Ene 23 2011
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EconomíaPolítica

China y EEUU: ni G-2 ni G-0; sencillamente G-20

Alfredo Jalife-Rahme

Mientras la agencia británica de noticias Reuters pregona el fracaso de la cumbre de EU y China, la prensa china está más entusiasta que su análoga estadunidense sobre el nuevo capítulo abierto para cooperar y desarrollar una nueva era (Xinhua, 22/1/11), tras su tormentosa relación bilateral durante casi todo 2010.

 

Xinhua festeja la visita exitosa de cuatro días del presidente Hu Jintao a EU donde consiguió definir la volátil relación bilateral que ahora se debe basar en el respeto mutuo y el mutuo beneficio, lo cual da a entender muchas cosas –en espera de resultados concretos que efectivamente emergieron, como la desactivación in extremis de una conflagración mayúscula en la península coreana, donde funcionó la cooperación de Pekín y Washington para calmar los ánimos exaltados de las partes.

Xinhua insiste en que la relación China-EU es más de importancia estratégica e impacto global que bilateral. Sin duda, pero todavía dista mucho del G-2 falsamente bipolar que anhelan los globalistas anglosajones.

Quizá sueña demasiado Xinhua que ambas superpotencias pueden forjar una nueva manera para que todos (sic) los países coexistan armónicamente en un mundo globalizado, en momentos en que arden el Medio Oriente, África y Asia central.

Tan Yingzi y Wu Jiao (China Daily, 22/1/11) pregonan que Hu marcó el mapa a seguir en las relaciones bilaterales durante una comida en Washington a la que asistieron 500 empresarios y políticos: China profundizará sus reformas y se adherirá a un desarrollo pacífico mientras urgía a que Washington esté consciente de los intereses esenciales de Pekín en Taiwán y Tíbet. ¿Se les pasó agregar sus otros intereses esenciales en el mar del sur de China?

Ding Qiangfen (China Daily, 21/1/11) exulta que la visita de Hu cambia la dirección en las relaciones, y promociona la compra por Pekín de bienes estadunidenses por 45 mil millones de dólares para apuntalar 235 mil empleos.

 

La cooperación económica, en el más depurado guión del G-20 de corte economicista, está ocupando el primer lugar en las relaciones bilaterales por encima tanto de las finanzas –donde China cedió muy poco para revaluar su yuan en los términos perentorios de EU, mientras no ceja en exigir el nuevo orden financiero multipolar, donde su divisa jugaría papel relevante– como de las militares, que tomaron un rumbo positivo gracias a la visita previa a Pekín del secretario del Pentágono, Bob Gates.

China ablandó la dureza retórica de EU con su compra por 45 mil millones de dólares de bienes que incluyen 19 mil millones de dólares para adquirir 200 aviones Boeing, y otros tratos en telecoumunicaciones y tecnología con General Electric (¡ojo!), Honeywell y Navistar.

Cuando cunde la guerra alimentaria global, el primer importador de soya del mundo, China, compró por 6 mil 700 millones de dólares (Reuters, 21/1/11), al primer exportador global del producto (EU), en la plaza de Chicago (altamente simbólica por ser doblemente el feudo de Obama y el centro mercantil de los futuros de granos), a tres trasnacionales oligopólicas –Cargill, ADM y Bunge Limited–, hoy puestas en la picota por mil millones de hambrientos de la Tierra.

Tras su humillante derrota electoral, Obama se convirtió al clintonomics –la economía globalista con centrismo político de Clinton– y nombró consejero económico externo a Jeffrey R. Inmelt, ejecutivo de General Electric (NYT, 21/1/11), en sustitución del dimisionario decepcionado Paul Volcker, quien no pudo avanzar sus reformas financieras regulatorias para domar a la bancocracia de Wall Street.

El nombramiento de Inmelt ocurrió significativamente mientras el presidente Hu hacía relaciones públicas en Chicago.

En vísperas de la trascendental visita de Hu a EU, el ex asesor de seguridad nacional de Carter e íntimo de Obama, Zbigniew Brzezinski, no perdía la esperanza en su subconsciente unipolar y rusófobo por un G-2 de facto.

En entrevista con The Financial Times (19/1/11), comentó que las dos superpotencias enfrentan una vez más a un adversario (sic) común para configurar un cada vez más mundo ingobernable (sic), por lo que necesitan trabajar una agenda común (sic) que abarque temas como Norcorea, Medio Oriente y el sistema financiero internacional. Hoy el adversario no tiene nombre y puede ser local (¡supersic!).

Amenaza subliminalmente con caos global y balcanizaciones cuyos nombres no se atreve a pronunciar: las cosas pueden salirse de control y el mundo puede entrar en una intensificada confusión que descarrilaría la transformación económica de China y afectaría a EU.

Recuerda la invitación a cenar a su casa a Deng Xiaoping, entonces timonel chino, al inicio de su histórica visita a EU un mes antes de establecer relaciones formales (el 1/1/79), lo cual contribuyó a la transformación de China. A su juicio, tres décadas más tarde la visita de Hu a Obama es la más significativa desde entonces.

Brzezinski, de 82 años, considera que en los pasados 18 meses China incurrió en algún resbalón (sic) en su control de arriba abajo, quizá con alguna infección (sic) de triunfalismo.

Ahora percibe que en las pasadas semanas el liderazgo chino fue sacudido (sic) al percatarse de que las cosas habían ido demasiado lejos.

Cita un artículo en diciembre por Dai Bingguo, el más prominente funcionario chino en política exterior, quien aludió a la conducta de Deng de que China debería permanecer modesta y prudente sin buscar expansión ni hegemonía. En caso de que China opte por una buena conducta, sugiere que EU le imite y le trate como socio potencial.

¿Regresará China tres décadas atrás a colaborar asimétricamente al estilo de Deng bajo el paraguas de un G-2 inconfeso cuan avieso? Difícilmente.

Por cierto, The Financial Times, portavoz de la globalización financierista, consagró amplias series, muy sesgadas cual su estilo, sobre China modela al mundo.

A nuestro entender, en la fase final de Hu, China gana tiempo de aquí a 2012, cuando Xi Jingpin, hoy vicepresidente y vicedirector de la estratégica Comisión Central Militar (responsable del legendario Ejército de Liberación del Pueblo), asuma la presidencia y a quien le corresponderá definir el rumbo de la quinta generación del liderazgo chino.

De aquí a la toma del poder de Xi –cuando coincidentemente Obama aborde probablemente las urnas– no habrá ni G-0 ni G-2, sino sencillamente un G-20– hoy más paralizado que nunca –donde por su propio peso específico destaque la colaboración, si la hubiere, de EU y China.

Más allá de las interesadas jeremiadas de la prensa neoliberal británica, de acuerdo con lo tangible de la visita de Hu, no habrá un G-0 (una ruptura brutal ni guerra fría), pero tampoco surgirá el G-2 que anhela nostálgicamente Brzezinski y que nunca ha existido, sencillamente porque las dos superpotencias no son las mismas de hace 30 años.

La correlación global de fuerzas se ha alterado sustancialmente en favor de China y la incipiente multipolaridad, y en detrimento de EU y su fenecida unipolaridad.

*Analista internacional mexicano. Columnista de La Jornada

 

 

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