Mar 1 2011
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Sociedad

Costa Rica: en sus propios mecates

Luis Paulino Vargas Solís.

El paquete de impuestos propuesto por el gobierno de Chinchilla ha sido cuestionado por su sesgo inequitativo, claramente volcado en contra de los grupos medios y los sectores más pobres de la población. A estas alturas es innecesario abundar en ese detalle que ha quedado claramente asentado, y frente a lo cual las autoridades del Ministerio de Hacienda tan solo son capaces de balbucear algunas incoherencias. Ni siquiera puede ser defendido seriamente como una opción que modernice el sistema tributario, puesto que principios tan básicos como el de “renta universal” continúan ausentes.

Pero el caso es que, siendo de tal modo manifiesto el interés del gobierno por generar ingresos tributarios adicionales, resulta cuanto menos llamativo constatar de qué forma su política económica continúa entrampada en un mar de despropósitos que, entre otras cosas, muy seguramente redundan también en el debilitamiento de la recaudación tributaria. Es asunto elemental y de fácil comprensión: una economía boyante propicia una alta recaudación tributaria. Una economía anémica propicia lo contrario ¿Por qué entonces la obcecación en un curso de política económica que genera estancamiento?

Los datos económicos recientes ratifican la ralentización que la economía ha experimentado. El Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) empezó el año 2010 creciendo a tasas de hasta más del 8% (mes de marzo), pero lo concluye arañado a duras penas el 3%. Y, entretanto, las exportaciones, que durante los primeros meses del año pasado crecían a ritmos superiores al 10%, paulatinamente perdieron empuje hasta sufrir una reducción del —5,4% en enero 2011 respecto de enero 2010, con lo que, de paso, se anticipa que tampoco este año lograrán recuperar sus niveles de 2008, previos al impacto de la crisis.

En parte esto es consecuencia de una recuperación económica débil y vacilante en Estados Unidos y Europa. Pero el caso es que la política económica de Laura Chinchilla tan solo agrava las cosas. Veamos.

Primer factor: la revaluación del colón frente al dólar, a lo cual dediqué varios artículos hace ya algunos meses. Puesto que, lejos de corregirse, el movimiento revaluatorio tiende a agudizarse sin que el gobierno mueva un dedo para impedirlo, lo único que puedo hacer es reiterar las prevenciones que entonces formulé y que, lamentablemente, parecen cumplirse: esta situación daña a las exportaciones y al turismo —en ambos casos de forma especial a las empresas de capital nacional que incorporan un mayor valor agregado—, como también a los sectores que producen para el mercado interno y que compiten con las importaciones. Así, se frena la economía y se destruyen empleos.

Segundo factor: la dogmática anti—inflacionaria del Banco Central. A quienes lo dirigen tan solo les interesa cumplir con sus metas de inflación, aún si ello implica sacrificar el trabajo de la gente. Y en ese sentido apuntan los movimientos recientes que han realizado, los cuales auguran un alza de las tasas de interés. Obviamente ello incidirá de forma negativa en el comportamiento de la economía, incluso porque podría poner en serios aprietos a quienes andan excesivamente endeudados.

Estos dos factores negativos, presentes en la gestión de la política económica del gobierno, se combinan con la frágil recuperación económica en los centros del capitalismo mundial, para dar lugar a lo que estamos viendo: una economía nacional casi estancada. Es muy posible que, así las cosas, el desempleo no disminuirá (probablemente crecerá) y, desde luego, la pobreza seguirá al alza. Pero bajo tales condiciones, se vuelve tarea mucho más ardua la de incrementar los ingresos del gobierno. Ya lo decíamos anteriormente: una economía frenada, frena también los ingresos fiscales.

Pero entonces el gobierno —habilísimo a la hora de enredarse en sus propios mecates— opta por una salida que, a su vez, introduce un tercer factor negativo: recortar el gasto público. Muy austera y ordenadita quiere aparece doña Laura en el manejo de los asuntos presupuestarios, pero dada las circunstancias planteadas ello equivale a serrucharse a sí misma el piso. Con esto tan solo agravará el estancamiento económico

Y si ese estancamiento se profundiza —vistas las condiciones que tenemos entre manos, tal es una posibilidad nada descabellada— con ello se debilitará adicionalmente la recaudación tributaria. No nos extrañemos entonces, si en vez de reducirse el déficit fiscal más bien se incrementa.

Bueno, pues que como doña Laura es, por designación obispal, la Hija Predilecta de la Virgen, bueno sería que vaya encomendándose a la protección de tan encumbrada protectora.

Economista.

En www.argenpress.info

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