Jun 4 2009
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Opinión

Chile, sondeos: el país por su cuenta, pero todavía es pronto para Pamela Jiles

Lagos Nilsson

El sondeo de TNS Times que indicó una preferencia ciudadana superior por Marco Enríquez-Ominami que por Eduardo Frei no constituía el martes –cuando se hizo pública– mayor novedad; en rigor TNS Times dudó casi una semana en darla a conocer (y lo hizo en forma incompleta). Lo terrible que entregan esos datos –advirtiendo que la metodología tiene márgenes de error probable de entre un cinco y seis por ciento– no es el resultado, es la constatación de que pretenden gobernar al país capitanes sin buque cuyas tripulaciones hace rato buscan dónde enrolarse. No piden mucho –o exigen demasiado–: claridad, ética e inteligencia.

 

Las alrededor de 26 semanas que faltan para 13 de diciembre son mucho tiempo; durante su transcurso no sólo crecerán pajaritos nuevos, podrán ser paridos los más extraños y disímiles monstruos en forma de pactos, acuerdos y engañifas varias. Nunca fue un tigre la Concertación, pero como aquel felino, y por lo demás cualquier animal herido, puede tornarse peligrosa. Sobre todo porque tiene una vocación inmensa de suicidio.

Lo mismo se puede decir de la Alianza, en cuyo caso lo recomendable es olvidar al tigre y recordar al carancho.

En política comete suicidio quien se aferra a lo coyuntural negándose a otear los polvos alzados de lodos que navegan con viento cruzado tanto como el que, advirtiendo el vendaval, no es capaz de reconocer su naturaleza ni medir la intensidad con la que se despliega.

Esbozo del paisaje

El mero pragamatismo –como lo prueba la historia contemporánea– carga la tradicional pistola del suicida o afila el arma ceremonial del sepuku, aunque no hay peligro de que salpiquen el entorno: el sepuku es sólo para los que se rigen por el bushido, y un bushi es guerrero, no burócrata o traficante.

La Alianza y la Concertación no corresponden a las dos caras de Jano –ese dios latino que lo era de los comienzos y los finales–, más bien habría que buscar en otro dibujo su mejor símbolo: la risa y el llanto de la comedia y la tragedia. La tragedia fue durante 1973/90, la ópera bufa se fue instalando a partir de dos elecciones aciagas: la del operador de Frei padre, Alwyn, y la del generoso (con la dictadura) Frei hijo. No quiere decir esto que "the administration" de maese Lagos haya sido un acierto ni que el casi 70% de aprobación de que goza Bachelet refleje al país profundo.

Digámoslo con franqueza: con todo y los negociados –¿pocos, muchos?– de sus personeros, la Concertación por lo menos hizo envainar el corvo que rasguñó y hendió por 17 años el vientre de los chilenos; al fin y al cabo es mejor deber "en plástico" a que le cobren a uno en sangre.

El mayor riesgo interno para el mal cicatrizado tejido social chileno se diría radica en las operaciones del narco y en hasta dónde se han roído las formas institucionales de la república. Sin olvidar los cánceres provistos por la falta de trabajo digno, de lo que son ejemplos la "tercerización" con la indignante carga de "subcontratados" y "microempresarios", los profesores (y otros profesionales y trabajadores)-taxi, los que "boletean" y etc… A lo que se suma la repugnante exacción del producto nacional por parte de los sectores financiero-industrial-comercial, la horrorosa distribución de la carga impositiva, la no resuelta política de seguridad social y el asesinato sin pausa del ambiente natural –que cobra cada vez más prisa.

Sólo que la disyuntiva planteada para estas próximas 26 semanas no será resuelta de seguir por el camino que alegremente trazan alian-concertacionistas. No se trata de que la sociedad se castigue por haber dado, como la modistilla de Carriego, un mal paso. El asunto es decidir qué país se pretende y cómo se lo ubicará en un mundo inestable –el que surgirá de la crisis que azota– sobre el que las aves de presa ya calculan lo que habrá para depredar.

La antinomia binominal Concertación-Alianza pertenece al pasado; que cada quien asuma su cuota de responsabilidad y formule sus respectivos descargos ante el tribunal de la Historia. Lo urgente a decidir es otro asunto: a qué puerto llegar cuando el siglo XXI de verdad alcance al país.

No está en juego en 2009 lo que estuvo en 1970; entonces la grandes masas ciudadanas se unieron y divergieron en torno de dos caminos propuestos sin mayores subterfugios –anotada la campaña del terror que tuviera después sórdida vigencia–. Uno para la refundación del país (la segunda independencia, económica), planteada por la Unidad Popular, y el otro no demasiado diferente del que se transita en la actualidad, considerando las peculiaridades de la época.

En 1971 la democracia-cristiana en tanto organización política jugó a ser el árbitro entre los matices de la derecha y los matices de la izquierda; terminó por poner sus fichas en el casillero que los chilenos saben, y las declaradas y honrosas excepciones de aquel tiempo fueron eso: excepciones honrosas. Cuando el PS terminó de girar sobre su eje en la segunda mitad de los ochentas, no hubo muchas excepciones honrosas y sí bastantes que se fueron a sus casas.

Sobre protagonismos

En 2009 las cosas son diferentes. La DC parece deslizarse a una realidad atomizada y final –que no pocos estiman comenzó formalmente con el alejamiento del sector comandado por Zaldívar–, tironeada, sin embargo, por dos fuerzas que responden a los mismos intereses de antaño. Así el Partido Socialista es el que podría jugar en el cuatrienio 2010/2014 el rol que jugó la DC hace 40 años –aunque lo más probable es su estallido en una miríada de fracciones y movimientos que arderán a lo largo de todo el espectro de la izquierda y centroizquierda, entre lo radical y la social democracia.

La discusión política actual, así las cosas, se plantea entre una vuelta de timón para iniciar la refundación del Estado, por una parte, y por otra en cómo estibar la nave y cambiar de rumbo para que siga el mismo derrotero y con los mismos vientos.

En política como en teatro la función debe seguir, son dos profesiones que respiran de las monedas que obtienen de "su" público, y para ello deben apretar los dientes …y que los muertos en servicio esperen. La gran y notable diferencia radica en que los actores buscan y rebuscan novedades –o reiventan a partir de viejas fórmulas probadas– y los políticos suelen repetir su primera actuación aplaudida –aunque la obra sea diferente, otro el escenario y haya cambiado la audiencia. Los actores se reconocen pese al personaje, los políticos cambian de rostro según la conveniencia.

La función –decíamos– en teatro y política debe continuar, por más que, en el caso de la política, suban cadáveres al escenario. Y errónea o no se abre paso en Chile una estimación: hay un proceso agotado. No lo conforman los años concertacionistas en La Moneda, no. Lo conforma la imposibilidad de continuar creyendo coherente la inmoralidad del acuerdo Concertación-Alianza, que se expresa en el sistema binominal –Caballo de Troya de la dictadura– para cerrar el paso a cualquier disidencia sobre la institucionalidad necesaria al modelo de acumulación y reparto, si alguno, del sobrante.

Los candidatos de ambos bloques, Frei y Piñera, son los vampiros invitados de honor a un baile de vampiros; quizá no esté por amanecer, pero por cierto algunos villanos amenazan con entrar al salón cargando espejos. Que bailen.

De cara a la historia por venir, e independientemente de la calidad de sus espejos, los protagonistas de esas 26 semanas aludidas más arriba son otros candidatos. Alejandro Navarro, Jorge Arrate, Marco Enríquez-Ominami y Pamela Jiles. Estos son apuntes provisorios. Los términos de la campaña electoral no serán evidentes antes de agosto o setiembre. Y no es del todo imposible que el sostén de los candidatos del "stablishment" aúne esfuerzos para impedir cualquier discusión amplia sobre las bases progamáticas y el sustento ideológico de las mismas que se ofrecen a la ciudadanía, si se ofrece alguna.

De hecho el único candidato que logra algún espacio de prensa es Enríquez-Ominami, al que se ha convertido –prematuramente– en fenómeno político.

Alejandro Navarro (51). De los tres candidatos que se presentan como extra alian-concertacionismo probablemente el senador Navarro refleje y represente lo más raigal de la historia del Partido Socialista, en el que militó hasta su renuncia. En efecto, hombre tanto de cuerpo colegiado como eficaz asambleísta, recoge y emite en sus intervenciones públicas al menos en estilo lo medular que fuera del socialismo chileno hasta el desastre de 1973.

En una sociedad cuyos sectores populares, marcados primero por siglos de inquilinato rural y luego por el verticalismo sangriento militar-cívico de la dictadura, suelen buscar sus dirigentes entre aquellos que destacan de sus contemporáneos por la apostura o el origen de clase, Navarro es una rara avis que no oculta un origen familiar al que no fueron ajenos los problemas económicos.

Es quizá el mejor heredero de la alguna vez tradicional vieja escuela de dirigentes socialistas y de los tres candidatos de ese tronco el único que escaló las distintas instancias dirigenciales de ese partido político, desde el Comité Central juvenil hasta el CC adulto, su primera diputación y ahora la senaturía. Uno de sus referentes al interior de la organización es el fallecido intelectual y dirigente Clodomiro Almeyda, lo que deja en claro que no se trata de un político improvisado, y contribuye a explicar sus diferencias con la conducción del "aggiornado" –muchos se atreven a decir traicionado– PS de hoy.

Se lo vincula a líderes "rojos" del continente, en especial al presidente Hugo Chávez, de Venezuela. Más que a la primera magistratura chilena, el Movimiento amplio social que funda y sostiene su candidatura, probablemente aspire a impedir la diáspora inorgánica del PS –integrando a esos militantes–, en especial si la Concertación en el gobierno no es capaz de mantener la Presidencia para un hombre de sus filas.

Jorge Arrate. El mayor de los candidatos enfrentados al pacto Alianza-Concertación (pacto no electoral, sino de caballeros para mantener la "gobernabilidad" del país; incidentalmente, no montan a caballo) destacó todavía adolescente en el Partido Radical, su primera militancia política, por su inagotable oratoria y capacidad como polemista y es el único que posee experiencia en tareas de gobierno y en la diplomacia,

Arrate, en efecto, fue uno de los asesores del presidente Allende, vicepresidente de CODFELCO y ministro de Minería; ministro de Educación de Alwyn; del Trabajo y Previsión Social y, luego, secretario general de Gobierno de Frei; al iniciarse el ocaso de su estrella fue designado embajador de Chile en Argentina por Lagos. Antes, cuando logró regresar al país de un prolongado exilio europeo, fue uno de los artífices de la unificaciòn del PS y elegido como su primer presidente –cargo creado para la funcionalidad de la etapa pos dictadura.

Su candidatura la respaldan el Partido Comunista, el Partido Humanista –que negocia, por otra parte, una lista parlamentaria con la gente de Enríquez-Ominami–, y lo que queda de pequeños, pero no poco influyentes, grupos setentistas, como la Izquierda Cristiana y sectores del Mapu.

La renuncia de Arrate al PS fue "lamentada" por la dirigencia de esa colectividad, pero menos sentida que la de Navarro y golpeará menos a esa tienda que la de Enríquez-Ominami, cuando se concrete. Es que Arrate, más que un dirigente de base es un talentoso hombre de aparato y "manejador" de ideas. Cuenta con la disciplina del PC y de grupos varios de independientes. Quienes se sienten todavía unidos orgánica o sentimentalmente al PS de Allende discuten su rol en la transformación del partido de agrupación popular a lo que en la actualidad muestra.

En cierto sentido, lo que no es poco en un hombre de su experiencia y talento, su candidatura representa una viudez que no encuentra sentido ni consuelo, en parte quizá porque le duele alguna infidelidad cometida, en parte porque sabe que el pasado "ya fue" y no es posible rebobinar el hilo de otrora.

Marco Enríquez-Ominami. El más joven y el que mejor utiliza los medios periodísticos, que conviene no pasar por alto –al menos los grandes– lo tratan con simpatía y liviandad, asunto que no debe sorprender: son diarios y canales de TV de derecha y Enríquez-Ominami resta simpatías a Frei. Allí donde "el público" encuentra desordenada la cabellera larga de Navarro, encuentra "chic" la suya.

No se trata, empero, de una personalidad vacía. En las pocas semanas desde que obtuvo notoriedad en lides políticas ha mostrado voluntad de poder y talento para adelantarse a los movimientos de los candidatos del sistema. Tras el traspié de uno de sus (presuntos) asesores en materias económicas reorganizó el área sin por ello posponer un agotador viaje por varias ciudades del país.

Por ahora su ventaja consiste en que es muy pronto para que le sean exigidos pronunciamientos serios en asuntos de gobierno –de hecho el único de los candidatos que ha presentado un plan de gobierno es Arrate–, pero no s un misterio que, al modo estadounidense, trabajan distintas comisiones en áreas no sólo de economía, sino institucional, en política y cultura.

Lo que no ha definido Enríquez-Ominami es a qué lado de la calle está: si su candidatura representa una voluntad de renovación general del hacer política en el país o si constituye un elemento renovador sólo de las costumbres, dejando intacto el aparato montado tras el fin de la dictadura. Por ahora el candidato parece dispuesto a hacer las tortillas necesarias, pero se cuida bien de informar que para ello será necesario romper algunos huevos

En fin, todavía en los prolegómenos de la campaña, se aprecia en él la frescura de una voz en aparencia nueva y oídos abiertos a la crítica. La incógnita es hasta dónde querrá echarle combustible a la máquina y de dónde lo sacará.

Pamela Jiles. La única personalidad disidente con voluntad de serlo y con el valor necesario para mostrarlo. No apuesta, no prepara una trinchera para negociar posiciones. Es capaz de escribir: "…No contesto porque mañana no hay nada, nuevamente el dólar, las deudas, el transantiago, la marginalidad de tantos hermanos, el lavado de dinero, la narcopolítica, la diosa blanca que hace pedazos esas  (aquí).

Y eso es lo que juega en su contra: se desarma en el ataque, pone el cuerpo en la descripción, no mide. Acaso su cálculo sea correcto, pero no mensurable porque tiende la mirada más lejos; es la que dice que el maderamen está podrido, es la que menciona la palabra pueblo. Todo eso la convierte en paria proscrita de las buenas conciencias "al uso nostro".

La rebeldía con bridas no es ejercicio de libertad, es galope muerto porque conduce al encierro. Las pocas o muchas voluntades que consiga sumar serán, sin dudarlo, tan críticas como dispuestas a realizar un cambio que no será, desde luego, el cambio gatopardista que otros candidatos anuncian. Detrás de su espigada figura late un país a construir.

El asunto es si el país la quiere escuchar.

Final

Los esfuerzos de los candidatos y sus comandos no parecieron en mayo haber tenido mayor efecto en orden a estimular las inscripciones en los registros electorales. Ni delos jóvenes ni de los desencantados con experiencia. Así las cosas sólo una fracción de la ciudadanía elegirá al próximo presidente.

Votos antiguos y fatigados para elegir la vetustez y la decadencia. Un ejemplo lo dio a conocer un periodista –Julio César Rodríguez, radio Bío Bío–: organizaba un encuentro entre los seis candidatos y los jóvenes que convocara su espacio. Un candidato tras regodeos dijo finalmente que no iría: no era interesante. Ése candidato fue Eduardo Frei. Con velocidad el otro dinosaurio se plegó a la negativa.

El sondeo de opinión aludido al comienzo contiene, entendemos, otro datro de interés: Enríquez-Ominami no sólo obtendría –si la elección fuera inmediata– más votos que Frei Ruiz-Tagle, le ganaría también en una hipotéti ca segunda vuelta.

Acaso los pueblos tengan los gobiernos que merecen –o los convencen que merecen. ¿Por cuánto tiempo?
 

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