Mar 19 2007
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Política

Chile. – LA IZQUIERDA Y LA GLOBALIZACIÓN

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Los argumentos del ex mandatario fueron potentes. Habló acerca de la tradición de la izquierda. De su afán de construir una sociedad dentro de las fronteras de sus propios países. Y cómo eso ya es pasado remoto. Lo que hoy se impone –sostuvo– es que la mirada que coloca al ser humano como centro de sus preocupaciones, también sea global.

Destacó que el desafío es la fijación de normas claras. Porque al abrirse al mundo sin ningún resguardo, “vamos a percibir crecientemente que hay globalizadores que ponen las reglas y globalizados que deben aceptar las reglas de otros”. Más adelante mencionó algunos de los temas que tienen que ser incorporados como quantum de la globalización. Y habló de las migraciones. De la contradicción entre la libertad de movimiento de mercaderías, tecnologías y dinero, y de las restricciones al traslado de las personas.

También se refirió al terrorismo y dijo que éste no sería derrotado si no se lo enfrentaba globalmente.

Me imagino que Lagos se refirió a varias otros tópicos. Pero este es el resumen que puede tener cualquier mortal chileno. fotoEs la columna que registró El Mercurio. Una particularidad comunicacional criolla. En que la capacidad concentradora del modelo neoliberal nos ha dejado sin alternativas de información. Algo que comenzó con los gobiernos de la Concertación –en dictadura había más prensa progresista– y que Lagos no remedió. Haciendo esta salvedad, es conveniente decir algunas cosas respecto del pensamiento del ex presidente.

Él es un político socialista de experiencia. Con diversas batallas en el cuerpo. Por lo tanto, debe recordar que la izquierda siempre privilegió lo que llamaba internacionalismo proletario. Y si aquello no era una mirada global, francamente no sé cómo denominarla. Creo que el problema no está allí. No está en que la izquierda haya pretendido –y siga haciéndolo– crear sólo sociedades nacionales.

La gran diferencia entre ayer y hoy es que aceptar la globalización como la plantea Lagos es olvidar la génesis de la izquierda. Ésta nació para defender a los humildes. Para crear sociedades justas. En que la riqueza llegara a todos. No sólo se concentrara entre los que tienen el poder, el capital. Eso fue la izquierda y algunos pretenden que siga siéndolo. Reconocen el mundo empequeñecido en que hoy vivimos y advierten con mayor inquietud que las amenazas contra los humildes no han terminado.

Por el contrario. La globalización, estimulada por el capitalismo neoliberal, ha empeorado las cosas. Los trabajadores ya no son un factor que la institucionalidad considere gravitante. Han sido dejados al arbitrio del poder del capital. Las legislaciones flexibilizan cada vez más la situación laboral. Y eso significa menos protección para el trabajador, menores salarios. Todo ello bajo la justificación de que es necesario para competir en el mercado mundo.

En cuanto a la fijación de normas, uno no puede dejar de estar de acuerdo con Lagos. Pero para eso es necesario contar con un Estado fuerte que las haga cumplir. Sin él, las normas se transforman en parafernalia. Aunque sostuviera majaderamente que las instituciones funcionaban bajo su gobierno, la realidad dice otra cosa.

Él no fue capaz de defender el entorno. El medioambiente fue constantemente degradado durante su administración. Allí están las plantas de celulosa, las salmoneras, Pascua Lama. Esa defensa también le corresponde a la izquierda. Porque la diferencia entre izquierda y derecha es que una defiende al sentido justo que inspira humanismo equitativo. Y la otra se asienta en la libertad. Especialmente para que el individuo haga lo que se le antoje con la riqueza, incluyendo la naturaleza, el entorno y las relaciones entre los seres humanos.

Además, durante la administración Lagos, Chile fue un sumiso globalizado. Tuvo un arresto de dignidad al oponerse a la invasión de Iraq por parte de fuerzas mayoritariamente de los Estados Unidos. Pero en América Latina no fue un faro integrador. Por el contrario. Hasta se dio el lujo triste de apoyar un golpe contra un gobierno democrático.

Es raro. Lagos parece creer que el juego de izquierdas y derechas es una mera cuestión de ambidiestralidad. Su argumentación deja de lado cuestiones esenciales. La globalización, obviamente, no puede desconocerse. Pero tampoco puede desconocerse que un tercio de la humanidad –2.000 millones de personas– vive con un dólar diario. Es imposible ocultar la concentración de la riqueza. Y que Chile está entre las diez naciones que peor la reparte en el mundo.

A ese puesto nada envidiable llegamos cuando él era presidente.

Ricardo Lagos puede decir lo que se le antoje. Tiene inteligencia y trayectoria. Pero no es capaz de ocultar que sus consejos no vienen de la izquierda. Habla acerca de algo que ya no comparte.

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* Periodista.

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