Ago 7 2006
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Política

Carta a la embajada de Israel. – ”TERRORISMO” SIN ESTAMPILLAS

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

En tres de agosto de 2006 frente a la Embajada del Estado de Israel en Buenos Aires, dentro de las actividades del Comité de Crisis conformado por hijos de inmigrantes libaneses, se realizó una manifestación pacífic apara reclamar el retiro del Estado de Israel del territorio del Líbano.

Los organizadores del acto, Alí Móhsen, Attar Daniel, Chedid Saad, Farah Elías, Labaké Juan Gabriel, Queijeiro Marta, integrantes de Comité de Crisis, intentaron entregar una carta al señor embajador del Estado de Israel. Los funcionarios israelíes se negaron a  recibirla y no aceptaron hablar con ninguno de los organizadores. Ante ello, el Comité  de Crisis, gestionó la entrega de la carta con el jefe de la custodia policial de la Embajada, subcomisario Eduardo Jorge Bayot, que hizo la consulta con los funcionarios de la Embajada israelí.  Éstos informaron que lo consultarían. Luego  de 45 minutos de espera, manifestaron que la carta no sería recibida.

Ante ello, el subcomisario consultó  con sus superiores, y éstos le indicaron recibir la carta, llevarla a la sede de la Comisaría 2º y abrir un expediente sobre  su recepción, para luego citar al Embajador de Israel, a fin de que la haga retirar.

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Los organizadores dejan constancia de esta actitud irresponsable de la Embajada de Israel, que se inscribe en una larga serie de actitudes semejantes y confirma nuestra afirmación de que el Estado de Israel permanece aún en la era de las cavernas. Esta conducta Israelí coincide especialmente con el sectarismo del Comité Rabínico Yeshua –de ámbito internacional–, el cual sostuvo que, de acuerdo a la ley judaica, en épocas de guerra, el enemigo no tiene inocentes y rechaza la ética  cristiana y las leyes internacionales al respecto porque, aducen, las creencias cristianas debilitan la moral de los soldados y  de la nación judía.

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La carta que la embajada de Israel se negó a recibir

Buenos Aires, 3 de agosto de 2006
Señor Embajador
Estado de Israel

Presente

Nuevamente el Estado de Israel invade el país de nuestros padres inmigrantes.

Nuevamente el Estado de Israel, reiteramos, invasor, asume el papel de víctima, cuando en realidad los dos soldados israelíes capturados lo fueron en territorio del Estado libanés, donde penetraron ilegal e ilegítimamente, y fueron capturados por una patrulla del ejército irregular de Hezbollah, partido político legítima y legalmente constituido en el Estado libanés, y reconocido por la ONU, aunque EEUU y su país se nieguen a hacerlo.

Para comprender la degradación moral a que ha llegado Israel, lo mejor es conocer lo que piensan, sobre los crímenes de ese Estado terrorista, los judíos que aún  conservan la noción de humanidad y decencia.

Así, en 1982, una de las tantas veces que el ejército del Estado de Israel invadió territorio libanés, Uri Avnery escribió:

Detrás de la operación está el plan israelí de expulsar masivamente a la población civil palestina…

Y la lógica de la masacre generadora de éxodo es la misma que Begin ya había experimentado el 9 de abril de 1948, cuando 250 hombres, mujeres y niños fueron fríamente masacrados por comandos “mixtos” del Irgun y de la banda Stern.

Y quienquiera que se haya levantado para justificar la masacre, o minimizar la responsabilidad israelí, ha cometido un suicidio moral. Se ha transformado en cómplice del peor crimen de guerra de la historia de Israel.

Ha perdido su rostro humano.

A su vez, el ex canciller de Austria Bruno Kreisky, de religión judía, luego de refutar argumentaciones falaces de los dirigentes israelíes y las mentiras con las que querían justificar la invasión al Líbano de 1982, señaló:

El gobierno israelí no tiene el más mínimo derecho de hablar sobre el terrorismo, porque todos sus miembros fueron un día terroristas.

Por su parte, el gran filósofo judío, profesor Yehoshua Leibowitz, afirmó refiriéndose a las masacres en Sabra y Chatila:

Es la consecuencia natural y necesaria de nuestra línea política desde hace 18 años. Si tenemos que dominar a otro pueblo, entonces es imposible impedir la existencia de métodos nazis.

Somos los autores de esa masacre.

Lo que pasó en el Líbano es un paso suplementario en el proceso de suicidio del Estado de Israel. La humanidad no tendrá opción: tendrá que destruir al Estado de Israel.

Cerramos las citas de autores judíos con un testimonio más reciente:

“¡Yo los acuso a ustedes!

Yo, Tsilli Goldenberg, ciudadana israelí, los acuso a ustedes, Ehud Olmert, primer ministro de Israel, Amir Peretz, ministro de defensa, Dan Halutz, jefe del Estado Mayor del ejército israelí, de cometer una masacre bestial y bárbara en el Líbano.

Yo los acuso a ustedes de cometer crímenes de lesa Humanidad contra el pueblo palestino.

Y yo los acuso de iniciar una guerra injustificada en mi nombre.

Haniya, primer ministro del pueblo palestino, estaba dispuesto a negociar con nosotros, no sólo la devolución del prisionero de guerra Gilaad Shalit, sino también un cese de fuego a largo plazo, que hubiera permitido a los pueblos israelí y palestino lograr la seguridad y  la cordura.

Ustedes se rehusaron.

Nasrallah estaba dispuesto a negociar la devolución de los soldados capturados en el norte.

Ustedes se rehusaron.

Los palestinos no son mis enemigos; tampoco lo son los libaneses.

Ustedes se han transformado en mis enemigos. Y los voy a combatir como también lo harán muchas personas sanas y honestas en todo el mundo.

Tsilli Goldenberhg,  Masarik 11,  Jerusalén 93106,  Israel.

Señor embajador, venimos a sumar, como lo pide Tsilli Goldenberg, nuestras voces de condena a Israel, acompañando así el clamor de todo el mundo.

Venimos a decirle, por su intermedio, al Estado de Israel que debe abandonar su odio feroz, su ciega sed de destrucción, su intolerancia sin límites, su ferocidad genocida y sus mentiras sistemáticas, para que toda la dirigencia judía, la de Israel y la de aquí, se incorpore al sistema de convivencia planetaria que le ha costado miles de años de aprendizaje a la Humanidad.

Los cavernícolas practicaban la venganza indiscriminada: por cada muerto de su tribu, masacraban a toda la tribu enemiga. Luego de mucho esfuerzo y sangre, aprendimos a convivir en el estado de Derecho, fraternal y solidariamente.

El Estado de Israel ha regresado a las cavernas.

Venimos a pedirle, por su intermedio, que se incorpore, al fin, al seno de la Humanidad. Se ha estancado demasiado tiempo en ese pasado cavernícola.

Con la esperanza de que el clamor de Tsilli Goldenberg, al que nos sumamos, haga efecto en su propio país, lo saludamos con nuestra consideración más distinguida.

——————————————–

 
* Abogado, dirigente social argentino
(jglabake@telered.com.ar).

Addenda
 
I – No hay inocentes

(2 de agosto de 2006).En un artículo de Ynet News, se lee:

Consejo Rabínico Yeshua:
Durante el tiempo de guerra, el enemigo no tiene inocentes

El Consejo Rabínico Yeshua anunció, en respuesta a un ataque del Ejército israelí, que “de acuerdo a Ley Judía, durante el tiempo de batalla y guerra no existe el término ‘inocente’ para el enemigo”.

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Todas esas discusiones propias de moral cristiana  están debilitando el espíritu de nuestras Fuerzas Armadas y el de la nación, y nos están costando sangre de nuestros soldados y de nuestros civiles”, dice la declaración.

(El artículo completo puede leerse en: www.uruknet.info/?p=25342).

Internacionales
II – Ofensiva de Jezbolá. Estado de situación

El fin de semana del cinco y seis de agosto de 2006 no fue para el descanso en Líbano. Tampoco en Palestina. Ni en Iraq, ni en Afganistán. O en Israel. El “paseo” que algunos creyeron iba a ser la incursión de las tropas israelíes en el sur del Líbano amenaza con romper los apretados dientes de sus planificadores.

La abundante dotación de cohetes en poder de jezbolá –y los expertos bélicos creen que el “Ejército de Alá” cuenta además con un número no precisado de misiles– ha comenzado a descargarse sobre poblados del norte de Israel, tanto como a 70 kilómetros de la frontrera. La diferencia entre cohetes y misiles es que los primeros no cuentan con sistemas de guiado para dirigirlos hacia el blanco, los segundos sí.

Las informaciones dan cuenta de que en un día Jezbolá ha llegado a lanzar alrededor de 80/100 cohetes; los bombradeos israelíes, por su parte, han sido de hasta 15 bombas y misiles por minuto sobre los bararios del sur de Beirut –capital del Líbano– y ciudades y poblados en la costa.

Cabe señalar que las hostilidades desatadas por la fuerza armada israelí en Líbano han causado la mayor parte de sus alrededor de un millar de muertos –el número exacto es indeterminable aún– entre la población civil. Se estima que un tercio de los muertos son niños menores de 10 años.

La paz no buscada y la ayuda de la memoria

El jueves tres de agosto, en un discurso emitido por TV, el máximo dirigente de Jezbolá Hassan Nasrala ofreció un camino hacia la paz con Israel. Dijo: “En cualquier momento que ustedes decidan frenar su campaña (…) no dispararemos cohetes contra ningún asentamiento ni ciudad israelí”.

Con la misma claridad señaló que si Israel persiste en su agresión, se reservaba Jezbolá el derecho de atacar Tel Aviv. “Ustedes atacan nuestras ciudades, poblaciones, civiles y nuestra capital. Nosotros reaccionaremos”.

El “frente diplomático” también se ha complicado y parece paralizado ante esta guerra no declarada de Israel contra Líbano y la población palestina. Ninguna de las partes involucradas –víctimas o causantes de la violencia– tienen fe en las determinaciones que pueda tomar el Consejo de Seguridad de llas naciones Unidas, organismo ejecutor de cualquier decisión de la Asamblea General.

En América Latina se recuerda que la ONU fue impotente para detener el apoyo de EEUU a una de las partes en la guerra civil que derrumbó al gobierno sandinista, en Nicaragua –guerra que no se hubiera desatado sin la intervención gubernamental de EEUU– oportunidad en que autoridades estadounidenses no vacilaron en apelar incluso al narcotráfico para financiar a los “contras”.

Tampoco la ONU intervino cuando la invasión a Granada o a Panamá y, mirando hacia atrás, cuando intervino en Chile para derrocar a Salvador Allende. Ni interviene –aún en la actualidad– tras 40 años de bloqueo a Cuba, país al que se le impidió adquirir hasta medicamentos.

La proposición que se rechaza

Con desesperada pero sólida dignidad el gobierno libanés rechaza –por lo menos hasta este lunes siete de agosto– el llamado proyecto franco-estadounidense de “cese completo de las hostilidades”, en coincidencia con Siria e Irán. La iniciativa en cuestión no considera que el alto total al fuego deba ser de inmediatio y tampoco establece que el ejército israelí deba retirarse más allá de las fronteras del Líbano, donde mantiene unos 10.000 hombres.

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La situación se torna más delicada desde que Siria, país limítrofe con Israel, –que tiene a sus fuerzas armadas en máxima alerta– comunicó que está dispuesta a repeler cualquier agresión sobre su territorio y que se encuentra perparada en caso de que se extiendan las hostilidades convirrtiéndose así el ataque a Líbano –un país prácticamente desarmado– en una guerra regional.

Guerra regional fue el término utilizado por el jefe de la diplomacia siria; en efecto: “Bienvenido a la guerra regional”, dijo a la prensa Walid Muallem, a su llegada a Trípoli, en el norte del Líbano, y señaló después de entrevistarse con el presidente libanés que el documento franco estadounidense “es injusto para Líbano y puede desatar una guerra civil”.

La idea de no retirar las tropas significa, en cambio, buenas noticias en Tel Aviv. Quizá para dejar en claro la importancia que le asigna el gobierno a la actividad diplomática, Israel designó al ministro de Turismo, Yitzhak Herzog, su portavoz; éste dijo que el proyecto rechazado por la comunidad árabe en general, es “muy importante” porque “muestra que se entró en la fase de la diplomacia”.

Mientras, caen las bombas.

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