Oct 21 2008
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Cultura

Capitalismo ficticio y capitalismo real

Nieves y Miro Fuenzalida*

En la era pos-industrial del capitalismo pos-moderno, donde el centro de la economía pasa de la producción industrial a los sectores de la tecnología, la información, los servicios, la educación y las relaciones humanas el capital ficticio, por un tiempo, fue percibido como un paraíso financiero lleno de promesas (basta recordar la histeria de las puntocom). Pero, no por mucho tiempo.

Al comienzo del tercer milenio ya empieza a revelar su rostro real en la forma de catástrofes económicas capaces de causar tremendos terremotos financieros ("burbujas", Enron, Argentina y, ahora, Estados Unidos y el resto del mundo).

Ya lo percibimos como un mal del que tenemos que escapar rápidamente. ¿No seria hora de cuestionarnos si la economía virtual es, en verdad, el resultado de una especulación financiera descontrolada. que crea un abismo insalvable con la economía real causando una de las crisis financieras mas grades desde la depresión?

Kiariana Kordela (Marx’s Update of Cultural Theory, 2007) observa que el “mal”, al igual que en otros aspectos de la cultura en donde rápidamente se singulariza como un elemento extraño, se ha localizado esta vez en el capital ficticio que pasa a ser la excepción aberrante de la norma del capital. El problema con esta aberración, sin embargo, como ella nota, es que en el capitalismo avanzado los límites tienden a disolverse entre crédito, préstamo y capital ficticio.

En los sistemas de capital financiero altamente desarrollados las transacciones de créditos y préstamos adoptan formas similares y, frecuentemente, las mismas instituciones actúan como intermediarias. Siendo efectivamente lo mismo, ambos pueden generar capital ficticio.

Lo que hoy se llama capital ficticio o virtual es, en verdad, lo que siempre se ha llamado capital fijo o actual. Marx insistía en que no había que reducir el capital fijo a su mera existencia positiva material. El punto es que, fijo o no, la naturaleza del capital es dinero que genera más dinero, que su valor es mayor de lo que actualmente es. En otras palabras, su ser no es actual, sino virtual. El dinero o el cheque es una transacción cuyo pago es virtual suspendido en una fecha futura.

El capital actual y el capital virtual son indistinguibles desde el nacimiento mismo del capital. Es solo en nuestra economía informática en donde la distinción actual y ficticia colapsa empíricamente. Capital material y virtual empiezan a funcionar, predominantemente, como formas monetarias.

Los efectos del capital ficticio, lejos de ser una desviación o excepción de la lógica normal del capitalismo, son los síntomas propios de todo capitalismo, las crisis que revelan la verdadera estructura del estado “normal” de las cosas. El mundo empírico no encarna adecuadamente su marco trascendental y es en estos “momentos patológicos” donde tenemos la oportunidad de apreciar sin distorsión la estructura universal del capital.

Se podría objetar que el capital ficticio, que ocurre cada vez que el crédito se otorga en anticipación de un trabajo futuro, constituye un quiebre radical con el capitalismo del pasado que compraba trabajo actual en lugar de un precario trabajo futuro. Sin embargo, si consideramos que el dueño de los medios de producción necesita crédito anticipado en vista de un trabajo futuro lo que ellos compran, en realidad, es algo potencial que se transforma en realidad solo cuando la energía laboral se pone en acción. El capital ficticio revela la verdad del poder laboral común a todo capitalismo, el hecho de que es virtualmente presente porque ocurre en el futuro.

El paso del capital industrial al capital informático no cambia la estructura transhistorica del capital. No hace ninguna diferencia si el capital produce ropa, televisores o mega bites. Todas son mercancías. Y toda mercancía contiene un valor de uso y un valor de cambio que, en última instancia, es pura diferencia. Al capital no le interesa de donde viene la plusvalía, sean estos objetos sólidos o información fluida.

Su naturaleza es consistente, es decir, es la misma antes y después que la producción dominante ha cambiado de la industria pesada a la industria de la información. Norbert Wiener, el padre de la cibernética, sugiere que originalmente la información no es nada más que diferencia. El valor de la producción no esta determinado por lo que produce, sino por el hecho de si produce diferencia… de si origina plusvalía que es el nombre del incremento o exceso en comparación con el valor original.

Las crisis financieras empiezan a mostrar el fracaso del capitalismo informático pos-moderno al creer que es otra cosa. No importa que el capital sea actual o ficticio. Su co-dependencia con el capitalismo industrial le impide escapar del mundo laboral y productivo. Depende de la mediación del valor de uso, sea este un abrigo o información. Si el capital industrial no puede actualizar el valor de su capital fijo, el capital ficticio entra en crisis (al no recibir pago con interés)

¿Estas crisis son indicios del derrumbe del capitalismo? ¿O, por el contrario, son la pre-condición de su existencia? La paradoja típica del capitalismo es que la contradicción o desacuerdo (entre fuerzas productivas y relaciones de producción, entre el modo de producción social y el modo privado, individual de apropiación, por ejemplo) es lo que justamente lo empuja a extender permanentemente la reproducción, a desarrollar incesantemente sus propias condiciones, a diferencia de los otros modos de producción en donde, por su mayor parte, la producción y reproducción se dan a través de un movimiento circular.

Desde su mismo comienzo el capitalismo ha estado marcado por la discordia, la contradicción, el cambio y el deseo inmanente de balance. La transformación constante es la única forma de vivir y resolver una y otra vez su propio imbalance constitutivo. Lejos de restringirlo pareciera que la contradicción, que se presente como su límite, es la fuerza misma de su desarrollo… su impotencia es la fuente de su poder que le permite transformar sus limites. En tanto mas se agudicen sus contradicciones, tanto mas necesita revolucionarse a si mismo para sobrevivir.

Formalmente nada distingue al capitalismo informático pos-moderno del resto del capital conocido hasta ahora, con una excepción… el capitalismo informático, caracterizado por el capital ficticio, funciona como el síntoma del capitalismo al forzarnos a reconocer su verdadera estructura transcendental descrita ya por Marx y que hoy continua siendo relevante. Esta nueva etapa del capitalismo también esta gobernada por las mismas leyes que gobiernan cualquier otra etapa del capital.

¿Qué sentido tiene la noción “estructura transcendental”, especialmente en una época en que muy pocos creen en esencias eternas? Según Karatani El Capital es una critica kantiana de la economía capitalista, un análisis de las categorías transcendentales, trans-históricas presupuestas por el capital para sostenerse a si mismo. El examen de cualquier realidad empírica, histórica, contingente se da en contra de un trasfondo, de un marco teórico, de categorías abstractas del pensamiento que funcionan como el horizonte que demarca cada periodo histórico. Es solo y únicamente dentro del tiempo histórico del capitalismo secular que empieza en el siglo XVII en donde es posible decir que las leyes del intercambio de mercancías son “eternas”.

Lo transhistorico o eterno esta limitado dentro de un discurso y paradigma económico histórico especifico. Solo en este sentido podemos hablar, por ejemplo, de una eternidad capitalista secular o de una eternidad teocratica feudal. Secular significa que el discurso demanda que la verdad se base no en Dios o la revelación, sino en la razón, que desde Descartes se transforma en el único fundamento legítimo, incluso de la misma existencia de Dios.

El mundo empírico del capitalismo informático, en donde predomina el capital ficticio, muestra tres principios fundamentales, universales del capitalismo… Todo capital es virtual, es decir, una potencialidad cuya realización es aplazada. Todo poder laboral es labor futura, es decir, nuevamente, potencial. Y toda producción capitalista, sea industrial o semántica, es siempre la producción de diferencia, esto es, nada material, solo potencialmente algo. Aplazamiento y diferencia son las categorías del capital. (Un pedazo de género y $100 en una mano y un abrigo y $150 en la otra)

Cuando las burbujas del capital ficticio explotan o cuando las inversiones de cualquier tipo fracasan en el mercado el llamado es a mantener la calma y continuar invirtiendo, como acaba de expresar el Primer Ministro canadiense ¿No es este un acto ético kantiano que se ubica más allá del “auto interés patológico”? ¿Continuar invirtiendo, incluso cuando sabemos que hacerlo puede significar la perdida de todo lo que uno tiene?

Arriesgar por arriesgar es un fin en si mismo, una ley universal dentro del capitalismo. Los accionistas al servicio del sistema cuya existencia pareciera no tener fin. Para ellos es más fácil imaginar el fin del mundo que un pequeño cambio en el sistema político. La gente puede perder su dinero, sus casas, sus trabajos o sus pensiones, pero no te preocupes. La policía siempre estará ahí para resolver cualquier disturbio social.



 

 

 

* Escritores y docentes. Residen en Canadá.

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