Dic 17 2009
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Ambiente

Copenhague y la estafa global con el calentamiento global

Olga Chetverikova.*

La "cumbre" que tiene lugar en Copenhague, que los medios de comunicación masiva tratan de representar por poco como el acontecimiento principal de la historia universal, parece que realmente adquirirá la fama del "show" político más escandaloso de la contemporaneidad, representado en los intereses del capital financiero.

 

A Copenhague le precedió el desenmascaramiento ruidoso de la actividad de una serie de climatólogos británicos y norteamericanos, que reveló el carácter pagado del ideologema del calentamiento catastrófico global.

Y en la propia cumbre el escándalo se desató por causa de la fuga del proyecto secreto del acuerdo, preparado por el reducido círculo de los enterados, el llamado Texto danés, que apareció en las manos de los periodistas de The Guardian.

De acuerdo a este texto, para los países desarrollados y en vías de desarrollo se establecen las normas límite de las emisiones carbónicas para el año 2050 desiguales, en violación del primer acuerdo de la ONU: a los países pobres se les permite expulsar no más de 1,44 tonelada de carbono en contaminaciones, al tiempo, que la norma de los países ricos constituirá 2,67 toneladas.

En otro descubrimiento escandaloso se convirtió la información de que el financiamiento de la lucha contra el cambio del clima se entrega, prácticamente, a las manos del Banco Mundial, que junto con nueve otras organizaciones formará parte del Fondo Ecológico Global, el mismo ministerio sobrenacional, al que se planea entregar el control de los recursos naturales del planeta.

¿Quién y con qué objetivos dirige este proceso?

Como una respuesta a esta pregunta vamos a citar (en una versión breve) fragmentos del artículo de Michael Chossudowsky “Global Warming: “Fixing the Climate Data around the Policy”[1].

Las resoluciones, que adoptará la conferencia de Copenhague (KC-15), habían sido aprobadas en mayo de 2009 en la Cumbre Mundial de los problemas del cambio del clima (CMPCC), que reunió a destacados representantes del mundo del negocio y la política. Los resultados de aquellas consultas en el nivel más alto habían sido entregados al gobierno de Dinamarca, así como a los gobiernos de los países participantes de la CMPCC.

El llamado “breve resumen” para los hombres de confianza había sido formulado por la compañía Pricewaterhouse Coopers LLP. Este documento casi no tiene que ver con la protección del medio ambiente, sino es en gran medida un programa, producido por la aspiración a maximizar las ganancias, y que especula en el problema del calentamiento global del clima[2].

Las emisiones del gas carbónico se declaran en el documento de Pricewaterhouse Coopers no sólo la principal, sino la única amenaza para el futuro de la humanidad. No se trata ya de las guerras de EEUU y la OTAN, de sus consecuencias destructivas para el medio ambiente. No se mencionan las amenazas de la estrategia del uso preventivo del arma nuclear como instrumento del “establecimiento de la paz”. No se dice nada de las precipitaciones radioactivas como consecuencia del uso de las cargas nucleares “humanitarias” de baja potencia.

Los científicos al servicio del Pentágono proponen calificar las armas tácticas nucleares como “inofensivas para los habitantes de la Tierra”. No se mencionan las armas meteorológicas y climáticas, se guarda silencio en torno al proyecto 2025 de las fuerzas aéreas de EEUU “La posesión del tiempo”, etc[3]. El problema de la dirección del clima con fines militares está excluido también del Programa de la ONU del cambio del clima, aunque en la agenda de la cumbre de Río de Janeiro en 1992 este problema estaba presente.

Todo está reducido a las emisiones de CO2, en las cuales se propone ver la causa universal de los cambios climáticos.

La cumbre de Copenhague no sólo sirve a los intereses del gran negocio, interesado en el comercio mundial “de los derechos” a las emisiones carbónicas, evaluadas en muchos miles de millones de dólares, sino tiene que desviar la atención de la sociedad de la ruina, provocada por la crisis real, que crece de los procesos de la globalización económica y de aquella “guerra sin fronteras” por la ganancia, que en el Pentágono llaman “una guerra larga”.

Nos encontramos en el cruce de la crisis más seria en la historia moderna.

El sistema del comercio de “los derechos” a la emisión de los gases de invernadero es el filón de oro para el sistema financiero gobernante. Las apuestas son elevadas al nivel muy alto. Ya se han definido los grupos de presión, que trabajan en los intereses de Wall Street. Afirman, que “el mercado carbónico pronto puede superar los volúmenes del mercado de petróleo… En cualquier caso… tales proyectos, como el comercio de las emisiones carbónicas (ETS), van a desarrollarse en todo el mundo”[4].

Las grandes estructuras, que se ocupan del comercio de los derivativos – JP Morgan Chase, Bank America Merrill Lynch, Barclay’s, Citibank, Nomura, Société Générale, Morgan Stanley y Goldman Sachs ya están tomando la participación muy activa en el comercio de los derechos a la emisión carbónica.

Todo este sistema se construye a base del consenso en torno al calentamiento global, creado por la hábil influencia informativa a la sociedad. Los participantes del consenso exigen reconocer la emisión de CO2 como la única amenaza a la ecología del planeta. Y para Wall Street el sistema del comercio de “los derechos” a las emisiones carbónicas es una beneficiosa red del bombeo de miles de millones de dólares a los bolsillos de un círculo reducido de los beneficiados.

“Cada gran institución financiera en Londres y Nueva York organizó operaciones de venta de los derechos a la emisión carbónica. En sus cabezas giran sumas enormes, y ellos las necesitan, para sustituir aquellas “riquezas”, que se evaporaron con la caída del mercado de los inmuebles. Louis Redshaw, el jefe de los mercados ecológicos de Barclay Capital, declaró en una entrevista para “New York Times”, “que el mercado carbónico se hará el más grande”, lo evalúan en 60 mil millones de dólares, en el transcurso del decenio podrá alcanzar un billón de dólares”[5].

Sin embargo, ¿en qué está construido este consenso?

La información sobre la temperatura de la Tierra y los volúmenes de la emisión de los gases de invernadero había sido barajada de tal manera, para hacer coincidir con las conclusiones del Grupo de Expertos de la ONU del cambio del clima (GECC).

Durante ya muchos años las bases de información del GECC están sujetas a dudas. Incluso se había emprendido un intento decisivo de obligar a callar a los que tienen duda, de lo que contó el meteorólogo del Instituto Tecnológico de Massachusetts, Richard S. Lindzen[6]. A los científicos, que se atienen al punto de vista alternativo (no alarmista) sobre el problema del cambio del clima de la Tierra, dejan de subsidiarlos, ridiculizan, y la mentira sobre el calentamiento global se está introduciendo más y más a las mentes, incluso cuando está directamente contradiciendo a la ciencia.

En noviembre de 2009, unas semanas antes del comienzo de la cumbre de Copenhague, había sido abierta una gran base de información de 3.000 cartas electrónicas de los principales científicos e investigadores, quienes se ocupan del estudio de los cambios climáticos. Y aunque el intercambio de cartas no comprueba que la base de información está completamente falsificada, sin embargo demuestra la mentira por parte de muchos conocidos científicos, relacionados con el GECC.

Como escriben los medios de comunicación masiva británicos, se trata de la falsificación de la información y la manipulación con ella con el objetivo de comprobar el programa de acciones, elaborado anteriormente, y la exclusión de crítica alguna[7]. De eso se estaba ocupando un reducido grupo de científicos, relacionados con el GECC.

Así, por ejemplo, el profesor Phil Johns, el director de Climate Research Unit (CRU), respondía por dos series de datos clave, con los que operaba el GECC durante la preparación de sus informes. Gracias a las relaciones de Phil Johns con Hadley Centre, que forma parte del Servicio Británico Nacional de la Meteorología, que selecciona la mayor parte de los participantes clave del GECC, sus datos sobre la temperatura de la Tierra se hicieron los principales dentro de aquellos, en los que se estaban basando el GECC y los gobiernos, sobre todo en la parte de las predicciones de que el calentamiento global llegaría al nivel catastrófico, en el caso de no gastar billones de dólares a la lucha contra este calentamiento[8].

Para la mayoría en el Occidente la Convención Marco de la ONU del cambio del clima es una especia de “biblia”, que no se puede refutar, aún cuando la base de la información, que fundamenta el concepto del calentamiento, se pone en duda, o se refuta directamente. Además existe un movimiento no grande, pero creciente, que refuta la veracidad del Programa de Copenhague y acusa el GECC en la manipulación de la sociedad.

Una serie de agrupaciones científico-productivas (ACP) intervinieron como los organizadores de la cumbre “alternativa” KlimaForum09, en que participan tales movimientos, como Amigos del planeta y Campaña en contra del calentamiento global. Sin embargo, aunque dentro de estas ACP se puede encontrar una oposición dura al sistema del comercio de “los derechos” a la emisión carbónica, la cumbre alternativa no pone en duda el punto de vista gobernante sobre el calentamiento global.

En las conferencias del foro KlimaForum09 suenan fuertes voces críticas, pero el tono general de esta conferencia queda siendo pacífico en relación al Copenhague oficial. En muchos problemas la retórica de los organizadores de KlimaForum09 coincide con la retórica del encuentro oficial, cuyos patrocinadores financian de paso la cumbre “alternativa”. Lo que significa, que las fronteras de la heterodoxia de los “alternativos” les habían sido puestas de antemano.

Sobre la resistencia real a la estafa global con el calentamiento global se podrá hablar sólo en el caso, si se logra descubrir la mentira de los manipuladores del Grupo de los Expertos de la ONU del cambio del clima, relacionados con las corporaciones-vendedoras de las emisiones carbónicas y sus esperanzas a ganancias multimillonarias.

Notas.
1 Ver aquí.
2 Aquí.
3 Documento oficial.
4 The Guardian.
5 Aquí.
6 Richard Lindzen, Climate of Fear: Global-warming alarmists intimidate dissenting scientists into silence, Global Research, 7 abril 2007.
7 Aquí.
8 Aquí.

* Ensayista e investigadora.
Publicado en la versión en castellano de la revista de la Fundación de Cultura Estratégica, Rusia.
http://es.fondsk.ru –se reproduce aquí por gentileza de la Fundación.

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