Ene 23 2009
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Sociedad

Colombia: siglo XXI, el siglo de los derechos humanos como práctica política

Atisbos Analíticos*

Los derechos humanos no son un simple asunto académico, su dimensión ideológica también es central aunque, en la actualidad, se sobre-impone su carácter político práctico.

Hacia una lectura neomarxista del problema

 Abstract

Al hablar de derechos humanos no se trata sólo de hechos faustos sino también infaustos; al fin y al cabo “ser humano es aquel que, poseyendo dos rostros, es capaz de ascender como ángel a las cimas de la bondad, como de descender como demonio a las simas de la perversidad”.

Al hablar de derechos humanos postulamos así la necesidad de estudiar, para cada sociedad en particular, el origen y desarrollo histórico de esas reivindicaciones luchadas políticamente desde los sentidos que en cada una de ellas han alcanzado la libertad y la dignidad humanas, ya como representación simbólica ya como realidad, en las distintas etapas de su historia.

En la segunda parte del siglo la positivización normativa de los derechos humanos fue una nota definitoria. En un mundo en su más elevado momento de desarrollo tecnológico y de sus fuerzas productivas, las relaciones sociales imperantes no fueron propicias al desarrollo moral y humano de los pueblos.

Para Marx los derechos humanos no son más que los derechos del hombre burgués… una ficción formal orientada a encubrir la explotación y no el camino para la definitiva emancipación humana… Marx se había hecho prisionero de la versión ideológica de los derechos humanos sin lograr entender lo que significan en la práctica… al margen de la ideología. El punto de partida del análisis dialéctico de Marx …Fue el hombre históricamente situado, y tanto el hombre proletario como el hombre burgués son hombres situados que poseen derechos, conquistados pero distintos pero “derechos”… Habría que distinguir de derecho a derecho y eso sólo se logra por fuera de la ideología.

…Los ya casi siete años de Uribe han sido los tiempos de un manejo casi exclusivamente ideológico de los derechos humanos… Pero, cojo resultaría evaluar la situación de los derechos humanos durante la presidencia de Uribe por fuera de una caracterización de su forma de gobierno. Como estrategia de contención de las guerrillas, la "seguridad democrática", hasta ahora, ha resultado exitosa…

En el 2004, al evaluar sobre el terreno la situación de los derechos humanos en Colombia, la ONU, entre otras conclusiones, señaló: “2. La Política de Seguridad democrática no puede ser considerada una Política de Derechos humanos”. ¿Por qué será que los "mass-media" no le han dado la difusión que merece un documento, y también una entrevista, de estos meses en el que con seriedad académica, desde el exterior, se llama la atención sobre el hondo deterioro de los derechos humanos en el país entre el 2002 y el 2008?. (Declaración de Bruselas sobre la violación de los derechos humanos en Colombia – setiembre 2008).

…Durante el sexenio de Uribe, a pesar de la honda afectación de los derechos humanos… la bandera por alcanzar reivindicaciones efectivas en materia de derechos humanos la puso muy en alto la Minga de los pueblos indígenas. Desde la acción, con la palabra social y solidaria en la boca, caminó por todo el país. Fue la Minga de los pueblos la que, convertida en vanguardia y pagando de su propia alma colectiva un precio sangriento muy elevado, con sus cinco puntos programáticos impuso las dinámicas y los ritmos de las luchas sociales.

Su movilización pacífica por medio país, torpedeada de modo antidemocrático por la Seguridad democrática, constituyó una enorme e histórica conquista política.

1. En el plano de lo simbólico, como angélicas han sido imaginadas las sociedades purificadas por la práctica de los derechos humanos –¿cuantas habrá así en la actualidad en el mundo?– y como demonizadas, aquellas en las que su violación ha constituido una constante –a lo mejor, así lo son en su mayor parte–. De todas maneras, de cara a los llamados derechos humanos, en el mundo actual han primado tres posturas centrales:

1. El Jusnaturalismo que, en sus variadas versiones históricas, reinsiste en descubrir una verdadera, genuina y auténtica esencia humana. De todas maneras, no sobra advertir que los derechos humanos están lejos de ser una mera cuestión especulativo- teórico-académica o una simple historia de su positivización normativa.

2. El Oportunismo neoimperial que, jugando a la ideología, se enrostra los derechos humanos como máscara en procura de velar sus reales propósitos de expoliación, dominación y de atropello donde quiera que haga presencia. Versión particular de esta postura es la de aquellas formas subordinadas de gobierno- la liderada por Uribe es paradigmática en el mundo actual – en las que se hace un uso ideológico de la verborrea discursiva de los derechos humanos para encubrir los atropellos efectivos contra la democracia real. Esta dimensión ideológica de los derechos ocupa un lugar central en el mundo actual. Y

3. El Enfoque histórico de los derechos humanos que se pregunta por las conquistas, en clave de logros positivos o bienes primarios, que los pueblos han logrado para sus miembros en las distintas etapas de sus luchas históricas. Es por esta vía por donde los derechos humanos se transparentan, ante todo y sobre todo, como un asunto político práctico. Avalando la importancia de la construcción conceptual y del debate teórico, los Atisbos se inscriben en esta tercera posición.

2. De acuerdo con la reflexión de Bobbio, los derechos humanos son un signo de los tiempos, signo que nos permite echar una mirada cautelosa pero confiada hacia el futuro.(1) Pero, no sólo se trata de avances humanos y de hechos faustos, expresión de la grandeza potencial de los seres humanos, sino también de retrocesos humanos y de hechos infaustos, manifestación de su inmenso potencial de perversidad.

Al fin y al acabo, ser humano es aquel que, poseyendo dos rostros, es capaz de ascender como ángel a la cimas de la bondad, así como de descender como demonio a las simas de la perversidad. El ser humano es capaz del uso de la energía atómica para salvar vidas, pero también de la muerte atómica cósmica.

Hasta dónde puede llegar el ser humano en una y otra dirección, constituye algo que sólo el análisis histórico crítico puede discernir aunque de modo relativo. Pero éste sólo se hace posible, primero, si se acepta que la lucha por los derechos humanos es una lucha esencialmente política y, segundo, si se considera esa lucha como parte crucial de la lucha de los pueblos por su emancipación progresiva lo que, de modo práctico, contribuye a la construcción de democracia real.

3. Los Atisbos se identifican, pues, con la concepción que de los derechos humanos nos ha ofrecido el profesor Angelo Papaquini de la Universidad del Valle:

"Los derechos humanos son reivindicaciones de unos bienes primarios considerados de vital importancia para todo ser humano, que concretan en cada época histórica las demandas de libertad y de dignidad. Estas reivindicaciones van dirigidas en primera instancia al Estado. Y están legitimadas por un sistema normativo o simplemente por el reconocimiento de la comunidad internacional”.(2)

Al hablar de derechos humanos postulamos así la necesidad de estudiar, para cada sociedad en particular, el origen y desarrollo histórico de esas reivindicaciones luchadas políticamente desde los sentidos que en cada una de ellas han alcanzado la libertad y la dignidad humanas, ya como representación simbólica ya como realidad, en las distintas etapas de su historia.

Por lo tanto, en algún lugar concreto del mundo la lucha por esas reivindicaciones de bienes primarios, en el orden histórico debió preceder a su conceptualización sistemática y a su positivización normativa. En buena medida, la teoría de los derechos de varias generaciones es una teoría de factura histórica, pero con el inconveniente de que, en su versión liberal, el acceso de la ciudadanía a esos bienes primarios es presentado no como producto de la lucha política sino, más bien, como historia de las benignas concesiones de un Estado magnánimo.

Por otra parte, también se incurre en el error de presentar los cuadros clínicos de hondo deterioro de los derechos humanos como “pequeños daños colaterales de endebles errores en la puesta en práctica de la democracia” todo ello solucionable mediante “pequeños ajustes a la ideología liberal” y no como lo que es, “la consecuencia inevitable de las fuerzas productivas en relaciones sociales de explotación”.(3)

4. En la segunda parte del siglo XX la positivización normativa de los derechos humanos fue una nota definitoria. Estos, como discurso formalizado, estuvieron a la orden del día. El 10 de diciembre de 1948, 48 de 56 países de la ONU, el 87% de sus miembros, suscribieron la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Tras dos guerras mundiales, tras el holocausto nazi y el drama de los Estados totalitarios, episodios todos ellos anti-derechos humanos, urgía recuperar un horizonte más humano. Esto no obstante, el mundo con celeridad continuó barbarizándose.

Vino después la doctrina de la seguridad nacional en la que se inscribieron las dictaduras latinoamericanas. La guerra del Vietnam. Los campos de muerte de Camboya. Las atrocidades de Ruanda. El exterminio étnico de la ex Yugolavia. Pinochet. La invasión de Irak. Las masacres de Darfur y de Colombia. En un mundo en su más elevado momento de desarrollo tecnológico y de sus fuerzas productivas, las relaciones sociales imperantes no fueron propicias al desarrollo humano y moral de los pueblos.

El documento suscrito por los miembros de la ONU decía que todos teníamos los mismos derechos independientemente de las condiciones de raza, sexo, etnia, clase, nacionalidad y religión. Esto no obstante, enormemente desigual es y ha sido el desarrollo real de los pueblos en materia humana y ello por razones asociadas:

Primero, a las formas de gobierno imperantes en cada sociedad (en muchas de ellas no cabe la lógica de los derechos humanos);

Segundo, a las formas predominantes de organización social de muchas de ellas (se trataba de estructuras sociales generadoras de permanente violencia);

Tercero, al bajo nivel que en la mayoría de ellas ostentaban las luchas políticas y civiles por acceder a los bienes colectivos considerados como importantes para todos sus miembros);

Cuarto, al predominio de precarias valoraciones sociales de lo humano; y

Quinto, a especificidades de la cultura de cada pueblo. Fue así como más temprano que tarde, por razones históricas y no meramente ideológicas, se fue evidenciando la no universalidad de unos mismos derechos para todos los pueblos del mundo. En el mismo seno de la ONU nunca se volvió alcanzar ese 87% que alcanzó la Declaración de 1948.

En la actualidad la conforman 192 miembros, pero cada vez menos países suscriben los acuerdos globales.

5. En La cuestión judía Marx presentó su concepción de los derechos humanos. Para el profesor Delfín Ignacio Grueso, “quien quiera entender el pensamiento de Marx, debería tomar en consideración este texto corto y revelador”.(4)

Para Marx, los derechos del hombre no son más que los derechos del hombre burgués, vale decir, del hombre privado al que la sociedad burguesa conduce de modo exclusivo a la búsqueda egoísta de sus fines: “Ninguno de los derechos humanos va, por tanto, más allá del hombre egoísta, del hombre como miembro de la sociedad burguesa, es decir, del individuo replegado en sí mismo, en su interés privado y en su arbitrariedad privada”.(5)

Esos derechos no son más que una ficción formal orientada a encubrir la explotación y no el camino para la definitiva emancipación humana. Una crítica directa e importante de la postura de Marx fue la formulada por Claude Lefort(6) para quien, al pertenecer los derechos humanos al campo de lo político, posición no aceptada por Marx, la lucha por ellos se constituía en la posibilidad de una nueva relación con la política.

De acuerdo con Lefort esos derechos no podían quedar reducidos al espíritu de la sociedad burguesa sino que estaban asociados a la construcción de sociedades democráticas perteneciendo, por lo tanto, al ámbito de lo político. No se trataba de desprenderse de la problemática de Marx, de abordar esos derechos en su dimensión ideológica, de examinar lo que ellos encubrían y velaban sino de abordarlos, también desde el ámbito de la política.

De acuerdo con el chileno Carlos Riquelme, Marx se había hecho prisionero de la versión ideológica de los derechos “sin lograr entender lo que significan en la práctica…quedando ciego ante lo que en el propio texto de la Declaración aparece al margen de la ideología… Lo que Lefort nos muestra aquí es como Marx parece desconocer el alcance práctico de la Declaración de Derechos”.(7)

6. El punto de partida del análisis dialéctico de Marx no fue el hombre abstracto, simple sujeto de derechos; ni siquiera lo fueron las clases sociales, a éstas las descubrió en el proceso de investigación, sino el hombre históricamente situado, el hombre que en una sociedad concreta y en un momento dado de su historia produce bienes transformando la materia con su trabajo (El Capital), el hombre burgués de la Declaración de los derechos humanos (La Cuestión judía). Tanto el uno como el otro son seres históricamente situados.

Y tanto el hombre burgués como el hombre proletario “poseen” derechos, conquistados pero “derechos”, distintos pero “derechos”. Por lo tanto, al margen de la Declaración y de su listado de derechos, habría que distinguir de derecho a derecho y eso sólo se logra realizar por fuera de la ideología, que es una representación falseada que busca tapar realidades. Esa distinción sólo se logra visualizar en el ámbito de la política y de la lucha de clases.

El derecho a la libre competencia ni le va ni le viene al proletario, pero sí tienen que ver con él las libertades de pensamiento, de escritura, de organización, de protesta etc., es decir, el conjunto de lo que podría denominarse los Derechos de los Trabajadores. Por exigencias de subsistencia y de reproducción, algunos de los derechos los tendrá que reconocer el sistema; otros tendrán que ser conquistados en la lucha política y a muchos de ellos, a los humanamente más dignos y elevados, sólo podrá acceder a medida que, en otro contexto de relaciones sociales, vaya marchando hacia su emancipación definitiva.

Como se podrá observar, es desde una mirada así como se logra evidenciar que los derechos humanos pertenecen al ámbito de lo político práctico.

7. A escala nacional, los ya casi siete años de Uribe han sido los tiempos de un manejo casi exclusivamente ideológico de los derechos humanos. Se ha insistido y reinsistido en ellos como una forma de tapar y velar su violación efectiva, sobre todo en términos, primero, de afectación de las menguadas reservas de democracia que la sociedad había acumulado y, segundo, de desmonte real de la posibilidad de una paz políticamente negociada.

También en Colombia, como ha ocurrido en casi todo el mundo, el precio de la re-guerra, vale decir de la estrategia de seguridad democrática, han sido la afectación de la democracia y de las posibilidades de una paz negociada como presupuesto necesario para la protección efectiva de los derechos humanos.

En la visión de Atisbos, el problema no es si Uribe es o no es “algún tipo de demócrata”, quizá sí lo es, sino, más bien, si su política de seguridad democrática ha afectado o no ha afectado unos acumulados históricos de democracia incrementando , por esa vía, la violación efectiva de los derechos humanos.

Veámoslo en clave de condensación analítica. Pero, cojo resultaría evaluar la situación de los derechos humanos durante la presidencia de Uribe por fuera de una caracterización de su forma de gobierno.

En apretada síntesis la caracterizamos así: se ha tratado de un forma extrema bonapartista de presidencialismo que, apalancada, primero, en una forma espúrea de democracia representativa, segundo, en una dictadura civil mediática con fines de ganar popularidad y, tercero, en la sujeción explícita al centro imperial de Bush, agencia, vehicula y cristaliza los intereses estratégicos de la fracción financiera del gran capital por la vía de una política pública de inspiración neoliberal comunitarista en la que la estrategia de seguridad democrática orientada a la derrota de las guerrillas, impone sus lógicas, dinámicas y ritmos de priorización.

Estos son, entonces, los elementos definitorios de esta forma de gobierno: 1.presidencialismo bonapartista extremo; 2.democracia espúrea de representación; 3.dictadura civil mediática orientada a ganar popularidad; 4. sujeción explícita a un centro imperial; 5.predominio de los intereses estratégicos de la fracción financiera del gran capital; 6.política de seguridad democrática orientada casi exclusivamente a la derrota de la guerrilla; 7. neoliberalismo comunitarista. 8. Como estrategia de contención de las guerrillas, la seguridad democrática, hasta ahora, ha sido exitosa.

Las Farc, por cierto, han sido frenadas en su proceso de ascenso y de auge político-militar característico de las dos últimas décadas del siglo XX. ¿Cómo? Mediante una costosa y relativamente orgánica política estatal que, agotada en lo militar, se focalizó hacia las Farc como casi único factor de violencia movilizando, por otra parte, como actores y militantes de la causa de la guerra a unos tres millones de civiles. ¿Consecuencias?

Bélicas: militarmente contenidas, las guerrillas todavía no han sido derrotadas encontrándose alejadas de los límites militares y sicológicos más allá de los cuales no queda sino una necesaria capitulación.

Políticas: el país ha quedado en manos, primero, de la delincuencia común; segundo, de unos exparamilitares ejecutivos que, no obstante las aparentes resinserción y castigo, le cobraron al Estado, bajo la forma de la parapolítica y de una benigna extradición, la elevada deuda de apalancamiento militar que los sucesivos gobiernos nacionales, regionales y municipales tenían con ellos; tercero, de un reproducido paramilitarismo de nuevo cuño cubierto bajo el nombre de “Aguilas Negras”; y finalmente, de un mesías, mientras más popular menos legítimo, con una amplia base de uribistas de mucho corazón pero sin partido ni ideología.

Financieras: el gobierno lo sabía y lo ha experimentado, para una guerra “eterna” no existen recursos “eternos”, por eso fue que en un principio, pensando más en los recursos que en el potencial militar del enemigo, el gobierno se fijó 18 meses para derrotarlo o, por lo menos, colocarlo en condiciones de casi obligatoria capitulación. Vencido ése plazo, éste se fue ampliando de fecha en fecha hasta llegar 2008 como el año militarmente más exitoso para el ejército colombiano.

Ahora en el 2009, los técnicos de la guerra a toda hora nos dicen que la serpiente guerrillera ha sido herida de muerte pero que todavía colea necesitando, por lo tanto, otros cuatro años de uribismo para ponerle punto final a la Operación Uribe, es decir, para ponerle punto final a un inexistente conflicto armado.

Sin Bush en la presidencia; con el hasta ahora antiuribista Obama liderando su estancado neoimperio; con la economía norteamericana mordiendo sólo hacia adentro; con la economía colombiana pagando el costo de la profundización del “subordinaje”, ¿cómo y por dónde alimentar por cuatro años más la ya costosa política de seguridad democrática?.

Para salir del atolladero, a un gobierno que ya ha probado en la práctica ser la expresión de los intereses estratégicos del gran capital –recordar por ahora la reforma laboral y el manejo a la cuestión de las Pirámides– sólo se le podrá ocurrir acudir al recorte de lo social.

Culturales: durante el sexenio de Uribe los niños han aprendido que a los enemigos políticos se los derrota eliminándolos mientras que una masa crítica de mayorcitos ha asimilado que los conflictos sociales sólo se resuelven por el método de las armas. Por lo tanto, una paz lograda mediante la combinación del fusil, de la intolerancia y del odio no podrá ser sino una paz culturalmente desgraciada.

En una sociedad así, sólo se enhebrarán valoraciones sociales polarizantes; por esa vía, sólo se logrará reconfigurar un país materialmente desarmado pero simbólicamente armado. Es decir, una paz a la colombiana como nos lo ha logrado evidenciar el escrutinio histórico.

Finalmente, la otra gran consecuencia de la política de seguridad democrática ha sido ética: durante este sexenio muy prácticamente nos han enseñado a todos que, en caso de guerra, todo ésta permitido, que todo vale, que existen perversidades en las cuales es necesario incurrir.

Para un alto porcentaje de colombianos pecados veniales, por necesarios, han sido el corte de manos guerrilleras por cinco mil millones de pesos, la irrupción violenta del ejército colombiano en territorio ecuatoriano, la premiación económica a agentes del Estado por presumir o aparentar estar cumpliendo su obligación de capturar, afectar o matar enemigos, los miles y miles de falsos positivos, la captura masiva de miles de campesinos “con tal de que caiga un guerrillero”, la yidis política generadora de una reelección presidencial, la empatía social y estatal y empresarial con los paramilitares…

Esa versión radical y deformada de la ética de la situación que pregona que “bueno y lícito es todo lo que yo hago o hacen mis amigos y los amigos de mis amigos y malo e ilícito todo lo que hacen mi enemigo y sus amigos”, es una valoración social moral que, animada en el espíritu de la seguridad democrática, ha regulado muchas conductas colombianas durante este gobierno.

Como ya insinuamos, un cuadro así, no sólo afectó sino que ahondó la violación de los derechos humanos.

9. El pasado 10 de diciembre 43 países de la ONU estuvieron examinando la situación de los derechos humanos en Colombia. La materia prima a elaborar la constituyeron tres documentos: el primero un Informe del gobierno de Uribe, el segundo un documento de ONGS colombianas y el tercero, un documento sobre las 27 recomendaciones que la ONU le hizo al gobierno de Colombia para enfrentar la situación de los derechos humanos en el país.

Se debe recordar que, entre febrero y marzo del 2004, la ONU examinó sobre el terrero el estado clínico de los derechos humanos en el país llegando a tres conclusiones:

1. La situación de los derechos humanos ha empeorado haciéndose cada días más grave;

2. La Política de Seguridad democrática no puede ser considerada una Política de derechos humanos; y

3. El cuadro clínico de los derechos humanos podría mejorar si el gobierno acogía las 27 recomendaciones que la ONU le había hecho(8) Como se podrá observar, ya en el 2004, la Comisión de la ONU, sobre la base de un diagnóstico en terreno de la situación, llegó a una conclusión radicalmente distinta a la del gobierno según el cual la vigencia de los derechos humanos se había recuperado siendo éstos, por otra parte, “el eje cardinal para recuperar el orden y la seguridad del país”.(9)

Ahora, en diciembre del 2008, en medio del escándalo nacional, pero, sobre todo, internacional, por los masivos “falsos positivos” (miles de jóvenes asesinados por agentes del Estado y mostrados ante sus superiores como guerrilleros como una forma de ganar puntos para sus ascensos militares), el expresidente del Estado colombiano, Estado internacionalmente cazado in fraganti, no tuvo empacho en discursearle al mundo en la ONU, "Siento verguenza por esta situación. Pido perdón a las victimas y prometo que ninguna de esas acciones quedara en la impunidad”.

10. Por economía de espacio y tiempo, no vamos a sobreabundar, pero en Colombia, no obstante que urge una política integral de seguridad, empezando por la seguridad alimentaria, una política de derechos humanos no cabe dentro del espíritu y, ni siquiera, de la letra de la Estrategia de seguridad democrática. ¿Por qué será que los "mass-media" no le han dado la difusión que merece un documento, y también una entrevista, de estos meses, en que con seriedad académica, desde el exterior, se llama la atención sobre el hondo deterioro de la situación de los derechos humanos en el país entre el 2002 y el 2008?

El primero fue el amplio y sesudo Informe llamado Declaración de Bruselas sobre la violación de los derechos Humanos en Colombia, producido por El Tribunal Internacional de Opinión del Parlamento Europeo en septiembre del 2008.

Este tribunal fue presidido nada más y nada menos que por el sacerdote y sociólogo belga Francois Houtart, tan conocido en nuestro medio que, de acuerdo con la encuesta de Inestco, a los jóvenes universitarios colombianos, sus estudios figuran entre los más leídos e influyentes en las universidades colombianas.(10)

Pues bien, en una condena de más valor moral y político que jurídico, así concluyó el Tribunal: “En función de estas consideraciones… el Tribunal confirma las sentencias de los Tribunales Internacionales de Opinión precedentes y declara al gobierno de Colombia culpable de crímenes contra la humanidad. Se espera, al contrario, que se tomen iniciativas para parar las violaciones que se cometen en el país y apoyen la construcción de una sociedad democrática, sobre la base de negociaciones políticas y de instituciones renovadas”.(11)

Por otra parte, cuatro días antes de la reunión de Ginebra para examinar el caso colombiano, más en concreto el 6 de diciembre del 2008, Gorka Castillo entrevistó al abogado español Mauricio Valiente miembro coordinador del grupo de especialistas forenses llamado Plataforma, la Justicia por Colombia, grupo muy metido, sobre el terreno, en el estudio de las llamadas ejecuciones extrajudiciales en el país.

En opinión del abogado, esas ejecuciones venían desde el 2002 y, parcialmente, habían sido financiadas “con fondos de la Cooperación Internacional”. Se calcularían en 2.100 las víctimas. Habría un documento secreto de 15 páginas del Ministerio de Defensa Español conocido por el Grupo de la “Plataforma”. De acuerdo con Valiente, este documento contradecía al presidente Uribe que negaba que existiese una política de recompensas.

Señaló el abogado que al conocerse en Colombia que 20 jóvenes de clase baja desaparecidos en Soacha, habían sido asesinados y presentados ante la sociedad como guerrilleros para cobrar recompensas, Uribe había montado en cólera contra el autor de tan falaz información, pero que en los días subsiguientes le había bajado el tono a las agresividad reconociendo que esa atrocidad era “cierta, aunque no generalizada, en unas fuerzas armadas modélicas con los derechos humanos”.

Finalmente, Valiente enfatizó que en Colombia se estaba produciendo un cambio “en las maneras de violar los derechos humanos”: los autores más importantes de las violaciones ya no eran los grupos paramilitares “sino que ahora son miembros de las fuerzas de seguridad del Estado y militares” con el agravante de que “los fondos para las multimillonarias recompensas proceden de las áreas del Estado y de otras provenientes de la cooperación internacional”.

11. Esto no obstante, durante el sexenio de Uribe, a pesar de la honda afectación de los derechos humanos y de las reservas de democracia, la bandera por alcanzar reivindicaciones efectivas en materia de derechos humanos la puso muy en alto la Minga de los pueblos indígenas. Desde la acción, con la palabra social y solidaria en la boca, caminó por toda Colombia.

Fue la Minga de los Pueblos la que, convertida en vanguardia y pagando de su propia alma colectiva un precio sangriento muy elevado, con sus cinco puntos programáticos impuso las dinámicas y los ritmos de las luchas sociales. Su movilización pacífica por medio país, torpedeada de modo antidemocrático por la seguridad democrática, constituyó una enorme e histórica conquista política.

Notas

1. Bobbio, Norberto, Los derechos humanos hoy en día, en Norberto Bobbio: el filósofo y la política, Antología, Fondo de Cultura Económica, México, 1996, pgs. 193-202.

2. Papaquini, Angelo, Filosofía y Derechos Humanos, Editorial Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle, Cali, 1995, p.22.

3. Moreno Rincón, Boris Eduardo, Las Fantasías de los derechos humanos, letras de ira y de delirio, en, El Salmón, Edición No 1, julio 2008.

4. Grueso, Delfín Ignacio, Estado, Religión y Emancipación en la Cuestión Judía de Marx, en, Obras clásicas del pensamiento político, Unidad Gráfica de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle, 2002, pgs.235-255

5. Marx, Carlos, La cuestión judía, CS Ediciones, Buenos Aires, 1999, p.23

6. Lefort, Claude, La invención democrática, Ed. Nueva Visión, Argentina, 199º.

7. Riquelme, Carlos, Los Derechos humanos como práctica política, Programa Magíster en Filosofía, Universidad de Chile.

8. Voltairenet

9. Colombia Presidencia de la República-Ministerio de Defensa Nacional, Política de defensa y de seguridad democrática, 2003.

10. Rojas Carvajal, Alpher, Los nuevos hijos de la Libertad, Instituto de Estudios Socialales. Inestco, enero 2009.

11. Declaración de Bruselas sobre la violación de los derechos humanos en Colombia, Tribunal Internacional de Opinión del Parlamento Europeo, sep.2008.

12. Entrevista de Gorka Castillo a Mauricio Valiente,España debe exigir Explicaciones a Colombia, en Público, España, diciembre 6 2008.

 

* En Atisbos Analíticos Nº 98, Santiago de Cali, enero 2009. Director: Humberto Vélez Ramírez, profesor del Programa de estudios políticos y resolución de conflictos, IEP, Universidad del Valle; presidente de ECOPAZ, Fundación Estado Comunidad y Paz, por un nuevo Estado para un nuevo país http://atisbosanaliticos2000.blogspot.com atisbosanaliticos@gmail.com

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Colombia: siglo XXI, el siglo de los derechos humanos como práctica política

Atisbos Analíticos*

Los derechos humanos no son un simple asunto académico, su dimensión ideológica también es central aunque, en la actualidad, se sobre-impone su carácter político práctico.

Hacia una lectura neomarxista del problema

 Abstract

Al hablar de derechos humanos no se trata sólo de hechos faustos sino también infaustos; al fin y al cabo “ser humano es aquel que, poseyendo dos rostros, es capaz de ascender como ángel a las cimas de la bondad, como de descender como demonio a las simas de la perversidad”.

Al hablar de derechos humanos postulamos así la necesidad de estudiar, para cada sociedad en particular, el origen y desarrollo histórico de esas reivindicaciones luchadas políticamente desde los sentidos que en cada una de ellas han alcanzado la libertad y la dignidad humanas, ya como representación simbólica ya como realidad, en las distintas etapas de su historia.

En la segunda parte del siglo la positivización normativa de los derechos humanos fue una nota definitoria. En un mundo en su más elevado momento de desarrollo tecnológico y de sus fuerzas productivas, las relaciones sociales imperantes no fueron propicias al desarrollo moral y humano de los pueblos.

Para Marx los derechos humanos no son más que los derechos del hombre burgués… una ficción formal orientada a encubrir la explotación y no el camino para la definitiva emancipación humana… Marx se había hecho prisionero de la versión ideológica de los derechos humanos sin lograr entender lo que significan en la práctica… al margen de la ideología. El punto de partida del análisis dialéctico de Marx …Fue el hombre históricamente situado, y tanto el hombre proletario como el hombre burgués son hombres situados que poseen derechos, conquistados pero distintos pero “derechos”… Habría que distinguir de derecho a derecho y eso sólo se logra por fuera de la ideología.

…Los ya casi siete años de Uribe han sido los tiempos de un manejo casi exclusivamente ideológico de los derechos humanos… Pero, cojo resultaría evaluar la situación de los derechos humanos durante la presidencia de Uribe por fuera de una caracterización de su forma de gobierno. Como estrategia de contención de las guerrillas, la "seguridad democrática", hasta ahora, ha resultado exitosa…

En el 2004, al evaluar sobre el terreno la situación de los derechos humanos en Colombia, la ONU, entre otras conclusiones, señaló: “2. La Política de Seguridad democrática no puede ser considerada una Política de Derechos humanos”. ¿Por qué será que los "mass-media" no le han dado la difusión que merece un documento, y también una entrevista, de estos meses en el que con seriedad académica, desde el exterior, se llama la atención sobre el hondo deterioro de los derechos humanos en el país entre el 2002 y el 2008?. (Declaración de Bruselas sobre la violación de los derechos humanos en Colombia – setiembre 2008).

…Durante el sexenio de Uribe, a pesar de la honda afectación de los derechos humanos… la bandera por alcanzar reivindicaciones efectivas en materia de derechos humanos la puso muy en alto la Minga de los pueblos indígenas. Desde la acción, con la palabra social y solidaria en la boca, caminó por todo el país. Fue la Minga de los pueblos la que, convertida en vanguardia y pagando de su propia alma colectiva un precio sangriento muy elevado, con sus cinco puntos programáticos impuso las dinámicas y los ritmos de las luchas sociales.

Su movilización pacífica por medio país, torpedeada de modo antidemocrático por la Seguridad democrática, constituyó una enorme e histórica conquista política.

1. En el plano de lo simbólico, como angélicas han sido imaginadas las sociedades purificadas por la práctica de los derechos humanos –¿cuantas habrá así en la actualidad en el mundo?– y como demonizadas, aquellas en las que su violación ha constituido una constante –a lo mejor, así lo son en su mayor parte–. De todas maneras, de cara a los llamados derechos humanos, en el mundo actual han primado tres posturas centrales:

1. El Jusnaturalismo que, en sus variadas versiones históricas, reinsiste en descubrir una verdadera, genuina y auténtica esencia humana. De todas maneras, no sobra advertir que los derechos humanos están lejos de ser una mera cuestión especulativo- teórico-académica o una simple historia de su positivización normativa.

2. El Oportunismo neoimperial que, jugando a la ideología, se enrostra los derechos humanos como máscara en procura de velar sus reales propósitos de expoliación, dominación y de atropello donde quiera que haga presencia. Versión particular de esta postura es la de aquellas formas subordinadas de gobierno- la liderada por Uribe es paradigmática en el mundo actual – en las que se hace un uso ideológico de la verborrea discursiva de los derechos humanos para encubrir los atropellos efectivos contra la democracia real. Esta dimensión ideológica de los derechos ocupa un lugar central en el mundo actual. Y

3. El Enfoque histórico de los derechos humanos que se pregunta por las conquistas, en clave de logros positivos o bienes primarios, que los pueblos han logrado para sus miembros en las distintas etapas de sus luchas históricas. Es por esta vía por donde los derechos humanos se transparentan, ante todo y sobre todo, como un asunto político práctico. Avalando la importancia de la construcción conceptual y del debate teórico, los Atisbos se inscriben en esta tercera posición.

2. De acuerdo con la reflexión de Bobbio, los derechos humanos son un signo de los tiempos, signo que nos permite echar una mirada cautelosa pero confiada hacia el futuro.(1) Pero, no sólo se trata de avances humanos y de hechos faustos, expresión de la grandeza potencial de los seres humanos, sino también de retrocesos humanos y de hechos infaustos, manifestación de su inmenso potencial de perversidad.

Al fin y al acabo, ser humano es aquel que, poseyendo dos rostros, es capaz de ascender como ángel a la cimas de la bondad, así como de descender como demonio a las simas de la perversidad. El ser humano es capaz del uso de la energía atómica para salvar vidas, pero también de la muerte atómica cósmica.

Hasta dónde puede llegar el ser humano en una y otra dirección, constituye algo que sólo el análisis histórico crítico puede discernir aunque de modo relativo. Pero éste sólo se hace posible, primero, si se acepta que la lucha por los derechos humanos es una lucha esencialmente política y, segundo, si se considera esa lucha como parte crucial de la lucha de los pueblos por su emancipación progresiva lo que, de modo práctico, contribuye a la construcción de democracia real.

3. Los Atisbos se identifican, pues, con la concepción que de los derechos humanos nos ha ofrecido el profesor Angelo Papaquini de la Universidad del Valle:

"Los derechos humanos son reivindicaciones de unos bienes primarios considerados de vital importancia para todo ser humano, que concretan en cada época histórica las demandas de libertad y de dignidad. Estas reivindicaciones van dirigidas en primera instancia al Estado. Y están legitimadas por un sistema normativo o simplemente por el reconocimiento de la comunidad internacional”.(2)

Al hablar de derechos humanos postulamos así la necesidad de estudiar, para cada sociedad en particular, el origen y desarrollo histórico de esas reivindicaciones luchadas políticamente desde los sentidos que en cada una de ellas han alcanzado la libertad y la dignidad humanas, ya como representación simbólica ya como realidad, en las distintas etapas de su historia.

Por lo tanto, en algún lugar concreto del mundo la lucha por esas reivindicaciones de bienes primarios, en el orden histórico debió preceder a su conceptualización sistemática y a su positivización normativa. En buena medida, la teoría de los derechos de varias generaciones es una teoría de factura histórica, pero con el inconveniente de que, en su versión liberal, el acceso de la ciudadanía a esos bienes primarios es presentado no como producto de la lucha política sino, más bien, como historia de las benignas concesiones de un Estado magnánimo.

Por otra parte, también se incurre en el error de presentar los cuadros clínicos de hondo deterioro de los derechos humanos como “pequeños daños colaterales de endebles errores en la puesta en práctica de la democracia” todo ello solucionable mediante “pequeños ajustes a la ideología liberal” y no como lo que es, “la consecuencia inevitable de las fuerzas productivas en relaciones sociales de explotación”.(3)

4. En la segunda parte del siglo XX la positivización normativa de los derechos humanos fue una nota definitoria. Estos, como discurso formalizado, estuvieron a la orden del día. El 10 de diciembre de 1948, 48 de 56 países de la ONU, el 87% de sus miembros, suscribieron la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Tras dos guerras mundiales, tras el holocausto nazi y el drama de los Estados totalitarios, episodios todos ellos anti-derechos humanos, urgía recuperar un horizonte más humano. Esto no obstante, el mundo con celeridad continuó barbarizándose.

Vino después la doctrina de la seguridad nacional en la que se inscribieron las dictaduras latinoamericanas. La guerra del Vietnam. Los campos de muerte de Camboya. Las atrocidades de Ruanda. El exterminio étnico de la ex Yugolavia. Pinochet. La invasión de Irak. Las masacres de Darfur y de Colombia. En un mundo en su más elevado momento de desarrollo tecnológico y de sus fuerzas productivas, las relaciones sociales imperantes no fueron propicias al desarrollo humano y moral de los pueblos.

El documento suscrito por los miembros de la ONU decía que todos teníamos los mismos derechos independientemente de las condiciones de raza, sexo, etnia, clase, nacionalidad y religión. Esto no obstante, enormemente desigual es y ha sido el desarrollo real de los pueblos en materia humana y ello por razones asociadas:

Primero, a las formas de gobierno imperantes en cada sociedad (en muchas de ellas no cabe la lógica de los derechos humanos);

Segundo, a las formas predominantes de organización social de muchas de ellas (se trataba de estructuras sociales generadoras de permanente violencia);

Tercero, al bajo nivel que en la mayoría de ellas ostentaban las luchas políticas y civiles por acceder a los bienes colectivos considerados como importantes para todos sus miembros);

Cuarto, al predominio de precarias valoraciones sociales de lo humano; y

Quinto, a especificidades de la cultura de cada pueblo. Fue así como más temprano que tarde, por razones históricas y no meramente ideológicas, se fue evidenciando la no universalidad de unos mismos derechos para todos los pueblos del mundo. En el mismo seno de la ONU nunca se volvió alcanzar ese 87% que alcanzó la Declaración de 1948.

En la actualidad la conforman 192 miembros, pero cada vez menos países suscriben los acuerdos globales.

5. En La cuestión judía Marx presentó su concepción de los derechos humanos. Para el profesor Delfín Ignacio Grueso, “quien quiera entender el pensamiento de Marx, debería tomar en consideración este texto corto y revelador”.(4)

Para Marx, los derechos del hombre no son más que los derechos del hombre burgués, vale decir, del hombre privado al que la sociedad burguesa conduce de modo exclusivo a la búsqueda egoísta de sus fines: “Ninguno de los derechos humanos va, por tanto, más allá del hombre egoísta, del hombre como miembro de la sociedad burguesa, es decir, del individuo replegado en sí mismo, en su interés privado y en su arbitrariedad privada”.(5)

Esos derechos no son más que una ficción formal orientada a encubrir la explotación y no el camino para la definitiva emancipación humana. Una crítica directa e importante de la postura de Marx fue la formulada por Claude Lefort(6) para quien, al pertenecer los derechos humanos al campo de lo político, posición no aceptada por Marx, la lucha por ellos se constituía en la posibilidad de una nueva relación con la política.

De acuerdo con Lefort esos derechos no podían quedar reducidos al espíritu de la sociedad burguesa sino que estaban asociados a la construcción de sociedades democráticas perteneciendo, por lo tanto, al ámbito de lo político. No se trataba de desprenderse de la problemática de Marx, de abordar esos derechos en su dimensión ideológica, de examinar lo que ellos encubrían y velaban sino de abordarlos, también desde el ámbito de la política.

De acuerdo con el chileno Carlos Riquelme, Marx se había hecho prisionero de la versión ideológica de los derechos “sin lograr entender lo que significan en la práctica…quedando ciego ante lo que en el propio texto de la Declaración aparece al margen de la ideología… Lo que Lefort nos muestra aquí es como Marx parece desconocer el alcance práctico de la Declaración de Derechos”.(7)

6. El punto de partida del análisis dialéctico de Marx no fue el hombre abstracto, simple sujeto de derechos; ni siquiera lo fueron las clases sociales, a éstas las descubrió en el proceso de investigación, sino el hombre históricamente situado, el hombre que en una sociedad concreta y en un momento dado de su historia produce bienes transformando la materia con su trabajo (El Capital), el hombre burgués de la Declaración de los derechos humanos (La Cuestión judía). Tanto el uno como el otro son seres históricamente situados.

Y tanto el hombre burgués como el hombre proletario “poseen” derechos, conquistados pero “derechos”, distintos pero “derechos”. Por lo tanto, al margen de la Declaración y de su listado de derechos, habría que distinguir de derecho a derecho y eso sólo se logra realizar por fuera de la ideología, que es una representación falseada que busca tapar realidades. Esa distinción sólo se logra visualizar en el ámbito de la política y de la lucha de clases.

El derecho a la libre competencia ni le va ni le viene al proletario, pero sí tienen que ver con él las libertades de pensamiento, de escritura, de organización, de protesta etc., es decir, el conjunto de lo que podría denominarse los Derechos de los Trabajadores. Por exigencias de subsistencia y de reproducción, algunos de los derechos los tendrá que reconocer el sistema; otros tendrán que ser conquistados en la lucha política y a muchos de ellos, a los humanamente más dignos y elevados, sólo podrá acceder a medida que, en otro contexto de relaciones sociales, vaya marchando hacia su emancipación definitiva.

Como se podrá observar, es desde una mirada así como se logra evidenciar que los derechos humanos pertenecen al ámbito de lo político práctico.

7. A escala nacional, los ya casi siete años de Uribe han sido los tiempos de un manejo casi exclusivamente ideológico de los derechos humanos. Se ha insistido y reinsistido en ellos como una forma de tapar y velar su violación efectiva, sobre todo en términos, primero, de afectación de las menguadas reservas de democracia que la sociedad había acumulado y, segundo, de desmonte real de la posibilidad de una paz políticamente negociada.

También en Colombia, como ha ocurrido en casi todo el mundo, el precio de la re-guerra, vale decir de la estrategia de seguridad democrática, han sido la afectación de la democracia y de las posibilidades de una paz negociada como presupuesto necesario para la protección efectiva de los derechos humanos.

En la visión de Atisbos, el problema no es si Uribe es o no es “algún tipo de demócrata”, quizá sí lo es, sino, más bien, si su política de seguridad democrática ha afectado o no ha afectado unos acumulados históricos de democracia incrementando , por esa vía, la violación efectiva de los derechos humanos.

Veámoslo en clave de condensación analítica. Pero, cojo resultaría evaluar la situación de los derechos humanos durante la presidencia de Uribe por fuera de una caracterización de su forma de gobierno.

En apretada síntesis la caracterizamos así: se ha tratado de un forma extrema bonapartista de presidencialismo que, apalancada, primero, en una forma espúrea de democracia representativa, segundo, en una dictadura civil mediática con fines de ganar popularidad y, tercero, en la sujeción explícita al centro imperial de Bush, agencia, vehicula y cristaliza los intereses estratégicos de la fracción financiera del gran capital por la vía de una política pública de inspiración neoliberal comunitarista en la que la estrategia de seguridad democrática orientada a la derrota de las guerrillas, impone sus lógicas, dinámicas y ritmos de priorización.

Estos son, entonces, los elementos definitorios de esta forma de gobierno: 1.presidencialismo bonapartista extremo; 2.democracia espúrea de representación; 3.dictadura civil mediática orientada a ganar popularidad; 4. sujeción explícita a un centro imperial; 5.predominio de los intereses estratégicos de la fracción financiera del gran capital; 6.política de seguridad democrática orientada casi exclusivamente a la derrota de la guerrilla; 7. neoliberalismo comunitarista. 8. Como estrategia de contención de las guerrillas, la seguridad democrática, hasta ahora, ha sido exitosa.

Las Farc, por cierto, han sido frenadas en su proceso de ascenso y de auge político-militar característico de las dos últimas décadas del siglo XX. ¿Cómo? Mediante una costosa y relativamente orgánica política estatal que, agotada en lo militar, se focalizó hacia las Farc como casi único factor de violencia movilizando, por otra parte, como actores y militantes de la causa de la guerra a unos tres millones de civiles. ¿Consecuencias?

Bélicas: militarmente contenidas, las guerrillas todavía no han sido derrotadas encontrándose alejadas de los límites militares y sicológicos más allá de los cuales no queda sino una necesaria capitulación.

Políticas: el país ha quedado en manos, primero, de la delincuencia común; segundo, de unos exparamilitares ejecutivos que, no obstante las aparentes resinserción y castigo, le cobraron al Estado, bajo la forma de la parapolítica y de una benigna extradición, la elevada deuda de apalancamiento militar que los sucesivos gobiernos nacionales, regionales y municipales tenían con ellos; tercero, de un reproducido paramilitarismo de nuevo cuño cubierto bajo el nombre de “Aguilas Negras”; y finalmente, de un mesías, mientras más popular menos legítimo, con una amplia base de uribistas de mucho corazón pero sin partido ni ideología.

Financieras: el gobierno lo sabía y lo ha experimentado, para una guerra “eterna” no existen recursos “eternos”, por eso fue que en un principio, pensando más en los recursos que en el potencial militar del enemigo, el gobierno se fijó 18 meses para derrotarlo o, por lo menos, colocarlo en condiciones de casi obligatoria capitulación. Vencido ése plazo, éste se fue ampliando de fecha en fecha hasta llegar 2008 como el año militarmente más exitoso para el ejército colombiano.

Ahora en el 2009, los técnicos de la guerra a toda hora nos dicen que la serpiente guerrillera ha sido herida de muerte pero que todavía colea necesitando, por lo tanto, otros cuatro años de uribismo para ponerle punto final a la Operación Uribe, es decir, para ponerle punto final a un inexistente conflicto armado.

Sin Bush en la presidencia; con el hasta ahora antiuribista Obama liderando su estancado neoimperio; con la economía norteamericana mordiendo sólo hacia adentro; con la economía colombiana pagando el costo de la profundización del “subordinaje”, ¿cómo y por dónde alimentar por cuatro años más la ya costosa política de seguridad democrática?.

Para salir del atolladero, a un gobierno que ya ha probado en la práctica ser la expresión de los intereses estratégicos del gran capital –recordar por ahora la reforma laboral y el manejo a la cuestión de las Pirámides– sólo se le podrá ocurrir acudir al recorte de lo social.

Culturales: durante el sexenio de Uribe los niños han aprendido que a los enemigos políticos se los derrota eliminándolos mientras que una masa crítica de mayorcitos ha asimilado que los conflictos sociales sólo se resuelven por el método de las armas. Por lo tanto, una paz lograda mediante la combinación del fusil, de la intolerancia y del odio no podrá ser sino una paz culturalmente desgraciada.

En una sociedad así, sólo se enhebrarán valoraciones sociales polarizantes; por esa vía, sólo se logrará reconfigurar un país materialmente desarmado pero simbólicamente armado. Es decir, una paz a la colombiana como nos lo ha logrado evidenciar el escrutinio histórico.

Finalmente, la otra gran consecuencia de la política de seguridad democrática ha sido ética: durante este sexenio muy prácticamente nos han enseñado a todos que, en caso de guerra, todo ésta permitido, que todo vale, que existen perversidades en las cuales es necesario incurrir.

Para un alto porcentaje de colombianos pecados veniales, por necesarios, han sido el corte de manos guerrilleras por cinco mil millones de pesos, la irrupción violenta del ejército colombiano en territorio ecuatoriano, la premiación económica a agentes del Estado por presumir o aparentar estar cumpliendo su obligación de capturar, afectar o matar enemigos, los miles y miles de falsos positivos, la captura masiva de miles de campesinos “con tal de que caiga un guerrillero”, la yidis política generadora de una reelección presidencial, la empatía social y estatal y empresarial con los paramilitares…

Esa versión radical y deformada de la ética de la situación que pregona que “bueno y lícito es todo lo que yo hago o hacen mis amigos y los amigos de mis amigos y malo e ilícito todo lo que hacen mi enemigo y sus amigos”, es una valoración social moral que, animada en el espíritu de la seguridad democrática, ha regulado muchas conductas colombianas durante este gobierno.

Como ya insinuamos, un cuadro así, no sólo afectó sino que ahondó la violación de los derechos humanos.

9. El pasado 10 de diciembre 43 países de la ONU estuvieron examinando la situación de los derechos humanos en Colombia. La materia prima a elaborar la constituyeron tres documentos: el primero un Informe del gobierno de Uribe, el segundo un documento de ONGS colombianas y el tercero, un documento sobre las 27 recomendaciones que la ONU le hizo al gobierno de Colombia para enfrentar la situación de los derechos humanos en el país.

Se debe recordar que, entre febrero y marzo del 2004, la ONU examinó sobre el terrero el estado clínico de los derechos humanos en el país llegando a tres conclusiones:

1. La situación de los derechos humanos ha empeorado haciéndose cada días más grave;

2. La Política de Seguridad democrática no puede ser considerada una Política de derechos humanos; y

3. El cuadro clínico de los derechos humanos podría mejorar si el gobierno acogía las 27 recomendaciones que la ONU le había hecho(8) Como se podrá observar, ya en el 2004, la Comisión de la ONU, sobre la base de un diagnóstico en terreno de la situación, llegó a una conclusión radicalmente distinta a la del gobierno según el cual la vigencia de los derechos humanos se había recuperado siendo éstos, por otra parte, “el eje cardinal para recuperar el orden y la seguridad del país”.(9)

Ahora, en diciembre del 2008, en medio del escándalo nacional, pero, sobre todo, internacional, por los masivos “falsos positivos” (miles de jóvenes asesinados por agentes del Estado y mostrados ante sus superiores como guerrilleros como una forma de ganar puntos para sus ascensos militares), el expresidente del Estado colombiano, Estado internacionalmente cazado in fraganti, no tuvo empacho en discursearle al mundo en la ONU, "Siento verguenza por esta situación. Pido perdón a las victimas y prometo que ninguna de esas acciones quedara en la impunidad”.

10. Por economía de espacio y tiempo, no vamos a sobreabundar, pero en Colombia, no obstante que urge una política integral de seguridad, empezando por la seguridad alimentaria, una política de derechos humanos no cabe dentro del espíritu y, ni siquiera, de la letra de la Estrategia de seguridad democrática. ¿Por qué será que los "mass-media" no le han dado la difusión que merece un documento, y también una entrevista, de estos meses, en que con seriedad académica, desde el exterior, se llama la atención sobre el hondo deterioro de la situación de los derechos humanos en el país entre el 2002 y el 2008?

El primero fue el amplio y sesudo Informe llamado Declaración de Bruselas sobre la violación de los derechos Humanos en Colombia, producido por El Tribunal Internacional de Opinión del Parlamento Europeo en septiembre del 2008.

Este tribunal fue presidido nada más y nada menos que por el sacerdote y sociólogo belga Francois Houtart, tan conocido en nuestro medio que, de acuerdo con la encuesta de Inestco, a los jóvenes universitarios colombianos, sus estudios figuran entre los más leídos e influyentes en las universidades colombianas.(10)

Pues bien, en una condena de más valor moral y político que jurídico, así concluyó el Tribunal: “En función de estas consideraciones… el Tribunal confirma las sentencias de los Tribunales Internacionales de Opinión precedentes y declara al gobierno de Colombia culpable de crímenes contra la humanidad. Se espera, al contrario, que se tomen iniciativas para parar las violaciones que se cometen en el país y apoyen la construcción de una sociedad democrática, sobre la base de negociaciones políticas y de instituciones renovadas”.(11)

Por otra parte, cuatro días antes de la reunión de Ginebra para examinar el caso colombiano, más en concreto el 6 de diciembre del 2008, Gorka Castillo entrevistó al abogado español Mauricio Valiente miembro coordinador del grupo de especialistas forenses llamado Plataforma, la Justicia por Colombia, grupo muy metido, sobre el terreno, en el estudio de las llamadas ejecuciones extrajudiciales en el país.

En opinión del abogado, esas ejecuciones venían desde el 2002 y, parcialmente, habían sido financiadas “con fondos de la Cooperación Internacional”. Se calcularían en 2.100 las víctimas. Habría un documento secreto de 15 páginas del Ministerio de Defensa Español conocido por el Grupo de la “Plataforma”. De acuerdo con Valiente, este documento contradecía al presidente Uribe que negaba que existiese una política de recompensas.

Señaló el abogado que al conocerse en Colombia que 20 jóvenes de clase baja desaparecidos en Soacha, habían sido asesinados y presentados ante la sociedad como guerrilleros para cobrar recompensas, Uribe había montado en cólera contra el autor de tan falaz información, pero que en los días subsiguientes le había bajado el tono a las agresividad reconociendo que esa atrocidad era “cierta, aunque no generalizada, en unas fuerzas armadas modélicas con los derechos humanos”.

Finalmente, Valiente enfatizó que en Colombia se estaba produciendo un cambio “en las maneras de violar los derechos humanos”: los autores más importantes de las violaciones ya no eran los grupos paramilitares “sino que ahora son miembros de las fuerzas de seguridad del Estado y militares” con el agravante de que “los fondos para las multimillonarias recompensas proceden de las áreas del Estado y de otras provenientes de la cooperación internacional”.

11. Esto no obstante, durante el sexenio de Uribe, a pesar de la honda afectación de los derechos humanos y de las reservas de democracia, la bandera por alcanzar reivindicaciones efectivas en materia de derechos humanos la puso muy en alto la Minga de los pueblos indígenas. Desde la acción, con la palabra social y solidaria en la boca, caminó por toda Colombia.

Fue la Minga de los Pueblos la que, convertida en vanguardia y pagando de su propia alma colectiva un precio sangriento muy elevado, con sus cinco puntos programáticos impuso las dinámicas y los ritmos de las luchas sociales. Su movilización pacífica por medio país, torpedeada de modo antidemocrático por la seguridad democrática, constituyó una enorme e histórica conquista política.

Notas

1. Bobbio, Norberto, Los derechos humanos hoy en día, en Norberto Bobbio: el filósofo y la política, Antología, Fondo de Cultura Económica, México, 1996, pgs. 193-202.

2. Papaquini, Angelo, Filosofía y Derechos Humanos, Editorial Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle, Cali, 1995, p.22.

3. Moreno Rincón, Boris Eduardo, Las Fantasías de los derechos humanos, letras de ira y de delirio, en, El Salmón, Edición No 1, julio 2008.

4. Grueso, Delfín Ignacio, Estado, Religión y Emancipación en la Cuestión Judía de Marx, en, Obras clásicas del pensamiento político, Unidad Gráfica de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle, 2002, pgs.235-255

5. Marx, Carlos, La cuestión judía, CS Ediciones, Buenos Aires, 1999, p.23

6. Lefort, Claude, La invención democrática, Ed. Nueva Visión, Argentina, 199º.

7. Riquelme, Carlos, Los Derechos humanos como práctica política, Programa Magíster en Filosofía, Universidad de Chile.

8. Voltairenet

9. Colombia Presidencia de la República-Ministerio de Defensa Nacional, Política de defensa y de seguridad democrática, 2003.

10. Rojas Carvajal, Alpher, Los nuevos hijos de la Libertad, Instituto de Estudios Socialales. Inestco, enero 2009.

11. Declaración de Bruselas sobre la violación de los derechos humanos en Colombia, Tribunal Internacional de Opinión del Parlamento Europeo, sep.2008.

12. Entrevista de Gorka Castillo a Mauricio Valiente,España debe exigir Explicaciones a Colombia, en Público, España, diciembre 6 2008.

 

* En Atisbos Analíticos Nº 98, Santiago de Cali, enero 2009. Director: Humberto Vélez Ramírez, profesor del Programa de estudios políticos y resolución de conflictos, IEP, Universidad del Valle; presidente de ECOPAZ, Fundación Estado Comunidad y Paz, por un nuevo Estado para un nuevo país http://atisbosanaliticos2000.blogspot.com atisbosanaliticos@gmail.com

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