchos camaradas andan algo decaídos, quizá porque no logramos la meta que se nos había propuesto, tal vez afectados por la intensa campaña de la oposición y la canalla mediática en el sentido de que ellos obtuvieron la victoria y nosotros estamos derrotados, lo cual no es verdad.

Por supuesto, no es tampoco que “nos la comimos”. No los demolimos y ellos han ganado nuevos espacios políticos que hemos perdido nosotros, y esto viene ocurriendo desde al año 2007 ¿Pero quién dijo que esto era fácil, rápido o un camino de rosas, sin obstáculos, sin dificultades, sin contratiempos?

Hoy más que nunca hay que repetirles a esos camaradas que se sienten debilitados en su moral la justa frase: ¡Aquí no se cansa nadie, aquí no se rinde nadie! No es momento de echarse al desespero ni a la desilusión, sino de levantar nuestras banderas en alto y seguir adelante con firmeza, con convicción, con entereza, con optimismo, porque la verdad, la justicia y el pueblo pobre están de nuestro lado.

Reflexionemos en torno a lo ocurrido, analicemos, debatamos, pero como dijo alguna vez un dirigente de nuestra industria petrolera, hay que cambiar los cauchos con el carro rodando. No decaer en la lucha, no descansar, y hacer valer en la mente y en los corazones la consigna ¡Patria Socialista o Muerte, Venceremos!

Ahora bien, el debate interno es complicado, porque no se trata solo de un debate de ideas, sino también, y sobre todo, de un debate entre tendencias, donde está implícita, por supuesto, la lucha de clases.

Algunas ideas que están sobre el tapete

Una interesante declaración publicada ayer por Vanguardia Obrera Socialista, que es la vanguardia de los trabajadores petroleros de Venezuela, la tendencia que dirigió la gran victoria sindical revolucionaria en PDVSA, se titula notablemente “Las elecciones parlamentarias en Venezuela – Reconocer el desgaste para poder avanzar”. Recomendamos su lectura (la leímos ayer, publicada en Ultimas Noticias), pues es un buen insumo para el debate. Veamos algunas de sus muy incisivas afirmaciones:

“Se evidencia así una característica principal de esta Revolución: El pueblo sigue a Chávez con el corazón con el sentimiento, lo ama. Pero, ese mismo amor no acompaña a la propuesta de sociedad de la Revolución. Esa es la falla, la debilidad principal de este proceso”.

“…La propuesta capitalsocialismo, del híbrido pequeño burgués, por no ser diferente en esencia al capitalismo, no consigue enamorar a las masas, solo aferradas a la esperanza que significa Chávez. Podemos deducir que de mantenerse esta situación el debilitamiento, el desgaste de la Revolución será progresivo e imparable”.

“…El sector oligarca obtuvo más votos que la Revolución, eso cambia el cuadro de las fuerzas electorales, la moral de los actores políticos, la percepción de la población. Si recordamos que esta revolución tiene como uno de los principales campos de batalla las elecciones, nos daremos cuenta de la importancia de este dato”.

“Lo que se impone es una rectificación profunda del rumbo, es necesario revertir la tendencia de desgaste de la revolución, esto es posible ahora por la vigorosa conexión amorosa que mantiene Chávez con el pueblo… la esperanza revolucionaria sigue también muy fuerte, su futuro dependerá de la capacidad de rectificación”.

“Ahora será necesario tocar el alma popular con la idea del socialismo, en toda su magnitud, como un sistema coherente, el único capaz de dar respuesta a todas las angustias de la existencia humana”.

Aquí es necesario hacer una interpolación en el análisis. Podemos compartir o no las ideas de Vanguardia Obrera Socialista, eso es parte del debate, pero no podemos negar la importancia de las mismas, sobre todo porque provienen de quienes tienen la autoridad que les abona el ser los dirigentes políticos e ideológicos de la clase obrera petrolera, el factor más decisivo y extendido de la clase trabajadora venezolana.

Ahora bien ¿Será tomado en cuenta este documento de VOS, y otros que están surgiendo, o se le pondrá de lado como suele suceder? Porque ese es otro problema, la concepción de nuestros medios de comunicación oficiales como simples instrumentos de propaganda y no como altavoces de los debates que se dan en el seno del pueblo revolucionario.

¿Seguiremos acallando a las voces críticas que hemos venido hablando de la necesidad de un debate sobre el papel de nuestros medios, con la participación amplia de los comunicadores revolucionarios, o seguirán nuestras políticas comunicacionales siendo decididas por cenáculos encerrados en oficinas como grupos de amigos, prolongado errores que han hecho daño a nuestras comunicaciones y menospreciando las voces de los comunicadores que nos batimos todos los días, por diferentes medios, en la difícil batalla mediática?

¿Somos participativos y protagónicos, o burócratas incurables? ¿Cuándo veremos el debate de estas ideas que plantea VOS en VTV, por ejemplo? ¡Misterios de la ciencia!

Los riesgos en la balanza

La nueva situación política que surge del 26-S está llena de peligros. Uno de ellos es que sectores reformistas aun presentes en el campo revolucionario presionen para que se produzca la conciliación, que es lo que quieren el imperio y la oligarquía (mañana abordaremos las ideas y planes que está planteando la contrarrevolución a la luz de los resultados electorales).

Para los revolucionarios no puede haber conciliación, lo nuestro es radicalizar y profundizar ¿Qué ganaríamos con conciliar? ¿Devolverles poder a nuestros enemigos históricos para sentirnos más cómodos? ¿Rehuir el combate por cobardía política? ¿Soñar con una evolución de la oligarquía y la canalla mediática, guiados por nuestros bondadosas manos, hacia posiciones favorables a los intereses populares?

Lo nuestro es profundizar la lucha a todo riesgo, sin dar cuartel al enemigo, pero sacudiéndonos en nuestro fuero interno, sabiendo que el enemigo también se mueve entre nosotros mismos, tratando de desviarnos, de des-radicalizarnos. No es la conciliación lo que nos salvará, sino la capacidad de rectificación, la lucha contra los vicios del burocratismo y el reformismo, el incremento de la eficiencia, entre otras cosas con una mayor incorporación de la presencia, la creatividad, la honestidad del pueblo convertido en poder ¡Reconciliarnos con el pueblo, no con la oligarquía!

Nuestros problemas no provienen de que hayamos sido radicales, sino de que en muchos sentidos hemos sido inconsecuentes (la mayor inconsecuencia sería la conciliación). Aquí citaremos de nuevo a Alan Woods:

“…Está claro que el entusiasmo revolucionario se ha ido erosionando. Hay descontento y desilusión entre las masas. Las cifras hablan por sí mismas. Mientras que el voto de la derecha aumentó en un mero 2,28%, el voto de la izquierda cayó fuertemente en 14,44%”.

Y también señala el analista inglés, uno de los más solidarios con la revolución a través de Hands off Venezuela: “El papel de la burocracia reformista en esta situación es particularmente negativo. Ellos sacarán todas las conclusiones erróneas. Dirán: ‘Mira, esto demuestra que no tenemos el apoyo del pueblo. Tenemos que hacer concesiones a la oposición, llegar a acuerdos, retroceder’. Este es el peor consejo posible. Por cada paso atrás de la revolución, la oposición exigirá diez más”.

¿Se exagera cuando se plantea que hay sectores reformistas que propondrán la conciliación?

En un artículo publicado nada menos que en la conocida página-web revolucionaria Rebelión titulado Una nueva fase crítica para la revolución bolivariana Gustavo Fernández Colón señala: “Para garantizar la continuidad del proceso revolucionario, la política de choque frontal contra la oposición (o “demolición”, como se dijo en la campaña) deberá ser postergada para no entrabar por completo el funcionamiento de la Asamblea Nacional y el resto de los poderes públicos (incluido, indirectamente, el Ejecutivo), puesto que este entrabamiento podría contribuir a erosionar el respaldo popular al liderazgo del presidente. En otras palabras, cabe esperar ahora que la política bolivariana se desplace más hacia el centro, forzada por el peso de la oposición en el Parlamento”.

Por supuesto, las posiciones reformistas tratarán de impulsar sus propios cuadros y desplazar a los cuadros de izquierda del gobierno, tal como plantea el articulista: “Un viraje táctico de este tipo probablemente no será factible sin una renovación del gabinete ejecutivo, que le permita al presidente contar con actores de confianza capaces de dialogar y negociar con la oposición en este nuevo escenario”.

¡Hacia el centro lo que queda es la derecha, por eso es tan importante también este debate! Lo que propone Fernández Colón es lo mismo que propone la oligarquía, con otras palabras, como veremos en nuestro análisis de mañana.

Y para ser justo, es claro que el camarada Fernández Colón no está muy consciente de lo que dice, está confundido, y por ello cae en contradicción cuando afirma también que “…No es descartable que la ‘derecha endógena’, instalada en las entrañas de la burocracia bolivariana, acceda a pactar con la derecha oposicionista para preservar sus cuotas de participación en la distribución de la renta del Estado, incluso al precio de una derrota del comandante Chávez en las elecciones presidenciales del 2012” ¿En qué quedamos?

Finalmente (es un decir, estamos lejos de acabar ni con el análisis ni con el debate) cerraremos con estas palabras del camarada Reinaldo Iturriza López, en su artículo Parlamentarias 26-S: Un análisis preliminar, publicado igualmente en Rebelión: “…Avanzar en el proceso de radicalización democrática de la sociedad venezolana. Sí, radicalización democrática.

Ésta implica recuperar y afinar los mecanismos de interpelación mutua entre Chávez y la base social del chavismo, buena parte de la cual está hastiada de la cortedad de miras estratégica del chavismo oficial, que insiste en comportarse como minoría. Implica recuperar lo que hizo grandioso al chavismo: si éste significó la progresiva politización del pueblo venezolano, fue porque hizo visible a los invisibles y dio voz a los que nunca la tuvieron.

Significa, de igual forma, una lucha sin cuartel contra burócratas, corruptos, dirigentes mediocres, oportunistas, estalinistas, ninguno de los cuales es hegemónico en el chavismo. Su existencia está lejos de ser aceptada de manera cómplice o resignada por el resto, y en cambio es fuente permanente de malestar y conflicto”. Como se ha dicho, aunque queda mucha tinta en el tintero, seguimos mañana.

* Analista de asuntos políticos.

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