Dic 23 2008
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Política

Cortocircuitos sudamericanos

Matías Mongan*
 
En momentos en que el hermano mayor de la región se vislumbra como potencia mundial, los reclamos de Ecuador y Paraguay cuestionan el liderazgo de Brasilia en la región. Es indudable que Brasil es el líder de Sudamérica. Es indudable que de acá a no mucho tiempo, esté sentado en la mesa de las grandes potencias. Pero, también es indudable que algunas políticas generen roces con países más chicos de la región.

En ese marco, el gobierno del ecuatoriano Rafael Correa redobla la apuesta. Lejos de amilanarse ante el reclamo de Brasilia, por la decisión de Quito de impugnar un crédito de 243 millones de dólares otorgado por el Banco Nacional de Fomento Brasileño (BNDES), la administración ecuatoriana recientemente comenzó una campaña para informar a la comunidad internacional de su intención de revisar la deuda externa contraída.

Con esto Correa no pretende llevar a Ecuador a una cesación de pagos ante los organismos multilaterales de crédito, sino que mediante la auditoria el Mandatario quiere conocer que porcentaje de la deuda es “ilegitima”, algo que -de llegar a probarse- según su opinión dejaría sin efectos los compromisos acordados.

Este argumento enarbolado por Correa, que llevó a que el gobierno ecuatoriano decida el pasado sábado suspender el pago de 30,6 millones de dólares correspondiente a intereses del bono global 2012, recibió el apoyo de los integrantes del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), así como de los miembros del Parlamento Latinoamericano (Parlatino).

Es más, en un comunicado difundido a la prensa los gobiernos que forman parte del Parlatino decidieron "recomendar a los países endeudados que realicen auditorías de la deuda", y asimismo respaldaron la solicitud ecuatoriana de pedir a la Corte internacional de justicia de la Haya que emita una opinión consultiva sobre el marco jurídico que debe regir a la deuda externa de los distintos países.

Para intentar evitar que la posición adoptada por Correa sea imitada por otros países “pequeños” de la región, parlamentarios brasileños emprendieron una gira por Paraguay y Bolivia con el fin de “fortalecer las relaciones bilaterales”.

En realidad el verdadero objetivo del viaje, de acuerdo al Presidente de la comisión de exteriores de la cámara de diputados, Marcondes Gadelha, era evitar que el presidente paraguayo, Fernando Lugo, “imite” la iniciativa adoptada por Rafael Correa.

A pesar de que el Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Celso Amorim, se mostró confiado en que en que otras naciones sudamericanas no demandaran a su país por deudas consideras “ilegales” o “injustas”, Asunción decidió patear el tablero.

En conferencia de prensa Lugo anunció que estudia “exhaustivamente” la posibilidad de objetar ante los foros de arbitraje internacional los compromisos financieros “mal habidos” contraídos durante las seis décadas de gobierno colorado.

En este sentido anunció la conformación de un equipo técnico-económico para analizar el tema, sobre todo para poner bajo “revisión” la deuda por más de 19.600 millones de dólares que tiene actualmente la represa binacional Itaipú, que comparte con Brasil.

Construida en 1984, la represa más grande del mundo esta situada en el río Paraná. Según la propuesta no oficial esbozada por Lugo, cada país debería pagar el pasivo existente de manera proporcional a la cantidad de energía que Brasil y Paraguay utilizan anualmente.

Dicho de otro modo, Brasilia -quien utiliza el 97 por ciento de la energía producida por Itaipu- tendría que abonar la mayor parte de la deuda: alrededor de 19.000 millones de dólares.Esta propuesta fue llevada por el propio Lugo a la reciente XXXVI cumbre de Jefes de Estado del Mercado Común del Sur (Mercosur).

"Todos los países tienen el derecho de investigar la legitimidad de la deuda. Y casi todos los países tenemos los mismos sistemas de endeudamiento, mucha deuda internacional que no llegó a su destino, que no se utilizó con la finalidad original con la cual había sido contraída", señaló el presidente paraguayo en relación a la polémica suscitada en Brasil por la decisión de Correa de objetar el crédito del BNDES.

Cuando fue consultado acerca de la posibilidad de que su gobierno siga los pasos de Ecuador, el ex obispo –para no polemizar de cara a la Cumbre- prefirió evadir el tema, aunque igualmente indicó que “todos los países tienen derecho a investigar la legitimidad de su deuda externa”.

La posición de Paraguay y Ecuador hoy en día representan verdaderas “piedras en el zapato” para una potencia como Brasil, una nación que por intermedio de una efectiva política exterior se ha logrado posicionar como un actor relevante dentro del mapa geopolítico internacional surgido al calor de la crisis financiera.

Según analistas, el Gobierno de Lula pretendió -con la convocatoria de las cumbres realizadas en su país- que Estados Unidos y Europa y otras potencias vean su liderazgo regional y la autonomía latinoamericana en tiempos de crisis financiera.Brasilia intentó convencer a sus vecinos “díscolos” de que no utilicen la cumbre de Costa de Sauipe para exacerbar las diferencias existentes.

No obstante, las “indirectas” estuvieron al orden del día en la reunión semestral del Mercosur.Aunque en un primer momento intentó no explayarse sobre la polémica surgida con el gobierno de Lula Da Silva, el presidente ecuatoriano criticó en la cumbre la falta de agilidad de los organismos regionales de integración para afrontar la crisis financiera internacional.

“Si hubiéramos podido avanzar más con el Banco del Sur, estaríamos mucho más preparados para la crisis”, afirmó el mandatario en relación a la iniciativa lanzada a fines del año pasado por Venezuela y Argentina, y que encuentra grandes reticencias de parte de Brasil.

Asimismo, Correa -deslizando implícitamente una crítica hacia Lula en relación al conflicto suscitado por el préstamo del BNDES- hizo hincapié en la necesidad de crear una Fondo de Reserva del Sur: “donde juntemos las reservas (de divisas) que todos nuestros países tienen, parte de ellas invertidas en otros países, principalmente Estados Unidos…En lugar de estar financiando esas economías, juntas nuestras reservas servirían de respaldo financiero”.

“Al juntar reservas se requiere menos cantidad, y libraríamos más ahorro en nuestros países para realizar inversiones”, sentenció Correa.Para finalizar, subrayó la necesidad de “analizar el problema de la deuda externa latinoamericana, de dónde viene”. Esta propuesta fue respaldada por el venezolano, Hugo Chávez, quien argumentó que dado el escenario de crisis financiera “estamos obligados a revisar la moratoria de los países latinoamericanos”.

“Revisemos cuántas veces se ha pagado y nos llevaremos una gran sorpresa sobre esta deuda eterna, como dijo Fidel Castro en la década de los 80”, destacó el caribeño.

A estas críticas, se sumó el presidente boliviano, Evo Morales, quien calificó a la deuda como “impagable”. Para finalizar el paraguayo Fernando Lugo llamó a revisar la legitimidad de ese “sistema de dependencia” que sumerge a los países emergentes en la sumisión y la pobreza.

Estas declaraciones en respaldo a la posición de Correa no hacen más que profundizar los miedos del gobierno de Lula, quien teme que otros países de la región (Venezuela, Bolivia, entre otros) realicen medidas similares a las llevadas adelante por Quito.

A tal punto llegó el revuelo, que representantes del Ministerio del Interior y del Banco Nacional de Fomento Brasileño, tuvieron que hacerse presentes en el congreso de la nación para así explicar la situación de los empréstitos que Brasil otorga a la comunidad internacional.

De acuerdo al diario O Estado de Sao Paulo, los países sudamericanos le deben al BNDES -en conceptos de préstamos destinados a la infraestructura- alrededor de 1.600 millones de dólares. Argentina es la mayor deudora con 630 millones de dólares, luego sigue Ecuador con 470 millones, Chile (241 millones), Venezuela (220 millones), Paraguay (30 millones), Uruguay (14 millones), y Bolivia (que sólo debe 2 millones de dólares).

Para intentar aliviar las tensiones existentes, luego de la realización de las distintas cumbres en Costa de Sauipe, el presidente Lula se reunió bilateralmente con sus pares de Ecuador y Paraguay para tratar de limar las asperezas existentes.

Mientras que a Lugo le prometió resolver el tema de Itaipu antes del año 2010, a Correa le manifestó su intención de continuar reclamando -en forma más moderada- por lo sucedido con el préstamo del BNDES.

La propuesta del mandatario brasileño, de bajar la tensión al roce diplomático, fue bien recibida por Rafael Correa. Sin embargo, le comunicó que su país continuará adelante con el proceso de arbitraje solicitado a la Cámara de Comercio Internacional (CCI).

Igualmente, se comprometió a continuar pagando las cuotas, hasta que el arbitraje de la CCI finalmente emita una opinión sobre el asunto.

En momentos que Brasil se perfila a ser una nueva potencia dentro del escenario geopolítico internacional, varios países “pequeños” de la región -con decisiones y políticas soberanas como los del no al pago de deudas- jaquearon a los que muchos llaman el “subimperialismo” brasileño en la región.

Primero, fue Evo Morales y su política nacionalizadora de los hidrocarburos, que significó importantes pérdidas económicas para la petrolera brasileña Petrobrás. Luego, fue Rafael Correa con su reclamo sobre la legitimidad del empréstito otorgado por el Banco de fomento brasileño. Y por último, se suma el pedido de Fernando Lugo de renegociar el precio de la energía que Asunción le vende a Brasilia.

Como se ve no todas son rosas para Lula. Brasilia está maniobrando entre el tire y el afloje. Sin embargo, los reclamos siguen existiendo.

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