Sep 7 2010
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Cultura

Chile: once de septiembre

Álvaro Cuadra.*

Este mes de septiembre en el año del bicentenario, bien merece revisar aquello que marcó, desde la década de los setentas, nuestra vida republicana hasta el presente. No se trata de una rigurosa mirada retrospectiva de carácter histórico, sino más bien de una reflexión que quiere rescatar una experiencia en todo cuanto ella tiene de actual. Para ello, es imprescindible dejar de lado cierto localismo, acaso provincianismo, con que se piensan estos acontecimientos.

Como bien sabemos los chilenos, todavía hoy existe una polvareda de prejuicios auto justificatorios y de desinformación interesada tendente a desprestigiar todo lo relativo al gobierno que precedió al golpe militar de 1973. Más allá, entonces, de la mitología construida como una retahíla de lugares comunes, convertida hoy en “historia oficial” para las masas, es necesario volver a examinar aquella experiencia llamada Gobierno Popular, encabezada por Salvador Allende, tratando de comprender aquello que excede lo contingente de aquella época.

Lo acontecido en Chile entre 1970 y 1973 fue, en primer lugar, una experiencia radical de democracia que, al igual que otras experiencias históricas comparables, culmina un proceso e inaugura otro. Se trata de un momento original y originario, inédito, que por lo mismo reclama hasta el presente un examen detenido como uno de los posibles de la historia de la humanidad.

Pocas veces los pueblos alcanzan cimas en su historia, sea por la radicalidad del reclamo, por la estatura de los anhelos, por la profundidad del cuestionamiento. La “vía chilena al socialismo”, es, a nuestro entender, una de aquellas cumbres.

Si bien el gobierno del doctor Allende se inscribió en las coordenadas internacionales de su momento histórico, marcado a fuego por la llamada Guerra Fría, no se puede negar que el proceso que lleva a esta nueva constelación de sentido obedece al desarrollo de una cultura popular en el seno de la sociedad chilena durante la primera mitad del siglo XX.

En pocas palabras: la experiencia radical de democracia, a la que aludimos, es una experiencia social y política chilena ligada a la madurez alcanzada por el movimiento popular. Esto significa que en la sociedad chilena se halla entre sus posibles una experiencia de este tipo, así como su violenta negación.

Más que apelar a las “lecciones de la historia”, lo importante es advertir aquello de fundamental que se hizo manifiesto en un momento dado de nuestra historia, pues ello nos mostrará, justamente, lo inacabado, lo inconcluso, lo pendiente. Ello hace posible que la política haga inteligible la historia, convocando lo esencial de un Otrora para convertirlo en un Ahora.

Cada once de septiembre nos trae a la memoria, a todos los chilenos, aquella clausura de una experiencia. Para algunos pocos reafirma y justifica, todavía, la violencia de la negación. Para otros, en cambio, muestra que es posible y legítimo  aspirar a una forma de gobierno radicalmente democrático de nuevo cuño; en suma, es concebible un Chile otro en que cualquier figura de privilegio económico, social o político resulte abusiva, inaceptable, es decir prescindible; y por tanto, es posible y necesario para los chilenos trascender los límites actuales de esta pseudo democracia concebida como instrumento de dominación.

* Doctor en semiología, Universidad de La Sorbona, Francia. Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados, Universidad ARCIS, Chile.

 

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Ago 24 2010
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Sociedad

Chile: once de septiembre

Álvaro Cuadra.*

Este mes de septiembre —en el año del bicentenario— bien merece revisar aquello que marcó, desde la década de los setentas, nuestra vida republicana hasta el presente. No se trata de una rigurosa mirada retrospectiva de carácter histórico, sino más bien de una reflexión que quiere rescatar una experiencia en todo cuanto ella tiene de actual. Para ello, es imprescindible dejar de lado cierto localismo, acaso provincianismo, con que se piensan estos acontecimientos.

Como bien sabemos los chilenos, todavía hoy existe una polvareda de prejuicios auto justificatorios y de desinformación interesada tendiente a desprestigiar todo lo relativo al gobierno que precedió al golpe militar de 1973. Más allá, entonces, de la mitología construida como una retahíla de lugares comunes, convertida hoy en “historia oficial” para las masas, es necesario volver a examinar aquella experiencia llamada Gobierno Popular, encabezada por Salvador Allende, tratando de comprender aquello que excede lo contingente de aquella época.

Lo acontecido en Chile entre 1970-1973 fue, en primer lugar, una experiencia radical de democracia que al igual que otras experiencias históricas comparables culmina un proceso e inaugura otro. Se trata de un momento original y originario, inédito, que por lo mismo, reclama hasta el presente un examen detenido como uno de los posibles de la historia de la humanidad.

Pocas veces los pueblos alcanzan cimas en su historia, sea por la radicalidad del reclamo, por la estatura de los anhelos, por la profundidad del cuestionamiento. La “vía chilena al socialismo”, es, a nuestro entender, una de aquellas cumbres.

Si bien el gobierno del doctor Allende se inscribió en las coordenadas internacionales de su momento histórico, marcado a fuego por la llamada Guerra Fría, no se puede negar que el proceso que lleva a esta nueva constelación de sentido obedece al desarrollo de una cultura popular en el seno de la sociedad chilena durante la primera mitad del siglo XX.

En pocas palabras, la experiencia radical de democracia, a la que aludimos, es una experiencia social y política chilena ligada a la madurez alcanzada por el movimiento popular. Esto significa que en la sociedad chilena se halla entre sus posibles una experiencia de este tipo, así como su violenta negación.

Más que apelar a las “lecciones de la historia”, lo importante es advertir aquello de fundamental que se hizo manifiesto en un momento dado de nuestra historia, pues ello nos mostrará, justamente, lo inacabado, lo inconcluso, lo pendiente. Ello hace posible que la política haga inteligible la historia, convocando lo esencial de un Otrora para convertirlo en un Ahora.

Cada once de septiembre nos trae a la memoria, a todos los chilenos, aquella clausura de una experiencia. Para algunos pocos reafirma y justifica, todavía, la violencia de la negación. Para otros, en cambio, muestra que es posible y legítimo  aspirar a una forma de gobierno radicalmente democrático de nuevo cuño, en suma es concebible un Chile otro en que cualquier figura de privilegio económico, social o político resulte abusiva, inaceptable, en suma, prescindible; y por tanto, es posible y necesario para los chilenos trascender los límites actuales de esta pseudo democracia concebida como instrumento de dominación

* Doctor en semiología, Universidad de La Sorbona, Francia. Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados, Universidad ARCIS, Chile.
 

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