Dic 16 2005
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Política

CHÁVEZ, EL ESPEJO MÁS TEMIDO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

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Venezuela ha devenido en la “Madre Patria” argentina. Su importancia para para ese país hoy equivale a la que España e Italia tuvieron en los 70, o los Estados Unidos durante los 90.

Mucho se escribe en la Ciudad de Buenos Aires acerca de la relación entre Néstor Kirchner y Hugo Chávez, pero Edición i quería conocer qué dice la gente racional de Caracas, no el chavismo, acerca de todo lo que está ocurriendo. Y a continuación el relato recibido en la Redacción en la medianoche del lunes 5 de diciembre.

En desgracia

A mediados del año 2002, el sindicalista ruralista francés, cofundador de la Confédération Paysanne, José Bové visitó Venezuela, invitado por el gobierno de Hugo Rafael Chávez Frías. Bové se había convertido en una celebridad y la prensa mundial gustaba reseñar sus declaraciones y protestas antiglobalizadoras, calificadas como ‘globofóbicas’ por quienes sólo veían en él a un violento proteccionista agrícola.

En aquella ocasión, Bové fue incluido en varias de las actividades publicitarias del gobierno que, en esos días, aprobaba una ley de tierras estatizadora. Dos años después, Chávez y el líder cocalero boliviano Evo Morales, desde el programa de TV dominical del Presidente venezolano, anunciaban la pronta venida del “hermano Bové” para unas jornadas caraqueñas de defensa de la ‘revolución’. Sin embargo, hoy en día Bové no aparece en el altar de ídolos internacionales del régimen venezolano. El discurso proteccionista del agricultor francés ya no calza muy bien con los actuales rumbos de la máquina publicitaria del ‘chavismo’ que, en estos días, es antiproteccionista.

Fracaso en la Cumbre

La IV Cumbre de las Américas de Mar del Plata fue un momento crítico para la diplomacia bolivariana. El gobierno de Caracas practica un esquema de relaciones internacionales con dos líneas paralelas de acción, fuertemente apoyadas en la infraestructura y experiencia de la diplomacia cubana.

A la par de las relaciones formales con los gobiernos, mantiene una activísima relación con grupos y partidos de izquierda de cada país. Los vínculos han ido centrándose en organizaciones tales como el Congreso Bolivariano de los Pueblos, cuyas reuniones anuales se cumplen en Caracas bajo patrocinio oficial.

Estas organizaciones han ido asumiendo una sincrética nomenclatura que fusiona nombres heroicos del siglo 19 con las figuras de la corte izquierdista continental. Semejantes relaciones sirven de base a las periódicas acusaciones del Departamento de Estado de USA, acerca del financiamiento venezolano a grupos izquierdistas de otros países del continente.

Curiosamente, fue el diario Página/12, de la ciudad de Buenos Aires, en una columna de Mario Wainfeld, el que abiertamente confirmó -en su edición del 20 de noviembre último– el “apoyo económico” que Chávez brindaría al candidato boliviano Evo Morales y a los piqueteros argentinos, entre otros beneficiarios. Esta información de Página/12 no ha sido desmentida por la Cancillería venezolana.

En el mundo de las relaciones oficiales, Chávez ha convertido el petróleo en su comodín diplomático. El paquete usualmente ofrecido incluye suministro de combustible barato pagadero en especie y a crédito. En algunos casos, Venezuela está incluyendo la provisión de sistemas de almacenamiento o la construcción de refinerías. Este es el esquema denominado Petrocaribe, ofrecido a los estados-islas del Mar del Caribe oriental, así como a Uruguay y Paraguay, y a las alcaldías nicaragüenses bajo control sandinista.

El resultado de esta onerosa diplomacia fue puesto en juego en Mar del Plata a principios del mes de noviembre. La izquierda continental, apropiadamente movilizada por Caracas, se hizo presente en la III Cumbre de los Pueblos, ratificando a Chávez como su figura central.
En tanto, en el interior de la IV Cumbre de las Américas, la diplomacia revolucionaria sufrió una derrota al parecer no esperada por Caracas.

Durante los meses previos, Chávez fue anunciando, vez tras vez, la muerte del Alca y su inminente entierro, y de eso se trataban algunas de las dádivas de Petrocaribe: sumar voluntades a su oposición. El proyecto de Área de Libre Comercio de las Américas supone para Chávez el peor de los castigos porque se trata de una integración comercial regional que él no podía controlar.

Días antes de su viaje a Argentina, Chávez dijo que sabía de “algunos” países intentarían reanimar el proyecto Alca en Mar del Plata. Ya en medio de las deliberaciones presidenciales, Chávez pudo comprobar que su posición extremista no era compartida por ninguna otra delegación. Los “hermanos caribeños” que semanas antes habían suscrito los términos para recibir la ayuda petrolera venezolana, incluyendo al dominicano Leonel Fernández, dejaron solo a Chávez en su confrontación con Wáshington DC, y se pronunciaron por una expresa mención del Alca en el acta final de la Cumbre, tal como lo propuso México con el aval de los Estados Unidos.

Los regalos petroleros no lograron siquiera inhibir a los caribeños en el debate sobre el Alca. Ante ese escenario, la diplomacia revolucionaria debió sumarse a la posición de Brasilia, apoyada por Argentina, de hacer depender futuros acuerdos comerciales continentales de las negociaciones globales en la Organización Mundial de Comercio.

El Chávez radical que suele renegar

– de los organismos internacionales,

– del contenido comercial de la integración y

– del libre comercio,

debió colocarse a la cola de los deseos de la burocracia diplomática de Itamaraty.

En estos días José Bové no es mencionado por Chávez, quien en sus usuales alocuciones ha informado que está armando una estrategia junto al presidente Néstor Kirchner para negociar en la OMC y exigir que los países ricos, “el señor Bush” y Europa, eliminen las barreras arancelarias que tanto gustan a Bové.

Por otra parte, siendo Venezuela un país monoexportador de combustibles, al que en nada afectan -y en mucho beneficia- los subsidios que reciben los agricultores en USA y Europa, queda a la vista que la lucha emprendida por Chávez contra el proteccionismo es sólo la más reciente forma de intentar mantenerse en la cresta de la ola internacional y bajarle importancia a la derrota de Mar del Plata.

En esa dirección, Caracas organizó una minicumbre que debía incluir la presencia de Lula da Silva y de Néstor Kirchner en Puerto Ordaz, y que buscaba resaltar el liderazgo del Mercosur ante Washington. La cubre falló y sólo contó con la presencia del argentino, quien avanzó en rentables acuerdos para sus intereses.

Dos días después, Chávez recibió al presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez, quien viajó a negociar la permanencia del libre comercio binacional, amenazado por Chávez ante la futura firma de un tratado de libre comercio en progreso Colombia-USA.

Tanto Kirchner como Uribe partieron a sus respectivos países, llevándose en la maleta lo que habían venido a buscar. Chávez, por su parte, ganó oxígeno político doméstico mediante sus colegas presidentes, y en los medios de comunicación comenzó a hablarse del surgimiento de una nueva y especial relación Venezuela-Argentina.

Los amores argentinos

En 1994, el entonces flamante presidente venezolano Rafael Caldera –esta vez gobernó hasta 1999– sobreseyó el proceso judicial que se seguía contra Hugo Chávez, por el sangriento golpe de Estado de 1992.

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Entonces, el ahora teniente coronel retirado Chávez, inició un viaje a tierras del sur del continente. De aquel entonces, los biógrafos de Chávez suelen recordar que reputadas figuras de la izquierda argentina y uruguaya se negaron a recibirlo.

Carlos Álvarez, “el Chacho”, y el intelectual uruguayo Eduardo Galeano aparecen entre quienes despreciaron al militar golpista venezolano. Curiosamente, en los últimos días, Álvarez -en su condición de designado titular de la Comisión de Representantes Permanentes- ha alabado la importancia de la participación de Chávez en Mercosur.

Y Galeano, quien ahora integra la tropa izquierdista que genera masivas entrevistas y artículos en defensa de Chávez, acaba de ofrecer una entrevista al diario de Río de Janeiro, Jornal do Brasil para afirmar que el odio de los enemigos de Chávez contra él “está teñido por el desprecio racial”.

Pero mientras en 1994 la izquierda argentina aún no descubría las bondades revolucionarias de Chávez, éste encontró en Buenos Aires a una figura que marcaría sustantivamente el discurso ‘chavista’: Norberto Ceresole.

En los siguientes años, el ideólogo argentino ya muerto, formaría parte de los allegados de Chávez, quien en repetidas ocasiones se refirió positivamente al Centro de Estudios Argentina en el Mundo creado por Ceresole y Raúl de Sagastizábal.

Antes que la izquierda argentina, fueron los ya extintos ‘carapintadas’ quienes dieron la bienvenida al golpista venezolano. Ceresole formó parte del reducido grupo de allegados que el 17 de diciembre de 1994 acompañó a Chávez a la ciudad de Santa Marta, Colombia, donde se realizó el primer encuentro internacional bolivariano.

Al año siguiente, Ceresole permaneció en Venezuela viajando por el país en compañía de Chávez, hasta que fue deportado por la policía política del presidente Caldera.

Ceresole tomaría una nueva dosis de deportación cuando, ya durante el primer gobierno de Chávez, fue expulsado nuevamente del país. El ideólogo que había elaborado la tesis ‘chavista’ de Caudillo-Pueblo Fuerzas Armadas había caído en desgracia mientras que el gobierno venezolano ya desplegaba su orientación izquierdista pro cubana.

La capital argentina se convirtió, entre los años 2000 y 2002, en el epicentro de la red latinoamericana de apoyo propagandístico al gobierno de Chávez. Norberto Ceresole fue reemplazado por Fernando Bossi, Hebe de Bonafini, Alicia Castro y/o Adolfo Pérez Esquivel. Desde Argentina salieron numerosas firmas de apoyo a Chávez, luego de la crisis política desencadenada por su renuncia en abril del año 2002.

La realización de eventos anfictiónicos sanmartinianos y bolivarianos fueron argumento para la posterior organización del actual Congreso Bolivariano de los Pueblos, donde coinciden partidos y grupos de la izquierda radical del continente.

El gobierno de Eduardo Duhalde, pese a su tolerancia con las actividades bolivarianas en Argentina, marcó distancia con Chávez. Por ejemplo, cuando el gobierno venezolano solicitó el beneplácito argentino para la designación de Elias Jagua Milano como embajador en Buenos Aires.

Jagua, vinculado desde sus tiempos estudiantiles con organizaciones de extrema izquierda había participado en la creación del partido de Chávez -el MVR o Movimiento V República-, y formó parte de la Asamblea Constituyente de 1999, que aprobó la Constitución vigente, que refleja las ideas de Chávez.

En aquel 2002, la cancillería argentina mantuvo silencio diplomático ante la designación de Jaua para la misión venezolana lo cual, tras largos meses de espera, fue entendido en Caracas como una no aceptación.

Según el diario caraqueño Tal Cual, Duhalde no aceptó a Jaua, ya que el candidato a embajador había estado particularmente activo, participando en encuentros políticos celebrados con “grupos izquierdista del Gran Buenos Aires”.

Argentina en el mapa estratégico de Chávez

En noviembre del 2004, el Presidente venezolano reunió en las instalaciones militares del Fuerte Tiuna, en Caracas, a la alta dirigencia, civil y militar, de su partido. Tras haber superado la prueba del referendo de agosto, con ayuda cubana como él mismo lo confesó en el evento, Chávez se disponía a ordenar la ejecución de un plan para crear alrededor de su régimen una muralla de protección internacional y un sistema de control político interno.

En las minutas del encuentro, elaboradas por la chilena Marta Harnecker, y publicadas oficialmente por el Ministerio de Comunicación e Información (mci.gov.ve/El_nuevo_mapa_estrategico.pdf), quedó plasmado lo que el régimen venezolano denomina “El Nuevo Mapa Estratégico”: una evaluación del contexto internacional y nacional, y del enunciado de una serie de medidas de política.

En sus intervenciones Chávez habla de las grandes líneas y de los detalles. Entre ellos informó a sus compañeros de partido que la empresa Enarsa había sido creada por Kirchner “por recomendación nuestra”.

En su evaluación geopolítica, Chávez afirmó que tras los triunfos de Kirchner y Tabaré Vásquez quedaban definidos dos ejes en Sudamérica.

– Caracas-Brasilia-Buenos Aires (y Montevideo) al cual denominó “eje Bolívar”, y

– el eje Bogotá-Quito-Lima-La Paz-Santiago de Chile, al cual denominó como “monrroista” –en alusión al presidente estadounidense James Monroe– por estar según él, “dominado por el Pentágono”.

La estrategia anunciada fue la de “quebrar” el eje monrroista y conformar la unidad y uno de los objetivos señalados fue “Continuar articulando la red internacional de apoyo a la revolución bolivariana”, mediante entre otras acciones:

– la creación de Petro-América,

– Petro-Caribe, y

– TVSUR.

La aproximación de Chávez a Kirchner, aparte de lo coyuntural, forma parte del “nuevo mapa estratégico” anti-Wáshington que el gobierno venezolano enunciara un año atrás.

El desembarco argentino

El desembarco de las empresas brasileñas como receptoras de muy importantes contratos de obras públicas, aconteció desde los primeros años del gobierno Chávez. Una carta rubricada por el entonces presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, habría llegado a manos de Chávez como introducción para la constructora Norberto Odebrecht, la cual se convirtió en ejecutora de jugosos mega contratos:

– la construcción de la cuarta línea del metro de Caracas,

– el metro de la ciudad de Los Teques,

– la construcción del segundo puente sobre el río Orinoco, y

– un proyecto de regadío en el occidental estado Zulia.

Brasil, por intermedio del estatal Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social BNDS, está aportando capital para las obras construidas con endeudamiento del gobierno venezolano. Pero el esquema de los negocios oficiales con Argentina es de otro tipo. Los anuncios de la ayuda de Chávez a Kirchner mediante sucesivas compras de deuda argentina, han sido objeto de graves señalamientos por parte de políticos y de expertos financieros en Venezuela.

La última de ellas se refería a la creación de un mecanismo poco transparente mediante el cual, Caracas está revendiendo a tasa de cambio oficial los bonos argentinos. Los bancos seleccionados discrecionalmente por el gobierno estarían ganando el diferencial cambiario, además de tener un mecanismo para sustraer dólares.

En suma, la deuda pública argentina emitida para ser vendida a Venezuela ya estaría en el mercado financiero internacional de deuda ‘basura’, y no en la Tesorería venezolana. Es tal la curiosidad por la llegada de los negocios argentinos a Venezuela de la mano de Kirchner, que el diario El Nacional, de Caracas dedicó dos páginas de su edición del domingo 4, para informar al respecto.

Hasta ahora la presencia notoria de empresarios argentinos era la Techint, la cual tras la compra de la mexicana Hyslamex quedó dominando el 48% del paquete accionario de Sidor, la siderurgia venezolana privatizada.

El gobierno venezolano mantiene un porcentaje de acciones de la empresa, y como parte de las estatizaciones y confiscaciones de empresas privadas que se han adelantado en el último año, el gobierno bolivariano ha expresado su disposición a re-estatizar Sidor, por lo cual la suerte de las inversiones de Techint depende de la futura buena disposición oficial.

Pero aparte de esta inversión directa, los anuncios de negocios argentinos con Venezuela se orientan a la ejecución de obras (reparación de uno de los sistemas de turbinas del complejo hidroeléctrico del río Caroní, entre otros), o la venta al gobierno venezolano de diversos productos (desde incubadoras hasta un hipotético reactor nuclear de mediano alcance) que serían incluidos dentro de un método poco ortodoxo de trueque entre empresas privadas argentinas y el sector público venezolano.

El gobierno Chávez ha diseñado un esquema para obviar el control fiscal de parte de los ingresos petroleros: las entregas de combustibles a países dentro de los acuerdos de ayuda energética, son pagadas a un fideicomiso con el cual el gobierno venezolano compra productos del país beneficiario, sin que esos recursos se contabilicen en el presupuesto ordinario de la República.

Con ello, la sociedad comercial-política que Chávez ha propuesto a Kirchner está en la línea de la que mantiene con Cuba o los países caribeños, y muy distante de la relación que Fernando Henrique Cardoso y Lula da Silva han abierto con Caracas. Brasil es, hoy en día, acreedor de Venezuela; pero Argentina, junto a Paraguay y Uruguay, por el contrario, están convirtiéndose -vía la compra de combustibles-, en deudores crecientes del Fisco venezolano y de los favores políticos de Chávez.

El ingreso de Venezuela al Mercosur, aparte de no haber sido debatido con el sector privado venezolano, es visto como parte de la estrategia política continental de Chávez. Con los abundantes petrodólares busca reforzar alianzas internacionales para la supervivencia de su proyecto político interna y externamente. En cuanto a los “detalles” económicos del ingreso a Mercosur, parecieran importarle muy poco al gobierno venezolano.

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* Economista venezolano (n. 1959). Ocupó en gobiernos previos al de Hugo Chávez algunos cargos diplomáticos menores.
Artículo tomado de la publicación venezolana
Noticiero Digital (www.noticierodigital.com).

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