May 13 2013
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Política

Chile, el problema no es la política

polit1En momentos de crisis social se escucha siempre una especie de tautología: las crisis son una oportunidad y surgen de la condición frágil del ser humano. Por un lado, se insufla optimismo. Se trata de difundir la idea de que una crisis puede ser una especie de revolución solapada, que algo bueno generará. Y, por otro, se diluyen responsabilidades.
| WILSON TAPIA VILLALOBOS.*

 

No es el sistema el que falló. No es el ejercicio injusto del poder el que se impuso. Fue la debilidad humana la que llevó a la penuria del fracaso, de la miseria y la desolación. Es como trasladar a lo divino la responsabilidad de habernos hecho tan imperfectos.

 

Hoy estamos en eso. A nivel mundial, la crisis del sistema neoliberal ya es inocultable, pero se la camufla. La irresponsable imposición del Estado de Bienestar está en la base del drama europeo, afirman los conservadores y progresistas (izquierdistas) neoliberales. Entre nosotros, recién revisamos las consecuencias del subdesarrollo. Y como ya caminamos en el resbaladizo terreno electoral, la nitidez de las carencias aumenta.

 

Hoy nos adentramos en ese espacio que ha ido siendo transformado en un recolector de miasmas. Muy lejano al ágora, en que se discutían ideas y se formulaban planteamientos. El cambio tecnológico nos ha llevado a que las elecciones sean un muestrario marketero. En el cual el poder se enseñorea y los ciudadanos quedan al margen.

 

Es lo que ha llevado a que la clase política se encuentre ubicada en los más bajos niveles de aceptación. Y a que quienes pertenecen a ella traten de diluir el rechazo extendiéndolo a la política en general.

 

Es un intento de engaño burdo. La política —ese arte que intenta hacer posible la vida en sociedad— no está bien representada, por ejemplo, por Osvaldo Andrade Lara, presidente del Partido Socialista. No, al menos, cuando dice que es sensato que su colectividad asegure cupos en el Parlamento para algunos de sus militantes destacados.

 

No los mencionó cuando lanzó esa frase. Pero debe haber estado pensando en el actual secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, en el ex canciller Juan Gabriel Valdés, entre otros. Definitivamente, la política no es eso y tampoco la democracia.
Nadie puede asegurar ningún puesto en el Parlamento, excepto los electores, con su voto. Y para los dirigentes chilenos, de izquierda y derecha, eso ni siquiera es un detalle. En su concepción de democracia aquello no existe.

 

El elector no tiene importancia, excepto para que vaya hasta las urnas. Pero como aquí rige el sistema binominal, poco importa por quien vote. Los presidentes de partidos han decidido por ellos.

 

polit2Esta es una actitud compartida por la derecha y la izquierda —o si ustedes quieren que hablemos con los eufemismos actuales y respetando la estética política del momento: de la centro derecha y la centro izquierda.

 

La Unión Demócrata Independiente (UDI), ni siquiera se molesta en anunciar primarias para designar a sus postulantes al Congreso. Los dirigentes lo hacen a dedo y basándose, tal vez, en encuestas internas. Ya se sabe lo que ocurrió en la Concertación. No fue capaz de ponerse de acuerdo para hacer primarias y que fuera el electorado concertacionista el que decidiera.

 

Incluso, hay quienes desean que la confusión llegue a niveles mayores. El senador Andrés Zaldívar vaticina la posibilidad de que el electorado demócratacristiano se vuelque hacia la derecha si la Concertación intenta sumar votos de la izquierda. Es una advertencia a no pactar con el Partido Comunista. En el pasado ese trasvasije ya ocurrió. Pero esta vez los comunistas han negociado para ser aceptados con más voz en las decisiones programáticas de la Concertación.
Y allí aparece el anticomunismo. ¿Qué es hoy el comunismo más que una aspiración de deseos?

 

Zaldívar pertenece a una generación que va en retirada. Una generación en que la gente de izquierda sufrió una derrota dramática en Chile. En que la derecha se hizo con el poder total y prohijó una dictadura atroz. Zaldívar estuvo entre los que posibilitaron ese drama.

 

Hoy hay quienes tratan de introducir nuevos temas. Se enfrentan a un rechazo cerrado, a menudo oculto en palabras de buena crianza o en la creación de organismos destinados más a ganar tiempo que a resolver el problema. Quienes ostentan el poder se legitiman afirmando que aquí las instituciones funcionan. En realidad, ni siquiera las estadísticas oficiales son confiables.

 

Y ni que hablar de otras instancias esenciales en el devenir democrático, como la Justicia. Para nosotros, tan aficionados a descalificar lo caribeño, Guatemala nos acaba de dar una lección. Efraín Ríos Montt, un ex general del Ejército que se erigió dictador entre 1982 y 1983, acaba de ser condenado por delitos de lesa humanidad a treinta años de cárcel. Se le encontró responsable de diversas masacres en que fueron ultimados 1.700 miembros de la etnia ixil quiché. Ríos Montt, nacido en 1926, no pudo exhibir su edad como excusa para evitar el fallo de la Justicia.

 

La responsabilidad no la tiene la política. Los responsables son los políticos.
——
* Periodista.
Otros materiales del autor: www.wilsontapia.cl
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1 Comentário

Comentarios

  1. Hernán Montecinos
    14 mayo 2013 15:27

    No es verdad que en Chile se acabaron los senadores designados. Al contrario, existen 120 diputados y 38 senadores que son designados por reducidas cúpulas políticas. El pueblo no elige, sólo vota que es una cosa bien distinta. Vota como borregos, como corderos, por aquellos que ya vienen designados desde las cúpulas. Esto se explica porque la ley electoral del binominal es ilegítimo en su origen y antidemocrático en su desplegamiento. Por eso es que en el parlamento hay puros empresarios y profesionales. Ningún obrero, ningún campesino, ningún dirigente sindical. Ningún mapuche, ningún representante de las distintas etnias, ningún representante de los ecologistas, de la diversidad sexual, de los jubilados, de los sin casa, de los allegados, de los estudiantes, etc. Es decir, excluídos de estar representados la inmensa mayoría social de nuestro país. Por esta y otras razones “YO NO PRESTO MI VOTO” para las elecciones al parlamento. No voy a legitimar lo que es ilegítimo y antidemocrático. En lo que respecta a la elección presidencial, ahí cambia la cosa. Por Marcel Claude, de todas maneras. No podría hacer otra cosa, soy de izquierda, y punto