Abr 1 2008
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Opinión

Colombia, Ingrid Betancourt. – OPERACIÓN BLANCANIEVES

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Así, mientras numerosas personas y diversas organizaciones internacionales y de Colombia, sumados a algunos gobiernos extranjeros, intentan imaginar pasos concretos para facilitar este proceso, en medio del conflicto que este país padece hace décadas se continúa día tras día asesinando impunemente campesinos y sindicalistas, desplazando poblaciones, amenazando anónimamente a diestra y siniestra.

En un contexto como este, la reciente masacre de quien fuera uno de los portavoces de las FARC, sumada a las otras situaciones señaladas solo pueden interpretarse como una prueba más de que el gobierno colombiano no tiene ninguna intención de dialogar o dar facilidades a nadie, por más que afirme lo contrario.

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¿Qué pasa con nuestra memoria?

Acaso nunca terminaremos de sorprendernos sobre nuestra propia ingenuidad y buena fe, y probablemente tampoco acabaremos de entender cómo es el régimen colombiano, desde hace algunos años autodenominado de “seguridad democrática”.

Hace escasas semanas nos quedábamos sorprendidos que las FFMM colombianas atacaran un campamento guerrillero en territorio del Ecuador, masacrando a uno de los portavoces de las FARC junto a decenas de sus compañeros, y nuevamente quedábamos atónitos al enterarnos que también habían asesinado a los prisioneros, incluso después que nos mostraran en vivo y en directo como les conminaban a rendirse, mientras les aseguraban que respetarían sus vidas**. Fue algo inesperado para quienes esperaban avances, que se atreviese el gobierno colombiano con esos actos a arriesgar no solo las conversaciones en torno al intercambio humanitario en curso y la vida de los rehenes, sino a una escalada sin precedentes en la región.

Esto refleja de nuestra parte una debilidad de análisis de la realidad además de una valoración inadecuada acerca de las motivaciones y la ética subyacente en los representantes del régimen; refleja también en nosotros una inveterada tendencia a olvidar la historia.

Son centenares de miles los colombianos que han muerto durante más de medio siglo a causa de la violencia implementada desde un Estado secuestrado por la oligarquía; millones más los directamente afectados por el dolor y el terrorismo de estado y un país entero rehén del miedo en todas sus formas… y, sin embargo, todavía esperamos signos y hechos que no se han producido jamás en la vida concreta. Esperamos y esperamos.

Es verdad que una parte de los habitantes del territorio colombiano están convencidos que los “terroristas” son los señalados por el régimen como tales, algo que no debiera extrañar contando éste con gigantescos recursos a su alcance para promocionar dichos conceptos de modo unilateral. Empero, esta apreciación de la realidad no debe considerarse solamente como un resultado mecánico de la propaganda que machaca y machaca diariamente imágenes e ideas que se graban en el subconsciente social.

Así, mientras muchos intentan desviar la vista y hacer oídos sordos, optando eludir el miedo alienándose cotidianamente mientras sueñan con las variadas ofertas que la sociedad de consumo les coloca en los escaparates, también existe otra parte de la sociedad colombiana que puede enmarcarse en la categoría del neofascismo: no solamente asienten las propuestas y acciones del régimen sino que las aplauden y reproducen activamente; pudieran contarse entre ellos –considerando uno de los casos extremos– a los que forman parte de los grupos paramilitares en sus diferentes variantes, quienes, aunque no pertenecen en origen a las clases privilegiadas, asumen de modo gustoso la tarea de aterrorizar y asesinar en su nombre.

Muchos más aspirarían pertenecer a sus filas y ayudarles a eliminar “terroristas” y otros sin importar el modo empleado; basta leer por ejemplo, el nivel de los comentarios anónimos publicados en los diarios y páginas-web para encontrar las muestras de este odio.

Frente a esta sociedad alienada y fascistoide existe otra de millones de colombianos que intentan el reconocimiento de sus derechos, que se haga justicia y se pueda vivir en paz.


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Por qué Uribe, la oligarquía colombiana y el imperio no quieren la paz

La pregunta tiene que enfocarse desde diferentes planos. La paz ha existido durante décadas en Colombia para una parte minoritaria de la sociedad, que la ha disfrutado protegida por paramilitares y militares, contando con el apoyo del imperio.

En Colombia la oligarquía aprendió hace tiempo que se puede tener “eternamente” controlado a todo un pueblo mediante el empleo de diferentes recursos de poder, los cuales estarán determinados por esa necesidad. Y esta ideología fascistoide basada en “el fin justifica los medios” ha sido llevada brutalmente hasta el límite extremo cada vez que estimaron necesario proteger esta paz.

Aquí no hubo la necesidad de dar golpes de estado para controlar y reprimir a un pueblo que planteaba sus derechos, eliminando sus dirigentes y a miles de personas –como tuvo que hacer el imperio y las clases dominantes en otros países de la región latinoamericana–, pues en Colombia siempre se procedió desde el poder “democrático” considerando al pueblo como si fuera el enemigo al que había que impedirle por todos los medios organizarse y luchar por sus derechos.

Se pudo incluso dejar operacional una pantomima de “democracia”: un resquicio en el cual las masas pueden expresarse periódicamente ejerciendo su voto, en un escenario totalmente preparado y enmarcado rigurosamente, controlando mediante el terror y el crimen las manifestaciones populares que intentaran salirse de este espacio y tratasen de ir más allá.

La llamada “seguridad democrática” a la colombiana, no está ideada en ningún caso para permitir la expresión popular mediante una democracia verdadera que sea sinónimo de participación y seguridad para todos, en el marco de un Estado de Derecho, sino nada más para otorgar a la oligarquía la paz y la impunidad.

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A no dudarlo, también el imperio ha aprendido en Colombia acerca de métodos y formas brutales de control social que le han servido para enriquecer la ideología y práctica de su siniestra Doctrina de Seguridad Nacional (DSN), tan trístemente célebre en todo nuestro continente y otros sitios del planeta.

El concepto actual de “seguridad democrática” en aplicación, es en realidad una versión actualizada, una neoDSN síntesis de la enorme experiencia local colombiana, enriquecida dialécticamente con la ayuda del imperio y que es también aplicada actualmente con el mismo propósito, bajo diferentes nombres y características propias en varios otros países que tuvieron que padecer dictaduras militares; por ello no es coincidencia que en el Chile post Pinochet se desconozcan los derechos y se reprima al pueblo mapuche, por ejemplo.

Bajo un manto supuestamente democrático asoma las garras la contrainsurgencia pura. Es evidente entonces que a la oligarquía colombiana, las FFMM y al imperio no puede representarle ningún interés dejar de lado este modelo contrainsurgente que les ha rendido tan buenos frutos durante tantos años: no desean la paz porque no la necesitan.

Por eso también es que se ha saboteado sistemáticamente cada uno de los intentos por alcanzar un acuerdo humanitario, que pudieran ser la base para el inicio de conversaciones que permitieran superar el largo conflicto interno mediante el reconocimiento como actores políticos de las fuerzas guerrilleras, permitiéndoles un espacio de participación en la sociedad.

Nuevamente sería recomendable recordar como fueron cerrados anteriores intentos de incorporar estos actores a la vida político-democrática: los miles de asesinados pertenecientes a la UP ; la zona de distensión del Caguán…

Un Israel en Latinoamérica.

Habría que hacer un agregado a estas líneas. Todo esto que suscintamente se ha señalado más arriba muestra inequivocamente que para el actual gobierno colombiano, la oligarquía que representa y el imperio, la guerra permanente existente no es algo que les quite el sueño.

En esto se parece mucho Colombia a Israel. Guardando por supuesto las proporciones de las diferencias existentes en variados planos, tanto Colombia como Israel han llegado a la conclusión que la guerra puede ser mantenida “eternamente” sin que ello les signifique mayores problemas sino por el contrario, ella es lo que les permite seguir existiendo: para ambos el estado de guerra permanente es una fuente inestimable de recursos y les permite además controlar, neutralizar y destruír a quienes, de existir la paz , se verían obligados a reconocerles dentro de la sociedad niveles mucho más decisivos de participación y derechos.

Tanto Colombia como Israel cuentan además con el apoyo total del imperio, y ambos realizan en su región respectiva los designios del mismo actuando en realidad como sus apéndices.

Todos nosotros conocemos en mayor o menor medida el grado de influencia que Israel tiene en la Colombia actual. En el terreno militar una buena parte del armamento a disposición de las FFMM colombianas proviene de la industria militar israelí, y es probable que haya sido empleado armamento sofisticado de esta procedencia en la operación de masacre de Raúl Reyes y sus compañeros (ver anexo “Colombia: ¿Es todavía hora para la Paz ?”). La presencia de asesores y mercenarios israelíes es también una realidad que ni siquiera trata el gobierno colombiano de ocultar.

Pero además, con motivo de la operación masacre recientemente realizada es posible darse cuenta que Colombia ha adoptado la misma manera de proceder de su aliado: la generación de hechos político/militares, el hacer política mediante acciones militares de genocidio, desplazamientos, masacre, asesinato selectivo; el imponer política interna e internacionalmente recurriendo al empleo de hechos consumados, pasando por alto la normativa entre naciones que existe al respecto, etc…

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La operación militar perpetrada en territorio de Ecuador fue sancionada retóricamente de una u otra manera tanto por la opinión pública mundial como por los integrantes del Grupo de Rio e incluso la OEA. Pero esto, muy al contrario de lo que piensan quienes creen que a Uribe se le detuvo con ello, no es obstáculo alguno para impedir futuras operaciones de este tipo o más peligrosas aún, que afecten la paz en los países vecinos y amenacen la de la región. Quien primero procede y consuma un hecho que se transforma en irremediable, puede después con cinismo y descaro aceptar las reprimendas pues sabe perfectamente que hizo lo que quería hacer, que logró su propósito y que ya de nada valdrán los regaños que le sean destinados. Sabe también que podrá volver a operar de modo similar cuando se le venga en gana pues a los demás les interesa la paz.

Esta constatación nos coloca ante la presencia de una verdadera Caja de Pandora, que el gobierno colombiano parece resuelto a abrir.

“Operación Blancanieves”, Ingrid Betancourt en la mira

Uno de los motivos principales que impulsa al régimen colombiano a actuar contra su pueblo, la razón y la ética viene dado por su imposibilidad estratégica de derrotar a la guerrilla en el terreno político/militar, entendiéndose la existencia de la guerrilla dentro de la realidad colombiana como la respuesta de sectores populares a la feroz guerra desatada por la oligarquía y el imperio en contra de todo un pueblo.

Hoy es mucho más grande la desesperación dentro del régimen cuando constata que las FARC han logrado colocarse y colocar a Colombia en el centro del debate político y generar la participación de variados sectores internos e internacionales en torno al tema del acuerdo humanitario, como primer paso de un necesario debate en torno a un acuerdo nacional de mayores proyecciones.

Fue en este contexto señalado que Uribe y las FFMM colombianas intentaron sabotear las primeras liberaciones de Clara Rojas, Emmanuel y Consuelo González para lo cual llegaron incluso a bombardear las proximidades de los desplazamientos del grupo que las llevaba a la libertad; siguiendo ese mismo orden de estrategia, capturaron y/o asesinaron a emisarios que portaban las necesarias informaciones de enlace o pruebas de vida de los mismos rehenes. Pero de todas formas tuvieron que desistir y permitir la liberación a regañadientes, arrinconados tanto interna como internacionalmente por el movimiento gigantesco que se generó.

Volvieron a la carga posteriormente anunciando que tenían cercadas militarmente e identificadas las áreas en donde se suponía existían campamentos de las FARC con presencia de rehenes, tratando nuevamente de impedir que las liberaciones prosiguieran. Y nuevamente tuvieron que acceder a permitir el ingreso del CICR, la senadora Piedad Córdoba y representantes del gobierno venezolano quienes recibieron sanos y salvos a los cuatro ex congresistas recientemente liberados.

Pero la desesperación del régimen llegó a su clímax cuando constataron que con la liberación de los últimos ex congresistas se abría un período diferente con la posibilidad de que los mismos se transformaran en nuevos portavoces a favor del acuerdo humanitario, esta vez presentando incluso un programa concreto destinado a abrir ampliamente el debate en torno a lo mismo.

Entonces fue que golpearon el campamento de Raúl Reyes.

Por lo anteriormente señalado es posible comprender los motivos que Uribe, las FFMM y el imperio han tenido para masacrar a Raúl Reyes y sus compañeros: en su lógica de guerra creyeron que con dicha acción las FARC perderían la cabeza y cerrarían por si mismas el período de negociaciones, asesinando en represalia a algunos rehenes y retirándose “para siempre” a la profundidad de la selva. Nuevo craso error de apreciación político/militar: para las FARC el golpe, por costoso que sea no representa una derrota estratégica y por el contrario el mismo hecho desenmascara frente al mundo entero a quienes en verdad quieren la guerra y por supuesto evidencian asimismo a aquellos que quieren la paz.

Es lo que sucede en este mismo momento con la misión del ex congresista Luis Eladio Pérez.

Pero la última palabra no está dicha todavía, y el gobierno de Uribe y sus asesores tiene escondidas en la manga muchas opciones para tratar de cerrar el camino hacia la paz en Colombia. Por ello quizás lo único inimaginable sea creer que se facilitarán por su parte los pasos venideros para la liberación de Ingrid y los demás rehenes retenidos por las FARC y la liberación de los prisioneros políticos en poder del régimen.

Entre las opciones que la lógica oficial hasta ahora evidenciada pudiera estar barajando, aparece una que cumple siniestramente con los requisitos como para plantear su posibilidad inmediata: la muerte de Ingrid Betancourt y/u otros rehenes.

Si el campamento de Raúl Reyes fue detectado, todo indica que también pudiera estar en conocimiento de las FFMM colombianas (u otro grupo “nn” emparentado) el sitio en donde se mantiene a Ingrid; su asesinato sería un acontecimiento que permitiría a la maquinaria de propaganda del régimen y el imperio retomar la iniciativa y generar confusión inmediata y el consiguiente repudio entre quienes esperan su pronta liberación, colocando instantáneamente en entredicho la palabra de las FARC en lo referente al acuerdo humanitario y demás.

Sería para el régimen la ocasión de darlo definitivamente por cerrado y le permitiría golpear militarmente y seguir la Guerra eterna, aduciendo como dice el ministro colombiano de defensa Juan Manuel Santos, que se trata de “actos legítimos de guerra, actos legítimos de defensa de la democracia”, guerra que indudablemente esta vez colocaría también a la región en una fase peligrosa que desestabilizaría a los países vecinos; el íntimo deseo más acariciado por el imperio.

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La “Operación Blancanieves” (nombre ficticio), podría presentarse en la versión “oficial” como fruto de un encuentro casual entre las FFMM y el grupo guerrillero que la mantiene prisionera… Sirían por ejemplo que la columna “x” de las FARC, mientras se trasladaba con Ingrid se topó a boca de jarro con alguna patrulla de las FFMM que casualmente pasaba por allí; que la guerrilla ejecutó en represalia a Ingrid en medio del enfrentamiento, sin que por supuesto las FFMM tuviesen idea que ella se encontraba allí.

Esta vez no les haría falta emplear bombas teledirigidas con láser, pues esto desnudaría que hubo planificación y alevosía de su lado; todo sería un casual tiroteo en medio de la jungla en el que evidentemente no quedarían testigos vivos; se ocultaría el asesinato de todos los guerrilleros custodia, diciendo por supuesto que algunos lograron escapar a la profundidad de la selva. Toda la información que se daría a conocer provendría de los reporteros que el régimen escogiese enviar a terreno y el mismo se prepararía minuciosamente para la consabida visita posterior de la comisión OEA y muchas otras.

La muerte de Ingrid Betancourt en estas condiciones no solo daría pretextos “irrefutables” al régimen para proseguir su guerra interminable, sino evitaría que ella, viva y libre, se transformase en un símbolo y paradigma insoportable para Uribe y sus próximos planes de reelección en camino.

Se hace preciso recordar comparativamente el hasta ahora inexplicado entorno en el que fueran asesinados los once diputados del Valle, ocurrido el 18 de junio 2007, pues estamos en el derecho de pensar que bien pudiera ello haberse tratado de la “primera acción” de masacre oficial destinada a sabotear los acuerdos humanitarios que están en agenda. En este sentido debieran las FARC dar a conocer con claridad prístina su versión de los sucesos ante todos los organismos nacionales e internacionales que fuera necesario y facilitar en la mayor medida posible las investigaciones tendientes a identificar el “grupo militar NN” que habría atacado el lugar en donde se encontraban retenidos los once diputados.

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Los próximos días serán definitorios para quienes aspiran a la paz; no se puede bajar la guardia y creer en ilusiones no refrendadas por la realidad.

Pido disculpas a todos los que hayan leído hasta aquí y en especial a la familia de Ingrid Betancourt por la forma en cierto modo sensacionalista de este artículo. Ello se debe a la necesidad de que quienes lo lean entiendan su urgencia y contribuyan a su difusión, a la reflexión y a la acción; así lograremos impedir que acontezca lo que en él se denuncia como probable.

** Quien posea una pizca de objetividad para enfocar el tema Colombia puede efectuar una comparación cualitativa: muchos de los rehenes en poder de las FARC son militares capturados en operaciones militares de la guerrilla, entre estos los tres “contratistas” estadounidenses. A todos ellos se les ha respetado la vida, a diferencia del proceder de las FFMM oficiales respecto a los heridos y prisioneros que fueran masacrados a mansalva en el campamento de Raúl Reyes, habiéndose rendido.

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* Periodista.
lucy_roess64@hotmail.com.

La autora recomienda leer:

1- Colombia: ¿Es todavía hora para la paz?, artículo que también se encuentra aquí

2- Colombia: Operación Hades II

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