May 6 2010
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Política

Colombia, la otra Iglesia: elogio de Javier Giraldo S.J.

Francisco de Roux.*

En los últimos días han aparecido grafitis en la ciudad de Bogotá contra el Padre Javier Giraldo , sacerdote jesuita, que buscan destruir su buen nombre y autoridad moral, y que incitan a asesinarlo. Como superior del Padre Javier Giraldo S.J., quiero expresar públicamente que él es miembro de nuestra comunidad y que tiene todo el apoyo de la Compañía de Jesús en su lucha por los derechos humanos.

Durante treinta años, con entrega incondicional a las víctimas y con rigor impresionante para demostrar la evidencia de sus afirmaciones, Javier Giraldo S.J. ha estado denunciando a los violadores de los derechos humanos. Ha acompañado esas denuncias con todas las pruebas y pedido a la justicia colombiana que actúe. Ha sido testigo extraordinario de la manera como esta justicia ha dejado en la impunidad a los criminales.

Los que hemos seguido la lucha de Javier Giraldo por la verdad y la justicia entendemos por qué él llegó, después de numerosas evidencias, a concluir en el fuero interno de su conciencia personal que no podía creer en la justicia colombiana, que no podía declarar ante ella y que no buscaría más que se hicieran investigaciones adelantadas por esta justicia.

Sabemos que esta decisión de Javier contradice la obligación ciudadana de acatar las instituciones, sin embargo somos testigos de que es la integridad moral del Javier Giraldo lo que lo ha llevado a esta posición de conciencia.

El Provincial de la Compañía de Jesús respeta profundamente a Javier en esta decisión en la que él pone en primer lugar la fidelidad a su conciencia y su coherencia y autenticidad humana aún a riesgo del castigo a que pueda ser sometido por esta misma justicia.

Frente a la campaña en grafitis para destruir el nombre y la persona, queremos dejar claro que nosotros vemos en Javier Giraldo un hombre del más alto valor moral, un serísimo buscador de la verdad, un luchador incansable al lado de los excluidos, un defensor sin condiciones de la dignidad humana, un convencido que el Estado y sus fuerzas de seguridad deben estar al servicio de la vida y de la integridad de todos y de todas. Queremos dejar claro que Javier Giraldo S.J. no es ni ha sido jamás guerrillero como pretenden señalarlo sus detractores.

Javier no tiene más armas que convocar a que se diga la verdad sin ofrecer recompensas a nadie para que sea fiel a su conciencia. Por eso ha rechazado con decisión la compra de testigos en la justicia colombiana. Por eso jamás ha aceptado que lo cuiden con armas de ninguna clase.

Javier Giraldo S.J. es un hombre de fe. Un seguidor hasta la muerte de Jesucristo. Un auténtico jesuita de profunda vida interior. Un compañero incansable de las comunidades pobres y desplazadas por la guerra.

Como superior de los Jesuitas reitero el reconocimiento a la grandeza moral de Javier Giraldo S.J. e invito a todas los hombres y mujeres que entre nosotros buscan la verdad y la justicia a que rodeemos con nuestro apoyo moral a un hombre que nos ha enseñado con el mensaje de su vida a ser consistentes con Dios y con nosotros mismos.

* Provincial de la Compañía de Jesús.
En Desde los márgenes, pagina-web dedicada al sacerdote (www.javiergiraldo.org).


Addenda

Conflicto y Derecho Internacional Humanitario en Colombia

Javier Giraldo M., S.J.
Exposición en el Seminario Internacional sobre Colombia, Conflicto y Derecho Internacional Humanitario, realizado en la Universidad Carlos III de Madrid, España, del 25 al 27 de marzo de 2009.

En primer lugar, quiero dar un saludo respetuoso y fraterno a todas las personas que nos acompañan en este seminario. Los organizadores le quisieron dar como tema central: “Conflicto y Derecho Internacional Humanitario en Colombia”. Soy muy consciente de que este es un tema polémico: nos introduce, tal vez, en un cruce de posiciones que necesariamente son apasionadas; donde son difíciles las neutralidades, las miradas tranquilas, o como suele decirse, “mantener la cabeza fría”.

Recuerdo que en otra ocasión, hace tres o cuatro años, me tocó desarrollar este mismo tema aquí en Madrid, en otro escenario, y en esas circunstancias un eminente defensor de los derechos humanos en Colombia, me acusó, después de la intervención, de estar fomentando la guerra en mi país. Y realmente eso me hirió muy profundamente, porque si algo me ha repugnado toda la vida y de una manera muy profunda, es la guerra, el uso de las armas.

Pero igualmente estoy convencido de que si no se enfrentan las raíces de los problemas, si uno trata de taparlos y ocultarlos, no se solucionan. Lo que yo he querido hacer y también quiero hacer hoy, corriendo nuevamente el riesgo de que se me vuelva a acusar de impulsar la violencia, es dilucidar los motivos y orígenes de la guerra.

Creo que el diagnóstico de una enfermedad es el comienzo necesario para superarla, y no creo que las acusaciones y el ambiente apasionado que siempre rodea este tipo de discusiones nos puedan eximir de abordar con realismo el problema de la violencia en Colombia.

Leer el texto completo en formato PDF, 17 páginas, aquí.

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