Ago 30 2021
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Ciencia y Tecnolog铆aEconom铆aSociedad

Capitalismo digital, el nuevo rostro del antihumanismo corporativo

Como es sabido, el capitalismo atraviesa una acelerada fase de reconversi贸n tecnol贸gica, cuyo elemento principal es la digitalizaci贸n. El uso de grandes cantidades de datos, la inteligencia artificial, la multiplicaci贸n de plataformas en todas las 谩reas de actividad humana, el teletrabajo, el comercio digital, la computaci贸n en la nube, el entretenimiento online, la masiva aplicaci贸n de rob贸tica en la producci贸n y la internet de las cosas, son algunos de los factores visibles de esta nueva revoluci贸n industrial.

Si bien la conectividad a internet, que es el soporte b谩sico de estas transformaciones, no alcanza todav铆a a toda la poblaci贸n, el crecimiento es rasante. Por ejemplo, en Am茅rica Latina y el Caribe, una regi贸n extensa y de relativo retraso en infraestructura de telecomunicaci贸n en relaci贸n a Estados Unidos, Europa, Asia-Pac铆fico y Eurasia, la cantidad de personas conectadas a la red se ha duplicado entre 2010 y 2019, alcanzando a un 67%. Tambi茅n ha crecido la cobertura 4G y la velocidad de conexi贸n. La mayor parte de las empresas ya est谩n conectadas a internet, un alto n煤mero utiliza banca electr贸nica, utiliza la red en la cadena de aprovisionamiento y muchas han comenzado a desplegar canales de venta virtuales.

Esto nos habla de una tendencia irreversible: Estamos en pleno desarrollo de la era digital.1

Todo esto se aceler贸 en el transcurso de la pandemia. La presencia empresarial en internet, el comercio electr贸nico, el uso de plataformas de educaci贸n, el trabajo a distancia tuvieron un fuerte crecimiento. Con ello se acrecent贸 el poder concentrado de las corporaciones digitales. Para muestra, algunos datos: en el segundo trimestre de 2021 y en t茅rminos interanuales, Apple vendi贸 un 50% m谩s tel茅fonos Iphone, Amazon y Microsoft incrementaron sus utilidades tambi茅n en un porcentaje similar, Facebook duplic贸 sus ganancias y Alphabet (propietaria de google) las multiplic贸 por 2,6. Lejos de quedar confinadas a sus negocios originales, estas corporaciones con casa matriz en los Estados Unidos han diversificado fuertemente sus intereses, abarcando la producci贸n cinematogr谩fica, medios de prensa, viajes espaciales, autom贸viles aut贸nomos y realidad aumentada, entre muchos otros.

Muy preocupante, adem谩s de la concentraci贸n econ贸mica es la posici贸n central de este tipo de empresas en el relato dominante, controlando las principales v铆as de comunicaci贸n en internet.

Por el contrario, la pobreza extrema que hab铆a mermado a nivel mundial en alrededor de 1% por a帽o entre 1990 a 2015, y que ya ven铆a desacelerando su descenso, vuelve a profundizarse. Uno de cada diez individuos en el planeta padece hambre y millones de personas son arrojadas al desempleo y la precarizaci贸n laboral.

En Am茅rica Latina, el empleo en el sector de tecnolog铆as de la informaci贸n y la comunicaci贸n, que promet铆an compensar la p茅rdida de puestos de trabajo por automatizaci贸n es proporcionalmente bajo y representa 煤nicamente el 1,6% del empleo masculino. En el caso de las mujeres, una vez m谩s discriminadas, esta participaci贸n es mucho menor, y corresponde solo al 0,9%. La diferencia entre los estratos poblacionales condiciona el derecho a la educaci贸n y profundiza las desigualdades socioecon贸micas.

En s铆ntesis, las supuestas ventajas de la econom铆a digital no han aminorado la preexistente desigualdad sino que la profundizan.

驴Qui茅nes son los beneficiarios?

Pese a que las caras conocidas (Zuckerberg, Bezos, Gates, Page, Brin o los herederos de Jobs) suelen ser socios mayoritarios de cada uno de los emporios digitales, estas empresas tienen como grandes accionistas a los principales fondos de inversi贸n, es decir a la banca especulativa. Para ilustrar, m谩s del 80% de las acciones de facebook est谩n en manos de inversores institucionales, dentro de los cuales se encuentran los principales fondos de inversi贸n (Vanguard Group, Black Rock, FMR, Price (T. Rowe) Associates, State Street Corp., etc.).

En el caso de Alphabet, el porcentaje accionario institucional es de un 67%, similar al paquete de Amazon (alrededor 60%) estando constituido por los mismos actores especulativos.

El contexto econ贸mico capitalista

La econom铆a especulativa, lejos de haber disminuido luego de la explosi贸n de la burbuja en 2007-2008, alcanza en la actualidad, aunque de dif铆cil estimaci贸n, unas 20 veces el PIB mundial. La sobreacumulaci贸n de capital, la continuada emisi贸n de monedas sin respaldo como el d贸lar, las bajas tasas de inter茅s y como contraparte, la acumulaci贸n de deuda privada y p煤blica, atizan el negocio especulativo.

La reinversi贸n productiva continu贸 su descenso, reduci茅ndose la oferta de empleo formal para las grandes mayor铆as. Se calcula que en solo dos a帽os (2017-2019) la inversi贸n externa directa cay贸 a la mitad (2,7 a 1,4 billones).

En este contexto de parasitismo financiero, la econom铆a digital se ofrece como inversi贸n posible, buscando salir de la crisis de rentabilidad en la que est谩 inmersa el capitalismo industrial desde hace ya varias d茅cadas. Esta rentabilidad del 谩mbito digital se explica por motivos convergentes: entre ellos, el bajo monto de impuestos que asumen las empresas (localizadas formalmente en guaridas fiscales, sumado a la elusi贸n impositiva de los estados nacionales donde operan), la poca representaci贸n sindical en el 谩mbito digital, la absorci贸n de recursos intelectuales y financieros de investigaci贸n p煤blicos, el uso de los datos personales como materia prima gratuita, la destrucci贸n de la competencia o la desregulaci贸n de facto del entorno virtual.

Limitaciones f铆sicas de la expansi贸n capitalista

Por otra parte, el capitalismo en su b煤squeda de crecimiento ilimitado, ha tocado l铆mites f铆sicos indiscutibles, produciendo fuertes desbalances en los ecosistemas vitales. As铆, la digitalizaci贸n y el extractivismo de bienes no tangibles como los datos, aparecen falsamente como parte de un nuevo ciclo de reconversi贸n 鈥渧erde鈥 de la econom铆a. Falsamente, porque el consumismo y la acumulaci贸n que conllevan sigue teniendo como base material a los recursos naturales finitos del planeta.

El negocio es planetario, la miseria local

Luego del ciclo de instalaci贸n neoliberal de la globalizaci贸n, con la consecuente destrucci贸n de los sistemas p煤blicos y el debilitamiento de los estados nacionales, el mapa comercial ha quedado extendido al planeta entero, promoviendo escalas mundiales para los negocios. De este modo, las corporaciones aprovechan el potencial de un mercado planetario desde su habitual irresponsabilidad social, dejando que los estados se hagan cargo de administrar los problemas que aquellas dejan a su paso.

El pan贸ptico global

El otro recurso fundamental del capitalismo digital es la informaci贸n. De este modo, las corporaciones transnacionales han establecido un sistema de vigilancia e inteligencia globalizado, que aprovecha la intromisi贸n de las plataformas digitales en la vida personal, obviamente con el fin de mantener ocupadas y controladas a las mayor铆as, objetivo que pese a todo, no logran.

La dependencia del Sur

Otro prop贸sito en el desarrollo de un capitalismo digitalizado es el de mantener y profundizar las brechas tecnol贸gicas entre el centro y las periferias mundiales y consecuentemente la dependencia del Sur global. Sin embargo, la OTAN digital comandada por Estados Unidos, con sus socios menores Europa y Jap贸n, tiene hoy su contraparte en una Muralla china digital, la que ha logrado superar parcialmente, al igual que varios de sus vecinos asi谩ticos la situaci贸n de subdesarrollo tecnol贸gico predominante anteriormente.

A煤n as铆, las enormes desigualdades contin煤an subsistiendo. Seg煤n la CEPAL, mientras el 铆ndice de desarrollo de las industrias digitales (compuesto por factores mixtos2) en Estados Unidos es de un 43%, en Europa Occidental de un 36%, en Am茅rica Latina y el Caribe, 脕frica y Asia Pac铆fico, este alcanza un 18%.

Por otro lado, la infraestructura contin煤a teniendo las trazas imperiales de sus inicios. Cuatro de los 13 servidores ra铆z de la internet (DNS) permanecen en suelo estadounidense y 10 de ellos son controlados por empresas, universidades o instituciones militares o estatales de los Estados Unidos. Adem谩s, el ingl茅s contin煤a siendo el idioma utilizado para sus protocolos, lenguajes de programaci贸n y cada una de las partes constitutivas de la internet.

De este modo, el capitalismo digital es la nueva cara del colonialismo, cumpliendo a la perfecci贸n la funci贸n de penetraci贸n no solo econ贸mica, sino tambi茅n cultural y militar, propia del imperialismo.

La captura corporativa del sistema de relaciones internacionales

Desde hace ya un tiempo, las corporaciones y un gran n煤mero de ONG鈥檚 vienen interviniendo en instancias y organismos multilaterales en aspectos te贸ricamente reservados a los Estados y sus gobiernos. Esto es particularmente cierto en el 谩mbito digital, cuya gobernanza est谩 en manos de un sistema multisectorial, o de 鈥渕煤ltiples partes interesadas鈥. Los involucrados son la comunidad t茅cnica, el sector privado conformado por empresas, los gobiernos, la academia, y las as铆 llamadas organizaciones de la sociedad civil (u organizaciones no gubernamentales), en algunos casos financiadas parcial o totalmente por las mismas trasnacionales para operar p煤blicamente a favor de su discurso.

La influencia privada, que carece de toda legitimaci贸n democr谩tica, amenaza con cooptar el sistema pol铆tico de relaciones internacionales a trav茅s de una estrategia que responde con precisi贸n a los lineamientos del Foro Econ贸mico Mundial (Davos). Bajo el manto del t茅rmino 芦cooperaci贸n digital禄, esta iniciativa podr铆a abrir el camino a la elaboraci贸n de pol铆ticas vinculantes, a trav茅s de la conversi贸n de un organismo de consultas de m煤ltiples partes interesadas en uno de 芦gobernanza multipartita禄.

Dicho organismo de alto nivel est谩 siendo impulsado a trav茅s de un proceso lanzado desde la misma Secretar铆a General de Naciones Unidas, que recoge como fundamento las recomendaciones de un Panel de Alto Nivel sobre la Cooperaci贸n Digital constituido con el mismo sistema multipartito anterior y cuya vicepresidencia es significativamente ostentada por Melinda Gates de la Fundaci贸n hom贸nima y Jack Ma, fundador de la corporaci贸n china Ali Baba.

Es ostensible que si las corporaciones obtienen influencia decisiva sobre las normas y reglas que rigen los espacios digitales, poco podr谩 hacerse para regularlos desde el inter茅s de los pueblos. Adem谩s, en la medida en que la digitalizaci贸n avance aun m谩s sobre cada 谩rea de actividad humana, la influencia empresarial se proyectar谩 sobre 茅stas, como hoy ya sucede en los 谩mbitos de la alimentaci贸n, el comercio digital o el conflicto medioambiental, por solo citar algunos ejemplos.

Corolario

Mientras la digitalizaci贸n y el poder corporativo avanzan, las instituciones estatales y los movimientos sociales reaccionan a estas nuevas realidades con relativa lentitud, sin lograr anticiparse a escenarios futuros. Lo que est谩 claro, es que el poder de una parte sobre el todo, no va a solucionar ninguno de los problemas de las grandes mayor铆as.

De este modo, es fundamental instalar la problem谩tica digital como bandera de lucha de los pueblos, sensibilizar adecuadamente sobre sus impactos, aclarar posturas pol铆ticas colectivas en los movimientos para darle anclaje territorial y exigir nuevos derechos en las pol铆ticas p煤blicas acordes al nuevo escenario.

La cuesti贸n ha rebasado ampliamente la esfera del activismo digital. Es imprescindible que la ciudadan铆a tome cartas en el asunto. Se trata del futuro com煤n.

Notas

1 1https://www.cepal.org/sites/default/files/publication/files/46766/S2000991_es.pdf

2 El 铆ndice de desarrollo de industrias digitales se compone de: 1) el peso econ贸mico de las industrias digitales (medido en t茅rminos de la suma de ventas brutas de las industrias digitales y de telecomunicaciones y el gasto de la econom铆a en software) en relaci贸n al producto interno bruto; 2) la penetraci贸n de conexiones del Internet de las Cosas (entendido como indicador del despliegue de aplicaciones verticales); 3) el nivel de exportaciones de productos y servicios de alta tecnolog铆a, y 4) la producci贸n local de contenido.

 

*Iinvestigador en el Centro Mundial de Estudios Humanistas y comunicador en agencia internacional de noticias Pressenza.

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