May 8 2010
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Sociedad

Chile: otro bicentenario

Jesús Sepúlveda.*

Quizá el discurso poético surge alrededor de las fogatas, cuando por la noche —que es alba del depredador— la manada humana fija los recuerdos y echa de menos a los ausentes, quizá; lo cierto es que la poesía permite iluminar, concebir el presente como un tránsito entre ayer y lo que vendrá. Sin memoria no hay pasión, sin pasiones el sueño no es más que noche durmiente. He aquí un otear diferente a las celebraciones que vienen.


200 años

¿Qué es un país?

¿Un recuerdo
una calle sin salida donde juegan los niños a la pelota
la hora de once o una tarde de verano
un momento
el olor del pan tostado
y la certeza del hogar?

¿O una tumba donde descansan los padres que dejaron un hueco abierto?

¿Una lápida bajo el cielo de febrero
y marzo
y junio cuando se sabe la verdad?

¡Oh, gloriosa precariedad de los días de abril!
¡Oh, mes más cruel
y mortecino
que desencadena la memoria!

¿Qué es un país?

¿Los ojos profundos de una hija que nos ve partir en silencio?
¿El hedor de una esquina a medianoche
un almacén
o la avenida con sus tiendas de ropa?

Hay un tocadiscos de vinilo

Muebles tristes
que encienden la oscuridad de un plato de sopa

Reflejo fugaz en las ventanas del metro
Rostros sorprendidos ante tanta celeridad

¿Qué es un país?

Postal borrosa
Pasaporte
Velador en desuso

Amalgama de barrios y poblaciones
Alcantarillas ante el ocre del ocaso

El río Lobo donde habitan las ratas de la mugre
y los comentarios pícaros de mi padre ya muerto

Fragancia de amigas y bellas amantes
en las flores del papel mural de un hotel parejero

Cervecerías frente a las plazas
que evaporan el día y prenden la luz
Autobuses

Al fondo se oyen los pasos apurados de mi madre trabajadora

¿Qué son esos departamentos derrumbados como cajas de fósforos?
¿Y los días en el péndulo de un reloj detenido frente al mar?

¿Qué es la muerte?

Con la bandera no se juega y mostró el puño -dijo-
Con los emblemas no se jode y sacó un cañón –hizo-
Con las llaves cerró el paso y vociferó –se satisfizo-

Banda de bandidos
y alaracos

Estafetas de uniforme
y testaferros

Puercos del infierno
y del cielo

¿Qué hicieron cuando quemaron a esos niños?

Se encendieron barricadas
No hubo arrepentidos

Y nadie dijo nada, Pezoa
ni el vecino Soto, ni el amigo Astaburuaga

Porque somos eso:
un montón de apellidos desparramados desde la cubierta de un barco
aventureros sin timón endebles bajo la noche
desarraigados con barba
y mujeres oscuras portando la cruz de la masacre

¿A qué se vino?
¿A mezclarse o a esclavizar?
Fronda épica en octava real

¿Será acaso la última vez que escriba como compatriota?

Déjenme crecer la cara
Rasputín enloquecido

¿Qué es un país?

La madre superiora de un colegio de monjas guarda su rosario bajo la almohada
Se derrite el barquillo de chocolate en la gelatería del centro
Las montañas se deslavan como trozos de plumavit
Jinete solitario en el valle de una acuarela

¿Qué fue de los bombarderos?
 
¿Y la plaza con niños donde había una aplanadora
la bicicleta de Wilson
la paquetería
la botica
la feria de los sábados
y sus verduleros?

¿Acaso hubo un Nguillatún que nos involucrara a todos?

Cai-Cai Vilú
Tren-Tren Vilú

La serpiente de tierra da coletazos en el agua

Y esas viejas arrugadas cargan bolsas pesadas
con sus piernas chuecas de gallinas en gallinero

¿Qué dijo el doctor
y la matrona
o la meika del sur que lee la orina?

¿Qué es un país?

¿Y sus doscientos años?
¿Qué son?
¿Qué se celebra?

¿Acaso la risa impostora que piensa en miles de millones?

¿Las patillas mofletudas
de un libertador colorín y rechoncho?
¿El pelo chuzo del ilustre Salas?
¿O la Aurora de un cura que no fue pedófilo por miedo a amar?

¿Dónde quedaron tus arroyos
álamos imponentes
lagos con la forma de cisnes de cuello negro?

¿Qué se hizo la tierra verde?
Vergeles que una vez abrazaron la brisa

¿Qué fue de las pozas azules
repletas ahora de basura y plástico?

Hubo un país y un hombre culto que creyó en la fuerza de su tono metálico
y una guitarra
una sonrisa
una arpillera escrita con poesía

¿Qué fue de todo ello?

¿Acaso un bombazo desmoronó el recuerdo?
¿Tan frágil era la melodía?
¿O los hombres de verde que no quisieron ayudar echaron tierra en la última sepultura?

No te extraño, viejo amigo, sólo te quiero a la distancia.

 

* Poeta, ensayista, profesor universitario.
Reside en Estados Unidos, donde enseña.

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