Mar 10 2008
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Cultura

Chile. – PRIMERAS VÍCTIMAS DE LOS CULTIVOS TRANSGÉNICOS

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Para los que no saben, transgénicos son los productos vegetales o animales a los que se ha modificado el código genético para obtener alguna ventaja, generalmente económica. Así, se insertan genes que hace que la planta produzca toxinas naturalmente y ataque ciertas plagas, o para que crezca más rápido, o produzca frutos más duros o de otro color, o para que sus semillas sean estériles, ya que con eso tienen clientes cautivos que les tienen que comprar semillas todos los años, etc.

Agregamos que el material genético de las plantas es muy transmisible entre especies, de modo que nuestras especies tradicionales pueden haber adquirido ya estas mutaciones. Pero, como en la Naturaleza todo depende de todo, en un equilibrio dinámico en que ella misma se va adecuando según leyes inmanentes que los actuales científicos no dominan: cada vez que el ser humano interviene violentamente, lo estropea todo.

El síndrome del Ratón Mickey

Igual que el Ratón Mickey en la película de Walt Disney Fantasía en el episodio El Aprendiz de Brujo, cuando en aras de su flojera e imprudencia, el aprendiz le roba el manual de brujería a su patrón y multiplica y da vida a millones de escobas que cargan agua desde el pozo y que terminan produciendo una inundación porque, sin dominar el total de la magia, el aprendiz no sabe como detener a las criaturas a las que dio vida.

Recordé entonces un programa de TV que dieron, me parece, en diciembre de 2007 y que trataba de un biólogo húngaro, el Doctor Pusztai, que trabajaba en el Rowett Research Institute, Aberdeen, Escocia, que sometiendo a pruebas de inocuidad para la salud humana a unas papas transgénicas a las que se les había modificado una lectina para hacerla resistente a una peste, éstas no solo no pasaron la prueba sino que demostraron ser venenosísimas, deprimía el sistema inmune y las ratas alimentadas con esa comida desarrollaban órganos internos menores.

El Dr. Pusztai enfatizó que hay substancias en los alimentos sometidos a Ingeniería Genética que tienen un efecto lento que no es detectado ya que los test oficiales aprobados para examinarlos, no requieren pruebas de largo plazo. Las regulaciones oficiales en el Reino Unido, prescribían un procedimiento de aprobación basado en el principio de “equivalencia substancial” que consiste en “comparar el producto transgénico con su homólogo natural usando un número limitado de características y si se las encuentra similares, no hay razón para someter el producto a pruebas más minuciosas.”

“Esta premisa no tiene fundamento en la ciencia. No toma en cuenta la posibilidad de que en cada caso individual, la inserción de genes en el ADN puede causar alteraciones metabólicas, o la generación impredecible de sustancias potencialmente tóxicas. Esto se fundamenta en razones moléculo-bioló gicas y además ha sido demostrado en casos experimentales Sustancias tóxicas de reacción muy lenta pueden ser muy difíciles de detectar. Por este motivo hay un riesgo considerable de que no serían detectados si se aplican las pruebas superficiales usadas para establecer la “equivalencia substancial” . (Millstone E, Brunner E and Mayer S, “Beyond Substantial Equivalence” , Nature 401: 525-526, 7 Oct 1999).

Entonces vemos que la comunidad científica, no acepta a rajatabla el control de la toxicidad basado en la “equivalencia substancial” principio usado en todas las instituciones que han declarado que los transgénicos son inocuos para la salud humana. Y ahí está la gran polémica. Habría que averiguar qué controles se practican en Chile a aquellos que importan material transgénico.

Bueno, el Doctor de marras fue humillado y zarandeado hasta que los laboratorios independientes le dieron la razón y se vio que el Instituto dónde el trabajaba recibía cuantiosas donaciones de una transnacional que tiene el monopolio de los transgénicos y no era tan independiente como todos creían. Aquí se confunde la polémica, y se empieza a dudar sobre la imparcialidad de ciertos científicos, políticos e instituciones.

Leo en la tevista Food un artículo fechado el 14/3/2007 en donde el Profesor Gilles Séralini del Comité para la Investigación Independiente de Ingeniería Genética de la Universidad de Caen declara con respecto a la variedad de maíz Monsanto MON863 aprobada en Europa:
“Nuestra evaluación de control muestra que hay signos de toxicidad y que nadie puede decir científica y seriamente que el consumo de maíz MON863 es seguro y bueno para la salud”.

Esto fue comprobado en un estudio publicado on-line en la revista de la comunidad científica Archives of Environmental Contamination and Toxicology. Y continúa el Profesor Gilles Séralini: “Tenemos los primeros signos de toxicidad apareciendo a nivel del peso corporal, los riñones y el hígado, y eso difiere con el sexo indicando efectos hormonales profundos”.

Los investigadores están preocupados por los métodos usados por Monsanto para informar sobre la seguridad e inocuidad del maíz. La crítica dice que los métodos estadísticos usados son insuficientes para observar las perturbaciones bio-químicas. En otras palabras: los test empleados por la Monsanto, no son los que la comunidad científica considera seguros a largo plazo.

Alerta que merecería color rojo

Leo un estudio publicado en Chile en 2004 cuya referencia incluyo (Ríos Núñez, Sandra (2004) “Cultivos transgénicos en Chile” en Observatorio de la Economía Latinoamericana, número 38. Texto completo aquí) y me siento atemorizada al comprobar que ya en el año 2004 la mayoría de los productos alimenticios envasados que se consumían en Chile contenían material transgénico. Y veo que las etiquetas dicen…nada.

¿No tenemos derecho a saber qué comemos? ¿Qué pasa con el Ministerio de Salud y el etiquetado? Seguramente no hay leyes, hay vacíos legales. ¿Y quién hace las leyes?

La guinda de la torta fue enterarme que se está discutiendo en el senado, el dar permiso en Chile para cultivar transgénicos que no sólo sean semillas para exportar, sino para cualquier uso. Me pregunto: ¿Los honorables que van a votar este proyecto leen revistas científicas? Porque si los laboratorios de Europa se han equivocado en revisar los efectos de los transgénicos en uso ya que la comunidad científica está poniendo en duda sus métodos de evaluación, el SAG ¿tiene pruebas mejores, mas finas, más avanzadas, para protegernos? ¿Se han dado cuenta de que se están jugando el futuro de la salud de nuestros hijos, la contaminación de nuestras especies, que están jugando a ser como el Ratón Mickey del cuento?

Los Derechos Humanos no sólo se refieren a las víctimas de la dictadura, fallecidos hace 35 años, también se refieren a nosotros ahora, y a que si no queremos comer comida envasada que tiene este material transgénico, podamos siquiera ir a La Vega y cocinarnos nuestra propia comida sin temor a ser envenenados lentamente. Porque los genocidios actuales ya no van por meter gente a los hornos, van por la contaminación del mundo permitida por los que ostentan el poder y avalada por los comerciantes, que son comerciantes ante todo, no ejemplos de ética ni moral comunitaria.

Y después van a decir “Es que yo no sabía, nadie me informó”, como todos los que se han hecho los locos con todas las matanzas de la historia. Una digresión personal.

Bueno, ese trabajo de Séralini en Francia fue aceptado por la comunidad científica e introduce nuevos conocimientos que deberían modificar los puntos de vista tan relajados que se tienen aquí en Chile. No me cabe la menor duda que la Comunidad Europea va a empezar a reconsiderar, ya que son ellos los que sufren. De partida las normas de etiquetado de los alimentos en Europa se han hecho más estrictas:

“La ley aprobada por el Europarlamento establece fundamentalmente el etiquetado obligatorio de todos los alimentos transgénicos, para que los consumidores del Viejo Continente puedan elegir si comerlos o no. Esta obligación abarcará a todo tipo de OGM, ya sean materias primas –como la soja y el maíz que produce la Argentina–, sus derivados (harinas u aceites) y los alimentos elaborados a partir de esos ingredientes. La ley, incluso, impone identificar la carne y la leche de animales alimentados con granos transgénicos”, decía el Clarín de Buenos Aires en su edición del 3/7/2003 ante los temores de que las exportaciones de transgénicos disminuyan, ya que ellos eran los segundos en el mundo exportando organismos genéticamente modificados y temían que los consumidores europeos rechacen sus productos.

Todavía los europeos están debatiendo estos problemas porque la presión de los fabricantes de transgénicos es enorme y los laboratorios no son independientes, de hecho es una actividad cara que necesita ser patrocinada.

Responsabilidad

En el mundo hay gente responsable; existe un grupo llamado Physicians and Scientists for Responsable Application of Science and Technology que está luchando para derogar el uso de la “equivalencia substancial” como principio de control de los transgénicos y aplicar normas de control científicamente validadas para ese tema.

Otra disgresión personal: un pequeño de mi familia tiene cáncer a la tiroides. Me comenta su abuela: “Los médicos nos dijeron que desde que los franceses hicieron experimentos nucleares en Mururoa, el cáncer a la tiroides en Chile se ha multiplicado”. Sé que no es una observación científica sino empírica, pero ahí estamos con el record de ser los terceros en el mundo en cáncer gástrico, por ejemplo. El no pudo elegir, la radioactividad que se acumula en glaciares en las altas cumbres de los Andes va haciendo su efecto y no hay nada que podamos hacer para evitarlo.

Cuando la Unión Europea decida que los transgénicos son peligrosos y ya hayamos contaminado nuestros cultivos ¿Podremos exportar nuestros frutos? ¿No será tarde? Ya no podremos elegir.

Yo, que suelo cocinar, he visto como se pierden nuestras especies más sabrosas: el maíz de grano pequeño e irregular que sirve para el pastel de choclo, el tomate grande de Rengo, deforme y sabroso, el ají cristal, aromático y otros. Y de paso nos entregan otras cosas de mal gusto y que quizás nos envíen de turismo al Más Allá antes de lo presupuestado.

Resumiendo, hay tres cosas que debiéramos exigir respecto a los transgénicos:

• Una, que adoptemos las normas del Mercado Común Europeo en el etiquetamiento de los productos para saber lo que estamos comiendo,

• Dos, que no se permitan los cultivos de transgénicos en Chile para ninguna finalidad, ya que las ventajas para la comunidad chilena de producir transgénicos son muy discutibles y poco claras, y una vez extendidos estos cultivos ya no hay marcha atrás. No creo que la subida al carro del progreso pase por estos cultivos y el costo social es imprevisible,

• Tres, que las pruebas de control actuales sobre estos alimentos incorporen las observaciones de la comunidad científica, y no quede en homologaciones que no son aparentemente válidas para estos nuevos productos.

Sería enaltecedor que la comunidad científica chilena: biólogos, médicos, toxicólogos, ambientalistas, genetistas etc. entraran en este debate y se hicieran escuchar; y también la gente común fuera informada de lo que está pasando en este campo.

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Publicado originalmente en Piensa Chile
piensachile.com .

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