Sep 26 2006
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Economía

Chile. – ESPEJISMOS EN EL PANTANO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Cuando los chilenos que hoy caminan angustiados por no poder cumplir como quisieran los ritos del consumismo obligatorio aguardaban turno para nacer –o el turno lo aguardaban sus abuelos–, la Plaza Brasil supo ser un centro de encuentros y miradas a veces furtivas. Allí solían pasear con el fresco de las tardes primaverales niñas vigiladas por señoras con un indefinible aroma a espliego o lavanda y polvos de arroz entrampando sus mejillas; algunas podían tejer “a crochet”, pero los ojos alerta, sin embargo, ante la cuasi algarabía de los cadetes –envarados como mariscales– y de algunos estudiantes de la “Casa de Bello” que ya se creían ingenieros o jurisconsultos.

El tiempo pasó y con él se fueron las casonas del barrio, los automóviles azules con tapabarros negros –o verdes con tapabarros negros–, y el viejo cine no resistió su convertirse en rotativo: hace como 40 años que es un restorán chino. Pero las muchachas y los chicos estaban ahí en la mañana del lunes 25 de febrero de 2006: despedían a Patricio Búnster, uno de los últimos abanderados de esa entelequia que a veces todavía se llama cultura chilena.

A Víctor Jara, que quizá canta en el galpón que lleva su nombre o en él imagina una obra de teatro, seguro que le gustó verlos ahí, al frente, en los escaños de la plaza.

No todo está perdido.

Los que están perdidos son los de siempre. Los que olvidan su calidad de mandatarios y se convierten el mandantes, los que creen que la soberanía les pertenece y que el resto de los habitantes del país son relativa o absolutamente incapaces.

Cobra inusitado valor lo que señalara la escritora y periodista Virginia Vidal; alguien rebosando sin duda buenas intenciones la puso en la lista de intelectuales que apoyaron a la entonces candidata a la presidencia Michelle Bachelet. Escribió Vidal al respecto:

“Difícilmente podría “adherir” y proclamar que votaría por una candidata que cuando se le preguntó si conocía acción y pensamientos de su compañero del Frente Patriótico lo negó tajantemente. Una mujer comprometida con una causa que no ha compartido ni platicado con su compañero los sueños de cambiar el mundo, no diré a la hora del amor, pero al menos antes o después, miente. O no está comprometida. O no ama.

“Esta candidata también fue tajante para negar que la lucha del Frente Patriótico Manuel Rodríguez y de todos los jóvenes que en otras agrupaciones combatieron contra la dictadura hubiera sido decisiva para acabar con la tiranía”.

(El documento completo se puede leer aquí).

La atmósfera política chilena se ha puesto como las tardes de una primavera mal venida, esto es: indecisa frente a las horas que siguen. ¿Lloverá? ¿Vendrá un vendaval? ¿Asomará un cachito de sol? ¿Caerá una helada de esas que queman las plantitas recién abiertas?

Por ahora lo más fácil es predecir mal tiempo. Y si transita alguien en las proximidades de las oficinas presidenciales –o algún viajero llegado a Chile piensa conocer La Moneda– se le debe recomendar el uso obligatorio de impermeable –y si la tiene, de máscara anti gas–: se ha prohibido manifestar inquietud, desazón o protesta alguna en las inmediaciones.

Lo dicho: incapacidad. Mamá se ha enojado y los niños se van a la cama sin postre. Y si reclaman no les permitirá ver televisión.

Mientras, todos echan leña a la hoguera por las declaraciones del embajador de Venezuela. Es comprensible: los chilenos son cada vez menos claros; no porque piensen poco, sino porque no se atreven a decir lo que piensan. Todo es eufemismo, subtexto, entretexto y encomendarse a que llegue el terremoto y se lleve las palabras. Como lo aclara muy bien el periodista Ernesto Carmona en esta misma revista –seis titulares más abajo– nada de lo señalado por el embajador Delgado es mentira y en ninguna parte del texto de sus declaraciones se ofende a nadie.

Pero no. Convencidos los políticos de que el destino de Chile es convertirse en una California surera todos aportan algo a la desmemoria. Huyen de sí mismos; si en el camino cae un trabajador o un mapuche –que es también un trabajador–, pues mala suerte: no debieron ponerse delante.

Otra mujer, también periodista, escribió a propósito de estos últimos días “políticos” Chile da asco; entre otras cosas dice: “Qué puedo decir, días de furia. Chávez llamando diablo a Bush;que el podium de la Asamblea General de Naciones Unidas olía a azufre porque horas antes Bush habló en ese lugar… Como una catarsis. Pero en paralelo “analistas” chilenos llamando loco, una vez más, a quien osó expresar semejante metáfora. Mientras, el paro de la salud más discriminado que el de los secundarios”.

Y más adelante:

“Y Letelier jr., declarando que Chávez, en su discurso en la ONU, cuando corrigió a la Michelle (que se olvidó de mencionar la infraestructura facilitada por la la CIA para el asesinato de Orlando Letelier, padre del flamante senador). Declarando Letelier jr., digo, que Chávez erró en ese dato, el de la CIA.

“No mames güey. Ni te acordaste de tu tía Fabiola…”.

(El texto completo puede leerse en Por la libre).

En 15 horas más todo indica que los profesores protestarán. Nadie se pregunta por qué protestan, sino cómo los reprimirán. Pese a los años e inversiones de los gobiernos concertacionistas las escuelas, colegios y universidades y otros institutos de educación siguen con déficit en sus bibliotecas –si las tienen–.

Hace pocos días el país supo que uno o dos carteros quemaron piezas de correspondencia en vez de entregarla –un cartero gana alrededor de $ 150.000 mensuales (unos US$ 270.00)–. Pero nadie parece enterarse que se está quemado algo más que un saco de facturas, cartas familiares y demandas por cuentas impagas.

Los espejismos en el pantano no permiten que aquellos que gobiernan puedan preguntarse cuántos cientos de miles de jóvenes quemaron por el diseño de una política social y un sistema educativo miserables.

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