Nov 8 2007
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Opinión

Como un manifiesto al mundo. – ¿VUELVEN LAS HORAS DURAS A VENEZUELA?

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Paradójico. Profundamente paradójico, dirá usted. Y es cierto. Lanzar un manifiesto al mundo desde Chile a favor de la revolución bolivariana dramáticamente amenazada en estas horas por el zarpazo golpista, puede resultar no sólo extemporáneo, sino hasta enternecedor por su ingenuidad.

¿Razones? Más que claras. El escenario impregnado de cloroformo social y político con el cual la Concertación gobierna, hace que el drama de Venezuela sea para el chileno medio, incluida la izquierda, un problema demasiado lejos, perdido bajo la avalancha de noticias de la farándula y del hampa que atiborran la prensa nacional.

Pero no hablaremos en nombre del Chile formal sino en nombre del Chile que fue y, sobre todo, del Chile que, lo prometemos, inevitablemente volverá a ser.

La televisión por cable fue concebida, como todo en este mundo que perdió las ideas y globalizó la idiotez, como un negocio más de los jinetes del Apocalipsis neoliberal que todo lo venden, que todo lo transan, que todo lo prostituyen en aras del dios de las faltriqueras. Pero, repitiendo la frase manida, es peligroso meterse con los dioses porque ciegan a los que quieren perder.

En el caso de la televisión por cable, la venganza de los dioses es posibilitar que los ojos de los que la divinidad no ciega, puedan mirar el mundo, aunque sólo sea por pequeñas rendijas que se abren en medio de la basura que atiborra la pantalla de lo que alguna vez se llamó la caja de los idiotas.

Imagínese, sobre todo usted amigo lector venezolano que vive las horas de angustia de la amenaza fascista, que a siete mil kilómetros de distancia un mínimo toque de la varita mágica del siglo XXI, el control remoto de la televisión, le trae a este articulista y quienes estén enganchados en el mismo distribuidor de cable, en el número 722 del dial a Telesur, un remanso de la cultura y la defensa latinoamericanista, e inmediatamente al lado, separados por la leve, pero sólida muralla de la decencia moral, en el 724 a GloboTerror, la voz cantante y visual del fascismo que se avecina.

A propósito del tipo de periodismo ─si se le puede llamar periodismo─ utilizado por este canal, el propio presidente Lula expresó alguna vez su extrañeza admirativa de la tolerancia gubernamental con el vendaval de insultos y bajezas lanzados contra el presidente Chávez que justificaría en cualquier lugar del mundo civilizado cuando menos la clausura, si acaso no la cárcel para un periodismo que raya en lo delincuencial.

Y es cierto. La opinión mayoritaria de los televidentes del cable en Latinoamérica, y conste que no son los habitantes de las favelas brasileñas, de las villas miseria bonaerenses o los campamentos de los extramuros santiaguinos, sino de quienes tienen posibilidad económica de acceso a este medio, es decir los potenciales aliados de la oposición venezolana, la opinión mayoritaria, decimos, es que en ninguna parte del mundo civilizado se ha visto un medio de comunicación nacional, y mundial a través del cable, que pueda vomitar tanta mugre e iniquidad como lo hace las 24 horas del día el canal del terror que, como ellos mismos se autoproclaman, reemplazara al otro adalid del golpismo, RCTV caducado del aire hace algunos meses.

El propósito de Globovisión, esta verdadera cloaca de la prensa opositora venezolana, cual es el de crear un ambiente internacional favorable a la justificación de un golpe, único camino que le va quedando a la oligarquía luego de perder una tras otra las consultas democráticas al pueblo, se frustra frente a una metodología burda y repulsiva que este canal utiliza, frente a un periodismo torpe que, a fuerza de saturación, termina por provocar exactamente el efecto contrario en quienes miran desde lejos la vorágine de la realidad actual de la patria de Bolívar.

Ya no queda más tiempo.

Pero dejemos a un lado este lunar del periodismo mundial, para abocarnos a un llamado que se dirige principalmente a nuestro continente más que al pueblo venezolano que es el actor de esta gran batalla que se proyecta más allá de la defensa del socialismo para convertirse, al igual que le ocurriera a Salvador Allende en mi patria, en la defensa de la propia democracia burguesa que hoy ya no le sirve a la oligarquía venezolana, como ayer dejara de servirle a la reacción chilena que optó por la más feroz de las dictaduras de la región.

El llamado es a convocar la urgente solidaridad del mundo civilizado ante la inminencia de una nueva iniquidad que se gesta a ojos vista y que amenaza con sumergir la tierra de Bolívar en un baño de sangre y terror, único recurso que le resta a la minoría plutócrata venezolana apoyada en los maestros del complot fascista ubicados en Washington.

Es posible, como decíamos al comienzo, que nuestra realidad chilena actual, enajenada de una lucha dramática que ha renacido en América Latina por liberarse del tutelaje del neoimperialismo, le pueda restar fuerza moral a esta interpelación urgente. Si no lo cree, recuerde usted, lector latinoamericano que tiene puesto los ojos esperanzados en la revolución bolivariana, que para el golpe frustrado contra el Presidente Chávez del 11 de abril del 2002, el gobierno del señor Lagos, socialista del mismo partido de Allende, fue el único en el mundo, incluso adelantándose a EE.UU, que corrió a reconocer el gobierno de facto que sólo duró una horas.

No sólo hizo el ridículo, sino que mostró la enorme degradación de un partido que perdió toda la dignidad revolucionaria que le legara el presidente mártir.

Sin embargo, como alguna vez lo dijimos en otro artículo, a la hora de la experiencia, amarga y trágica, de lo que es un complot fascista, Chile se alza como el más claro ejemplo que la oligarquía de Venezuela, apoyada en los anales de la CIA, va imitando fidedignamente paso a paso, sin soslayar ninguno de los hitos que se fueron cumpliendo en el Chile de los setentas hasta desembocar en la dictadura de Augusto Pinochet, alabado de manera privada y a veces no tan privada, por los golpistas de Venezuela.

Hace algún tiempo, y a propósito de la sospechosa ingenuidad de un articulista venezolano de este mismo medio, que veía en las primeras manifestaciones de un sector del estudiantado de su país el motor de una democracia alternativa a la democracia bolivariana, usando una vez más nuestra propia experiencia, lo desencantábamos anunciándole que estos “admirables muchachos” pronto derivarían hacia el mismo papel que jugaron en su tiempo en Chile: implantar la violencia en las calles destruyendo e incendiando los bienes públicos preparando la sensación de caos y desgobierno, como ocurre ahora en Venezuela con el aditivo de ser proyectada por televisión al mundo por medios como Globoterror.

La realidad actual, la destrucción y hasta los muertos que comienzan a llenar las calles del país, ha demostrado, por desgracia, que teníamos toda la razón.

Si el golpe de los fascistas que están detrás del complot se consuma, es probable que Yon Goicochea y sus “boys” –que ahora aparecen a la cabeza del vandalismo bautizado de protesta estudiantil– se apresten a recibir las condecoraciones indignas del dictador que reemplace la democracia bolivariana.

Pero ¡cuidado, amigo Goicochea!: antes que sea demasiado tarde acérquese, aunque sea por vía internet, al Yon Goicochea que encabezó las protestas de un sector de estudiantes en el Chile de Allende, Guillermo Yungue, y pregúntele cuál es el sentimiento que lo invadió cuando después del golpe al cual él contribuyó como “admirable muchacho”, su país se llenó de muertos, desaparecidos, torturados, exiliados y de ladrones con uniforme o con corbata que saquearon el erario nacional en provecho del dictador que de manera cobarde, evadió la justicia posterior escapándose por la puerta trasera de la muerte.

Un deber ineludible

Se inicia en mi país un encuentro de mandatarios latinoamericanos a la cual asiste también España. El ambiente de esta cumbre iberoamericana tendrá inevitablemente gravitando sobre ella esta realidad nueva del continente en donde emergen regímenes que renuncian a su papel de carro de cola de la riqueza de las grandes potencias. Ellos exploran un camino diferente que pasa por convertir a sus pueblos en verdaderos actores de sus propios destinos, aun a riesgo del zarpazo que hoy amenaza a Venezuela.

Es probable que los gobiernos más sometidos a la explotación neoliberal, que se han arrodillado obsecuentes ante el imperio del dinero internacional que ha enriquecido todavía más a los poderosos del continente y que ha empobrecido a niveles abismantes a las mayorías ancestralmente oprimidas, estos gobiernos, digo, entre los cuales está el gobierno “socialista” de mi país, intenten eludir la discusión de los grandes temas urgentes que se requieren para revertir este desgraciado sino continental.

Pero las fuerzas sociales y políticas más consecuentes del pueblo chileno, que alguna vez fueran la esperanza para los humillados y ofendidos de América Latina en un pasado no tan lejano, deben aprovechar la presencia de estos nuevos líderes populares, Chávez, Correa, Morales, Ortega, para hacer sentir la solidaridad con la patria de nuestro Andrés Bello que a estas horas se apresta a dar una batalla histórica contra la sedición y la amenaza fascista.

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* Escritor.

cristianjoelsanchez@gmail.com.

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