Nov 21 2011
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Sociedad

Colombia: sobre la suspensión del paro y la unidad del movimiento estudiantil

Muchos estudiantes hemos luchado hasta la saciedad por una educación al servicio del pueblo. Lo hemos hecho —entre otras cosas— por la convicción de que un país radicalmente distinto es posible. La mayoría de veces nos tildan de utópicos, radicales, quiméricos, ingenuos, apocalípticos… la verdad es que lo somos.*

Creemos que la única manera de cambiar esta sociedad colombiana tan lamentable en la que vivimos, es cambiar las cosas de raíz, atrevernos a soñar, trascender los límites de las estructuras caducas que en Colombia históricamente se nos han impuesto.

Nos han criminalizado y señalado. A quienes seguimos la senda que han trazado organizaciones populares como la siempreviva Unión Patriótica, nos tildan de comunistas a manera de crimen. No nos dejamos criminalizar y con orgullo reivindicamos el comunismo como la posibilidad de pensar en desbordar los límites de una realidad desigual y sumisa.

También nos han señalado de ser anarquistas. De la misma manera hemos respondido con el orgullo de serlo, y hemos demostrado en el país de la muerte que “Vale más un instante de vida verdadera que 100 años vividos en un silencio de muerte” ante el autoritarismo maquillado de democracia de las élites de siempre.

Los estudiantes tenemos derecho a ser comunistas, anarquistas, maoístas, guevaristas, liberales, etc. Tenemos el derecho a pensar de la forma en que queramos y a actuar en consecuencia…esa es la virtud y el precio de las dinámicas del saber y el pensamiento crítico: el mismo que nos ha hecho marchar, cantar, tropelear, abrazar, besar, imaginar y proponer por una educación como derecho, que de fondo es también el canto por un país diferente —radicalmente diferente.

Nadie que conozca un poco de la cultura política en nuestro país —tradicionalmente goda, resandera y doblemoralista—, y de las históricas luchas del movimiento social colombiano, creerá que lo que hemos hecho los estudiantes es efímero: no se trata de tumbar una ley —eso es claro—, pero el hecho de haberlo logrado ante un gobierno con un congreso de bolsillo, y buena parte del movimiento social cooptado por la derecha, representa una victoria y un momento histórico para los estudiantes de Colombia. Cualquier banalización de la lucha estudiantil le hace el juego a un gobierno que está intentando administrar su evidente derrota (incluso frente a sus propios medios de comunicación).

Es triste ver los señalamientos que por diferentes medios varios compañeros y yo hemos recibido con motivo de estar dando la cara. Todos los estudiantes hemos puesto el pecho, eso es cierto, pero el acto más sencillo siempre será tirar la piedra y esconder la mano. Los estudiantes no escondemos la mano, la alzamos, la reivindicamos, forjamos la dignidad rebelde que caracteriza de fondo al movimiento estudiantil.

No acepto que nos juzguen de manera ligera con epítetos como “vendidos”, y menos cuando ni siquiera se asumen en un debate abierto. Parece que hubiéramos olvidado las tres principales características del movimiento estudiantil: la disertación de ideas, la acción colectiva, y la necesidad de la unidad. A partir de dividir Santos empieza a vencer y el lienzo de nuestra victoria se desvanece.

Las discusiones en la MANE (Mesa amplia nacional estudiantil) del pasado sábado fueron claras, y aunque el disenso se mantuvo, se llegó a un punto de convergencia: no habría levantamiento sino suspensión del paro, y ésta debería estar condicionada al compromiso público por parte del gobierno en torno a brindar las garantías. Incluso se votó y por mayoría se tomó una decisión (en medio de agresiones físicas). Fue una discusión acalorada y por momentos muchos de los participantes pudimos cometer errores, pese a esto se llegó a una decisión.

A partir de la declaración política de la MANE el gobierno comenzó a mover sus cartas (como bien lo sabe hacer en el póker Santos), de tal manera que la herramienta de pelea que nos había permitido ganar la primera batalla, nos hiciera perder la segunda. Los días posteriores a la MANE no se hablaba sino del paro. La discusión ya no se tornó sobre los objetivos (educación como derecho para el pueblo colombiano), sino sobre los medios (¿Por qué siguen en paro?).

Santos empezó a lograr que nuestra herramienta se convirtiera en nuestro verdugo, y en ese sentido varios sectores sociales que nos apoyaban desde el atril del fervor que gestó el movimiento estudiantil comenzaron a cuestionarse ya no sobre la educación, sino sobre el paro. Muchos representantes de las élites aprovecharon para posicionar su opinión sobre lo “maravilloso del modelo de educación planteado por Santos”, mientras nosotros discutíamos sobre la forma.

La ministra sacó un pronunciamiento comprometiéndose a las garantías y al día siguiente se retiró el proyecto –las dos condiciones de las que habíamos hablado para suspender el paro-.

Muchos se preguntan ¿Pero que garantías tenemos de que el gobierno nos vaya a cumplir? ¡Absolutamente ninguna! Éste es el mismo gobierno de los falsos positivos, de la privatización a ultranza desde Pastrana, el mismo que nos ha mentido desde el principio!

Ciertos debates, imprescindibles para nosotros los estudiantes, no están instaurados sin embargo en el sentir social (y no debemos olvidar que el triunfo de nuestro movimiento fue precisamente ganarnos el corazón de la gente), todos concebimos la enorme importancia de la desmilitarización de las universidades, la apertura de los campus, la libertad de nuestros compañeros (¡en un país con más de 7500 presos políticos!), la necesidad de tener nuestros propios tiempos para construir la propuesta, el saneamiento del déficit presupuestal!

Nadie desconoce eso al interior del activismo estudiantil. La discusión es si esas batallas, que no nacieron en éste momento sino que son parte de nuestra memoria histórica como estudiantes, las vamos a ganar con la misma arma.

La conclusión, tal como se dio en el debate de la MANE, de la cual cabe rescatar la elocuente intervención del profesor Carlos Medina Gallego, es que el movimiento estudiantil no es ni puede ser un dogma: de cierta manera estamos corriendo el riesgo de caer en el dogma del paro y pensar que ésta es la única herramienta de movilización que aguanta todo, incluso con el riesgo de perder la legitimidad de la gente que nos ha apoyado, quedando como intransigentes y caprichosos

Sabemos que nuestras exigencias no son caprichos, pero demostrarlo depende de entender una única cosa: el movininto estudiantil no es una cartilla, no es una religión, una sustancia o u dogma…

 El movimiento estudiantil es un arte, un arte que depende de combinar colores y formas, un arte que depende de comprender que el movimiento estudiantil existe en el paro, la marcha, la asamblea, la organización, la clase, el foro, el tropel, el mural, el debate, la tertulia… su dimensión no es solo una y su perspectiva no puede ser la de reivindicar su propio ombligo, sino adherir a la sociedad colombiana, a la gente de a pie: Ese es el verdadero arte. La ganancia está en acumular sectores para nuestra lucha, y no en un combate de egos sobre quien aguanta más entre los estudiantes y el gobierno.

Debemos aprender que así sea solo por el derecho a la educación, las batallas deben ser populares, y no solo sectoriales.

El empeñar la palabra ante la sociedad colombiana, y tomar otras herramientas para la pelea nos permite refrescar un debate que se torna sobre la forma y no sobre el contenido, pero además nos permite cobrarle al gobierno nacional su falta de compromiso ante un eventual incumplimiento.

Es más factible abrir un debate dando un paso al frente, que garantizar una reivindicación quedándonos quietos en un punto más contraproducente en el tiempo para nosotros que para el gobierno.

Esas fueron las discusiones y determinaciones emanadas de la pasada MANE. Todo disenso es válido, pero en todo proceso de acción colectiva es necesario resolverlo. En la pasada MANE fue a partir de la votación después de un debate donde todos cedimos hasta el último instante en nuestras posiciones (de eso se trata construir). El disenso nos debe permitir edificar y no dividir, unir y no fragmentar nuestro movimiento estudiantil.

Ahora será en las asambleas de las universidades donde se deba valorar ésta misma discusión, pero a partir del respeto y la argumentación, no la ofensa y la descalificación.

Si entendemos la importancia de la unidad, si examinamos lo que realmente sucedió en la pasada MANE valorando los disensos y las discusiones, si examinamos y reconocemos que en realidad tod@s hemos cometido errores en un proceso que además exige de ellos para construir, encontraremos que los insultos y calificativos que pretenden invalidarnos e irrespetarnos, no tienen cabida en un proceso unitario y lo que hacen es fomentar odios más profundos entre nosotros. Para comprenderlo tiene aforo en toda su dimensión la frase del maestro Paulo Freire "Reconciliarme con el diferente para luchar contra el antagónico".

Quienes creemos a profundidad en la necesidad de subvertir el orden establecido y cambiar las estructuras sociales, sabemos que la educación para el pueblo es un pilar fundamental de la posibilidad de abrir un camino a los que no tienen suelo ni voz. Un movimiento estudiantil fuerte, organizado, unido, crítico, cualificado, es la oportunidad para los sectores populares, de dar el primer paso para subvertir la opresión, esto es, romper el silencio.

Mi invitación es a desapasionar el odio entre nosotros mirando la discusión a la luz de los argumentos, y organizar el entusiasmo para dar un parte de victoria sobre una educación que debe ser transformada en derecho, para un país que debe ser cambiado de raíz. Nadie gana una batalla que no pelea, cruzándose de brazos a exigir que no lo maten. La unidad debe ser nuestro mayor parte de victoria.

Jueves, 17 de noviembre de 2011
Fuente: Carta abierta publicada en Facebook.

* En: http://elsalmonurbano.blogspot.com

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