Oct 8 2004
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Opinión

Chile-Argentina: gas, canciller y relaciones

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

No fue original Walker. Un par de años antes un personaje del Fondo Monetario Internacional dijo algo parecido: “Los males de Argentina actual sólo pueden ser atribuibles al general Perón con sus doctrinas y políticas de antaño”.  Nunca al FMI.

 
En ciertos círculos empresarios, a acostumbrados a las ganancias que se obtienen con fácil ferocidad, se estima un obstáculo que un partido gobernante pretenda que un país sea algo más culto y preparado que el promedio -permitido por esos mismos empresarios, que cautelan sus intereses frente a cualquier política que pueda comprometerlos-.

Cuando Walker arremetió contra Néstor Kirchner y el partido justicialista -y de algún modo en contra del pueblo argentino que lo eligió y le otorga su confianza-, lo hizo, podría pensarse, para defender los intereses de las grandes petroleras que, dicho sea de paso, son las mismas en Argentina y en Chile. Los mismos dueños del gas y del petróleo en los dos países, con la única variante, a veces, de sus nombres corporativos.

 
En la Argentina tienen un conflicto tarifario. Ganaron cantidades inimaginables, que giraron sin duda a algunos paraísos fiscales disponibles y a sus casas matrices en la época del dólar uno a uno y ahora -que ganan apenas un poco menos- ponen el grito en el cielo. Al encontrar un argumento sólido que rechazó el aumento que esperaban, incitan a las fuerzas políticas del vecino Chile para convertir todo esto en un escándalo oficial que presione al gobierno de Kirchner. 

Estrategia del dinero -Maquiavelo puro-, que hace olvidar a la opinión pública que la responsabilidad del abastecimiento de combustible a Chile (nunca prohibida por el gobierno argentino) es de las empresas que firmaron los contratos de suministro a los que faltan.

 
Tampoco se entiende bien

Lo que tampoco se entiende bien, mirado desde fuera de Chile, es rumbo de la política exterior del presidente Lagos. Sabemos -por cierto- que el nombramiento de los funcionarios importantes no se realiza sin que existan presiones empresariales con intereses específicos en cada sector. El ciudadano común puede preguntarse por qué designó a Walker, un hombre -no hablemos de a qué grupo económico responde- que no vaciló en contribuir a hacerle la vida difícil al gobierno de un país “hermano” sometido a un verdadero bombardeo interno y externo, como por lo demás fue analizado por algunas publicaciones chilenas.

No quisiéramos mencionar que algún gobierno chileno maniobró en el pasado reciente en grave perjuicio de los intereses argentinos: aquel era una dictadura, pero no es una dictadura el actual, que objetivamente mantiene una situación cuasi conflictiva -o conflictiva a secas- con sus vecinos. Ningún personero vinculado al gobierno argentino ha recordado, por ejemplo, los episodios de abastecimiento a los helicópteros ingleses y el apoyo logístico durante la guerra de Las Malvinas. O el espionaje, hace pocos meses, a un consulado argentino en el sur de Chile.

 
Mientras se percibe o advierte una cierta buena fe en los países que limitan con nuestro hermano transandino, no puede dejar de observarse que éste se convierte en la potencia mejor armada de América del Sur, incluyendo en su arsenal armas tan sofisticadas como las” bombas de racimo”, prohibidas por la convención de Ginebra.

 
Esta situación es poco beneficiosa, puesto que hace de Chile un potencial “adversario natural” posiblemente visualizado al servicio de intereses externos a la región. Hay sobradas pruebas en el pasado reciente que El Salvador, instigado por Estados Unidos, le hizo la vida imposible a Nicaragua. Lo mismo le puede acontecer a la Argentina si el conflicto energético se profundiza y los aumentos de tarifas no son del agrado de las petroleras.

 
En ese sentido ¿acaso no se justifica tener un hombre guardián como Walker en la cancillería, que sepa ladrar bien en el momento oportuno? Otra cosa sería pensar que la sorpresa de su elección obedeció a una improvisación que, infortunadamente, dañó en este caso las relaciones argentino-chilenas. Nunca se sabe cuando es oportuno hacer ladrar al perro…

 
 
El señor Walker, desde luego, es libre de mantener las opiniones que quiera, y de comunicarlas del modo que estime conveniente: la libertad de expresión debe respetarse a rajatabla aunque no se compartan las ideas. Pero diferente es designar a semejante “pensador” -analista internacional- como responsable de las relaciones, en este caso, con la Argentina. Más que un insulto es una muestra de mal gusto, extraña en un dirigente político tan ponderado y centrista como Ricardo Lagos. ¿O hay gato encerrado?

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