Nov 5 2007
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Política

Chile. – LAS LECCIONES DE SEPTIEMBRE 2007

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Nótese que este gobierno represivo, está promoviendo al Estado de Chile para ocupar un asiento en la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Lo cierto es que en aquellas intensas jornadas, el gobierno de Chile recurrió al viejo expediente de criminalizar las manifestaciones populares en vez de atender los reclamos de justicia y de fin a la impunidad, ampliación de la negociación colectiva, aumento en los salarios, mayor justicia social, etc., impulsada por las agrupaciones de DDHH y los trabajadores.

Por otra parte, grupos de ultraizquierda y anarquistas mostraron su verbalismo inconducente, pues el que tuvo la ingenuidad de creer que allí enfrentados a la represión cara a cara se la iban a jugar e iban a romper la represa policial, comprobaron que su bravura les alcanzó sólo para emprenderlas contra las barreras metálicas y vidrios de instituciones que como era de esperar no les contestaban, es decir, mostraron la oreja pequeño burguesa y por enésima vez que sólo son capaces de trenzarse en acciones más de vandalismo que nada, en descampado o refugiados entre los trabajadores, mujeres y niños que obviamente no comparten sus bravatas.

La pregunta es ¿cuando estos grupos convocarán a su propia marcha, desplegarán sus capacidades y demostrarán la justeza de su línea política a la cual adherirían las masas? Así nos darían un gran tapabocas y con justicia serían nuestra vanguardia.

En todo el desarrollo de los acontecimientos en las dos jornadas de movilización, primó la falta de conducción política y el desmadre del lumpen en la noche del 11 de septiembre que puso el corolario final, que no es más que otra cara del vacío de conducción, de la cual, la izquierda no se hace cargo, como si fuera un hecho de la causa, produciendo desconcierto, desmovilización e impotencia.

Resultado de todo esto fue la orquestación de la muerte de un carabinero, que resultó ser como los aviones que se estrellaron contra las torres del World Trade Center, la excusa perfecta cuando más se necesitaba. Este hecho no tiene nada que ver con el azar o la mala suerte, es más bien, el resultado de un clima de violencia gestado con antelación desde palacio. Sirvió para desbloquear la, en ese momento, insostenible posición de un ministro del interior responsable de la militarización del centro de Santiago y su compromiso con esta policía militar que hay en Chile y terminó de sellar con firma incluida, ¨la criminalización de las manifestaciones públicas¨.

Esta realidad debe ser centro de preocupación de la izquierda. Ya la Intendenta de Santiago había creado un lenguaje para la represión ocultando el hecho esencial de un “Santiago sitiado” y que la ni la izquierda ni las organizaciones populares denuncian con claridad. Se pasa a llevar y se veja a las compañeras de detenidos desaparecidos y no hay ninguna reacción, ni intento de reacción de parte de las organizaciones políticas y, los responsables de esto, salen indemnes. La guerra sucia y sicológica desplegada, incluyendo los acontecimientos que culminaron con la muerte del carabinero debe ser estudiada y comparada porque ¿cuál fue la reacción del gobierno y de la presidenta ante la muerte del trabajador subcontratista en las movilizaciones contra las empresas forestales?

Ninguna, mataron a un don nadie y bien muerto está.

Este lenguaje hipócrita que habla de “salarios éticos” cuando se debe hablar de salarios de explotación, este lenguaje que habla de acuerdos sociales, para ocultar el mantenimiento de la apropiación feroz del plus trabajo. Este lenguaje que permite dar legitimidad al hecho sin precedentes que se destinen 940 millones de dólares a “seguridad pública” para afianzar la represión y no las causas que son el eje de la delincuencia y que están en una sociedad construida sobre una base de brutal injusticia e inequidad.

Un lenguaje y una estrategia existencial que ha corrompido todo el país hasta sus cimientos: todo se transa o se vende. Han corrompido la educación, todo es cuestión de plata, los títulos universitarios se transan y se venden, no importa si se tienen o no capacidades. Todos manoseados, los inmorales nos han igualado. Han construido un país donde el trabajo honesto, el trabajo duro no vale nada. Un traficante gana en un día lo que un trabajador del empleo mínimo se demora dos meses. Un país donde el centralismo absorbe cantidades ingentes de la inversión pública con un desarrollo monstruoso y desquiciador. Un lenguaje que llama a un “Pacto Social” que no es otra cosa que crearle un colchón de protección al gran empresariado y a los intereses del imperio.

Han hecho de la farándula una realidad nacional, importan los chismes de todo tipo de personajillos intrascendentes, hampones, prostitutas, “figuras de la TV” que ocultan la situación nacional e internacional. Mientras otros países tienen logros enormes en su independencia, en la construcción de su futuro, son ignorados o cuando no vilipendiados (constantemente se caricaturiza la imagen del presidente Chávez) por estos constructores de la pura imagen y la nada.

Quién se entera de la verdadera realidad de Venezuela, de Bolivia, de Ecuador. Al contrario, fluye la desinformación desde la Central de Información estadounidense a través de las páginas del El Mercurio, La Tercera y los los demás canales y medio que le son afines. La clase trabajadora no tiene un solo canal informativo que le sea siquiera cercano. El pueblo no tiene un solo diario que comunique y difunda sus intereses. Entonces ¿de qué pacto social estamos hablando? Hemos perdido la capacidad de asombro ante tanta idiotez ambiental.

La Derecha y los grandes grupos empresariales que controlan el país seguirán imponiendo sus condiciones no sólo fuera sino desde dentro del gobierno. Los dirigentes de la Concertación creen que gobernando al gusto de la derecha cimentarán ser gobierno nuevamente. Obvio la falsedad de este criterio. Viven aislados de su pueblo y del resto de América que camina en otra dirección Los Aliancistas – UDI tienen arrinconada a la presidenta Bachelet, tal como dijeron, para que llegue a las próximas elecciones convertida en una “mujercita” sin capacidad de conducción ni liderazgo. Los próceres de la concertación sólo han asimilado una lección: política implica buenos negocios.

Nosotros los profesionales de izquierda sabemos que en las actuales condiciones nuestro trabajo no está ni lejanamente al servicio de las mayorías y en todo caso también formamos parte de esta gran masa de explotados, cuyo trabajo es apropiado en definitiva por una casta burguesa que sigue conduciendo al país a la bancarrota social. Es una situación que deploramos, pero también tenemos claro que frente a este poderoso enemigo de clases, la izquierda, no está a la altura de las circunstancias, atomizada en intereses pequeños que a estas alturas no son legítimos, pues se traducen en el sufrimiento y la corrupción de un gran pueblo como el nuestro: pueblo que fue capaz de construir una experiencia tan gravitante como la Unidad Popular.

Nosotros estamos por la unidad, no cualquier unidad, sino aquella que se desarrolló alrededor del Programa de la Izquierda. Es ese Programa el que convocó e interpretó a miles de personas, es ese el que sigue teniendo vigencia. Es necesario hacerle ajustes de forma, pero allí esta la base de la unidad, las otras cosas sobretodo aquellas que tienen que ver con suspicacias ideológicas son pequeñeces y existe la obligación de superarlas.

Las lecciones de septiembre se traducen en un sólo hecho central: Unidos todo, separados nada.

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* Frente Amplio de Profesionales de Izquierda.

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